domingo, mayo 3, 2026

Auschwitz: 80 años de una vergüenza

Auschwitz fue el mayor campo de aniquilación construido por la Alemania nazi. Un millón de judíos y más de 100.000 personas que no profesaban esa religión murieron entre 1940 y 1945.

Por: Ugo Stornaiolo

El 27 de enero de 1945 el Ejército Rojo cruzó las puertas del mayor campo de exterminio nazi. Fue un impacto terrible: escombros, montones de cadáveres cubiertos a medias de nieve y barro. Un momento grabado en la memoria de muchos testigos. Era sábado, al caer la tarde. Las tropas soviéticas cruzaron las puertas de Auschwitz. Los puestos de avanzada del LX Ejército del Primer Frente Ucraniano fueron los que llegaron primero.

El mundo conmemoró 80 años del cierre del campo de concentración de Auschwitz (que, para ser exactos, en polaco se denomina Oświęcim). Pocos supervivientes de los que quedan regresaron el 27 de enero de 2025 al campo de exterminio nazi con motivo del 80º aniversario de la liberación de este símbolo atroz del Holocausto.

Auschwitz fue el mayor campo de aniquilación construido por la Alemania nazi. Un millón de judíos y más de 100.000 personas que no profesaban esa religión murieron entre 1940 y 1945. Medio centenar de sobrevivientes —la mayoría niños, cuando fueron llevados allá— se mantuvieron de pie ante la entrada del campo de Auschwitz-Birkenau, junto al rey Carlos III de Inglaterra, el presidente francés Emmanuel Macron y otros dirigentes.

«Hoy estamos observando un gran aumento del antisemitismo, aunque fue precisamente el antisemitismo el que llevó al Holocausto», dijo una de las supervivientes, Marian Turski, de 98 años, ante uno de los vagones de ganado usados para transportar a las víctimas hacia Auschwitz. “Todos sabemos que en 10 años no será posible tener un grupo grande para el 90º aniversario», dijo Pawel Sawicki, portavoz del museo de Auschwitz.

Auschwitz fue el mayor campo de aniquilación construido por la Alemania nazi. Un millón de judíos y más de 100.000 personas que no profesaban esa religión murieron entre 1940 y 1945.

Algunos sobrevivientes usaban gorras y pañuelos de rayas azules y blancas, símbolo de sus uniformes de reclusión. Al pie del muro, que tocaron con la mano en silencio, encendieron velas por los fallecidos. El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski (de origen judío), que formaba parte de los mandatarios presentes, dijo que el mundo «debe unirse para impedir el triunfo del mal», en alusión a Rusia. El rey de Inglaterra Carlos, en visita a una de las sinagogas del barrio judío de Kazimiersz, en Cracovia, declaró que «la responsabilidad de la memoria recae mucho más sobre nosotros y las generaciones futuras».

Actualmente es fácil etiquetar a las personas como “derechistas”, “supremacistas”, “fascistas” o “racistas”. Un cartel dentro de Auschwitz es un testimonio: “quien olvida su historia está condenado a repetirla”, frase atribuida al filósofo español Jorge Ruiz de Santayana. “Kto nie pamięta historii, skazany jest na jej ponowne przeżycie” (en polaco) y “The one who does not remember history is bound to live through it again” (en inglés). Traducción textual al castellano: “quien no recuerde la historia está condenado a repetirla nuevamente”. Por eso, si quiere hablar de fascismo, tiene que ir a Auschwitz.

Frase: «quien olvida su historia está condenado a repetirla».

Es una visita muy inquietante. Hay un recorrido en tren por 43 kilómetros desde la ciudad de Cracovia. En la estación central de esa ciudad se oferta algunos viajes diarios hacia ¿Auschwitz? O en realidad hacia Oświęcim, que es el nombre polaco de esa pequeña ciudad que está cerca de los campos de concentración de Auschwitz y de Auschwitz-Birkenau, éste a unos pocos kilómetros. Ambos fueron convertidos en museos y son el testimonio de las atrocidades de los nazis en la segunda guerra mundial.

Aunque esta visita se promociona en paquetes turísticos, es difícil no reflexionar sobre cómo pudo ser el viaje final de cientos de miles de judíos en trenes de carga, hacinados sin ventanas (en un espacio para 40, ponían a 100 personas en cada vagón, con un calor o frío insoportables dependiendo de la estación, además del sopor y el hedor). ¿Qué habrán sentido al llegar a la cita con un destino inevitable, lamentable y reprochable? En Polonia no se le llama Auschwitz, sino Oświęcim y esto es explicable, porque muchos habitantes de la región fueron exterminados en este campo de concentración y todos prefieren olvidar ese nombre.

Vagon de la muerte. El sistema de trenes de Alemania transportó millones de judíos y disidentes al suplicio y al asesinato.

En ese lugar hubo alrededor de 1.3 millones de personas (sobrevivieron doscientas mil). el 90% eran judíos. pero también hubo polacos, gitanos, prisioneros de guerra, comunistas, disidentes del régimen…

A la entrada del memorial, un letrero en la barra de entrada dice «el trabajo les hará libres» (arbeit macht frei, en alemán), forjado por los nazis. Tras pagar los boletos para ingresar, el guía Marek (Marco, en castellano), un polaco de unos 65 años, en un perfecto italiano inicia con un pequeño grupo la visita guiada. Lo primero que se observa son bloques de barracas y construcciones ordenadas. El lugar no es turístico, sino para meditar sobre las brutalidades que dejó la locura del fascismo de Hitler en la segunda guerra mundial.

«El trabajo nos hace libres», letrero que abre la entrada principal del sistema de campos de exterminio.

Pensando un poco, en ese lugar hubo alrededor de un millón trescientas mil personas (sobrevivieron doscientas mil). La mayoría de procedencia judía (90 %, alrededor de un millón), pero también hubo polacos, gitanos, prisioneros de guerra, comunistas, disidentes del régimen y cualquiera que, por alguna razón, terminaba allí.

El complejo de campos comprendía Auschwitz I -el campo original- y a pocos kilómetros, cerca de la actual estación de tren está Auschwitz II-Birkenau -campo de concentración y exterminio-. También había Auschwitz III-Monowitz –un campo de trabajo- y 45 campos satélites más.

En Birkenau se observa restos de las barracas y crematorios, que fueron desmontados en 1945, cuando se conoció que los aliados estaban ganando la guerra, mientras los soviéticos tomaban ciudades y los oficiales alemanes ordenaban su destrucción.

Oświęcim fue abierto el 20 de mayo de 1940 y funcionó hasta el 27 de enero de 1945, cuando fue liberado por el Ejército Rojo. Este campo tuvo la supervisión del tenebroso oficial nazi Heinrich Himmler y era dirigido por el oficial de las SS Obersturmbannführer Rudolf Höss hasta el verano de 1943, luego reemplazado por Arthur Liebehenschel y Richard Baer.

Vista de Birkenau, campo de exterminio humano en Polonia.

El museo memorial de Oświęcim fue fundado en 1947, denominado Museo estatal Auschwitz-Birkenau. Es un monumento a los crímenes de guerra alemanes en la Polonia ocupada.

Höss, que fue capturado por los aliados, estuvo en los juicios de Núremberg y fue condenado a muerte por ahorcamiento en 1947, frente al crematorio de Auschwitz I. Liebehenschel fue juzgado por un tribunal polaco y ejecutado en 1948. Baer se fugó y mantuvo una identidad falsa hasta que, en Hamburgo, fue reconocido y arrestado. Se suicidó en prisión antes de su juicio en 1963.

El museo memorial de Oświęcim fue fundado en 1947, denominado Museo estatal Auschwitz-Birkenau. Es un monumento a los crímenes de guerra alemanes en la Polonia ocupada, con dos campos de concentración, Auschwitz I y Auschwitz-Birkenau. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco como uno de los símbolos del Holocausto o Shoah judío.

Una visita que hay que hacer

Es lógico pensar que los que hacen esta visita se sientan incómodos, defraudados y hasta desencantados, porque lo que se muestra es un inventario de daños, torturas, asesinatos y desapariciones. Oświęcim es una pequeña ciudad que tiene otras atracciones, como iglesias católicas y memoriales de la comunidad judía que tuvo su vida en ese lugar. Actualmente quedan pocos judíos entre esta localidad y Cracovia.

“Para construir los campos de concentración, los oficiales alemanes decomisaron las propiedades y las que estaban en mejor estado”, cuenta el guía Marek, “fueron asignadas a los oficiales de las SS que iban a vivir en esta ciudad”. El 1º de septiembre de 1939, cuando Alemania invadió Polonia, para justificar su acción la propaganda nazi acusó a Polonia de perseguir a los alemanes étnicos que vivían en su territorio y alegó falsamente que Polonia, con sus aliados Gran Bretaña y Francia, planeaba rodear y desmembrar a Alemania. Casi como pasa ahora con la guerra de propaganda de Vladimir Putin para justificar los ataques en Ucrania, que llevan casi tres años (desde el 22 de febrero de 2022).

Pero, los campos de concentración no fueron las únicas crueldades cometidas por los nazis en Polonia. Según el diario español La Vanguardia hubo más: “la primera gran atrocidad que cometieron los nazis en Polonia no fue en el gueto de Varsovia, ni tan siquiera en los campos de exterminio de Auschwitz o Treblinka, donde hubo centenares de miles de víctimas. Semanas después de declararse la Segunda Guerra Mundial, las tropas de Adolf Hitler se ensañaron con la región de Pomerania, a orillas del mar Báltico”.

Agrega: “el ataque fue brutal, una masacre indiscriminada en la que murieron entre 30.000 y 35.000 personas. No eran soldados caídos en el campo de batalla, eran civiles que fueron sacados a la fuerza de sus casas y trasladados a campo abierto para ser asesinados a sangre fría. Uno de esos lugares, situado cerca de Chojnice y conocido por los lugareños como el Valle de la Muerte, fue excavado hace poco por arqueólogos de la Academia de Ciencias de Polonia”.

Los testimonios

El guía Marek cuenta a los visitantes que su abuelo y su tío fueron asesinados en Auschwitz. Al preguntarle si sabe lo que pasó con ellos, confiesa que “de mi abuelo sí, pero de mi tío nunca se volvió a saber nada, ningún dato ni información”. Cuando se le consulta por qué los polacos o los judíos no reaccionaron ante tanta maldad, se queda en silencio….

El lugar fue escenario de torturas, trabajos forzados, deshumanización sistemática, ejecuciones y muerte en masa en cámaras de gas. Al menos 1,1 millón de personas, 90% judías, murieron allí, antes que el campamento fuera liberado, el 27 de enero de 1945, por tropas soviéticas. El objetivo inicial de este campo de concentración (que antes fue cuartel del ejército polaco) sirvió para albergar prisioneros políticos polacos que ya no cabían en las cárceles. Auschwitz I fue el campo de concentración original y el centro administrativo del complejo que se construyó luego (sus instalaciones se mantienen en buen estado).

Las condiciones de vida en las barracas mostraban la situación, que variaba de acuerdo con particulares períodos de la existencia de los campos. El número de prisioneros asignados para cada barraca variaban entre 700 y 1000. El típico ordenamiento de un dormitorio de los prisioneros, entre 1941 y 1945 era con literas de madera de tres pisos, construidas a acuerdo con estándares militares. Usualmente dormían dos prisioneros en cada nivel.

Vista de una de las barracas de los prisioneros. Arriba los «dormitorios», abajo, las literas de tres pisos donde eeran hacinados.

La alimentación de los prisioneros era escasa y consistía en una sopa aguada hecha con carne y verduras podridas, pan duro, algo de margarina y un té algo amargo parecido al café. Marek cuenta que “en las barracas había literas de hasta tres pisos, amontonadas a lo largo de los dormitorios. Los baños no estaban en condiciones de higiene básica. A los prisioneros que hacían sus necesidades en el exterior se los castigaba o torturaba”. “En invierno —con temperaturas de hasta 15° bajo cero— se ordenaba abrir las ventanas, mientras que en verano —calores de casi 40°— se las mantenía cerradas”, agrega el guía.

Cuando se llevaba en los trenes a los prisioneros a estos campos de concentración, muchos de ellos sacados de los guetos de Varsovia, de Cracovia y de otras ciudades polacas, los oficiales nazis les decían que cuando lleguen iban a hacerse una ducha (lo que les hubiese permitido beber agua tras un largo tiempo en los trenes).

El número de prisioneros asignados para cada barraca variaban entre 700 y 1000. El típico ordenamiento de un dormitorio de los prisioneros, entre 1941 y 1945 era con literas de madera de tres pisos,

Pero esa palabra, como simbolizaba Marek, era para simplemente ingresar a las cámaras de gas, donde de unos tubos con agujeros no salía agua, sino gas, lo que sirvió para exterminar a por lo menos 100 personas en cada operación. A la salida de la barraca 11 está un muro de fusilamiento, utilizado contra quienes se rebelaban.

Muro de fusilamiento.

Como decía Hans Frank, el gobernador nazi en la ocupada Polonia, en un cartel colocado en el campo de concentración: “Los judíos son una raza que debe ser totalmente exterminada”. Otra frase de este salvaje nazi se encuentra en la fábrica de Oskar Schindler: “Si tuviera que colocar un póster por cada siete polacos asesinados, los bosques de Polonia no tendrían suficiente madera para fabricar papel”. “Debemos liberar a la nación germana de polacos, rusos, judíos y gitanos”, mencionaba entonces Otto Thierack, el ministro de justicia del III Reich, en otro cartel.

Frase de Hans Frank: «Los judíos son una raza que debe ser completamente exterminada».

Los ancianos, los discapacitados, mujeres y hombres débiles y hasta niños eran simplemente asesinados. Marek cita el caso de una persona “que llegó al campo pesando 90 kilos y al final —fue uno de los que se salvó—, pesaba 26”.

A todos los prisioneros se les confiscaba sus bienes: maletas, ropa, zapatos y manteles, elementos con los que hacían oración e incluso se les extraía el oro de sus piezas dentales. En el memorial aparecen algunos de estos objetos. Incluso se les arrancaba el cabello, que fue utilizado para la industria textil. Fue muy duro haberlo constatado.

Auschwitz fue el más grande campo de concentración nazi y desde 1942 fue convertido en el mayor campo de exterminio de judíos. Entre 1940 y 1945 los nazis deportaron a por lo menos a 1 300 000 personas a este campo: entre ellos 1 100 000 judíos, 23 000 gitanos, 15 000 prisioneros de guerra soviéticos y 25 000 personas de otros grupos étnicos. 1 100 000 de ellos murieron en este campo (90% de las víctimas eran judíos). Las SS mataron a todos en las cámaras de gas.

Uno de los personajes que estuvo en la resistencia en Cracovia fue el sacerdote, futuro obispo de la ciudad y Papa Juan Pablo (Jana Pawla) II, Karol Woytila, muy venerado en toda la región. Se constata su presencia en estatuas, memoriales y otros recuerdos en Cracovia. En la universidad donde estudió filosofía y teología, la Jagellónica, en los memoriales de las minas de sal de Wielizcka y en los campos de concentración. El día de la visita hubo un nutrido grupo de sacerdotes polacos que fueron a hacer ofrendas en memoria de los que murieron en ese lugar.

Vestimenta de un prisionero.

La fábrica de Oskar Schindler

En el corazón de Kazimiersz, barrio judío de Cracovia, está la fábrica de Oskar Schindler, convertida en un monumento a la dignidad de millones de judíos fallecidos por la tenacidad de un hombre que sintió la injusticia a la que estaban sometidos e hizo mucho por salvar a algunos de ellos.

La Deutsche Emailwarenfabrik (DEF) (Fábrica Alemana de Esmaltados en español), también conocida como la Fábrica de Oskar Schindler (Fabryka Emalia Oskara Schindlera en polaco) fue una factoría de esmaltados en la calle (ulica en polaco) Lipowa 4 en el distrito de Zabłocie. Actualmente es otro museo del Holocausto.

Antes que Oskar Schindler comprara los terrenos, hubo una primera empresa de productos metálicos de Pequeña Polonia, inaugurada en 1937, en el mismo sitio. En un letrero en la entrada del museo aparece la frase: “Quienquiera que salve una vida, salva al mundo entero”. Este empresario alemán salvó la vida de unos mil doscientos judíos durante el Holocausto, al emplearlos como trabajadores en las fábricas de utensilios de cocina y munición, ubicadas en Polonia y la República Checa.

El maletín de Oskar Schindler, el empresario que salvó cientos de judíos en su fabrica de ollas esmaltadas, que proveía al ejército alemán.

Como se ve en la película La lista de Schindler (filmada totalmente en Cracovia), cuando en 1939 adquirió la fábrica de menaje esmaltado empleó a unos 1750 trabajadores (mil eran judíos) hasta 1944. Gracias a sus contactos con la cúpula nazi pudo proteger a sus trabajadores judíos de la deportación y muerte en los campos de concentración. Al inicio su motivación habría sido económica, pero poco a poco, empezó a emplear a más judíos (muchos que no le hacían falta, incluso con discapacidades). Conforme avanzaban los procesos de exterminio de judíos en Cracovia, sobornó a oficiales nazis con regalos costosos obtenidos en el mercado negro para mantener a salvo a sus empleados.

La fábrica es actualmente un museo interactivo que sigue una línea de tiempo, a partir de la anexión de Polonia por los nazis en 1939. Un papel importante de la resistencia en ese período lo jugó la segunda universidad más antigua de Europa del Este (luego de la Universidad Carolina de Praga), la Jagellónica (en polaco: Uniwersytet Jagielloński; y en latín: Universitas Iagellonica Cracoviensis.

También conocida como Universidad de Cracovia es una universidad pública de investigación. Fue fundada en 1364 por el rey de Polonia, Kazimiersz (Casimiro) III el Grande. Es la más antigua de Polonia, la universidad eslava más antigua, la segunda más antigua de Europa Central y una de las más antiguas del mundo.

Cuando en 1939 adquirió la fábrica de menaje esmaltado, Schindler empleó a unos 1750 trabajadores (mil eran judíos) hasta 1944. Gracias a sus contactos con la cúpula nazi pudo proteger a sus trabajadores judíos de la deportación y muerte.

El 6 de noviembre de 1939, tras la invasión nazi de Polonia, 184 profesores fueron arrestados y deportados al campo de concentración de Sachsenhausen en una operación llamada Sonderaktion Krakau (Operación Especial Cracovia). La universidad, junto con el resto de la educación superior y secundaria de Polonia, estuvo cerrada durante la Segunda Guerra Mundial. En los parques colindantes a la Universidad hay un memorial con los nombres de algunos de ellos.

Memorial de profesores de la Universidad de Cracovia que fueron deportados y asesinados en campos de concentración y exterminio.

Al final de este reportaje cabe reflexionar lo inquietante que es constatar que, en países como en Ecuador, se usan las palabras “fascismo” o “fascistas” con una ligereza tal, que conviene recordar que las atrocidades de este sistema político que tuvo a Europa en vilo entre 1938 y 1945 y fue y es el resultado de gobiernos autoritarios, dictatoriales y autocráticos, que buscan eternizar la imagen y la presencia de un líder/caudillo, un partido único y a través de la propaganda y la represión dominar los pensamientos y las acciones de los pueblos.

Ugo Stornaiolo

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