domingo, mayo 3, 2026

Desfiles, drones y alfombras rojas: señales del nuevo (des)orden internacional

Tras caminar por la alfombra roja y ser recibido con todos los privilegios en Alaska, en Tianjin y en Beijing. Vladimir Putin se sabe el gran ganador. Y es que las políticas de Washington durante la segunda administración Trump le han resultado claves.

Richard Salazar Medina

Por: Richard Salazar Medina

No, no fue un desfile más. Y el mensaje fue inequívoco: ¡Sr. Trump, usted no manda en el mundo!

El desfile por la conmemoración del 80.º aniversario de la victoria en la Guerra de Resistencia contra la Agresión Japonesa, del pasado 3 de septiembre en Beijing, fue una contundente muestra de poder más allá de lo militar. No solo que participaron más de 12 mil soldados del Ejército Popular de Liberación sino que se expusieron, entre lo más destacable, misiles de largo alcance, misiles nucleares, misiles antibuques, aviones y drones de combate, vehículos blindados y tanques. Según diversas fuentes, el costo del evento superó los 5 mil millones de dólares.

De izquierda a derecha, los presidentes de Indonesia, Prabowo Subianto; Rusia, Vladímir Putin, y China, Xi Jinping, posan para una foto de grupo antes de un desfile militar para conmemorar el 80 aniversario de la capitulación de Japón en la Il Guerra Mundial, en frente de la Puerta de Tiananmen, Beijing, China, el 3 de septiembre de 2025. Sergei Bobylev, Sputnik, Kremlin Pool. Foto vía AP

La lista de mandatarios presentes fue extensa: 26 presidentes y jefes de gobierno de cuatro continentes desfilaron por la alfombra roja hacia la tribuna de honor, incluidos países de alta sensibilidad en seguridad, rivales de la OTAN, como Vladímir Putin, de Rusia, Kim Jong-un, de Corea del Norte, Alexander Lukashenko, de Bielorrusia, y Masoud Pezeshkian, de Irán.  Junto a ellos, mandatarios asiáticos (como Prabowo Subianto, presidente de Indonesia, sede de la ASEAN, un mercado de más de 640 millones de consumidores), africanos, y del Caribe. También hubo presencia de Europa, con Serbia y Eslovaquia, socios de la Franja y la Ruta de China.

Pero el mensaje no fue solo simbólico.  Xi Jinping, vistiendo un traje gris al estilo de Mao, otra imagen poderosa, dijo en su discurso: “China es una gran nación que no se deja intimidar por bullies. Hoy la humanidad se enfrenta una vez más a una elección contundente: paz o guerra, diálogo o confrontación, beneficio mutuo o competencia de suma cero. El pueblo chino se mantiene firmemente del lado correcto de la historia. El rejuvenecimiento de la nación china es imparable; de esa misma manera, la causa de la paz y el desarrollo de la humanidad prevalecerá”.

Al centro de la narrativa está la exaltación de una China milenaria, que quiere dejar claro a Occidente que ha superado “el Siglo de la Humillación” (1839-1945), y que es suficientemente fuerte para que nunca vuelva a ocurrir. En la China actual este período está al centro de la narrativa del Estado-nación.

La cumbre contó con más de 25 jefes de Estado-  Entre ellos destacaron Vladímir Putin y Narendra Modi, presidente de India. También estuvo Lukashenko, de Bielorrusia, Recep Tayyip Erdoğan, de Turquía, Masoud Pezeshkian, de Irán.

Pero las palabras de Xi no solo se refieren a temas de seguridad, sino a las guerras comerciales y la lucha por los mercados globales, uno de los elementos definitorios de la era Trump, que ha montado una muralla arancelaria no solo a China sino al mundo, incluidos sus más importantes aliados, como Japón, Corea del Sur, Canadá, México y la Unión Europea. América Latina tiene tarifas del 10%. Brasil y la India son casos aparte, con un 50% arancel, un castigo por motivos políticos.

Para Trump debió de ser humillante comprobar que, apenas dos semanas después de recibir con alfombra roja en Alaska a Putin —acusado por la Corte Penal Internacional de crímenes de guerra en Ucrania— este ya participaba en el impresionante desfile militar en China, el rival global de EE.UU. Así, los esfuerzos de Trump por convencer a Putin de un alto el fuego —en su afán de mostrarse como pacificador y aspirante al Nobel de la Paz— se revelaron ingenuos. Quizá por ello Trump puso en su red social, Truth Social, “Por favor, envíen mis más cordiales saludos a Vladímir Putin y a Kim Jong-Un, mientras conspiran contra los Estados Unidos de América”.

Hay que recordar que el evento no fue aislado. Dos días antes, del 31 de agosto al 1 de septiembre, se celebró en la propia China, en la ciudad de Tianjin, la 25.º Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), organización intergubernamental cuya misión es promover la seguridad, la estabilidad y la cooperación integral (económica, política, diplomática y cultural) en la región eurasiática; aglutina a diez países miembros, la gran mayoría de Asia: China, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, India, Pakistán, Irán, Rusia y Bielorrusia.

La cumbre contó con la presencia de más de 25 jefes de Estado, incluyendo representantes de 16 países observadores y socios de diálogo.  Entre ellos destacaron Vladímir Putin y Narendra Modi, presidente de India. También estuvo Lukashenko, de Bielorrusia, Recep Tayyip Erdoğan, de Turquía, Masoud Pezeshkian, de Irán, así como los mandatarios de Pakistán, Vietnam, Mongolia, Kazajstán, entre otros.  Además, participaron una decena de altos funcionarios de organizaciones internacionales, como el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres.

También asistieron, el Secretario General de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés), el Secretario General de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), el Presidente del Comité Ejecutivo de la Unión Económica Euroasiática (UEE), el Presidente del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), el  Secretario General de la Organización de Cooperación Económica (ECO), el Secretario General de la Conferencia sobre Interacción y Medidas de Confianza en Asia (CICA), entre los más destacables.  Es decir, la representación internacional no dejó dudas de la legitimidad y trascendencia del eventoDos días antes se celebró en China, en la ciudad de Tianjin, la 25.º Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), cuya misión es promover la seguridad, la estabilidad y la cooperación integral en eurasia.

Quienes se robaron la escena fueron dos mandatarios de naciones de por sí eminentes en el orden internacional, Vladímir Putin y Narendra Modi, que se mostraron muy cercanos y llegaron el segundo día al evento de la mano. No de manera figurada sino tomados de la mano. Este es un gesto importante en el hinduismo para mostrar amistad, cercanía y confianza, como ocurre en la cultura musulmana en otros contextos. Esta costumbre no tiene connotación romántica ni sexual, sino que es una expresión de aprecio y respeto entre amigos hombres. Es decir, fue muestra indudable de la cercanía entre los dos mandatarios, que se realizó de manera deliberada, para mandar un mensaje al mundo.

Ello ocurrió un par de meses luego del impase que tuvo Narendra Modi con el mandatario estadounidense, Donald Trump, en su última llamada telefónica de junio, cuando Trump le insinuó a Modi que debería proponer su nombre al Premio Nobel de la Paz, por haber, supuestamente, sido el artífice del armisticio entre India y Pakistán en su “guerra de los cuatro días”, del 7 al 10 de mayo. Esto, a propósito de que Pakistán había anunciado que haría la nominación, por lo que Trump le decía a Modi que debería hacer lo propio. Según reportó The New York Times, a Modi le irritó esta insinuación y replicó que Washington no tenía nada que ver con el alto el fuego acordado directamente entre las dos naciones, sin terceros países de por medio. Más adelante, funcionarios de la Cancillería de India precisaron que Modi señaló a Trump que la India nunca aceptará mediaciones en sus relaciones con Pakistán.

El hecho de que Trump ignorara los comentarios de Modi ocasionó un deterioro de las relaciones entre ambos líderes. Tras los rifirrafes diplomáticos Trump invitó a Modi a visitar Washington luego de la cumbre del G7, llevada a cabo en Canadá (15 al 17 de junio de 2025). Modi no aceptó. En agosto Trump le impuso a India un arancel adicional de 25% (le había ya impuesto el 25%), llegando al récord de 50%.

El presidente Donald Trump estrecha la mano del primer ministro de la India, Narendra Modi, al concluir una conferencia de prensa en la Sala Este de la Casa Blanca, el jueves 13 de febrero de 2025, en Washington.

Evidentemente el acercamiento de Narendra Modi no solo a Rusia sino a China —un país con el que India tiene temas limítrofes pendientes, una diferencia que ha mantenido frías y distantes las relaciones entre los dos colosos de Asia y el mundo por décadas— tiene todo que ver con las tensiones (y aranceles) recientes con Washington. Hasta este impase, durante ya varios períodos presidenciales, India había estado muy cercana a EE.UU. y Occidente, al menos desde la era Clinton, que en el año 2000 visitó la India luego de 22 años sin visitas oficiales.

Así que este alejamiento, al tiempo que acercamiento a China (son muy decidoras las imágenes de Narendra Modi junto a Xi y Putin) es ciertamente un giro en la escena internacional. Giro, además, que acerca a tres colosos mundiales (no hay que olvidar que, desde 2024, ya no es China sino la India el país más poblado del mundo, con 1.451 millones de habitantes). Este es el corolario de la política exterior de Trump que, en menos de un año, ha tenido enormes repercusiones en la escena internacional, por motivos más allá de los aranceles.

Tan seguro se siente Putin que, lejos de mostrar interés por un cese al fuego en Ucrania, ha acentuado sus acciones belicistas en el vecindario. El 10 de septiembre, al menos 19 drones rusos incursionaron en territorio polaco.

Es evidente que Putin, tras caminar por la alfombra roja y ser recibido con todos los privilegios en Alaska, en Tianjin y en Beijing se sabe el gran ganador. Y es que las políticas de Washington durante la segunda administración Trump le han resultado claves. Putin quería demostrar que no está aislado y, de hecho, no lo está. Además, luego de las dos horas y media de reunión en Beijing, el 3 de septiembre, con el máximo dirigente norcoreano, Kim Jong-un, este último le reiteró que hará todo lo necesario para ayudar a Rusia en la guerra de Ucrania (ya antes envió 14 mil soldados norcoreanos al campo de batalla).

Kaja Kallas, Alta Representante de la Unión Europea (UE) para Asuntos Exteriores, aseveró ese mismo día que “Xi, Putin y Kim son un desafío directo al sistema internacional basado en normas”. Sin embargo, visto lo visto (y lo que aspiran) el mundo tendrá a estos personajes por un buen rato.  Por cierto, Xi y Putin fueron descubiertos hablando —sin darse cuenta— en micrófono abierto acerca de que la ciencia permitirá en este siglo prolongar la vida hasta los 150 años. Ambos tienen 72 y por lo pronto Putin puede gobernar hasta 2036, pero Xi, prácticamente de por vida… Kim, por su parte, el más joven (41), llevó a su potencial sucesora a Beijing, su hija de —se calcula— doce años.

Tan seguro se siente Putin que, lejos de mostrar interés en dar paso a un cese al fuego en Ucrania, ha acentuado sus acciones belicistas en países del vecindario. El 10 de septiembre, al menos 19 drones rusos incursionaron en territorio polaco; tres fueron derribados por aviones de Polonia y de la OTAN. Ante ello, el primer ministro de Polonia, Donald Tusk, solicitó la activación del artículo 4 de la OTAN, que permite consultar a sus aliados militares en caso de amenaza contra “la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de alguna de las Partes”. Tusk calificó el hecho como “una provocación a gran escala” y señaló que la posibilidad de un gran conflicto militar está “más cerca que en cualquier otro momento desde la Segunda Guerra Mundial”.

Solo cuatro días después, el 14 de septiembre, Rumanía reportó que un dron ruso violó su espacio aéreo, convirtiéndose en el segundo país de la OTAN en denunciar tal incursión. Es evidente que Putin está testeando a la OTAN. Más concretamente, está testeando la reacción de EE.UU. Sin embargo, Trump no ha dado ninguna trascendencia al tema de los drones rusos, tanto menos cuando la polarizada política interna de su país está que arde. El mismo día de incursión de drones en territorio polaco fue asesinado el activista conservador, Charly Kirk, muy cercano al presidente Trump. Y menos de una semana después, el 16 de septiembre, antes de tomar el avión para su visita oficial a Reino Unido, Trump anunció una demanda multimillonaria contra The New York Times, por 15.000 millones de dólares, por difamación…

El orden liberal internacional, ese sistema basado en normas e instituciones intergubernamentales con la finalidad de organizar y regular la anarquía internacional, agoniza. La ONU, creada en 1945 para prevenir nuevas guerras, se ha mostrado incapaz de cumplir esa misión. Mientras tanto, China despliega un insoslayable poder militar, reconfigurando los equilibrios de seguridad. En este escenario, a Europa y Taiwán les urge recalibrar sus estrategias de seguridad.

Al mismo tiempo, Gaza vive el primer genocidio transmitido en vivo de la historia. Esa es una historia más larga, pero no puedo cerrar estas letras sin mencionarlo.

Richard Salazar Medina

Richard Salazar Medina

Antropólogo y politólogo. Docente universitario

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