Momo luce trigueño, corpulento, con 40 cm de circunferencia en los bíceps, aunque de pantorrillas flacas. Con brazos y hombros cubiertos de tatuajes con diseños étnicos. Cuello, muñecas y dedos dorados: atiborrados de cadenas, anillos y relojes tan pequeños como un medidor de agua. Con una fisonomía así, imposible no imaginarlo como un clon rejuvenecido de Junior Roldán, cabecilla de Las Águilas, de quien se presume fue asesinado en Colombia. E impensable creer, además, que tal figura tenga VIH.

Pero Momo, asesorado por su abogado, vendió esa versión a Jorge A., juez de garantías penitenciarias de Guayaquil, y el pasado 27 de diciembre de 2024 le concedió un indulto con una orden de excarcelación inmediata. El juez tiene 68 años y se encuentra en arresto domiciliario desde el pasado 22 de enero. La Fiscalía lo investiga por una «presunta intervención irregular» en torno al Decreto No. 265 para determinar el indulto.
Dicho decreto fue expedido en 2021, durante el gobierno de Guillermo Lasso, para conceder esta garantía a presos con enfermedades catastróficas quienes, entre otros requisitos, no debían haber sido procesados por delincuencia organizada. La idea era reducir el hacinamiento penitenciario, en la época de las más crudas e impunes masacres carcelarias en la historia del país (680 muertes entre 2018 y 2023).

Aquel 27 de diciembre no fue un día cualquiera en el calendario: 72 horas antes, en plena Navidad, fueron hallados los cuerpos de los cuatro amigos de Las Malvinas: disparados en la cabeza y espalda, cercenados y calcinados. Eran tres adolescentes y un niño detenidos por un escuadrón de la FAE, a las 20:40 del domingo 8 de diciembre de 2024, en las inmediaciones de Mall del Sur.
Momo fue relacionado con este hecho macabro por un testigo protegido: Luigi V. En torno a esta versión y a la de otros testigos protegidos, los 16 miembros de la FAE involucrados tratan de construir un puntal de defensa, específicamente para indicar que abandonaron a los menores, con vida, en las inmediaciones de Taura. Sus cuerpos fueron encontrados en el estero Chabelo.
La versión de un testigo ¿falso?
La versión de Luigi V., testigo que involucró a Momo y del cual ya nada se sabe hasta la actualidad, es como un rompecabezas al que le faltan algunas piezas. Luigi V. dijo que estaba bebiendo con un grupo de delincuentes en uno de los bares a las afueras de Taura. Pero que él no es delincuente. “Yo no soy de esa banda”, le dijo a los policías que lo entrevistaron.
Luigi V. recordó que a las 23:00 del domingo 8 de diciembre vio que frente al bar pasaron otros delincuentes en moto. El testigo admitió haber estado consumiendo alcohol y entre esa cantina y la orilla del estero hay no menos de 20 metros con una iluminación casi mortecina. “Ahí llegaron en unas motos -dijo Luigi V. a la Policía- y a esos cuatro pelados se los llevaron a un manglar y después, al siguiente día, me enteré que ya estaban quemados”.
En la versión de otro testigo, la persona que prestó su celular para que uno de los hermanos Arboleda llamara a su padre a pedir ayuda, consta que dicha llamada ocurrió a las 22:59. De acuerdo con este testimonio, los chicos estaban desnudos frente a su casa y él les prestó una llamada, les dio calzoncillos, panes y agua.
Luigi V. aseguró que un tal Momo dio la orden de incinerar a los cuatro amigos de Las Malvinas… ¿Momo lo hizo desde la cárcel? ¿Ya estaba libre antes del indulto otorgado recién el 27 de diciembre? ¿Cuál es su relación directa con el caso? Lo cierto es que, de última data, ante los ojos del Ministerio del Interior, Momo ahora figura como sospechoso del asesinato de los menores de edad. Así se lee en los comunicados de prensa de dicho Ministerio, tras su captura el pasado 31 de marzo. Sin embargo, desde ese lunes, la Fiscalía lo indaga por tráfico de armas, municiones y explosivos.
Momo y la justicia como puerta giratoria
Momo no podía ser beneficiario del indulto, pues en octubre de 2023 fue procesado por delincuencia organizada. Y este, sin embargo, es uno de los cinco casos por los cuales, desde 2020, los juzgados han sido para él como una puerta giratoria para entrar y salir según las circunstancias. Los últimos cinco años, de sus 26, han sido una romería entre policías, fiscales, abogados con fórmulas mágicas y jueces como el de Guayaquil, que le concedió el indulto. Ahora Momo y dicho juez están tras las rejas.
El término romería, que hace alusión a una caravana de fieles hacia algún santuario, es apropiado para Momo. En su familia, entre su madre y sus hermanos, una frase expresada coloquialmente retrata el día a día en las zonas más conflictivas del cantón Naranjal, donde se asienta Taura: “solo Papito Dios te cuida más que la arma” (sic)… Una frase que también armoniza con estampas de Nuestra Señora de la Piedad, imagen de María con el cuerpo inerte de su hijo Jesucristo.
Momo es el alias de Bryan Vicente A. A. En su adolescencia, El cartel de los sapos y otras narconovelas eran una especie de recompensa nocturna tras largas jornadas sumergido en lodo o en piscinas de olor pungente, sea en la captura de cangrejos o en el cuidado de pequeñas camaroneras, en zonas aledañas a la reserva Manglares Churute.
La pandemia
Con la pandemia, en 2020, las incipientes tareas se fueron a pique. Y mientras la zona se vaciaba de vecinos y oportunidades de comercio y trabajo, el territorio fue lentamente secuestrado por bandas de diverso calibre. El control de la ruta La Troncal-El Triunfo-Virgen de Fátima-Durán -sea para el traslado de droga o para el asalto a camiones- puso de manifiesto el liderazgo criminal y también “laboral” de un grupo: Las Águilas, facción armada de Los Choneros, comandada por Junior Roldán.
En ese 2020, signado por la enfermedad, la muerte y la pobreza, Las Águilas se convirtieron en la última y lesiva oportunidad de algún empleo e ingreso para cientos de jóvenes como Momo. Ese año también pesó el asesinato de Jorge Luis Zambrano, alias Rasquiña, líder máximo de Los Choneros, el 28 de diciembre. Sus principales lugartenientes, Junior Roldán y Adolfo Macías, se entronizaron en sus propias bandas: Las Águilas y Los Fatales, respectivamente.
Y en aquel 2020 comenzaron los líos de Momo con la justicia. Un secuestro y la venta irregular de un auto, en febrero, lo pusieron por primera vez en el radar de la Policía. Pero fue declarado inocente porque Fiscalía no pudo aportar mayores pruebas.
Exactamente un año después, en febrero de 2021, Momo estuvo involucrado en un delito de receptación, al no poder justificar la procedencia de 200 sacos de alimento para camarones y armas, escondidas en un predio a orillas del río Taura. De la misma manera que en 2020, la Fiscalía se abstuvo de formular una acusación por falta de pruebas.
2022 fue un año relativamente tranquilo para Momo, en cercanía de su familia y de sus distracciones: las narcoseries, los vallenatos y la ropa deportiva de marca. De allí, quizás, su alias de Momo, en relación con la firma italiana de artículos para autos de carreras y vestimenta alusiva.
Delincuencia organizada en el reino de Las Águilas
En 2023 volvieron los problemas. En marzo hubo una balacera en que Junior Roldán casi pierde la vida. Fue atacado en El Triunfo por miembros de Los Lobos y por sus heridas fue trasladado a Virgen de Fátima. Allí, en cambio, hubo cruce de balas entre integrantes de Las Águilas que custodiaban a Roldán y policías. Momo estaba en la escena del cruce de fuego. En una reconstrucción de ruta, a partir de videos de cámaras de seguridad del lugar, se lo ubica ingresando a una farmacia y refugiándose en el baño del establecimiento.
Por este caso fue acusado de tenencia y porte de armas. Estuvo preso pocos días y luego recibió medidas sustitutivas. Hasta que en octubre de ese mismo año fue atrapado nuevamente. El asalto de camiones con mercadería, en la ruta cautiva La Troncal-El Triunfo-Virgen de Fátima-Durán, fue la causa. Fue procesado por delincuencia organizada, con una condena a cinco años de cárcel.
Fórmulas mágicas para salir de prisión
A los 10 meses de estos hechos, la defensa de Momo ponía sobre la mesa una fórmula polémica que dio resultado a otros delincuentes. Por esas fechas, su madre escribía a una pariente: “Donde él está no es eterno y pronto estará conmigo” (sic).
Esta es la “fórmula mágica” que la defensa propuso para el caso de Momo: el femicidio de Cristina Palacios Salamea, perpetrado en Cuenca, por Carlos Flores Santander. El 2 de marzo de 2023, este femicida, valiéndose del mismo Decreto 265, salió en libertad, aduciendo que tenía VIH. Cumplió apenas seis de 34 años de cárcel por matar con 22 puñaladas a Cristina, el 28 de marzo de 2017. Una amplia investigación auspiciada por la Fundación Periodistas Sin Cadenas da cuenta de este caso que, como se ve, sirvió a otros criminales para conseguir el indulto. Actualmente, el presidente Daniel Noboa derogó el 265.
Entonces, el 19 de noviembre de 2023, el abogado de Momo presentó un certificado de salud en el cual indicaba que su cliente padecía VIH. Un mes y medio después, el 27 de diciembre, el juez Jorge A., incurriendo en prevaricato -de acuerdo con la indagación que sigue la Fiscalía-, le concedió el indulto.
No hay precisión sobre la fecha exacta en que Momo salió de la cárcel tras el irregular indulto. Lo cierto es que no se apartó de sus actividades ilegales. A la medianoche del domingo 30 de marzo pasado, Momo se sabía cercado y huyó en un vehículo, por las inmediaciones de Taura, en el punto conocido como Km 26. Hubo cruce de balas con la Policía y la persecución se extendió hasta la madrugada del lunes 31. Una maniobra evasiva hizo que Momo perdiera el control del auto y en ese momento fue detenido.
Esta es, entonces, la quinta ocasión en que Bryan Vicente A. A., a sus 26 años, se enfrenta a la justicia. Ha vuelto a prisión, de forma preventiva, mientras avanzan indagaciones por tráfico de armas, municiones y explosivos.
¿Las cárceles aún son callcenters para ordenar delitos?
Para el equipo jurídico del Comité Permanente de Defensa de Derechos Humanos, de Guayaquil, el cual asiste a las familias de los cuatro amigos de Las Malvinas, de lo que ha avanzado la Fiscalía aún no existen elementos de convicción que determinen que Momo haya ordenado el asesinato de los cuatro menores de edad.
Para el Gobierno, en cambio, Momo es “el principal implicado en la muerte y desaparición de los cuatro niños de Las Malvinas”. En su lectura, habría dado la orden “desde la cárcel”. Esta versión oficial -que es casi como un disparo en el pie- empata con la del testigo Luigi V. quien, en su momento, dijo que “el 9 de diciembre, un tal Momo dio luz verde” para que quemaran a los chicos. Y después nunca más se supo del tal testigo protegido Luigi V…
