El Informe Mundial de la Felicidad, publicado por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU, evalúa a los países basándose en factores como el PIB per cápita, el apoyo social, la esperanza de vida saludable, la libertad, la generosidad y la percepción de la corrupción. En 2025 el informe señaló que los países más felices del mundo son Finlandia, Dinamarca, Islandia y Suecia.
Los países nórdicos encabezan la lista casi todos los años y se caracterizan por altos niveles de bienestar social, apoyo mutuo y satisfacción con la vida. En algún año el país más feliz del mundo fue el Sultanato de Brunei. El ranking de los latinoamericanos lo encabezan Costa Rica e inesperadamente México (dice el informe “por la riqueza de sus lazos sociales y la resiliencia de su gente”).

Pero, hay que matizar estos resultados, porque en Cuba una ministra se soltó una declaración acusando a los mendigos de la isla por “fingir su pobreza”. Fue la ministra del Trabajo y Seguridad Social, Marta Elena Feitó Cabrera, quien dijo que “no hay mendigos” en Cuba, mientras muchas personas batallan para conseguir comida, provocando sorpresa e indignación.
Por décadas, el régimen comunista de los hermanos Castro se enorgullecía de sus capacidades para satisfacer las necesidades básicas de la población, pese a evidencias de lo contrario. Sin embargo, una cosa es la que dicen las fuentes oficiales y otra lo que se ve en las calles, con gente buscando comida en basureros y mendigando. Hace años era habitual la escena de chicas jóvenes que deambulaban por las calles ofreciendo sus cuerpos a cambio de dinero.
Eran conocidas como jineteras y su presencia se hacía habitual en zonas turísticas, especialmente en la playa de Varadero, intentando llamar la atención de los turistas que se hospedaban en los hoteles de las cadenas internacionales que vieron en la isla una posibilidad de abrir espacios para su negocio. A veces, el premio para estas chicas o para los mendigos era conseguir algún jean, camiseta o esferográficos.
Aunque el Partido Comunista sigue en el poder, el gobierno enfrenta una indignación mayor de los cubanos de a pie, que perdieron la paciencia con el sistema socialista que lleva seis décadas.
Cuba es un país en el que la cúpula central del Partido Comunista y del gobierno —son lo mismo— tratan de disimular las cifras y situaciones, acusando al “imperialismo yanqui” y a su embargo económico iniciado en la década de los 60 de todos sus males. Pero queda claro que la situación tocó fondo. Por eso, la ligereza en la declaración de la ministra —por supuesto, fue destituida— provocó reacciones y el gobierno se limitó a señalar que Feitó había renunciado “por su falta de sensibilidad”.
Aunque el Partido Comunista sigue anclado en el poder, el gobierno enfrenta una indignación mayor de los cubanos de a pie, que perdieron la paciencia con el sistema socialista que lleva seis décadas, iniciado por el líder revolucionario Fidel Castro. Los datos hablan de un éxodo permanente que ha durado todo este período, especialmente de jóvenes decepcionados y desencantados con un modelo que apenas ofrece racionamientos y, en muchos casos, comer apenas un pollo o un pedazo de carne al mes. Ya no funciona catalogar a los que migran como gusanos, como bautizó Fidel Castro al exilio cubano de Miami, a inicios de los años ’60.
La destitución de la ministra fue rápida, porque “en el pasado otros ministros han dicho cosas muy impopulares y no los han obligado a renunciar”, dice Carlos Alzugaray, analista político y diplomático cubano que vive en La Habana. “Lo inesperado de este caso es la rápida reacción popular y la muy rápida reacción del presidente”.
La crisis de la economía cubana lleva años, signada por una inflación galopante, la erosión hasta la casi desaparición de los servicios sociales y la escasez de alimentos y productos domésticos básicos, además del fracaso de las llamadas “libretas de racionamiento”. Muchos cubanos sobreviven gracias a las remesas enviadas desde el exterior. Se calcula que el salario promedio de un cubano no llega a un promedio del equivalente a 4 dólares mensuales.
Las autoridades cubanas insisten en culpar de los problemas económicos del país al embargo comercial estadounidense, que lleva 60 años y dificulta —y encarece— la importación de bienes esenciales.
Poco después de hacer su declaración televisada, la ministra Feitó fue tendencia en redes sociales y muchos señalaron que sus dislates evidencian la incapacidad del gobierno para enfrentar la crisis. “Hemos visto personas, aparentemente mendigos. Cuando usted le mira las manos, le mira las ropas que llevan esas personas, están disfrazadas de mendigos, no son mendigos”, dijo la exministra, rematando con la frase “en Cuba no hay mendigos. Ellos han buscado un modo de vida fácil”. Un día después, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, dijo que sus declaraciones carecían de compasión e ignoraban la realidad de Cuba.
En su insólita declaración, el mandatario cubano dijo: «no se defiende a la revolución cuando ocultamos los problemas que tenemos», y reconoció la existencia de mendigos en la isla.
La reacción oficial
Muchos se preguntaron qué hubiera hecho Fidel Castro de haber estado vivo. Probablemente hubiera dado un discurso televisado o en la Plaza de la Revolución, de unas siete horas, explicando las bondades del socialismo cubano y culpando a “los malvados yanquis” de los problemas.
En cambio, el presidente Díaz Canel declaró: “es la existencia de determinadas expresiones de vulnerabilidad, de personas de andar en calle o comportamiento de ambulante, porque a fin de cuentas son expresiones que nos han conducido a determinadas desigualdades sociales y problemáticas que tenemos en nuestra sociedad”.
En su insólita declaración, el mandatario cubano agregó: «no se defiende a la revolución cuando ocultamos los problemas que tenemos», y reconoció la existencia de mendigos en la isla. «La revolución no tiene que sentir vergüenza de los problemas, porque ha demostrado fehacientemente que tiene toda una vocación humanista por enfrentar y resolver los problemas, pero los resolvemos bien cuando los enfrentamos. Y para enfrentarlos y resolverlos, o atenderlos, hay que reconocerlos», agregó. Pero, en ningún momento, se refirió a la palabra pobreza.

Para muchos analistas, el daño político está hecho. Las palabras de Feitó evidenciaron lo que muchos cubanos vienen pensando por mucho tiempo: que el gobierno perdió contacto con la gente. Las personas luchan por llegar a fin de mes mientras los dirigentes se aferran a un modelo económico estatista y al régimen de partido único. La evidencia es que el sistema comunista cubano estalló, pero las consecuencias tardarán en medirse.
Feitó sugirió que las personas que buscan botellas y más envases en la basura engañan al Estado reciclando vidrio y plástico para revenderlo y no pagar impuestos. “Son ilegales del trabajo por cuenta propia”. El caso de Feitó recuerda lo ocurrido con Felipe Pérez Roque y Carlos Lage quienes en 2009 reconocieron sus «errores» y renunciaron a sus cargos como ministro de Relaciones Exteriores y jefe de Gabinete, respectivamente. Horas antes, el mandatario cubano, Raúl Castro, los había acusado de «indignos» y «ambiciosos».
Para muchos analistas, el daño político está hecho. Las palabras de Feitó evidenciaron lo que muchos cubanos vienen pensando por mucho tiempo: que el gobierno perdió contacto con la gente.
En un lapso de cierta apertura, en la Cuba post Fidel, su hermano Raúl autorizó cierto tipo de trabajos a personas, llamadas “cuenta propistas” que iniciaban pequeños emprendimientos privados, como los “paladares” (comedores o restaurantes). Este tipo de negocios se han mantenido. En Cuba, desde hace décadas, la palabra de uso común para todo es “resolver”.
Resolver es conseguir comida en el mercado negro, obtener internet o videos desde el capitalismo en discos duros portátiles, comprar repuestos para que la “guagua” (autobús) siga funcionando o conseguir algunos galones de gasolina de manera oculta, que los mismos funcionarios del gobierno revenden. Resolver también es que la jinetera consiga clientes y unos jeans. Muchos cubanos sostienen que los comentarios de la ministra revelaron un problema profundamente arraigado en la gobernanza de Cuba.
La salida de la ministra de Trabajo se produce apenas una semana después de que otra manifestación de indignación popular obligara al gobierno a revocar parcialmente el alza de los precios de los planes de datos de telefonía móvil (uno de los pocos espacios de libertad en que se mueven los cubanos).
Para calmar la furia, el gobierno anunció un aumento del 50% de las pensiones estatales desde septiembre. Una subida que servirá de poco a los pensionistas para enfrentar la vida. El aumento va de 2000 pesos cubanos —unos 5 dólares en el mercado negro de divisas— a 3000 pesos (que son USD 7,50).
Para empeorar todo, la vetusta red energética del país está destrozada y hay cortes permanentes de energía eléctrica por varias horas al día. En estos días se informó a los habitantes de La Habana que habría un mayor racionamiento de electricidad y los apagones pasarán de cuatro a 10 horas diarias. Incluso, extrañamente, algunos de esos reclamos aparecen en los noticieros de los canales estatales, algo que Fidel nunca habría permitido.
Las autoridades de la isla informaron que el Producto Interno Bruto de Cuba (PIB) cayó un 1,1% en 2024, acumulando una contracción del 11% en los últimos cinco años.
“Que no es vida lo que llevamos desde hace un tiempo; que con estos calores horrendos y sin servicio eléctrico la mayor parte del día no se puede garantizar ni la comida ni el sueño, y que no hacen falta más explicaciones, sino soluciones concretas”, escribió Delia Proenza, columnista de un periódico estatal provincial, citando a un residente de La Habana. La columna también se publicó en video. “Esto está duro”, se añade en la columna, “y lo peor es que no se le ve el fin”.
Mirando las cifras que el gobierno esconde, las autoridades de la isla informaron que el Producto Interno Bruto de Cuba (PIB) cayó un 1,1% en 2024, acumulando una contracción del 11% en los últimos cinco años. La propia Feitó en 2024 revelaba que en Cuba había más 3.700 personas en situación de vulnerabilidad atendidas en centros de Protección Social (38% menores de 60 años sin techo).
El dramaturgo y guionista de teatro Iran Capote dijo en su página de Facebook: «lo que asusta de todo esto, es que puedo apostar todo lo que tengo… a que un gran por ciento de esos que deambulan fueron gente muy valiosa que creyó tanto en el proceso revolucionario». Pedro Monreal, un conocido economista, se burló de Feitó. «Debe ser que también hay personas disfrazadas de ministros«, escribió en X.
Ante la ausencia de cifras oficiales públicas, los expertos hacen estimaciones. En una entrevista con el medio La Joven Cuba, la socióloga Mayra Espina Prieto señalaba que “entre 40% y 45% de la población cubana está en una situación de pobreza de ingresos”. El 9% de los niños sufren una “situación de pobreza alimentaria”, según Unicef.
Arnaldo Victores duerme en un garaje de moto, sobre bolsas de plástico, en un barrio periférico de La Habana. Como no tiene dirección no puede acceder a prestaciones sociales. Cada día, este ciego de 65 años que fue fisioterapeuta vuelve al centro y mendiga en una calle. ¿Su sueño? “Lo que quiero es un cuartico y un baño”. Lo cierto es que cada vez más cubanos duermen en la calle y hurgan en la basura para comer.

Una mancha más al tigre
Sandro Castro, nieto de Fidel, es un influencer. Con más de 120.000 seguidores en Instagram, es un creador de contenido que no oculta su opulento estilo de vida. Para muchos es “una grotesca sátira del castrismo»
En su perfil de Instagram @sandro_castrox, la revolución basada en el socialismo y la guerrilla fue desplazada por cortos con filtros de gatos, bailes sosteniendo la popular cerveza Cristal (filmados y recreados por chicas sensuales), fotos con sangre falsa estilo vampiresco en los labios, bombachas rojas alrededor del cuello por el Día de la Mujer y discursos caricaturescos por la paz mientras sostiene una paloma.
Sandro se describe en su cuenta como «creador de contenido». Las reacciones a los videos y fotos son diversas, con numerosos comentarios: algunos lo animan a ser presidente, otros se burlan de su vínculo familiar, sorprendidos por la ligereza de los contenidos. La audiencia está dividida; algunos ven a Sandro como la prueba de un proyecto social que ya no existe («uno de los símbolos más poderosos del declive de la Revolución», escribió El País).

Sandro Castro, de 33 años, nació en 1992, cuando Fidel tenía 65 años y aún era activo durante el apogeo del «período especial» cubano, marcado por el racionamiento, los cortes de energía y medidas para enfrentar la grave crisis económica. Las relaciones con Rusia cayeron, se rompieron los lazos con otros Estados y se forjaron nuevas alianzas diplomáticas (como con Nicaragua, Irán y la Venezuela de Hugo Chávez).
Hoy, el panorama general cambió, pero sigue siendo difícil y negativo: en Cuba, hay frecuentes apagones, no hay medicina, la inflación es incontrolable, la gasolina escasea o es carísima (a veces solo se consigue en el mercado negro) y el problema migratorio persiste.
Por eso, el perfil de Sandro despierta curiosidad, sobre todo si se toma en cuenta que Fidel buscaba tener perfil bajo para él y su familia. Es hijo de Rebecca Arteaga y Alexis Castro Soto del Valle, ingeniero de telecomunicaciones, hijo de Dalia Soto del Valle, segunda esposa de Fidel, con quien tuvo cinco hijos.
Los descendientes de Fidel proyectan otra imagen, sin dejar dudas sobre su nivel de vida. Antonio, uno de sus hijos, fue fotografiado en un yate en Turquía y dijo que reservó cinco suites en uno de los hoteles más exclusivos.
Fidel siempre generó opiniones divididas y muchos lo señalan por haber sido un dictador que llevó al país a la ruina (acusación que aparece en las publicaciones de Sandro). Las historias que este influencer cuenta van desde estilos de vida opulentos hasta historias de zapatos con agujeros, como las que relata el escritor Norberto Fuentes, cercano a la familia.
Los descendientes de Fidel proyectan otra imagen, sin dejar dudas sobre su nivel de vida. Antonio, uno de sus hijos, fue fotografiado en un yate en Turquía y dijo que reservó cinco suites en uno de los hoteles más exclusivos y su hijo Tony, de quien se dice que es modelo (se parece a su abuelo), tiene un perfil privado en las redes sociales con fotos filtradas que muestran barcos de lujo, cenas de alta gama, autos caros y viajes. Otros miembros de la familia han sido vistos con langostas en sus platos y bolsos Louis Vuitton bajo el brazo.
Sandro ha ofrecido, hasta ahora, el acceso más completo a su vida privada, permitiendo no solo seguir de cerca lo que hace, sino también, literalmente, compartirlo. Las fiestas nocturnas, los eventos privados durante la pandemia y las ostentosas celebraciones de cumpleaños. Todo mientras ciudadanos de todo el país no tienen luz o les cuesta conseguir comida.
La Cuba de Sandro es diferente a la de Fidel. Diario El País recogió comentarios de cubanos que resaltan los privilegios de una élite que no comparte la gente común, que busca vivir con dignidad. «Estas personas son la muestra de una clase que ha usado la excusa de la justicia social solo para establecer su propio privilegio dinástico», dijo Juan Pablo Peña al periódico español. «Mi padre me dijo una vez: Cuba se ha convertido exactamente en lo que Fidel nunca quiso; lo que vemos es una sátira grotesca del castrismo. Ahora entiendo que intentaba defender algo que estaba roto desde el principio”.