jueves, octubre 15, 2026
Ideas
Jean Cano

Jean Cano

Periodista de investigación.

La trampa de los cobardes

Los periodistas caen en la trampa de los políticos cobardes, que han preferido esconderse ante un Gobierno que se ha convertido en especialista en verles la costura suelta y jalar del hilo.

Los políticos sufren una desconfianza enorme en Ecuador y hay motivos. Hay desconfianza porque, pese a que tenemos más de 230 organizaciones políticas, parece que los políticos no existen.

Los actuales ni siquiera debaten con eufemismos las líneas del gobierno. Callan cuando hay errores y celebran cuando hay aciertos. Lo hacen a pesar que de no son socios y, de cualquier manera, reciben ataques verbales desde los alfiles noboístas. Y eso no es hacer política para el bien de un país.

Los partidos que serían los socios naturales de este régimen han sido golpeados desde sus líderes. Pero, inexplicablemente, le ponen alfombra roja al Gobierno cuando se apropia de cada una de las acciones contundentes de las FF.AA. o de la Policía.

¿Por qué pasa esto? Uno de los motivos es que parte de la clase política actual no es íntegra y el gobierno se ha vuelto especialista en encontrar sus fallas. Otro motivo es que no tienen ideología, solo saben hacer negocios con sus partidos al llegar a puestos de poder.

Uno más: la proliferación de movimientos ha diluido la capacidad de ver soluciones a problemas, todos hablan igual, proponen lo mismo, se volvieron intrascendentes.

El peor: esperan que otros les hagan el trabajo de debatir sobre cualquier aspecto, así ellos pasan desapercibidos mientras se enciende una polémica y el gobierno vea opositores a otros menos a ellos.

Es la trampa de los cobardes.

Y el resultado es que, nuevamente, quieren poner a los periodistas en primera línea. Hay periodistas que se dejan por evidentes intereses económicos y pagados por los políticos que prefieren callarse.

Pero otros se ven empujados por esa doble ética que manejan a diario: la interna y la que se demuestra en el trabajo día a día.

Como ven que la democracia se va deteriorando, sienten que deben hacer algo para detener la debacle nacional. Lo hacen empujados por el civismo, algo que esos políticos cobardes carecen.

Caen en la trampa empujados por ese ánimo sano, patriótico, desinteresado políticamente, y se enfrentan a un gobierno. Y este, como sucede siempre, sufre unas magulladuras (a veces ninguna) y sigue. Pasó antes.

Luego estos cobardes se solidarizan, aplauden la valentía, poquísimos señalan a los posibles causantes de la persecución y se ponen bravos ante el teclado. Golpean la espalda, antes de lanzar: “debes seguir adelante” o “de seguro, te volveremos a leer, dónde sea que vayas”.

Los periodistas caen en esa trampa de los políticos cobardes que han preferido esconderse ante un Gobierno que se ha convertido en especialista en ver la costura suelta y jalar del hilo.

Como la clase política, en su gran mayoría tiene “muertos en el armario”, prefieren refugiarse en el silencio. No se les oye hablar, ni respirar; que ni les vean. Peor en época electoral.

Está trampa solo lastima más al periodismo.

Por eso, se necesitan nuevos políticos. Los de ahora, los que se callan, los que no les gusta hacer política y debatir. Deben apartarse para que lleguen los nuevos, los que son íntegros y tienen ideología. Incluso, para aliarse al gobierno públicamente o para cuestionarlo o darle con todo en los debates públicos.

Ahora, solo hay cobardes.

 

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