Barrer en el mismo lugar. Y por séptima ocasión. Esa fue la última diligencia hecha por la Fiscalía los pasados 25 y 26 de octubre en el caso de la desaparición de la joven colombiana Carolina Garzón. Esto ante los cuestionamientos de la familia y de sus abogados porque aseguran que volver a buscar en el mismo lugar donde no se ha hallado indicios sobre lo ocurrido con Carolina resulta ser un procedimiento “inoficioso”.
“No se llamó a dar testimonio a las personas que vivían con mi hija y les dejaron salir del país”.
El barrido se realizó en el barrio Paluco, sector Monjas, en el centro oriente de Quito. Lo realizaron cuatro grupo especiales de búsqueda con el apoyo de perros. La Fiscalía sostiene que la joven se ahogó en el río Machángara, pero la familia rechaza esa versión. Harold Burbano, abogado de Inredh, organización que lleva el caso, contó a Plan V que nuevamente se hizo una búsqueda superficial en el lugar: sin excavaciones ni levantamiento de vestigios. No se halló, nuevamente, nada.

El 7 de agosto de 2014, la familia de Carolina Garzón en Bogotá hizo un plantón en el canal Capital de Bogotá, donde se encontraba el expresidente Rafael Correa. El exmandatario había ido a la ciudad para la posesión de Juan Manuel Santos. Allí prometió más dilgencias y apoyo al caso.
Además si la hipótesis es el ahogamiento, la búsqueda no debería haberse dado más allá de los 50 metros de la orilla, según Burbano. En esta ocasión la búsqueda llegó hasta las laderas de la quebrada. Daniel Vejar, otro abogado de la familia, dice que la investigación tiene 92 cuerpos, esto es más de 90.000 hojas, pero no hay una teoría lo suficientemente sustentada sobre lo que ocurrió con Carolina. Plan V llamó al fiscal del caso, Jorge Flores, pero no quiso comentar sobre la diligencia porque dijo no tener autorización para pronunciarse.
Su madre, Alix Ardila, vía telefónica desde Bogotá, cuenta las inconsistencias de las investigaciones y retrata la indolencia de un Estado. Ella continúa con la búsqueda de su hija, pues el padre de Carolina, Walter Garzón, falleció el año pasado sin conocer el paradero de su hija.

Carolina Garzón en el lago Titicaca, en Bolivia.
TESTIMONIO
“Dicen que la vida continua, pero la mía está estancada”
Alix Ardila, madre de Carolina Garzón
“Mi hija presuntamente desapareció el 28 de abril de 2012, pero hasta hoy no se sabe si ocurrió esa fecha. Los seis compañeros que compartían vivienda con ella llamaron recién el 1 de mayo, a las 17:00, para decirnos que no nos preocupemos. Se les preguntó que si Carolina estaba acostumbrada a quedarse fuera de la casa y ellos dijeron que no. Entonces fueron a Ecuador mi hermana y mi hija, porque nosotros como padres no podíamos dejar abandonados el trabajo de un día para el otro.
“Han hecho más 15 búsquedas exhaustivas en el río con botes, palancas y buzos. En tres años habían aparecido más de 35 cuerpos. Pero el único que no ha aparecido es el de mi hija”.
Empezaron la búsqueda por un pedido personal; una artista amiga llamó a un coronel y él movilizó al GOE y a la Unase y otras unidades de rescate. Usaron helicópteros. Rastrearon por todo el barrio de Paluco. No encontraron nada. El 2 de mayo hicimos la denuncia, pero fue una inoperancia para investigar. No se llamó a dar testimonio a las personas que vivían con mi hija y les dejaron salir del país. La familia llevó a dos de sus compañeros colombianos (eran 4 en total) para que les tomaran versiones; de las dos argentinas, una dio testimonio y otra se fue del Ecuador . No se obtuvo ningún resultado y las irregularidades han afectado la investigación.

Alix Ardila (segunda desde la izquierda) en uno de los tantos plantones frente al Palacio de Carondelet.
Pero la primera fiscal dijo que Carolina se había suicidado y lanzado al río (Machángara, aledaño al barrio). No sé qué persona se suicida y esconde su cuerpo. No se entiende eso. La segunda dijo que era que se había resbalado y ahogado supuestamente en el río. Esa es su única hipótesis. Pedimos al Inamhi que nos dé el reporte del tiempo al momento de la desaparición y nos informaron que todos los días había llovido. El nivel del agua había subido un metro en el río. El saco estuvo en ese lugar, pero no tenía ninguna contaminación. Y por allí pasaron los investigadores, pero ninguno lo encontró. Además, ¿cómo mi hija se iba a ir al río para tomar supuestamente el sol como dijo la fiscal? Eran unas agua putrefactas. La fiscal dijo que ella dejó un saco allí. No tiene sentido.
Han hecho más 15 búsquedas exhaustivas en el río con botes, palancas y buzos. Mas abajo, en Cumbayá, hay unas rejillas y gente laborando. Los trabajadores nos dieron allá todo llegaba. En tres años de búsqueda habían aparecido más de 35 cuerpos. Pero el único que no ha aparecido es el de mi hija. El río devuelve los cuerpos porque el río está lleno de piedras y no es muy caudaloso.
“Pero la primera fiscal dijo que Carolina se había suicidado y lanzado al río (Machángara, aledaño al barrio). No sé qué persona se suicida y esconde su cuerpo”.
Nosotros como familiares no aceptamos esa hipótesis. Es un sitio muy dificil para bajar por donde dicen que bajó, según dos testigos vecinos del sector. Ellos no son idóneos y están llenos de contradicciones. En sus declaraciones se basa la Fiscalía para decir que mi hija se ahogó. Un testigo es una persona de edad que alcanza a ver bien después de un metro medio. El otro es un joven que aseguró haberla visto con un perro. Dijo que tenía una camiseta blancas y el cabello hasta los hombros. Pero en esos días a Carolina le había hecho un corte de cabello rapado a los lados.
Yo me comunicaba con ella constantemente. Se demoraba un día en llamarme y me enloquecía. ‘Mami es que aquí las comunicaciones son difíciles’, me decía. El 27 en la noche nos comunicamos por última vez. Ella me dijo todo lo que iba a hacer: ir a La Ronda la ronda a filmar un evento. Todo lo que ella me dijo lo hizo. En el local donde estuvo nos contaron que ella había pasando tomando fotos toda la noche.

Esta es una de las últimas fotografías de Carolina. Su madre, Alix Ardila, la guarda como prueba que refuta la versión de un testigo. Él dice que vio una joven cerca a la quebrada con el cabello hasta los hombros.
La cámara fue una prueba materia. Fue hallada en su habitación con todas sus pertenencias. Por eso creo que su desaparición fue en contra de su voluntad. Ella llevaba su cámara a todo lugar. Solo la dejaba para dormir. En su habitación estaba toda su documentación, dinero, computadora. Ella ahorrar para comprarse una cámara profesional. Pero en la extracción de las fotos, el policía borró la fecha de las fotos y colocó la del día que hizo la supuesta pericia. La cámara fue enviada a Colombia, pero la perdieron. Nos dijeron simplemente: ‘se perdió’. Y luego la Fiscalía nos dijo que apareció de la nada. Esta era una prueba tan importante, pero esa cámara ya no sirve porque fue manipulada.
Carolina estaba muy enamorada de Ecuador. Era la cuarta ocasión que iba en sus vacaciones de universidad. El 24 de diciembre pasamos la Navidad y el 25 iniciaba su viaje para Ecuador. Nos había convencido que cuando terminara su carrera nos cambiáramos de país. Ella viajó también por Bolivia y Perú. Estudiaba arte y tenía muchos proyectos, también estaba recolectando información para su tesis.
“Carolina estaba muy enamorada de Ecuador. Era la cuarta ocasión que iba en sus vacaciones de universidad”.
Para evadir su responsabilidad, los investigadores estigmatizan a la persona. Ellos no dijeron que por qué andaba sola, que por qué la dejamos viajar sola, que ella andaba con malas amistades. Es obligación del Estado investigar lo sucedido con su desaparición. Todos los derechos de mi hija y de los demás desaparecidos han sido violados en su totalidad.
Como familia hemos dejado nuestras actividades donde nuestra ilusión es mi hija. Dicen que la vida continua, pero la mía está estancada. Porque mi prioridad, mi vida, es encontrar a mi hija. Todos los días de mi vida la tengo en mi mente. Lo único cierto es que estoy con un sicólogo. Sigo pensando que ella sigue viajando, que está en la universidad. Por el estrés, la familia a momentos se ha dividido, pero tratamos de volver a la realidad y luchar unidos. La mitad de mi vidad está en Ecuador y la otra acá porque está mi otra hija. Mi corazón y el de mi familia están partidos en mil pedazos. Tengo que viajar constantemente, a pedir diligencias, porque la Fiscalía no lo hace por voluntad propia.
El padre de mi hija luchó incansablemente por Carolina y por todos los desaparecidos ante la indolencia del Estado. El hizo plantones. Se creía que era un país pacífico, pero hay miles de desaparecidos. En sus plantones se encontró con más familiares de desaparecidos y los animó a que reclamen, para que fueran más fuertes todos. Así creó la Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas en Ecuador (Asfadec). Pero el estado ha dividido la Asociación.
El padre de mi hija al ver toda esa inoperancia se regresó para Colombia, porque él se enfermó. Le indignaba ver cómo seguían yendo al río Machángara cuando ya se habían hecho una cantidad de enorme búsquedas sin resultados. Todo su sufrimiento le afectó su organismo y se fue de este mundo con el dolor más grande sin saber de Carolina. Partió el 2 de septiembre de 2016. Para mí es un doble dolor porque él era me acompañaba en el dolor, en mi búsqueda”.
