miércoles, junio 3, 2026

Un año con León XIV

Robert Francis Prevost, ahora como Papa, tiene la mirada atenta de la Iglesia en cinco continentes y la visión a largo plazo de una historia que tiene más de dos mil años. Por esto, no tiene problema en enfrentarse al presidente de EE. UU. El 4 de julio, cuando en Washington se celebren los 250 años de su independencia, León volará a Lampedusa, la isla de arribo para todos los migrantes africanos que intentan ingresar a Europa.

Por: Ugo Stornaiolo

Desde el día de su elección como Sumo Pontífice hasta su viaje a África, León XIV ha sido objeto de ataques del presidente estadounidense Trump: así fue como Robert Prevost se convirtió en uno de los principales rivales de la Casa Blanca durante los doce meses que han pasado luego de su nombramiento como máximo jerarca de la iglesia católica, sucediendo al polémico Papa Francisco.

Parecía hasta una obviedad que Donald Trump revelara quién es realmente León XIV. El dramático y caótico ataque del caprichoso inquilino de la Casa Blanca obligó al primer papa estadounidense de la historia a responder y el público en general se dio cuenta de que el sucesor de Francisco, elegido por el Cónclave el 8 de mayo de 2025, no es una persona insípida ni vacilante, como algunos querían mostrar, sino un hombre reservado, pero con determinación e ideas claras.

Robert Francis Prevost es así. Es reservado, escucha mucho y no le gusta ser el centro de atención. Su temperamento evita las declaraciones sensacionalistas y los gestos dramáticos. “Piensa muy bien antes de hablar”, confesó su hermano John al periódico francés La Croix y siempre le bromeaba y le decía: “si te hago una pregunta, sé que puedo ir a preparar la cena y volver, ¡y tú seguirás ahí formulando tu respuesta!”.

El presidente estadounidense atacó a León justo cuando el Papa estaba a punto de partir hacia África en el tercer viaje de su pontificado, luego de Turquía y Líbano (un viaje ofrecido por Francisco antes de su muerte) y medio día en el Principado de Mónaco, pero, como él mismo explicaba, ir al África era el viaje que más valoraba.

Pasó once días en Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial, en un continente que sigue siendo clave para el futuro de la Iglesia (el cristianismo crece allí a un ritmo vertiginoso) y es un lugar crucial para el diálogo con el islam y para la relación de la Iglesia con China. Y León parecía estar a gusto.

Es el primer Papa globalizado, el obispo de Roma que, incluso antes de ser elegido en el Cónclave, ya había visitado al menos sesenta países, primero como misionero y luego durante doce años como prior de la orden agustina, habiendo transcurrido incluso algún tiempo en el Ecuador.

Ahora, como Papa, tiene la mirada atenta de la Iglesia en cinco continentes y la visión a largo plazo de una historia que tiene más de dos mil años. Por esto, no tiene problema en enfrentarse al presidente de EE. UU. El 4 de julio, cuando en Washington se celebren los 250 años de su independencia, León volará a Lampedusa, la isla de arribo para todos los migrantes africanos que intentan ingresar a Europa.

Sus viajes apostólicos

Inicialmente fueron Turquía y Líbano -paradas ya programadas por su predecesor-, menos de un día en el Principado de Mónaco, y después el viaje que más esperaba: once días en África.

Viajó a Turquía del 27 al 30 de noviembre de 2025 en un viaje heredado por su predecesor Francisco y estuvo centrado en el 1700 aniversario del Concilio de Nicea. Luego estuvo en el Líbano del 30 de noviembre al 2 de diciembre del año pasado, siguiendo los pasos de Bergoglio en la Tierra de los Cedros, entonces sacudida por el conflicto entre Hezbolá e Israel. Luego tuvo un breve paso por el Principado católico de Mónaco, en donde recordó que “la riqueza debe redistribuirse”.

León XIV
El Papa León XIV con el Presidente para los Asuntos Religiosos en Ankara, Turquía. Foto: Vatican News

Del 13 al 15 de abril estuvo en Hipona (Argelia), tierra de San Agustín, buscando construir puentes entre cristianos y musulmanes, tras los oscuros años de conflicto entre estas dos creencias en un solo Dios. El 15 llegó a Camerún, haciendo un llamado a la reconciliación de una «África en miniatura» marcada por fuerzas secesionistas. El 18 de abril pasó a Angola y dio un mensaje de fraternidad en un país de habla portuguesa afectado por una prolongada guerra civil. Finalmente, estuvo en Guinea Ecuatorial del 21 al 23 de abril para celebrar los 170 años de la primera evangelización: una celebración de danza y canto a pesar de la pobreza

Una guerra religiosa

Trump atacó a su coterráneo, el Papa, en redes sociales diciendo que es «débil en materia de delincuencia» y «pésimo en política exterior», visiblemente nervioso por las crecientes críticas de León XIV a la guerra iniciada por EE.UU. e Israel en Irán y Líbano. Coincidiendo con la Semana Santa, el Pontífice, nacido en Chicago, combinó su meditación sobre la muerte y resurrección de Jesús con la denuncia de una guerra de dudosos motivos que está causando muchos muertos entre la población civil.

La reacción papal, en particular, fue provocada por el intento de la Casa Blanca, pero también del gobierno israelí, de justificar la intervención militar con argumentos religiosos y referencias a las Sagradas Escrituras de judíos y cristianos (la Torah y la Biblia). “Hermanos, hermanas, este es nuestro Dios, Jesús, Rey de la Paz”, dijo el Pontífice el Domingo de Ramos: “un Dios que rechaza la guerra, que nadie puede usar para justificarla, que no escucha las oraciones de quienes la libran y las rechaza».

Y agregó el Papa: “aunque multiplicaras tus oraciones, no te escucharía; tus manos están manchadas de sangre””, citando al profeta Isaías. Esta fue una respuesta casi explícita al “ministro de guerra” de Trump, Pete Hegseth, quien había invocado la bendición divina sobre el ejército estadounidense para bombardear Irán.

Eran los días en que el presidente estadounidense amenazaba con «borrar del mapa una civilización entera». Fue entonces cuando León XIV, con su tono suave pero firme, mencionó a Donald Trump por primera vez para pedirle que volviera a la mesa de negociaciones y convocó a una extraordinaria vigilia por la paz en San Pedro, en la que calificó la oración como «una barrera contra ese delirio de omnipotencia que se está volviendo cada vez más impredecible y agresivo a nuestro alrededor».

Tres cardenales estadounidenses muy cercanos a Prevost -los arzobispos de Washington, Chicago y Newark- fueron entrevistados en el programa de la CBS, 60 Minutes, y calificaron la guerra en Irán como «inmoral». Y fue en ese momento que el magnate decidió atacar al Papa, arriesgándose a perder el voto católico en las elecciones de mitad de mandato de noviembre. Para reparar el daño, el secretario de Estado de Trump, el muy católico Marco Rubio, acudió al Vaticano para reunirse con León XIV.

Lo que ocurrió dentro de la Capilla Sixtina hace un año sigue siendo un secreto celosamente guardado tras los muros del Vaticano, y la razón por la que Prevost fue elegido se debe, sin duda, a la dinámica interna de la Iglesia.

Las provocaciones del magnate

Poco antes del Cónclave, el presidente Trump compartió en redes sociales un fotomontaje donde se representaba a sí mismo como Papa, con tiara, túnica blanca y crucifijo y un dedo índice levantado en señal de advertencia: “me gustaría ser Papa”. También en sus redes sociales, el presidente de EE. UU. publicó una imagen creada por inteligencia artificial donde aparecía como el Mesías, con túnica blanca, curando a un enfermo. La publicación fue eliminada y él se justificó diciendo que “estaba vestido de médico”.

Posteriormente Trump declaró: “me cae mucho mejor su hermano Louis, porque es totalmente MAGA (make America great again). ¡Él entiende, mientras que León no!» Su hermano, que vive en Florida, votó por Trump y ha visitado al presidente en el Despacho Oval. «Sin mí, León no sería Papa» fue la curiosa idea de Trump promoviendo la narrativa de que el primer Papa estadounidense de la historia fue escogido en el Cónclave para complacer al inquilino de la Casa Blanca.

Pero, lo que ocurrió dentro de la Capilla Sixtina hace un año sigue siendo un secreto celosamente guardado tras los muros del Vaticano, y la razón por la que Prevost fue elegido en tan solo cuatro votaciones se debe, sin duda, a la dinámica interna de la Iglesia.

El colegio electoral, influenciado en más del 80% por el papa Francisco, buscaba a un hombre capaz, por un lado, de confirmar el impulso del Pontífice argentino hacia una Iglesia misionera, pastoral y sinodal, y, por el otro, de apaciguar las aguas y restablecer cierto orden tras doce años del terremoto bergogliano.

Pero es plausible -como ocurrió varias veces a lo largo de la historia de la Iglesia- que el espíritu de la época también influyera en la elección. Es decir, los cardenales eligieron a un agustino estadounidense por una buena razón: no para congraciarse con la Casa Blanca, sino para ver cómo contrarrestarla. Consciente de los veinte años que había pasado en Perú, el fallecido Papa, Jorge Mario Bergoglio, además, dijo de Robert Francis Prevost que “es estadounidense, sí, pero es un estadounidense del Sur”.

En otra de sus salidas, Trump declaró que el Papa León XIII “es débil en la lucha contra el crimen y pésimo en política exterior”, tras las crecientes críticas de Prevost a las guerras de EE. UU. e Israel en Irán y Líbano. Posteriormente, Trump compartió en redes sociales una imagen generada por IA, publicada por otro usuario, que lo mostraba abrazado por Jesucristo: “puede que a los fanáticos de la izquierda radical no les guste, pero a mí me parece muy tierno”. “El Papa está poniendo en peligro a muchos católicos y a mucha gente”, dijo el presidente estadounidense a Salem News, dos días antes de la visita del secretario de Estado Marco Rubio al Vaticano.

Orígenes de la divergencia

Sin embargo, este tipo de ataques tiene su origen en un pasado cercano. Porque si se escucha con atención, por meses León XIV sigue una senda evangélica diferente de la de Trump, evidenciada cuando criticó las redadas de inmigrantes efectuadas por agentes del ICE en Minneapolis y en su ciudad natal, Chicago; o cuando su Secretario de Estado, el Cardenal Pietro Parolin, rechazó la invitación de la Casa Blanca al Vaticano para unirse a la junta de paz para la reconstrucción de Gaza; o cuando su amigo Blase Cupich, Arzobispo de Chicago, calificó de «repugnante» el vídeo en el que la administración estadounidense mezclaba escenas de la guerra en Irán con imágenes de películas de acción y videojuegos.

También quedó patente cuando León publicó su primera encíclica Magnífica Humanitas, a mediados de mayo, en la que pide regular la inteligencia artificial para dignificar al ser humano, algo que las grandes empresas tecnológicas cercanas a la Casa Blanca rechazaron y también criticó los beneficios extraordinarios de Elon Musk. En el verano pasado oró por la conversión de quienes niegan el cambio climático. En resumen, se desconoce si fue Trump quien catapultó al nuevo Papa a la atención pública o si el discurso del Pontífice fue más claro que al comienzo.

León XIV tiene un tono mesurado y ha evitado un ataque frontal a la Casa Blanca, pero con el tiempo no han faltado decisiones y aclaraciones que han marcado un distanciamiento de la administración Trump. En algunos otros casos, delegó responsabilidades en otros.

Si bien desde la primera audiencia concedida a J.D. Vance, pocos días después del Cónclave, el vicepresidente de EE. UU. había invitado al Papa a regresar a EE. UU. el 19 de mayo, la oficina de prensa del Vaticano aclaró en febrero pasado que Prevost no regresaría a casa, al menos este año, porque el 4 de julio, mientras se celebre el 250 aniversario de la Independencia, el Papa estadounidense visitará Lampedusa, la isla de los migrantes que ya visitó cuando comenzó su pontificado.

Frases emblemáticas

León XIV no suele alzar la voz, pero no podía quedarse callado ante la escalada militar y el intento cada vez más descarado de la Casa Blanca de justificar la guerra con referencias al cristianismo. Sus primeras palabras desde el balcón de San Pedro la noche de su elección fueron, precisamente: “la paz sea con ustedes”, y a lo largo de su año como papa, ha proseguido con un llamado a una “paz desarmada y conciliadora”.

Entre otras cuestiones sociales que Prevost defiende, por haber transcurrido veinte años en Perú como misionero y obispo, está la atención a los pobres, la defensa de los migrantes rechazados por los países ricos del “norte global”, la lucha contra el cambio climático y la preocupación por la inteligencia artificial, que, de no regularse, va a poner en peligro las condiciones laborales de innumerables personas y la calidad de las relaciones humanas.

Elegido para apaciguar las aguas tras el terremoto de Francisco y, al mismo tiempo, para consolidar el legado de su predecesor de una Iglesia pastoral, misionera y sinodal, León XIV predica en sus discursos un cristianismo atento a los problemas sociales, para superar la polarización entre los distintos creyentes, respetuoso de la libertad de conciencia y comprometido con una paz “desarmada y desarmada”.

Ugo Stornaiolo

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