Una tendencia política de los últimos tiempos es la de gobiernos autoritarios que consolidan sus mandatos mediante sucesivos y repetidos procesos electorales, donde el mismo pueblo escoge la permanencia de ellos en el poder por largos períodos, incluso modificando la Constitución para reelegirse indefinidamente (como pasó con Chávez en Venezuela –hasta su muerte-, Maduro en el mismo país, Evo Morales en Bolivia o Daniel Ortega en Nicaragua). En otras partes del mundo hay casos como el de Vladimir Putin, en el poder en Rusia desde el 2000.
Oswaldo Hurtado, en su obra Las Dictaduras del Siglo XXI, bosqueja que este tipo de mandatarios, poniendo como ejemplo al expresidente ecuatoriano Rafael Correa, consolidaron un poder absoluto, refrendado a través de las urnas por los votantes. Hurtado advierte en su obra que en los últimos 60 años no hubo presidente con más poder que Correa y que incluso ni las dictaduras militares de los 60’ y 70’ tuvieron tanto control en otras funciones del Estado. “No hay memoria histórica de un presidente elegido por el pueblo que se haya comportado de forma tan abusiva”, sostiene el ex mandatario.

Una frase de Rafael Correa, pronunciada el 7 de marzo de 2009 en el Coliseo Abel Jiménez Parra, definió el papel que el mandatario ecuatoriano se atribuyó desde el inicio de su gobierno: “escúchenme bien. El presidente de la República no es sólo jefe del Poder Ejecutivo, es jefe de todo el Estado ecuatoriano, y el Estado ecuatoriano es Poder Ejecutivo, Poder Legislativo, Poder Judicial, Poder Electoral, Poder de Transparencia y Control Social, Superintendencias, Procuraduría, Contraloría, todo eso es el Estado ecuatoriano”.
Presidentes como Rafael Correa desconocen lo que es una República y para qué sirve. Olvidan que desde tiempos de Montesquieu en Francia, tras la revolución francesa, el Estado clásico tiene tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. No vale la pena comentar sobre los cinco poderes en el Ecuador, añadiendo al “poder electoral” –se sobreentiende con el tema de la “democracia plebiscitaria”: hacer votar cada cierto tiempo a las personas- y el risible “poder ciudadano” (CPCCS).
¿Qué escribía el pensador francés en el siglo XVIII?: “la democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu de desigualdad, que la conduce a la aristocracia, y el espíritu de igualdad extrema, que la conduce al despotismo… Cuando los poderes legislativo y ejecutivo se hallan reunidos en una misma persona o corporación, entonces no hay libertad”
Presidentes como Rafael Correa desconocen lo que es una República y para qué sirve. Olvidan que desde tiempos de Montesquieu en Francia, tras la revolución francesa, el Estado clásico tiene tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial.
Ratificándolo, el ex presidente ecuatoriano Rodrigo Borja escribía: «la división de poderes es un mecanismo de limitación de la autoridad pública mediante un sistema de «frenos y contra frenos», “pesos y contrapesos”, en el cual el poder detiene al poder e impide los abusos de autoridad. Este es, desde el punto de vista axiológico, el sentido de la teoría. Pero ella responde también al principio de la división del trabajo, que demanda órganos especializados para cada una de las funciones del Estado».
Montesquieu distinguió tres poderes en la sociedad política: el «legislativo», encargado de dictar el orden jurídico general; el «ejecutivo», responsable de la administración pública bajo ese ordenamiento jurídico; y el «judicial», que se ocupa en impartir justicia. Decía Montesquieu: “si en la misma persona o en el mismo cuerpo de magistrados el poder ejecutivo se reúne con el poder legislativo, no hay en absoluto libertad ya que puede temerse que el monarca o el senado haga leyes tiránicas para ejecutarlas tiránicamente».
¿Qué se entiende por democracia?
¿Se trata del gobierno del pueblo para el pueblo o de un nuevo pretexto de los grupos en el poder para conservarlo? Sigue siendo una palabra bonita, pero muy mal interpretada. Durante unos días se la invoca y otros días se la pisotea. En los libros de historia y diccionarios, según los conceptos puros, democracia “es una forma de organización de grupos de personas, cuya característica predominante es que la titularidad del poder reside en la totalidad de sus miembros, haciendo que la toma de decisiones responda a la voluntad colectiva de los miembros del grupo”
Una forma de organización en la que un gran colectivo de personas encarga el mandato de la cosa pública a uno de ellos, mediante el sistema de sufragio universal, secreto y directo. Hasta allí, en teoría, todo suena bien. Se trata de gobernar y de tomar decisiones colectivas, las que adopta el pueblo a través de mecanismos de participación directa o indirecta, otorgando legitimidad a sus representantes.
Asimismo, se trata de una forma de convivencia social en la que todos sus habitantes son libres e iguales ante la ley y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales (como planteaba hace dos siglos Jean Jacques Rousseau, en El contrato social).
Hasta aquí, un punto aparte. Hay conceptos que merecen ser comentados: un colectivo que encarga el mando. Es decir, el pueblo escoge a una persona para que decida por ellos. Nada más ni nada menos. Las decisiones de este mandatario deben ser de consenso y aceptación pública. Todos iguales y libres ante la ley. Como planteaba Orwell en su clásica obra Rebelión en la granja, ese concepto puede ser trastocado al de “todos somos iguales, pero unos más iguales que otros”.
La democracia trata de una forma de convivencia social en la que todos sus habitantes son libres e iguales ante la ley y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales (como planteaba hace dos siglos Jean Jacques Rousseau, en El contrato social).
En la Grecia antigua, Platón y Aristóteles realizaron la clasificación de las formas de gobierno: a) monarquía (uno gobierna a todos), b) aristocracia (unos pocos gobiernan a todos); y c) democracia (todos somos capaces de auto gobernarnos). ¿Qué mismo existe en estos países? Uno o algunos que gobiernan a todos. Si se piensa que las elecciones son el sistema para señalar que todos gobiernan, entonces eso quiere decir que algo anda mal. O los que gobiernan usaron todos los sistemas de persuasión para hacer creer que todos gobiernan o nadie se da cuenta que es uno o pocos los que lo hacen.
Más conceptos de la “politika griega”: hay democracia directa cuando la decisión es adoptada directamente por los miembros del pueblo. Hay democracia indirecta o representativa cuando la decisión es adoptada por personas reconocidas por el pueblo como sus representantes. Tal vez esta sea la forma de gobierno: muchos escogen a algunos para que los representen. La historia muestra cómo pocos se han beneficiado y han decepcionado al resto.
Existe democracia participativa “cuando se aplica un modelo político que facilita a los ciudadanos su capacidad de asociarse y organizarse de tal modo que puedan ejercer una influencia directa en las decisiones públicas o cuando se facilita a la ciudadanía amplios mecanismos plebiscitarios. Estas tres formas no son excluyentes y pueden complementarse”, de acuerdo al diccionario de política de Bobbio y Mateucci.
Mientras tanto, en Venezuela…
Nicolás Maduro fue declarado ganador de las elecciones presidenciales de Venezuela pese a las irregularidades demostradas, con algunas de las herramientas que estos autócratas usan para conservar el poder. No era la primera vez que se acusaba al gobierno de Maduro de informar resultados electorales falsos. Al igual que otros líderes autoritarios en todo el mundo, Maduro usó estratagemas para manipular las elecciones en un intento de ganar legitimidad, rompiendo el proceso democrático.
Uno de los mecanismos para sostenerse es la cooptación de diferentes ramas del gobierno —los poderes judicial o legislativo—. Según expertos de la Fundación Internacional para Sistemas Electorales (IFES), organización internacional sin fines de lucro con sede en EE.UU., el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, es un ejemplo. Bukele, en el cargo desde 2019, fue acusado por los críticos de desmantelar los sistemas democráticos y de hacer cambios que permitieron a la legislatura del país aprobar leyes más favorables a su gobierno.

Con una super mayoría en la legislatura, el partido de Bukele reemplazó a los jueces de la Corte Suprema, que reinterpretó la constitución del país y le posibilitó postularse a la reelección, pese a la prohibición de que los presidentes cumplan mandatos consecutivos. Cuando los líderes autoritarios consolidan el poder con el control del poder judicial o el legislativo, “tienen toda una institución sesgada para fallar a su favor”, según Fernanda Buril, subdirectora del grupo.
Los gobiernos autoritarios de todo el mundo buscan controlar los resultados electorales decidiendo qué candidatos opositores —generalmente débiles— pueden presentarse. Maduro utilizó los tribunales para prohibir que María Corina Machado sea la candidata presidencial.
Máximo Zaldívar, director regional de IFES para América Latina y el Caribe, señala que “el fraude no ocurre de la noche a la mañana; es un proceso sistemático y prolongado”. Es como si los gobiernos autoritarios preguntasen: “¿tenemos el poder judicial? Listo. ¿Tenemos el ejército? Listo. Marcan esas casillas hasta que puedan ejecutar el plan maestro”, agrega.
Los gobiernos autoritarios de todo el mundo buscan controlar los resultados electorales decidiendo qué candidatos opositores —generalmente débiles— pueden presentarse. Maduro utilizó los tribunales para prohibir que María Corina Machado sea la candidata presidencial de la oposición y su partido colocó en su lugar a González Urrutia, un diplomático poco conocido que terminó con el endoso de votos de los simpatizantes de Machado.
En Irán, la teocracia represiva consolida el poder y controla las elecciones al permitir que solo se presenten candidatos examinados por el Consejo de Guardianes (integrado por 12 personas entre juristas y clérigos). Este consejo descalificó a varias mujeres, a un ex presidente y a muchos funcionarios del gobierno, reduciendo la lista de 80 candidatos a sólo seis (que no hagan sombra al régimen de los ayatolas).
En Pakistán, el gobierno encarceló al popular líder de la oposición Imran Khan y amenazó con prohibir la existencia de su partido, Tehreek-e-Insaf (PTI). El ejército pakistaní ha sido acusado de manipular varias elecciones contra el PTI, que tiene mucha aceptación popular.
Es mejor ser temido que ser amado
La frase, atribuida a Maquiavelo en su obra El príncipe es tomada a pie juntillas por los gobiernos autoritarios que buscan manipular las elecciones infundiendo miedo en los votantes. Maduro, por ejemplo, amenazó a quienes protestaban contra él de “haber caído en la trampa del fascismo” y llegó a advertir en las redes sociales sobre un “baño de sangre” si su partido perdía, algo ya visto en Venezuela: en 2017, tropas de la Guardia Nacional y milicias afines al régimen reprimieron violentamente protestas contra su gobierno.
Vladimir Putin en la última elección presidencial en Rusia señalaba a sus rivales como “traidores a la patria”, prohibió las manifestaciones públicas y encarceló a su crítico más destacado, Alexei Navalny (sospechosamente muerto luego en una prisión en Siberia), y a otros opositores como advertencia a quienes pudieran cuestionar su gobierno.
En Siria, el presidente Bashar Assad ha reprimido a la disidencia con violencia patrocinada por el Estado, encarcelando a opositores y sometiéndolos a torturas y ejecuciones extrajudiciales.
Algunos gobiernos autoritarios compran los votos para mantener el control. Es el caso del Partido Colorado, de Paraguay, que cobijó entre otros al dictador Alfredo Stroessner, y que ha mantenido el poder durante 70 años mediante redadas de indígenas y pago a los votantes.
En su obra la Dictadura perfecta, el escritor peruano Mario Vargas Llosa describía las siete décadas donde el PRI (Partido Revolucionario Institucional) manejó la política en México, tras la revolución de Zapata, el régimen de Porfirio Díaz, hasta gobiernos más recientes, salpicados por la corrupción, como el de Carlos Salinas de Gortari o el de Enrique Peña Nieto. El partido se ocupaba de proveer regalos y otros artículos para ganar elecciones. En Filipinas, los observadores internacionales señalaron que las elecciones nacionales de 2022 estuvieron plagadas de “compra de votos”.
En Venezuela también fue evidente la limitación de observadores externos. El régimen solo aprobó al Centro Carter, pero tras la denuncia de esta organización estadounidense sobre irregularidades en los comicios, la proscribió. Los funcionarios se negaban a proporcionar recuentos de votos en papel y actas a los observadores electorales, lo que impidió verificar resultados. El gobierno de Maduro también expulsó a misiones diplomáticas de siete países latinoamericanos que criticaron el resultado oficial de las elecciones.
En las elecciones de 2014 en Siria, Asad utilizó observadores externos, que llegaron de naciones autoritarias (Corea del Norte, Irán y Rusia), para legitimar las votaciones en las que el autócrata sirio logró un resultado mayor al 90% de sufragios en su favor.