viernes, julio 17, 2026

Apagón ecuatorial

Contradictoriamente, mientras en el mundo entero se buscan respuestas a favor del ambiente, en el país estamos lanzado a la atmósfera cantidades insospechadas de monóxido, dióxido de carbono y otros gases.

Por: Anamaría Varea

No hay luz, en el país con la mayor luminosidad en el planeta, qué paradoja.  Está claro que no hay luz eléctrica. La generación de electricidad actualmente no abastece, no es suficiente.

Mucho se ha analizado esta problemática. Se ha atribuido, entre otras explicaciones, que los apagones se dan por el estiaje y la falta de mantenimiento de las plantas termoeléctricas.  Estos análisis no son suficientes. Vivimos un momento lleno de inconsistencias, como resultado de no haber seguido un plan adecuado, sin previsiones para responder a los requerimientos actuales.

Cabe señalar que, normalmente, un 70% de la electricidad proviene de fuentes de energía que se presentan como renovables, en su mayoría de las hidroeléctricas (69.1%) y el resto de no renovables, en su mayoría, termoeléctricas.

Considerando que la mayor generación de energía es hidroeléctrica, parecería lógico que la ejecución de los planes para la conservación de las cuencas hidrográficas, en las que se encuentran las centrales, eran prioritarios. Lastimosamente no fue así y ahora sufrimos estas consecuencias.

Una y otra vez, desde el gobierno recibimos la noticia de que no tenemos luz porque no hay lluvias. Convendría preguntarnos ¿porque no hay lluvias? Por el cambio en los patrones climáticos, responden rápidamente algunos funcionarios.  La transformación del paisaje y la destrucción de la naturaleza juega un papel importante en esta coyuntura. Montañas desnudas, laderas peladas con fuertes procesos de erosión no son el ambiente más propicio para atraer el agua y contar con las lluvias necesarias. No se protegen los páramos —verdaderos reservorios de agua—, los bosques ni las selvas tropicales, en particular las amazónicas.  Urge llevar a cabo un plan de conservación, regeneración, restauración y reforestación particularmente de esas áreas vitales para la captación de agua.

Como consecuencia de la desconexión con la naturaleza en la que vivimos olvidamos, fácilmente, sus ciclos y que somos parte de ella.  Es importante recordar cuál es el ciclo del agua y qué papel juegan la vegetación y los árboles, en particular.

¿Cuál es papel del árbol? Hay una complicidad para la vida, entre los árboles y el agua. Los árboles son capaces de frenar la radiación solar, almacenan y filtran el agua, a través de sus hojas, tronco y raíces, retienen el agua que cae y buscan formas para que esta se infiltre en el suelo. La vegetación y los árboles aportan al ambiente e influyen en la generación de lluvia, a través de la evapotranspiración, un proceso a través del cual la vegetación devuelve el 70 % del agua de la lluvia a la atmósfera en forma de vapor, generando una gran cantidad de humedad.  A menos árboles, menos lluvia y viceversa. La capacidad de los bosques de condensar la humedad es el principal impulsor de lluvia.

Los bosques son un ecosistema constantemente amenazado, sobre todo se talan para dar paso a actividades extractivas a gran escala: maderera, petrolera, minera, camaronera, agroindustrial, florícola, entre otras.

Los bosques son ecosistemas imprescindibles para mantener la vida. Un bosque es mucho más que un conjunto de árboles es un conjunto de relaciones que forma este ecosistema, las que se afectan y pierden con la deforestación. La deforestación puede llegar a reducir en un 30% las precipitaciones, según datos del Centro para la Investigación Forestal Internacional, CIFOR.

Lastimosamente, los bosques son un ecosistema constantemente amenazado, sobre todo se talan para dar paso a actividades extractivas a gran escala: maderera, petrolera, minera, camaronera, agroindustrial, florícola, entre otras.  Es necesario una estrategia sólida y real para conservar los bosques y vegetación natural y protegerlos a futuro.

En Ecuador, en los últimos 26 años se perdió aproximadamente el 40% del bosque tropical. Quedan pocos bosques, la mayoría está en el Sistema Nacional de Areas Protegidas, SNAP (56 reservas naturales que abarcan el 20% de la superficie del país) y otro porcentaje importante en territorios indígenas y de comunidades locales, conocidos como Territorios de Vida.

El 62% de la población ecuatoriana, vive en las ciudades. La ampliación urbana es una causa adicional en la destrucción de la Naturalez .

La selva de cemento

Willie Colón y Héctor Lavoe, en su bien conocida canción Juanito Alimaña (enero 1982), hacen referencia a Nueva York como la selva de cemento. En la actualidad, esta metáfora les calza a muchas grandes ciudades que están contaminadas, dónde los árboles, parques y bosques son cada vez más escasos.

La calle es una selva de cemento
y de fieras salvajes cómo no,
ya no hay quien salga loco de contento,
donde quiera te espera te espera lo peor,
donde quiera te espera lo peor.

En Ecuador estas selvas de cemento se vuelven cada vez menos amigables, pues a más de tener poco verde, están seriamente afectadas por la violencia, que se acrecientan con el apagón ecuatorial. ¿Con el apagón que cosas suceden?, canta Yuri.

¿Con el apagón… qué cosas suceden?
que cosas suceden… con el apagón
¿Con el apagón… qué cosas suceden?
que cosas suceden… con el apagón

Vivir a la luz de la vela, sin luz, en una oscura oscuridad, no es fácil. La electricidad es un servicio al que nos hemos acostumbrado y que es parte de la cotidianidad. Por lo que su racionamiento trae complicaciones a todo nivel: personal, familiar, comunitario, organizativo, institucional, empresarial.

En tiempos de crisis, frente a esta dificultad convivir sin luz tampoco resulta fácil.  En zonas con edificios, algunos cuentan con generadores de electricidad, que en la mayoría de los casos tienen varios años, no cuentan con eficiencia energética, gastan ingentes cantidades de diesel (importado) y generan graves impactos por la contaminación auditiva y del aire; sus emisiones se suman a los gases de efecto invernadero, causantes del colapso climático

En suma, todas esas emisiones no solo provienen de los edificios, si no también de las casas y negocios. Resulta que ahora cualquier persona se siente con el derecho de ubicar su generador eléctrico en el espacio público, en plena vereda, en la calle o en terrazas a cielo abierto.  Entiendo que son tiempos difíciles y que no tener luz complica la vida diaria, sin embargo si cada persona, para generar electricidad, empieza a hacer lo que le parece la vida se nos complica cada vez más. A más de la humareda, están las emisiones de gases, el ruido y la vibración constante que hay en la calle. Es muy molestoso y malsano.

Durante años hemos escuchado de intenciones gubernamentales para ir cambiando la matriz productiva, así como la matriz energética sustentable.  Los cambios, hasta ahora, resultan incipientes. Nuevamente constatamos que en Ecuador, un país que por su ubicación geográfica cuenta con una gran radiación solar, los proyectos de energía solar son mínimos (0.11% de renovables, a escala nacional). En un país atravesado por la cordillera de los Andes y con volcanes activos, la energía geotérmica es casi nula. En un país donde en ciertos lugares hay vientos fuertes, la energía eólica prácticamente no existe (0.57%) con el único proyecto actual en Loja, el Villonaco.

En este tiempo de colapso climático y de pérdida de biodiversidad, las discusiones y análisis requieren respuestas amigables con el entorno, que disminuyan sus impactos, que sean más respetuosas con la naturaleza y, por supuesto, respuestas que sean socialmente justas.

Contradictoriamente, mientras en el mundo entero se buscan respuestas a favor del ambiente, en el país estamos lanzado a la atmósfera cantidades insospechadas de monóxido, dióxido de carbono y otros gases, tanto por los generadores como por los numerosos incendios forestales, aumentando nuestra huella ecológica.

Cortes de luz en Ecuador

Megahuella ecológica

En Ecuador, a pesar de ser un país pequeño, nos encanta presumir y reiterar que estamos en los primeros puestos de muchas realidades.  Cuando leo estos récords siempre me pregunto si será verdad, les confieso que no he invertido tiempo en comprobarlo. Parece que en esta ocasión podríamos ser los primeros en contar con una megahuella ecológica y tal vez ese sea el galardón que recibamos en Cali en la COP 16.

Primero revisemos de qué se trata este concepto de la Huella Ecológica. Es un indicador de sostenibilidad para medir el impacto de nuestro modo de vida sobre el entorno, toda decisión que hacemos como consumidores tiene un impacto en el planeta.

En el país se trabaja con este concepto a través de dos proyectos: Barrio Verde y Universidad Verde: Construcción participativa e incluyente de buenas prácticas ambientales, a cargo del Ministerio de Ambiente.  Desde esta cartera de Estado también se motiva a usar la Calculadora de la Huella Ecológica Personal, que permite evaluar el impacto de tus actividades sobre el ambiente y presenta alternativas para reducir el consumo innecesario de recursos; en la página del MAATE puedes acceder a esta calculadora. Convendría también que el uso de esta herramienta sea mandatorio y que todas las instituciones del Estado la apliquen.

En las últimas investigaciones, sobre las condiciones del aire de Quito, que ya estaban complicadas, la UDLA señala que se han detectado niveles peligrosos de substancias tóxicas, que ponen en riesgo la salud respiratoria y cardiovascular de la población. Los incendios forestales y el aumento en el uso de generadores a diesel han deteriorado, aún más, las condiciones del aire de Quito.  La investigación de la UDLA da cuenta de un incremento de hasta un 180% de Dióxido de Azufre (SO2), y otros contaminantes como Monóxido de Carbono (CO), Dióxido de nitrógeno (NO2), y PM2.5 (partículas sólidas o líquidas, que se encuentran en suspensión aerodinámica y cuyo diámetro es de menos de 2.5 micras).

Antes de la crisis energética, en Quito se registraban 7,6 millones de toneladas de CO2 al año, según la Secretaría de Ambiente del Municipio de Quito. Un generador de 3000 kw produce un promedio de 17,25 ton de CO2 en 10 horas.  De acuerdo al INEC, si el 1% del 1.9% de hogares en Quito, que están en el estrato A, prende un generador, las emisiones de CO2 se duplican en un año.

En este contexto, con el uso masivo de generadores e incendios forestales, puede ser que logremos el primer puesto por alcanzar una megahuella ecológica. ¿Nos merecemos un reconocimiento por este sobregiro ecológico, qué les parece?

Paz con la Naturaleza

En la actual coyuntura, tan compleja y dolorosa para el Ecuador debemos sintonizarnos con debates como los que se dan en la gran cumbre que se realiza en nuestro vecino del norte. Con un slogan emotivo, certero y urgente “Paz con la Naturaleza” se cumple, en Cali Colombia, la COP 16 (21 de octubre al 1ero de noviembre). Esta es una oportunidad para tomar decisiones y salvar la vida en el planeta, señalan los medios oficiales. Resaltan, además, que “esta es la COP de la gente, que busca visibilizar la participación de las comunidades indígenas, afros, campesinas, mujeres, jóvenes, ambientalistas y personas de todos los sectores, que sean un eje fundamental en los diálogos frente a la pérdida de la biodiversidad y que llevarán sus voces y propuestas a los debates ambientales más importantes del mundo”.

¿Qué es la COP de Biodiversidad? Estas siglas hacen referencia a la Convención de las Partes, COP, del Convenio de Diversidad Biológica, CDB.  La COP16, reúne a 196 países para tomar el pulso de cuánto han avanzado respecto a sus compromisos, en el cumplimiento del CBD. Recordemos que la biodiversidad es el latido de vida del planeta Tierra; es la variedad de seres vivos dentro de las mismas especies, entre las especies y de los ecosistemas. Considera a animales, plantas, hongos y microorganismos que son parte de nuestro mundo natural.

Uno de los principales desafíos de esta convención es la conservación y protección del 30% de los ecosistemas terrestres, marinos, montañosos, lacustres, de todos los ecosistemas en el planeta.  Mientras escribo, recuerdo que hace pocos días me encontré con un amigo que estaba vestido de negro, discretamente le pregunté si estaba de duelo.  «Sí, cada vez que sé que una especie ha desaparecido yo me siento de luto y así demuestro mi dolor». me respondió categóricamente. «Como sabes, amiga, cuando una especie desaparece lo hace para siempre», me reiteró.

Si este fuera un principio en la COP, vestirse de duelo cada vez que una especie se extingue, quienes participan en esta reunión deberían estar de duelo, pues lastimosamente las cifras no son alentadoras.  Es descorazonador conocer que el 73% de la población de vertebrados ha desaparecido en los últimos 50 años. La degradación y pérdida de los hábitats ha sido la causa principal y solamente 25 países cumplieron con los acuerdos de Montreal, donde fue la COP15.

Ecuador es uno de los 17 países megadiversos del planeta y un país pluricultural, dos condiciones prioritarias que deberá resaltar en sus propuestas, la nutrida delegación de la sociedad civil y los representantes institucionales.  En la COP16, el país, al igual que los otros, debe informar cómo van sus reportes en relación con sus planes de acción por la biodiversidad, debe seguir desarrollando el plan de seguimiento y definir cómo se reparte de manera justa los beneficios de la biodiversidad.

Entre los mayores desafíos de Ecuador están avanzar en una planificación participativa, para establecer cuántas hectáreas se integran a la conservación de la biodiversidad; establecer cuántas hectáreas se restaurarán y pasarán a ser parte de modelos de regenerativos y de producción sostenible, en el marco de las economías para la biodiversidad y cuánto trabajo y empleo generarán; cuántos y cómo se remediarán los pasivos ambientales; qué porcentaje de los territorios protegidos estarán gestionados por comunidades locales y pueblos indígenas y definir qué modelos financieros garantizarán la conservación a largo plazo.

La pérdida de biodiversidad y la crisis climática son temas que convergen en muchos puntos, por lo que se requieren esfuerzos coordinados para que quienes toman decisiones, en el camino de Cali (COP 16) a Belem (COP29) de Cambio Climático (2025) hagan una aplicación articulada de los planes de ambos convenios, en colaboración con los pueblos indígenas y comunidades locales.

En este contexto, sin duda, resulta tristemente penosa la ampliación de la megaminería en Ecuador, el incumplimiento de la voluntad popular en relación a las consultas del Yasuní y el Chocó Andino, Girón y Cuenca, así como la megahuella ecológica de Ecuador generada por los apagones y los numerosos incendios forestales que han ocurrido en los últimos meses.

En esta oscura oscuridad, del apagón ecuatorial, quiero creer, que “cambiará el futuro de la vida en el planeta”, tal como se señala en cada COP. ¡Ojalá, así sea!

Anamaría Varea

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