
Ese olor ferroso de la sangre coagulándose… Ese olor a orinas y ropa enmohecida. Ese olor a ácido, pólvora y carne calcinada. El olor del narco. El olor del exterminio y la impunidad…
Una muerte huele a kilómetros. Peor 1.500. Sin embargo, ni fiscales ni policías, sean del estado mexicano de Jalisco o de las instancias federales, se dieron cuenta. Fueron las Madres Buscadoras, uno de los varios colectivos mexicanos que buscan a decenas de miles de desaparecidos, quienes alertaron hasta el cansancio que el Rancho Izaguirre, en el pueblo de Teuchitlán, al oeste de Guadalajara y a la vera norte del lago de La Vega, era escuela de sicarios y campo de exterminio a manos del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Es una horrenda paradoja por donde se mire. En náhuatl, Teuchitlán es el nombre que se daba a la morada del dios Tenoch, “el que habla como águila”. Teuchitlán: espacio de divinidades. Pero ahora es el vértice de una ola de horror e indignación que escapa de México y recorre todos los países en los cuales narcos y políticos comparten aguas, negocios, espacios de poder.
El 20 de septiembre de 2024, la fiscalía estatal de Jalisco intervino el Rancho Izaguirre. Y la noticia trascendió como un operativo de aseguramiento de un predio del cual se presumía que era únicamente un centro de adiestramiento del CJNG. Hubo 10 detenidos. Se acudió al lugar con drones, equipos de fotografía térmica, canes… Inexplicablemente a nadie golpeó el olor de la muerte.
Las Madres Buscadoras, cansadas de cuentos oficiales, pidieron ingresar al lugar, pues escucharon el sobrecogedor testimonio de un joven que escapó del Rancho.
Cecilia Flores fundó el colectivo Madres Buscadoras en Sonora y ahora preside la red nacional de Madres Buscadoras. El grupo inspeccionó el Rancho Izaguirre en diciembre de 2024 y en enero de 2025. “En diciembre, algunos hornos donde quedaron hechas cenizas muchas vidas, aún estaban activos, humeando y desprendían olor a muerte —cuenta en su red X—; le avisamos a las autoridades, pero no entendemos por qué las autoridades impidieron continuar y no intervinieron, si los crematorios estaban a la vista de todos, los hornos eran más grandes que algunos de los cuartos que habían ahí, olía a muerte, había tantos casquillos como rastros de sufrimiento, montones de ropa y zapatos, esposas, cadenas y hasta en los baños había señales de dolor… en todos lados estaban los las huellas del infierno, de esas que van dejando los grupos criminales”.
De acuerdo con información del Registro Nacional de Personas Desaparecidas, entre 1952 y el pasado miércoles 12 de marzo, en México se reportan 123.926 personas desaparecidas y no localizadas.
Jalisco es el estado con más casos y con un recrudecimiento en las desapariciones desde 2018: 14.994 personas hasta el presente. Estas cifras son subregistros: cuántas familias no reportan por miedo o por cercanía con instituciones especializadas.
De las cerca de 124.000 personas desaparecidas, más de 54.000 corresponden a los seis años de gobierno (sexenio) de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el expresidente que propugnaba la idea de “abrazos y no balazos” en la lucha contra el crimen organizado. Asimismo, alrededor de 6.700 casos corresponden a los cinco meses y medio del régimen de Claudia Sheinbaum.
El periodista Chumel Torres cargó en sus redes sociales una foto de una de las pertenencias halladas en el campo de exterminio de Teuchitlán. Una mochila de las obras sociales del sexenio de AMLO.
Teuchitlán en una imagen. pic.twitter.com/dbRtYYquqP
— Chumel Torres (@ChumelTorres) March 12, 2025
Pero en el sexenio de AMLO hubo más balazos que abrazos. Y también algunas contorsiones estadísticas. En todos sus enlaces mañaneros, El Peje (mote propio del estado de Tabasco, del cual es originario) solía decir que durante su gestión habían bajado las muertes violentas. Y mientras eso decía, aumentaban las cifras de muertes violentas indeterminadas: una fórmula familiar en el contexto ecuatoriano.
Lo cierto es que, pese a la “plastilina estadística”, el medio Proyecto Dossier, con base en la información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, informa que en el sexenio de AMLO hubo 201.098 asesinatos, 45.032 más que en el sexenio de Enrique Peña Nieto.
El campo de exterminió operó durante 15 años
“Será imposible saber cuántas víctimas estuvieron ahí (en el Rancho Izaguirre) —dice Cecilia Flores, de Madres Buscadoras—, cuántos murieron, cuántos se salvaron y cuántos se esfumaron junto al fuego… Algunos intentaron dejar señales de su paso en cartas, fotos, mensajes y hasta con su ropa; otros sin querer aparecieron en las listas que los criminales tenían para controlar su existencia”.
El testimonio de una joven que logró escapar indica que en el narco rancho se asesinó a 1.500 personas. Según la Fiscalía de Jalisco, como indicó en su comunicado público del jueves 13, “no existen estructuras que fungieran como hornos”. Los peritos hallaron habitaciones, bodegas, una especie de gimnasio y un lugar con barreras hechas con llantas que se presume servía para entrenamiento táctico.
Pero los colectivos de familiares de desaparecidos insisten que había al menos tres espacios, incluso cavados en el suelo, donde se arrojaba a los cuerpos y se los inundaba en gasolina para incinerarlos. Los buscadores hallaron lo que policías y fiscales no: restos óseos, centenas de casquillos de municiones, altares a la Santa Muerte, garrafas de gasolina, 200 pares de zapatos, 400 prendas de vestir, decenas de cartas, mensajes en las paredes…
Cómo llegaban las víctimas al narco rancho
De acuerdo con versiones de jóvenes que lograron huir, la gente acudía por supuestos anuncios laborales en redes sociales. En Ecuador, oucrrió una estrategia de enganche similar: disidencias de las FARC reclutaban a jóvenes de comunidades indígenas bajo promesas de trabajo y estudios, como cuenta el cineasta Carlos Andrés Vera en Laberinto: de estos niños no se habla. Al final del documental se lee que dos de los jóvenes ecuatorianos reclutados fueron asesinados en Colombia.
Las víctimas de Teuchitlán llegaban de varios estados mexicanos y los criminales del CJNG los recogían en la estación de autobuses de Guadalajara. Luego de una hora y 10 minutos de viaje ingresaban al Rancho Izaguirre, un complejo de una hectárea en una zona casi desértica. Para la mayoría ese era su final.
En el narco rancho los entrenaban en manejo de fusiles AK47, desmembramiento de cuerpos, manejo de químicos, etc. Los que pasaban del “kínder” iban a “La Escuelita” y de allí, formados a sangre y fuego, salían como sicarios a todos los territorios controlados por el CJNG.
Los testimonios que recorren las páginas y plataformas de los medios mexicanos son aterradores. Apenas cruzaban el portón del Rancho Izaguirre, los matones del cartel desnudaban a los jóvenes y hurgaban en sus anos y vaginas, supuestamente en busca de microchips. Presumían infiltraciones de la fuerza pública o de otros carteles.
De allí, el entrenamiento. De cuando en cuando los matones preguntaban si alguien se quería ir. Quien levantaba la mano era acribillado a balazos en el acto.
Suscitar peleas entre los secuestrados era pan de cada día. Eran peleas en que solo uno debía sobrevivir. Al final, el vencedor tenía que comer la carne de su rival. Si no lo hacía, no se graduaba de “La Escuelita” y también era asesinado. Sus cuerpos: calcinados o diluidos en ácido.
Este hilo de Milenio hiela la sangre:
🧵 🧵 Abrimos hilo con testimonios de los sobrevivientes al Rancho Izaguirre, el campo de exterminio y centro de entrenamiento criminal en Teuchitlán, Jalisco, donde la muerte está plasmada en cada rincón.
📸 Cuartoscuro https://t.co/ATfV1QJOgF pic.twitter.com/D2VmzCCdJs
— Milenio (@Milenio) March 13, 2025
Lo que ocurrió en Teuchitlán no es un hecho aislado. Durante el gobierno de los “abrazos y no balazos” de AMLO, la propia Secretaría de Gobernación indicó que se registraron 2.863 fosas clandestinas. Esa información ya no es pública, pero gracias al trabajo de los colectivos de familiares de desaparecidos se estima que en lo que va del gobierno de Claudia Sheinbaum se han identificado más de 70 fosas en San Luis Potosí, Chihuahua, Ciudad de México, Teuchitlán y las 14 fosas halladas hace pocos días en Reynosa, estado de Tamaulipas.
¿Qué ocurre en Ecuador? Plan V públicó este reportaje en octubre de 2024.
