La tensión entre EE. UU. y Venezuela ha llegado a un punto crítico. Tras semanas de advertencias y amenazas, incluido un despliegue militar sin precedentes de Washington en el Caribe, con un poderoso contingente militar y alrededor de 4 mil soldados de élite (entre ellos marines), el Gobierno de Donald Trump anunció que atacó una embarcación llena de drogas procedente de Venezuela. Ninguno de los 11 tripulantes —»narcoterroristas», según Washington— sobrevivió. La Casa Blanca insiste en que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, lidera el Tren de Aragua y el Cartel de los Soles, junto al número 2 del régimen, Diosdado Cabello.
Venezuela acusó a Washington de crear imágenes con Inteligencia Artificial y culpó al secretario de Estado, Marco Rubio, de «alentar la guerra» en su reciente gira por varios países, incluido el Ecuador.
Desde el primer mandato del republicano (2017-2021), la relación entre Trump y el presidente venezolano ha sido tensa: con acusaciones mutuas, sanciones económicas e intimidaciones. Caracas denuncia las «acciones hostiles» de Washington, mientras que EE. UU. sostiene que el Gobierno de Maduro, al que califica de «narco dictadura», es una amenaza para su país y la región.
En solo nueve meses de mandato, la acción de Donald Trump contra Venezuela ha crecido en intensidad, algo que no ocurrió en su primer período. Desde el día de su posesión, el 20 de enero, firmó un decreto calificando al Tren de Aragua, junto a otros grupos, como organización terrorista. Según Nicolás Maduro, a quien EE.UU. acusa de dirigir el narcotráfico en Venezuela, esa organización «no existe» desde 2023, cuando fue desmantelada.
Casi simultáneamente, la Administración estadounidense revocó la extensión del Estatus de Protección Temporal (TPS) a 600 mil venezolanos, privándoles de un programa humanitario que protege temporalmente de la deportación y entrega permisos de trabajo a personas provenientes de países en crisis.
El 24 de marzo, Trump anunció aranceles del 25% a cualquier país que compre petróleo venezolano, como castigo por enviar a EE. UU., «de forma deliberada y engañosa, a miles de delincuentes de alto nivel”.
Esta política se endureció cuando Trump invocó una ley del año 1789 para acelerar deportaciones de presuntos miembros del Tren de Aragua. El 17 de marzo, cientos de venezolanos sin condena en firme fueron deportados a El Salvador y recluidos en la mega prisión de Bukele. Maduro dijo que eran «secuestros» y aseguró que los deportados no tenían vínculos con el grupo en mención.
El 24 de marzo, Trump anunció aranceles del 25% a cualquier país que compre petróleo venezolano, como castigo por enviar a EE. UU., «de forma deliberada y engañosa, a miles de delincuentes de alto nivel”. Luego Trump notificó a los socios de la petrolera estatal venezolana, PDVSA, -como la española Repsol- que sus permisos para exportar crudo y derivados de desde Venezuela fueron revocados.
Nicolás Maduro: el más buscado
Aumenta la presión estadounidense contra el líder venezolano. El Departamento de Justicia de EE.UU. incrementó a principios de agosto la recompensa por información para capturar a Nicolás Maduro a USD 50 millones, duplicando una cifra previa. Maduro es acusado por EE.UU. de narcotráfico y terrorismo. Ya en el primer mandato de Trump, en 2020, y en el pasado enero se había aumentado la recompensa de USD 15 millones a 25 millones.

Según la Casa Blanca, el presidente venezolano utiliza organizaciones terroristas mexicanas, como los carteles de Sinaloa y del Sol, para introducir al país estadounidense drogas letales y violencia. Para el Gobierno de Maduro es una «burda operación de propaganda política y una ridícula cortina de humo».
Pero, el 21 agosto se dio el mayor despliegue militar estadounidense en la región desde la intervención en Panamá en 1989, cuando fue apartado del cargo Manuel Antonio Noriega. EE. UU. movilizó a más de 4.000 militares, entre ellos 2.000 marines, además de aviones, barcos y lanzamisiles para patrullar aguas cercanas a Venezuela. Washington justificó la medida para combatir a los carteles del narcotráfico y dijo tener el apoyo de Argentina, Paraguay y Ecuador.
Por su parte, Venezuela acusó al Gobierno norteamericano de violar el Tratado de Tlatelolco de 1967, que declaró a América Latina y el Caribe como zonas libres de armas nucleares y exhortó a EE. UU. a alejarse del territorio y de las costas venezolanas. Los que aplaudieron la intervención dentro de Venezuela, como María Corina Machado, fueron advertidos por Diosdado Cabello que “todos ellos van a ser apretados”.
La Misión Permanente de Venezuela ante la ONU denunció «la escalada de acciones hostiles y amenazas del Gobierno de EE. UU.», y aseguró que el despliegue en el Atlántico de buques como «el USS Lake Erie, un crucero lanzamisiles, y el USS Newport News, un submarino (de propulsión) nuclear de ataque rápido», son “una grave amenaza a la paz y la seguridad regionales».
En respuesta a la denominada «más grande amenaza vista en el continente en los últimos 100 años», Maduro convocó jornadas de alistamiento nacional y dijo que 8,2 millones de personas están listas para «defender al país» y que el reclutamiento será «continuo y permanente». Maduro comparó esta situación con la crisis de 1962, cuando la extinta URSS quiso instalar misiles nucleares de medio alcance en Cuba, provocando a EE.UU. y poniendo a las dos superpotencias al borde del conflicto atómico.
Ejército disminuido, narco y guerrilla: las fuerzas de Maduro contra Trump
Daniel Lozano, en un análisis para el diario El País, explica la situación señalando que Nicolás Maduro jamás se imaginó que esto le iba a suceder: un presidente ilegítimo, con su «cabeza» valorada en USD 50 millones y ser considerado como el líder narcotraficante y terrorista del Tren de Aragua y del Cartel de los Soles.
Agrega que “Maduro ya sobrevivió en 2019 al desafío de las fuerzas democráticas. Para la actual crisis cuenta con aliados fieles: oficiales manchados por el narco y los negocios sucios; la Inteligencia cubana; algunas dictaduras mundiales, con Rusia a la cabeza; y la guerrilla colombiana, preparada para resistir en la frontera.
Para la denominada guerra de resistencia popular, Maduro exhibió unos ocho millones de milicianos (las imágenes muestran personas famélicas o fuera de forma) y esto ha sido calificado como una propaganda demencial, pero sus brigadas de torturadores y paramilitares mantienen el terror interno. Con un ejército armado hasta los dientes por Chávez, pero con dudas de que pueda enfrentar cualquier ataque militar.

“Estamos preparándonos para responder ante cualquier amenaza de EE. UU o quién sea «, dice el ministro de Defensa, general Vladimir Padrino López, el gran líder del generalato que no sólo mantiene por la fuerza a Maduro en el poder. Entre los 2.000 generales chavistas hay un grupo que encabeza el Cartel de los Soles, la red de redes del narcotráfico venezolano. «Este cártel no es un mito, es la estructura misma del chavismo. El corazón financiero del régimen», señala el politólogo Walter Molina. Y para colmo de males, se anuncia con bombos y platillos, la fastuosa y ostentosa boda de la hija de Padrino López.
Muchos analistas sostienen que el régimen de Maduro destruyó la democracia en Venezuela y que los que lo mantienen en el poder son los que se benefician de los negocios millonarios.
Las investigaciones que, por dos décadas, realizó la DEA (agencia antidroga estadounidense) ratificaron cómo los militares apartaron al narco colombiano Walid Makled y tejieron negocios con la guerrilla colombiana y cárteles mexicanos hasta crear un emporio que mueve el 20% de la cocaína del continente.
Muchos analistas sostienen que el régimen de Maduro destruyó la democracia en Venezuela y que los que lo mantienen en el poder son los que se benefician de los negocios millonarios y que reprimieron a los jóvenes de barrios pobres que reclamaron la victoria democrática de 2024.
Aunque una invasión no está en los cálculos de nadie —ni de Trump, Marco Rubio o del secretario de defensa estadounidense, Pete Hegseth—, y es el sueño dorado de tantos venezolanos, podrían ocurrir ataques específicos: a Fuerte Tiuna, por ejemplo, el principal cuartel de Caracas y en cuyo interior están las mansiones de Maduro, Cabello y Padrino López.
Pese a la obsesión de Hugo Chávez por hacer de su país una potencia militar, su amenaza contra EE. UU en el Caribe no lo es tanto. El comandante supremo lo intentó, al fortalecer acuerdos con Rusia, al importar 24 aviones de combate Sukhoi. La infantería estaría bien nutrida, con más de 200.000 soldados, pero la crisis socioeconómica ha diezmado sus fuerzas.
En el papel Venezuela tendría capacidades convencionales importantes, incluso sistemas antiaéreos, pero la disponibilidad de otros medios es baja o casi nula. Los S-300 (sistemas de misiles de buena operatividad) de la base del Sombrero tienen problemas de radares y hay escasez de recursos humanos, porque los que sabían operarlos son parte del exilio venezolano. Incluso los Sukhoi rusos tienen limitaciones de pilotos y horas de vuelo.
Tras el juego de guerra ordenado por Maduro, con sobrevuelos de aviones F 16 estadounidenses en el Caribe, considerada como una provocación y un error estratégico, Trump, según CNN, «sopesa una multitud de opciones incluido el posible golpe de objetivos dentro del país como parte de una estrategia más amplia para debilitar a Maduro».
¿Y qué pasa con Cuba, aliado estratégico de Venezuela?
La presencia cubana en Venezuela, desde tiempos en que los principales asesores de Hugo Chávez seguían directrices del mismo Fidel Castro, en inteligencia y entrenamiento militar, hay que recordar que Maduro mantiene un anillo de seguridad formado solo por agentes cubanos. Nos es por nada fue el castrismo escogió al heredero de Chávez —en su lecho de muerte—, cuando muchos pensaban que el caudillo se inclinaría por Diosdado Cabello, sin olvidar que, por mucho tiempo, Venezuela fue el principal proveedor de petróleo y derivados a la isla.
Maduro tiene una discreta preparación militar en la Escuela Superior del Partido Comunista de Cuba (PCC), donde fue entrenado por la inteligencia cubana para alcanzar el poder. Tras el intento de golpe contra Chávez de 2002, quedó traumatizado. Por eso los investigadores cubanos siempre buscan desvíos ideológicos de los militares, sobre todo de los que tienen mando en tropa, para controlarlos. Alrededor de 170 prisioneros militares tienen ese rango, de los 816 actuales, según el Foro Penal.
La reciente reforma de la ley orgánica de las fuerzas armadas busca atomizar y debilitar las unidades militares y así evitar rebeliones o golpes. De existir algún conflicto, donde tanto Cuba como Venezuela se jueguen la supervivencia, los cubanos vigilarán la disciplina en las filas y cualquier «traición» se pagará caro.
También se debe mencionar a los grupos de inteligencia: los temidos Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) y Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) que son los brazos represivos de Maduro contra cualquiera que amenace su régimen de facto, obtenido luego del mayor fraude electoral de la historia latinoamericana, comprobado hasta la saciedad.
El papel de Rusia y otras dictaduras mundiales
Fue el líder opositor Leopoldo López, hoy exiliado en España, quien reconoció la importancia de los rusos y otras dictaduras para atornillar a Maduro. Sin embargo, algo cambió porque, pese a que Moscú sigue siendo el gran aliado mundial de Maduro y así lo ratifica Putin en cada discurso, mientras los rusos ayudan a evadir sanciones y proveen armas a Caracas, la invasión a Ucrania y los zigzagueos de la relación entre Putin y Trump modificaron el tablero geopolítico.
Cosa parecida sucede con Irán, pues los drones de este país son incapaces para controlar ataques a lanchas rápidas. Los analistas aseguran que el líder chino Xi Ying Ping difícilmente se involucre directamente en este conflicto, porque Venezuela no paga y la corrupción en ese país asusta al gigante asiático.
En el caso de las disidencias y la guerrilla colombiana, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) fue ayudado por el chavismo en su santuario venezolano y tras años de lucha contra otras guerrillas, ahora controla casi toda la frontera binacional. Es conocido que patrullan conjuntamente la frontera con militares chavistas y reparten comida en pueblos venezolanos, que aseguraron el corredor narco hasta la costa del Caribe y que contrabandean minerales con sus socios del chavismo. Para Caracas este es el mejor aliado para establecer un «muro» en los 2.219 kilómetros de frontera común con Colombia.
Milicianos, paramilitares, el Cartel de los Soles y el Tren de Aragua
El régimen venezolano presuntamente estaría preparado para una «guerra de resistencia popular prolongada», algo que los cubanos enseñaron a Maduro en el PCC, y que tiene como su mayor paradigma las guerras de guerrillas del Vietcong en Vietnam en los años 60. Pero, aunque se dice que el chavismo tiene muchos fieles, a los que más promocionan son a los famosos milicianos (8 millones según Maduro), pero que se presentan como un pequeño ejército de unos miles de veteranos famélicos o líderes comunales un poco gordos.
De todos modos, las cuentas siguen sin cuadrar: en las últimas elecciones sólo tres millones votaron por Maduro y al menos un millón fue «obligado» por el sistema de control social del país. Se trata de una pieza de propaganda para hacer creer al mundo que el chavismo es un movimiento popular. Los temidos colectivos revolucionarios, en cambio, reaparecieron en 2024 para asesinar a quienes protestaban en las calles por el mega fraude, sin dejar de lado que, en los últimos veinte años, hay alrededor de 8 millones de exiliados, la mayor cifra registrada en el siglo XXI, según el Organismo Internacional de Migraciones de la ONU.
Todos esos grupos se han dedicado, en los años en que el chavismo ha gobernado Venezuela, a enriquecerse con negocios sucios y corruptelas, muchos de ellos convertido en policías, con patente de corso gubernamental para disparar. Como corolario, el Cartel de los Soles (cuyo ideólogo sería Diosdado Cabello) y el Tren de Aragua, mafias transnacionales que están en muchas partes, han aprovechado las oleadas de migrantes venezolanos, entre los que se han infiltrado, para proseguir con sus actividades de narcotráfico, sicariato e inteligencia en algunos países.