domingo, mayo 10, 2026

Elecciones: el reto del Ecuador ante una política de apariencias

Vivimos una suerte de “administración cosmética” donde lo que importa es la percepción pública de la gestión, más que la solución de los problemas reales. La gestión pública no se mide sobre la base de indicadores de gestión, sino de encuestas de percepción y popularidad.

David Lara Novillo

Por: David Lara Novillo

La política en Ecuador atraviesa un momento crítico marcado por la falta de sinceridad y transparencia. Durante años, los gobernantes y políticos han utilizado la manipulación de datos y una narrativa construida para aparentar una buena gestión, sin enfrentar de manera honesta y responsable los problemas estructurales que afectan al país. Este fenómeno se ha intensificado por las constantes campañas electorales, en las que los líderes políticos parecen más preocupados en el próximo proceso electoral que por resolver los problemas reales del país.

La manipulación de la verdad en la gestión pública

Uno de los problemas más graves en la política ecuatoriana es la falta de transparencia en la gestión de las crisis, y la energética es un ejemplo latente. Ecuador ha enfrentado cortes de electricidad prolongados y apagones no planificados, consecuencia de una extensa sequía y una falta de inversión en infraestructura energética durante años. Sin embargo, en lugar de sincerar la magnitud del problema y ofrecer soluciones claras, el gobierno ha optado por minimizar la crisis, generando incertidumbre en la población.

A pesar de que el presidente asumió su cargo en medio de esta crisis, su administración ha mostrado poca claridad sobre el estado real del sistema energético. Si bien ha señalado que existen problemas estructurales, no se ha presentado un diagnóstico realista ni una estrategia concreta para solucionarlos.

Los apagones comenzaron a sentirse de manera generalizada en octubre de 2023, afectando a millones de ecuatorianos, evidenciando una débil capacidad de reacción del país. A pesar de la gravedad de la situación, el gobierno ha manejado el tema como si fuera una dificultad temporal, sin reconocer la larga cadena de decisiones políticas fallidas que han llevado a esta situación crítica. Sin embargo, en lugar de enfrentar estos hechos la comunicación oficial ha proyectado un optimismo que no se corresponde con la realidad.

La política centrada en la próxima elección

Uno de los grandes males de la política ecuatoriana es la obsesión de los gobernantes por las próximas elecciones. Esto impide que se tomen decisiones difíciles o impopulares a corto plazo, pero necesarias para el bienestar del país a mediano o largo plazo. Esto ha llevado a una suerte de “administración cosmética” donde lo que más importa es la percepción pública de la gestión, más que la solución de los problemas reales. Es así, que la gestión pública no se mide en base a indicadores de gestión, sino a encuestas de percepción y popularidad.

Este enfoque electoralista no solo frena las reformas estructurales, sino que también alimenta la tendencia de borrar el trabajo de administraciones anteriores bajo el argumento de que todo estaba mal. Esta visión ignora que, aunque se cometieron errores en el pasado, también hubo políticas y acciones que agregaron valor a la gestión pública. No dar continuidad a lo que funcionaba supone un desperdicio de recursos, tiempo y experiencia, afectando el desarrollo sostenible del país y comenzando de cero en lugar de construir sobre los aciertos previos

Este fenómeno se evidenció con diferentes administraciones que postergaron reformas clave, como en el ámbito social, laboral y económico, por temor a perder apoyo electoral. Los líderes políticos han preferido la comodidad de la manipulación de indicadores y cifras en lugar de sincerar la situación y proponer soluciones estructurales, aunque esto implique asumir un costo político.

Derechos y responsabilidades ciudadanas

La ciudadanía tiene el derecho al acceso información pública y a que los líderes políticos transparenten sus gestiones y discursos, pero también tienen la responsabilidad de ejercer una ciudadanía activa, responsable y critica. Es crucial que los ciudadanos contrasten la información que reciben y verifiquen su veracidad, evitando caer en la desinformación que circula, especialmente en redes sociales.

Hoy en día, la inmediatez de las redes ha debilitado el ejercicio de responsabilidad ciudadana, llevando a muchos a aceptar información sin cuestionarla. Un ejercicio democrático responsable exige mantenerse bien informado, utilizar plataformas digitales y fuentes confiables, y participar activamente en el debate público. Para emitir críticas constructivas y objetivas y tomar decisiones fundamentadas, es crucial que la ciudadanía se base en datos reales. Así, se puede fortalecer la democracia y ejercer un rol crítico frente a los discursos grandilocuentes pero vacíos que a menudo emiten los políticos.

En lugar de construir una relación honesta con los ciudadanos, donde se reconozcan los problemas y se presenten soluciones transparentes, el enfoque ha sido ganar apoyo político mediante la manipulación de la verdad.

La importancia de la sinceridad en la política

La falta de sinceridad en la política no es un problema menor; es un reflejo de una clase política que ha perdido el contacto con las necesidades reales de la población. En lugar de construir una relación honesta con los ciudadanos, donde se reconozcan los problemas y se presenten soluciones transparentes, el enfoque ha sido ganar apoyo político mediante la manipulación de la verdad. Este panorama es aún más preocupante en la era de las redes sociales, donde la distorsión de datos y la difusión de información falsa se han vuelto una práctica cotidiana, amplificando el engaño y la desinformación.

Sincerar la política implica, en primer lugar, aceptar la realidad de las crisis que enfrenta el país. No es suficiente prometer soluciones temporales o crear expectativas que no pueden cumplirse. Los ciudadanos tienen el derecho de conocer la verdad, por dura que sea, y los gobernantes tienen la responsabilidad de presentarla. Esto no significa ser fatalistas, sino realistas.

Además, sincerar la política implica asumir que las decisiones que se tomen deben ser sostenibles y pensadas a largo plazo. No se trata solo de resolver los problemas inmediatos, sino de crear las bases para que las futuras generaciones no hereden un país en crisis. Ecuador necesita líderes que tengan el valor de asumir este reto, aunque eso signifique tomar medidas que no siempre serán populares.

Con las elecciones de 2025 en el horizonte y 16 binomios luchando por la presidencia, el futuro de Ecuador parece nuevamente atrapado en la política de la imagen. Las políticas públicas deben diseñarse pensando en el bienestar del país y no en ganar elecciones. Si no lo hacemos de esta manera, corremos el riesgo de repetir los mismos errores y prolongar las crisis que ya nos afectan. Solo con transparencia se puede construir un Ecuador más estable, próspero y democrático.

 

 

David Lara Novillo

David Lara Novillo

Presidente de Corporación Diálogos por la Democracia, Miembro del Consejo Consultivo de Gobierno Abierto de Quito, Representante de la Sociedad Civil

Más Historias

Más historias