No necesito el Derecho Internacional
Donald Trump
En menos de cinco horas, Nicolás Maduro fue capturado por las fuerzas de élite del gobierno de Estados Unidos, después de un despliegue aéreo cinematográfico. La operación Resolución absoluta utilizó a las tropas de la Fuerza Delta que ingresaron a uno de los bunkers del dictador venezolano y lo apresaron junto a su esposa. Como era de suponerse, Maduro no ofreció resistencia y se entregó cobardemente. Hoy es exhibido como un trofeo de guerra de Donald Trump, quien al capturar a un político impresentable como Maduro quedó, para muchos, como un defensor de la democracia.
Aquí es fundamental comprender la dimensión política de Salvador Allende, Patrice Lumumba, Víctor Jara, el Che, líderes revolucionarios que fueron consecuentes con sus creencias hasta el último de sus días. Maduro es la antítesis de un revolucionario de izquierda porque después de haber desafiado, en innumerables ocasiones, a los presidentes norteamericanos y de haber repetido el sonsonete de Patria o Muerte, simplemente no defendió a su país, ni se jugó la vida por lo que tanto había pregonado.
No hay duda de que la invasión a Venezuela fue una brutal violación al derecho internacional. Está claro de que esta agresión a la soberanía nacional y a la autodeterminación de los pueblos, realizada por Estados Unidos, forma parte de una estrategia militar desesperada de los gringos para controlar a Latinoamérica de la influencia comercial de China. Recordemos que China está ganando ampliamente la guerra comercial y arancelaria iniciada por Trump.
Más allá de la desolación y los más de ochenta militares asesinados, entre cubanos y venezolanos, en la operación Resolución Absoluta, existe algo rescatable. Al fin, Nicolás Maduro, el ridículo, corrupto e inepto dictador venezolano ha sido llevado a una Corte Penal donde está siendo juzgado y recibirá una pena de entre 30 y cuarenta años. Maduro no es solamente un bufón disfrazado de socialista, que ha llevado a su país a la pobreza extrema, él se ha convertido en el recurso publicitario más eficaz de la ultraderecha en el mundo.
Maduro, para la derecha, ha funcionado como un símbolo de un supuesto fracaso de los proyectos socialistas. En Latinoamérica, cuando se ha querido desacreditar a algún candidato de izquierdas o levemente progresista, la fórmula ha sido estigmatizarlo como un peligro para la nación porque podría convertir al país en una nueva Venezuela. Claro, nunca han mencionado los éxitos económicos de Brasil, México y Colombia, países gobernados por gobiernos progresistas.
Si revisamos algunas cifras económicas claves podemos diferenciar o matizar lo que fueron los gobiernos progresistas de Hugo Chávez y el abismo existente con la dictadura narcodelictiva de Maduro. Cuando Chávez gobernaba, el PIB per cápita era de 12.000 dólares y en 2024, con Maduro en el poder, no llegaba ni a 1500 dólares. Paradoja total, fracaso económico absoluto.
También resulta ingenuo creer que Maduro era una continuación de Chávez porque Hugo Chávez llegó al poder por vía democrática y ganó limpiamente en cuatro elecciones presidenciales. El chavismo fue una reacción popular frente al desmantelamiento económico de Venezuela. Recuerden que en 1989 se dio un estallido social conocido como “caracazo”, donde fueron asesinadas 500 personas que salieron a las calles a protestar por las medidas de austeridad de Carlos Andrés Pérez. La economía venezolana estaba desecha: en 1998 el PIB per cápita era de 3500 dólares y el 50% de los venezolanos estaban en la pobreza y el 20% en la pobreza extrema.
Durante el gobierno de Hugo Chávez (1999-2012) se dio una transformación económica importante: crecimiento sostenido del PIB del 4%, aumento del PIB per cápita de 4000 a 12000 dólares, disminución del desempleo al 8%, el índice de desigualdad GINI pasó de 0.49 a 0.38. Aumento de inversión en salud que llegó al 3% del PIB y en educación alcanzó el 7%. La polarización política fue real, asimismo la concentración de poder, pero Venezuela vivía en democracia. Insisto, Hugo Chávez gozaba del respaldo de la mayoría de la población, siempre ganó las elecciones con un margen de al menos 10% de ventaja, lo apoyaba un sector mayoritario de venezolanos que durante décadas estuvieron excluidos de los beneficios de la exportación petrolera.
El error supremo de Hugo Chávez, además de no haber creado un sector industrial solvente, fue dejar como sucesor a Nicolás Maduro, un tipo sin preparación intelectual y cuya única virtud era ser un lambiscón de Chávez. Parece que este error histórico del progresismo en los movimientos latinoamericanos ha seguido repitiéndose, para muestra Lenin Moreno y Luis Arce.
El futuro político de Venezuela es incierto, parecería que Delcy Rodríguez, a quienes muchos maduristas la acusan de traidora, será una especie de Malinche del siglo XXI. Se convertirá en un puente entre un estado militar fallido que conserva algunas huestes políticas y el régimen filibustero de Donald Trump, que no invadió a Venezuela buscando democracia sino petróleo y minerales raros.
Lo triste es que el exilio económico de los venezolanos continuará porque Trump no creará un estado democrático repleto de oportunidades para el pueblo, sino que se dedicará a extraer, a través de las empresas yanquis, la mayor cantidad de recursos naturales para poder solventar en algo a la economía norteamericana en declive.
