lunes, abril 27, 2026

Dijimos NO (segunda parte)

Narcisos asuman la realidad. La mayoría del público ecuatoriano votó contra la Revolución Ciudadana, por miedo a la desestructuración social y económica que se avecinaba. La angustia por buscar protección contra un daño inminente no es cobardía ni estupidez.

Luis Verdesoto Custode

Por: Luis Verdesoto Custode

PARTE II

La misión de la Revolución Ciudadana: interpelar a la democracia

Lo dicho hasta ahora, de verificarse, desdibuja notablemente la representación que siempre se atribuyó Rafael Correa en su versión populista, simple o más elaborada, de bloque popular que interpela al poder.

La Revolución Ciudadana también argumentó que no coincidían los resultados de las votaciones con las predicciones de las encues

tas a pie de urna ¡Qué pena! Lo primero que se me viene a la cabeza es el recuerdo que ya ocurrió una situación similar durante la administración Correa. En la consulta popular de 2011 fue despedida la compañía encuestadora contratada por el régimen que, al parecer, hizo bien su trabajo.

La empresa entregó los resultados obtenidos por la boca de urna a las preguntas de la consulta. Los escrutinios mostraron una diferencia de hasta el 20% en algunas de ellas. Y que se repetían en todo el país. La ira presidencial se desbordó. Entiendo que se hicieron auditorías técnicas que mostraron que la empresa trabajó con metodologías acostumbradas y técnicamente probadas.

V

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Dijimos NO

Pero la ira presidencial no aceptó que una parte de los encuestados había ocultado su voto. Esa fracción de los votantes no estaba dispuesta a entregar información, que le podría ser nociva en un contexto político autoritario. No se la entregó a la única empresa encuestadora ligada al gobierno.

La situación se parece a la actualidad. El público no tiene por qué entregar una respuesta cierta a la encuestadora en la boca de la urna. Pese a que, en un contexto de normalidad, responder a una encuesta suele ser bien acogido. No fue el caso del domingo 13.

Es ciertamente divertido acusar de fraude cuando un resultado no responde a los “patrones históricos de votación”. Si los patrones históricos determinaran los resultados, la historia habría terminado. Y hace bastante rato. Alguna vez, a solicitud de una organización social no gubernamental reconstituí, con apoyo de expertos, la posibilidad de comparación de resultados de las elecciones parlamentarias a lo largo de la democracia. Y trazar líneas de tendencia.

Fue una tarea tediosa por los cambios de circunscripciones y de las bases de datos disponibles. Cuando pudimos hacerlo, trazamos las líneas de tendencias que nos permitieron un balance interpretativo y sustentar una prospectiva política mínimamente asentada. Pero, en ningún caso, podía sostener que los resultados coincidirían con el punto de legada de la curva de tendencia, ni siquiera afirmar contundentemente que ocurrirían dentro de una banda. No fue un problema de prestigio sino de evitar una prédica antitécnica y antinatura en democracia.

El público no tiene por qué entregar una respuesta cierta a la encuestadora en la boca de la urna. Pese a que, en un contexto de normalidad, responder a una encuesta suele ser bien acogido. No fue el caso del domingo 13.

Argumentar que un resultado electoral es un fraude porque sale fuera de bandas de las tendencias históricas, solo puede producirse cuando el toro bastante adulto no recuerda cuando fue ternero. ¿Hubo alguien que acusara de fraude cuando Rafael Correa irrumpió en la escena electoral y ganó en 2007? ¿Y en 2009 cuando no había cómo trazar una tendencia histórica? Los candidatos perdedores debieron haber conocido esa tendencia a reemplazar la realidad por la estadística. Y de pronto la historia caminaría por otro sendero.

Me viene a la mente el primer libro (institucional) que escribimos en FLACSO en 1981, Elecciones en Ecuador (Oveja negra, Bogotá), que contiene un excelente capítulo introductorio de Enzo Faletto y otro magistral agrupamiento estadístico elaborado por Carlos Larrea. Fue seguido por dos trabajos sobre Mujer y elecciones y Mujer y política elaborados, estos dos últimos, con los auspicios de la Fundación Ebert. Tratamos de probar, entonces, la conformación de un centro político, que no tenía antecedentes en patrones históricos.

La elección de Jaime Roldós fue la irrupción de un reemplazo generacional y política, que intentaba producir un desplazamiento del populismo hacia el centro político. Específicamente hacia la socialdemocracia en alianza con la democracia cristiana (alianza que no es extraña hoy en Alemania con cuotas distintas y en situaciones históricas diferentes).

Jaime Roldós, ex presidente de Ecuador, murió en un accidente aéreo el 24 de mayo de 1981, tras condecorar a los héroes de Paquisha.

Esa modernización del sistema, lastimosamente quedó trunca. Y solamente a los aliados de la dictadura de aquel entonces, se les ocurrió proclamar que habría habido un fraude. Hoy, las situaciones y significados históricos son distintos, pero las aberraciones interpretativas pueden repetirse.

Siempre me ha causado cierta gracia, lo ocurrido en un país amigo. Se convocó a una huelga nacional en rechazo a los resultados electorales. Una huelga para protestar contra el pronunciamiento popular, huelga que no habría tenido lugar, si la voluntad popular tomaba otro sendero. La huelga se hizo porque el pueblo se pronunció de otro modo al que preveía la imaginación de los huelguistas. En definitiva, huelga porque no votaron por mí. Una sicopatología aplicada contra el colectivo: si no votan por mí (colectivo de pensamiento único) protestaré. Y llegaré a la huelga general e indefinida.

El pueblo adopta “decisiones sabias” …. si vota por la Revolución Ciudadana. Y, “no tan sabias” (es decir estúpidas, dicho sin los meandros cortesanos) si vota por el otro candidato. Así proclamaron al unísono el líder máximo y el secretario ejecutivo de Revolución Ciudadana. No voy a detenerme en presentar lo que es evidente, el narcisismo extremo de los voceros de la verdad ciudadana. Solamente existen ellos -los Narcisos- y no los otros. Este es un negacionismo extremo de la realidad, potenciación del “yo” infinito.

Narcisos asuman la realidad. La mayoría del público ecuatoriano votó contra la Revolución Ciudadana, por miedo a la desestructuración social y económica que se avecinaba. La angustia por buscar protección contra un daño inminente, no es cobardía ni estupidez. No se confundan. El resultado del domingo 13 es un hijo directo, procreado por la aprensión contra la opresión ad portas.

Ocasión para conocernos

Ahora tenemos la ocasión más reciente e importante para un análisis de la composición de los votantes.

De un lado, se ha presentado la posibilidad de comparar universos exactamente iguales. Las mesas fueron las mismas en las dos vueltas ya que no se modificó el padrón electoral. Es presumible que, dada la mayor participación, los votantes de la primera vuelta fueron en su totalidad a la segunda, lo cual es además comprobable.

De otro lado, la oportunidad es única, pues la polarización ya operó en la primera vuelta, por lo que es posible investigar los flujos electorales mesa a mesa. Mientras más desagregada fuere la investigación, podría determinarse cada hipótesis con más precisión.

Antes de la investigación sugerida supongamos que la votación final de González estuvo compuesta por su votación de la primera vuelta (con trasvases estadísticamente poco significativos) y una pequeña adición que provendría del universo restante (que sí es posible establecer mesa a mesa). Esto determinaría hasta dónde el bloque de unidad de la Revolución Ciudadana fue un fiasco. Y habría que devolver la investigación hacia la lectura del resultado obtenido por Noboa.

Afirmar que Noboa recibió casi toda la votación que no lo hizo por González en la primera vuelta, podría ser una verdad de Perogrullo. La obviedad se la puede obtener a nivel macro. Pero sería interesante la desagregación para tener una idea precisa de los alcances de la mayoría formada por picos y valles.

Escrutinios. Elecciones Generales 2025 Segunda. Foto: CNE

Atribuir este flujo a los errores de una candidatura y los aciertos de la otra servirá para aguzar el sentido, aunque sea desde el “imposible estadístico”, argumento de los perdedores que ya hemos analizado. Todas las actas de las dos vueltas electorales están a disposición de todos los ecuatorianos y extraños. Incluso de los gobiernos colombiano y venezolano. Desde hace seis años es una característica de nuestra contabilidad electoral.

Me queda una duda. ¿Quizás por los resultados que pueda arrojar un análisis mesa por mesa, la candidatura de González no reivindica un reconteo sino que plantea la anulación de mesas?

Supongamos que se anularen —insisto, no se recuenten sino se anulen— todas las mesas objetadas, ¿se acortaría la diferencia hasta desmontar el resultado?. Menos aún, ¿si se llegara a recontar todas esas mesas cuestionadas y el 100% de los votos sean atribuidos a González (mírese que no acudo a la afirmación de “imposible estadístico”) se alteraría el resultado?.

¿Hacia dónde va el operativo?

A la cúpula más senil de Revolución Ciudadana le tomó 72 horas ordenar, con pretensiones de alguna coherencia, el libreto de justificaciones y posverdades a crear, para afrontar la pérdida. Veamos por dónde va la partida de un operativo comunicacional con pretensiones de político:

1. Deslegitimar el proceso, atacar a la “legitimidad de origen” de la administración de Noboa, porque sienten lejana la posibilidad de anular todo el proceso. Ilegitimar el resultado sería la consecuencia de la anulación de mesas, por lo que su teoría de la situación, no les aconseja el recuento de mesas (que sería un “papelón», según creo).

2. Buscar una Asamblea Constituyente para volver a medirse (no tuvieron instrumentos para patear el tablero). Temen, pero se arriesgarían a una Constituyente. A toda costa tratan de impedir la reforma política (que, aunque les pese, también puede darse por consulta popular). Creen que una Constituyente revertiría toda la Constitución revolucionaria porque no han estudiado derecho constitucional ecuatoriano y sus continuidades sustantivas y adjetivas, acumulativas, de derechos e instituciones.

3. Bloquear el país a través de la “hiperparlamentarización” de la política, tratando de sobrepasar el primer año para proponer la revocatoria del mandato. Y tensionar al país con movilizaciones, aunque todavía no encuentran al actor sustituto de la fracción radical de la CONAIE que la pueda protagonizar. Y deben esperar a que escampe en esa alianza.

4. Instalar un discurso de “fascistización” de la derecha contraria a los derechos humanos, que les permita conservar el apoyo de una fracción de los gobiernos de los Foros de Puebla y Sao Paulo. Los otros gobiernos de Brasil, Chile y Uruguay ejecutaron su mensaje dado a los revolucionarios ecuatorianos: compórtense democráticamente, que nosotros sí lo haremos. Reconocieron el resultado.

5. Buscar, de un lado, la cohesión interna de las partes de la Revolución Ciudadana mediante la amenaza de la represión; y, de otro lado, mantener la imagen externa de persecución de Rafael Correa y su comando, que de otro modo se derrumbará.

Basan la estrategia en una encuesta contrafactual por la que, si se hicieran las elecciones hoy (repitieran), la Revolución Ciudadana ganaría de modo estrecho. ¿Empujarán una situación de crisis y caos para repetir las elecciones?

El entresijo internacional aterrizó en Ecuador

En ninguna otra elección presidencial ha sido tan patente la mirada y opinión de actores internacionales. El candidato/presidente visitó al presidente de Estados Unidos, quien se pronunció antes y después de la elección apoyando a Noboa. El candidato se cuidó de mostrar la cercanía —que seguramente tuvo efectos electorales y probablemente en las políticas públicas como seguridad— mientras que, además, reveló que tiene personalidad diferenciable. Noboa perfiló que no es Bukele, ni Milei.

El candidato Correa y su principal lugarteniente expusieron, con algo de impudicia, su relación cercana (y laboral del primero) con Rusia. Utilizaron a su canal de propaganda Rusia today para atacar, entre otros, a los Estados Unidos y la dolarización. Lo que no esperaban es que Rusia y Putin se desmarquen, de inmediato, al reconocer los resultados. Si hubo una relación orgánica entre los dos hechos, primó el mensaje ruso de que, en su voluntad y en su imagen, no está la intervención discursiva o de otro tipo.

Así comenzó a desmoronarse una estratega de alineamiento internacional montada por la Revolución Ciudadana en el caso de que el resultado hubiese sido otro. De modo solapado, varios dirigentes la habían insinuado.

Por primera vez, superado el veto de Correa, la Unión Europea destacó un equipo íntegro de observación electoral, con personal suficiente y tiempo necesario. Su informe de las elecciones fue crítico y constructivo, que para efectos conspirativos poco interesa a esos actores.

Junto con el informe de misión de la OEA, que tuvo menor relevancia seguramente por el proceso de transición que vive esa institución y por la falta de financiamiento de las fuentes tradicionales (Estados Unidos y Canadá), los dos informes destacan que el proceso electoral tuvo fallas y omisiones.

Maduro se encargó de consagrar su intervención en Ecuador: Ante el desconcierto de la RC frente al resultado, fue el primero en dar una interpretación a la situación: «el triunfo de Noboa es parte de un proyecto imperial» e impartió una suerte de instrucción y línea a seguir.

(Luchar contra las irregularidades en el funcionamiento del organismo electoral, que se “normalizaron” desde 2007 hasta la actualidad, es una tarea absolutamente necesaria para la reforma política. Especialmente, es una tarea pendiente enfrentar a la corrupción electoral presente desde el momento fundacional de PAIS. Desde el “Congreso de los manteles” -basado en la destitución de 57 diputados realizada por la autoridad electoral previo asalto de los interesados a sus dependencias-, se dio origen a la Constituyente que parió la Constitución que nos rige. Es cierto que una paternidad obscura de los procesos debilita a los resultados electorales. Es necesario reconocer que ha sido la forma de la cultura política que acompaña a las instituciones en Ecuador. Y de la cual dependen. No es una justificación. Es una constatación)

Circulaba el rumor de la presencia conductual y financiera del gobierno venezolano, la que se confirmó en el debate. González se vio compelida al pronunciamiento más inapropiado, reconocería al gobierno de Maduro. Y abrió un abanico de desnudeces de sus propósitos. Trató de cubrirlos con una pobre unidad de las izquierdas y las derechas. Opuso su cercanía a Topic, como la contrapartida de campo de la presencia (con fuerte olfato publicitario) de la empresa de mercenarios Blackwater. ¡Que flaco favor le hizo y se hizo Topic con esa alianza de ultima ratio!

Debate presidencial, segunda vuelta. Foto: CNE

Pero Maduro se encargó de consagrar el estrecho vínculo y su intervención en Ecuador. Ante el desconcierto de la dirección de la Revolución Ciudadana frente al resultado, Maduro fue el primero en darle una interpretación a la situación —el triunfo de Noboa es parte de un proyecto imperial— e impartió una suerte de instrucción y línea a seguir.

He recogido la declaración porque forma parte de una colección agregados “conceptuales” que la Revolución Ciudadana no pudo formular oportunamente y que compiló el “pensador” latinoamericano, Maduro, emergente en las categorías políticas y politológicas.

Se consagró como una versión gramsciana bolivariana, que siente que Ecuador es parte de un proyecto de hegemonía cultural e ideológica combinada con invasiones y bombardeos. Es ciertamente una definición del “imperio Trump” bastante innovativa, de hegemonía cultural e ideológica, especialmente por el tema aranceles, supongo.  Cito al politólogo —para algunos— de reciente factura:

“…pretender imponer por la fuerza una hegemonía política, como lo han hecho en Ecuador, con un fraude horroroso, inauditable (sic), para imponer un proyecto colonialista y dominar política y económicamente a una nación, amenazando con bombardeo, con invasiones, como nunca antes se ha visto en muchos años, en muchas décadas, pretenden imponer una hegemonía chapucera en el campo cultural e ideológico”.

El liderazgo vanguardista de Maduro, más allá de la ironía, adoptó, por un lado, la figura de “fraude horroroso” luego recuperada por Correa como “fraude descomunal” (horroroso suena muy feo por los antecedentes) y previamente la candidata González como “fraude grotesco”, es decir, un concierto en la misma clave; y, por otro lado, la vehemencia de Maduro parecía también un reclamo temprano del donante ante la falta de eficacia y la perplejidad de los ejecutores.

Toque “retirada”: caballería al río Mataje, para cruzarlo, cuando ordene

En la escena internacional, aquel relato recaló en el presidente Petro que presto desautorizó a su canciller, que había reconocido el triunfo de Noboa. Se constituyó en el vocero de la Revolución Ciudadana y, de algún modo, puso en evidencia la estrategia que seguirán en adelante.

Gustavo Petro. Foto: Diario La Patria

Petro debocó un sinnúmero de equívocos, siendo el más llamativo, que “no se habían presentado las actas”, con lo que reveló la estrategia, convertir a Ecuador en una Venezuela de signo inverso. Muy elemental. La contabilidad electoral ecuatoriana parte con la publicidad de las actas y su fijación en repositorios seguros. Todos, además de los observadores lectoras y los delegados de las candidaturas, pueden seguir en tiempo real el escrutinio de mesa y su asentamiento de resultados en actas.

Además, Petro ofreció asilo preventivo y anticipado a un centenar de dirigentes de la Revolución Ciudadana ante una imaginaria persecución, cuya punta de lanza fue el candidato a vicepresidente, quien, no obstante, ahora se ha presentado desde Colombia como un visitante pasajero, con entrada legal.

Retomando un análisis en serio, fuera de estos vericuetos que solo muestran las costuras de elaboración de una estrategia. ¿En qué consiste?

Convertir a Ecuador en una Venezuela de signo invertido. Más allá de la estupidez de asimilar el ocultamiento de actas en Venezuela como argumento para Ecuador, es evidente que no miden el daño que hacen a la imagen del país y de las relaciones entre los dos países. ¿Hacia dónde apuntan?

He sostenido que Correa debe dar continuidad al relato de perseguido político, que no puede sostener fácilmente desde la derrota electoral, tanto como ratificar su liderazgo dentro de un partido fraccionado. Porque cada vez es más lejana la posibilidad de “blanqueamiento” de Correa ante la opinión pública internacional.

Para Maduro, esa estrategia le permitiría retomar espacio frente a la posición de Brasil, en la que Venezuela es un incordio difícil de ubicar. Más aún cuando Brasil intenta un liderazgo regional en un escenario internacional cambiante.

Petro, a su vez, trata de vender ante el público colombiano su posición ante Venezuela y ofrece a Maduro la posibilidad de instalarse como frontera de Ecuador. Bajo su protección y cuidado. Para ello invita a los operadores de la Revolución Ciudadana a replegarse en un asilo conspirativo desde el margen colombiano del río Mataje.

Esta afirmación es, por supuesto, una metáfora. Tanto como que la gelatinosa posición internacional de Petro, ha colocado a Venezuela en la frontera con Ecuador. No solo es un problema de interpretación sino de actuación. Es decir, se crea una situación sumamente sensible entre los dos países y más aun por los dos invitados, Maduro y la Revolución Ciudadana.

Para Ecuador es de suma importancia, durante el siguiente año, la evolución de las elecciones en la región, además, de contener la vena abierta desde el Putumayo con el tráfico de cocaína por los violentos.

Si Ecuador, figurativamente, es “fronterizo” con Venezuela, por la venia de Petro, además de que Colombia se convertiría en la sede de la oposición ecuatoriana (como lo fue Ipiales en la historia, canal de influencia de la política colombiana en la ecuatoriana), Ecuador es un “valor internacional” importante. Es el eslabón débil de la cohesión de América del Sur, punto de encuentro de las posiciones de América del Sur, teñida por la influencia de los carteles mexicanos.

Por ello, para Ecuador es de suma importancia, durante el siguiente año, la evolución de las elecciones en la región, además, de contener la vena abierta desde el Putumayo con el tráfico de cocaína por los violentos.

¿Quiénes son los principales damnificados de esta “guerra” con la intervención decisiva de terceros? Los barones territoriales de la Revolución Ciudadana, sus alcaldes y prefectos que han quedado “colgados”, desprotegidos, aladeados (que precioso y expresivo ecuatorianismo).

De un lado, los barones ofrecieron un armisticio al Ejecutivo, por el que recibieron sus primeras recompensas. De otro lado, el líder de la Revolución Ciudadana declaró mediante una lista incompleta, los proscritos para hacer política en Ecuador. Es decir, dejó sin “caballería” a las fortificaciones de sus barones, esto es, castillos con operadores políticos inexpertos.

Tamaño aprovechamiento de la fuerza leal y real que le quedaba a la Revolución Ciudadana en el corto y en el largo plazo. El líder monopolizó para sus intereses individuales a todas las capacidades de acción política favorables a sus alcaldes y prefectos retirándolas de la escena. Es decir, redujo el futuro político y de su gestión de cara a las elecciones locales en dos años.

Para decirlo en lenguaje coloquial para una guerra imaginaria en el medioevo. Correa ordeno a la caballería retirarse del campo de batalla y esperar su orden para cruzar el rio. Reagruparse tras el Mataje. Piensa su situación personal desde lo que él hubiere hecho a su adversario. Incluso, a sabiendas que, de este modo, estimula a que reciba la persecución de la caballería rival. La fortaleza e inteligencia estratégicas pasan por sus necesidades. A sus barones, que tienen una lucha pendiente en el territorio, se les arrebató armas y capacidades.

Omisiones y conclusiones

Los discursos justificativos suelen no ser responsables. Dicho de otro modo, la responsabilidad no es un atributo de los balances políticos colindantes con los hechos. Pululan los olvidos, intencionales o siquiátricos. Por ejemplo, en los diagnósticos posteriores a la pérdida, los voceros de la Revolución Ciudadana no atribuyen ninguna responsabilidad a su líder Rafael Correa. ¿Temor o negación? ¿Hasta cuando podrán navegar sin (re)conocer la realidad del agotamiento de un estilo de gestión política? ¿Y de un diseño?

También es especialmente significativo que la revolución Ciudadana omita a la principal variable interviniente en el Ecuador, la presencia del gran crimen y su forma concreta de narcotráfico. Y genere un artificio acerca de la guerra contra el pueblo. La seguritización de la agenda pública es innegable. Pero dar un salto conceptual en el vacío dirigiendo el discurso hacia la guerra que habrían emprendido las Fuerzas Armadas contra los pobres imponiendo terror, es una apuesta discursiva de alto riesgo. La omisión puede ser interpretada como la búsqueda de una alianza.

Tanta audacia como tratar de meterse en las faldas de Rusia es convidar a la política nacional a Maduro. Su (des)prestigio no es lo importante. Sino el peligro de sus acciones, que fundamentalmente tratan de comprometer a Ecuador en una política de oposiciones contra Estados Unidos.  Nuestro país no es canal de exportación de fentanilo. Y debemos poner todos los esfuerzos en evitarlo, en especial por los canales que se traslada cocaína. Por ello sorprende el nuevo convidado a la política nacional, Maduro, que además compromete una relación fronteriza estable con Colombia. Las divagaciones de Petro son solo eso. Importarán los hechos.

En el ajuste de cuentas sobre la responsabilidad de la pérdida no pueden omitirse fundamentos de realidad como las grabaciones de Verduga. Estas grabaciones que deberían servir de material de estudio sobre política aplicada y sobre todo sobre política aplicada insana. Negar esa evidencia, no las desaparece como forma de hacer política. Seguiré preguntándome ¿por qué Verduga grabo las conversaciones con sus compañeros? ¿Narcisismo básico? ¿Qué más hay detrás?

Los exegetas de la Revolución Ciudadana, nacionales e internacionales, han apelado al discurso del adversario cuando fueron gobierno. Es su turno, ellos creen, de usar la gaveta de conceptos de los derechos humanos. Para ello deben apelar a una forma autoritaria, que introducen con disimulo: el “pueblo no tan sabio” es un “pueblo fascistizado”.

El siguiente paso tiene experiencias en la historia. Bajo cualquier membrete el autoritarismo se configura íntegro: masas con conciencia que eliminan a las masas fascitizadas por la derecha. Las masas adelantadas -las de la Revolución Ciudadana, sabias, al mando de Correa- eliminarán a las masas atrasadas -sin conducción cierta- pero que se expresaron como una coalición nacional, convergencia de hecho, por el no contra el autoritarismo.

Es claro, aunque es materia de otro artículo, que la apelación a los derechos humanos trata de cubrir su imposibilidad de apelar a los derechos políticos. Porque se trata de actores iliberales, no-democráticos.

La decodificación del mensaje del pueblo en las elecciones del domingo 13 está mucho más allá del balance de errores y aciertos en las estrategias de campaña. Es claro que asistimos al tercer recambio generacional del personal político durante este ciclo de redemocratización.

Pero no basta con el recambio. Es necesario acometer con la reforma política que quedó trunca. Para poder relanzar el crecimiento económico. Y dotar de futuro a la sociedad.

Vuelvo a la primera frase, dijimos no, los ecuatorianos dijimos no al autoritarismo. Porque la nación se ubica bastante más allá de la mala política.

Luis Verdesoto Custode

Luis Verdesoto Custode

Cientista político, catedrático en varias universidades de Ecuador y Bolivia. 

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