miércoles, abril 29, 2026
Ideas
Álex Ron

Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

Después del NO

Miré un video de Noboa yendo con su esposa y su hijo de cinco años, en un Porsche último modelo, a votar en Olón. El presidente manejaba exultante su bólido, pero mientras avanzaba esquivaba baches de la carretera. La imagen era demasiado clara, la política convertida en un espectáculo decadente. Por un lado, el lujo extremo y por otro lado la pobreza del país.

Ser libre es querer la libertad de los demás

                                               Simone de Beauvoir

 

El día de la consulta popular desperté algo pesimista, había enviado un artículo a Plan V, la revista donde colaboro con cierta regularidad, ya estaba publicado mi pequeño ensayo, pero pensé: ¿servirá de algo? ¿tiene sentido tanta finura para el análisis político frente a una realidad morfinada? ¿en tiempos de Tik Tok, influencers y troles vale la pena escribir? El día transcurrió sin mayor novedad, exceptuando ver la final del ATP en Torino, un partido sublime entre Alcaraz y Sinner.

Al medio día salimos a comer una pizza con Basti, fuimos a una pizzería italiana, de ambiente distendido, aunque ese día estaba algo llena, nos sentamos junto a la mesa de una familia tradicional. Clase media en ascenso, padres circunspectos, dos adolescentes deslizando sus índices en la pantalla de sus móviles, un chihuahua sentado en una de las sillas. A ratos, pensamos en cambiarnos de mesa, pero ya no había espacio en el restaurante. Devoramos una pizza de pepperoni y bebimos dos limonadas. Antes de irnos el chihuahua se orinó en la silla de la familia aburguesada, era regañado por una señora de gruesos lentes.

Me habían asignado para sufragar en una junta en mi excolegio “Sebastián de Benalcázar”, le llamábamos de cariño “Penalcatraz”, hoy lo llamarían “Sebastián de la Roca” o “Colegio Municipal del Encuentro”. En fin, el colegio mantenía su misma arquitectura, aunque habían reemplazado la cerca de alambre por una muralla de tres metros. Una fortaleza infranqueable. Ahora sí el paisaje humano era el de un panóptico porque en cada aula del recinto había dos militares armados con sus respectivos fusiles.

Voté todo No y salí en medio de una tempestad que se desató como presagiando lo peor. A eso de las 5 y 45 recibí la llamada de una amiga cuencana ecologista, que también es profesora universitaria, ella estaba entusiasmada, y me dijo que la movida por la defensa del agua había unido a los cuencanos y que sin duda alguna ganaría el no. Yo le expresé mi intuición, algo lúgubre, había conversado con amigos, estudiantes y alguno que otro familiar.

Le  conté acerca de mi experimento político con mis estudiantes de una universidad particular, de las más costosas de Quito. Les pregunté a los chicos cuántos votarían NO y cuántos SÍ. Ante mi estremecimiento de 25 estudiantes solo 1 iba por el NO. Claro, después de ese paneo rápido mi idea era que la acumulación de poder, por parte de Noboa, era brutal y que el manejo del miedo como herramienta para imponerse era difícil de superar porque la prensa corporativa y los influencers habían creado una burbuja mediática que protegía la pésima gestión del magnate bananero.

Miré un video de Noboa yendo con su esposa y su hijo de cinco años, en un Porsche último modelo a votar en Olón. El presidente manejaba exultante su bólido, pero mientras avanzaba esquivaba baches de la carretera. La imagen era demasiado clara, la política convertida en un espectáculo decadente. Por un lado, el lujo extremo y por otro lado la pobreza del país. Después de veinte minutos Basti me dijo que iba ganando el NO, revisé en mi computadora y vi que la tendencia era clara, en todas las provincias, exceptuando Tungurahua. La gente pobre y parte de la clase media habían roto la burbuja mediática creada por el gobierno. Al fin, la gente votaba desde el punto de vista racional y no desde la manipulación alienante de la publicidad.

Más allá de los eufemismos políticos utilizados por parte de los portavoces del gobierno argumentando que el triunfo del NO con más del 61%, en contra de las preguntas planteadas por Noboa, no fue una derrota del presidente, estaba claro que fue un voto de rechazo a la mala gestión del mandatario de derechas. Pese al chantaje burdo de que si votábamos por el NO apoyábamos a los narcos o al terrorismo, y de que los narcotraficantes estaban controlados por Correa y la CONAIE, la gente votó pensando en la calamitosa situación en que vivimos: violencia desbordada, desnutrición, hospitales quebrados, subempleo, carreteras en mal estado, evasión tributaria…

New York Times realizó un análisis respecto a las políticas de seguridad desplegadas por Noboa, según el diario norteamericano, la estrategia militar del presidente ecuatoriano era irresponsable porque el ejército entraba en zonas altamente peligrosas, asesinaba a dos o tres capos y luego abandonaba recintos que quedaban a merced de estos grupos hiperviolentos que terminaban masacrando a ciudadanía indefensa y desarmada. El ejército debería quedarse custodiando esos recintos y el gobierno tiene que crear retenes, escuelas y hospitales, lo que se llama políticas de inclusión social. Ganarle territorio al narcotráfico es clave.  Por ello existió un NO al manejo basado en la espectacularidad del tema seguridad porque lo real es que terminaremos 2025 con más de 9000 asesinatos y obviamente la mayoría de la gente exterminada son víctimas indirectas, no tienen nada que ver con bandas de narcos. Justificar aumento de crímenes con el sonsonete de que se matan entre ellos es política de seguridad aporofóbica.

El NO se impone porque Noboa ha mentido sistemáticamente, lo del alza del diésel fue una puñalada artera a la economía popular que obviamente provocó un alza de precios en productos básicos, por ello los grupos más vulnerables de sierra, costa y oriente, recibieron los bonos, y terminaron votando NO. La gente tiene un límite para confiar en los políticos y cuando la mentira y la violencia de estado se convierten en las únicas armas de los gobernantes, entonces la gente se rebela.

El 61% del NO es el resultado de la reacción popular ante la crueldad del gobierno y su ejército. Más allá del maquillaje que le han dado los mass media, para relativizar crímenes de estado y torturas, el pueblo se da cuenta de la intolerancia de un oligarca que vive en otra galaxia y que gobierna para sus intereses corporativos. Además, los tres asesinatos a los comuneros en Otavalo y las ejecuciones extrajudiciales por parte del ejército, nos muestran a una institución descompuesta, sin valores ciudadanos mínimos. Gente cobarde que apresa niños, patea a gente herida, ataca a ancianos. Despreciable.

El presidente Noboa no tiene claridad en su discurso, más allá de los actos públicos guionizados, cuando es entrevistado por algún periodista algo neutral, como Fernando del Rincón, enseguida cae en contradicciones y mentiras. Hace menos de un mes le aseguró a Rincón que tenía control absoluto de las cárceles cuando las prisiones son tierra de nadie y donde las masacres continúan (hasta hoy se registran 600 asesinatos en las cárceles).

Respecto a las bases militares se impuso la racionalidad, más del 70% de la población en Manabí les dijo NO a las bases gringas porque la década que estuvieron en Manta no disminuyó la criminalidad (el índice de asesinatos por 100000 habitantes aumentó), por el contrario, se dieron varios casos de abusos de poder, entre ellos hundimiento de pequeñas embarcaciones, detención a pescadores y violaciones a mujeres. Las demás provincias votaron NO tomando en cuenta la soberanía de nuestro país y el valor incalculable de tener un patrimonio natural de la humanidad. Ya en 1941, el ejército de Estados Unidos demostró su ignorancia e irresponsabilidad arrasando con la fauna de la isla Baltra.

La abrumadora victoria del NO es un triunfo de la ciudadanía que se cansó de la prepotencia e improvisación de un presidente que ha utilizado el gobierno como un medio para favorecer las ganancias de sus empresas. La disminución de la deuda que tenía la corporación Noboa con el SRI pasó de 95 millones a cero, valiéndose de un artilugio legal. Además, las cifras de violencia y pobreza siguen en aumento y el gobierno solo se apoya en un guion repetitivo montado por sus influencers y los mass media. Dicho sea de paso, lo gastado en publicidad gubernamental resulta obsceno.

Termina una etapa política repleta de mediocridad basada en el sonsonete “la culpa es de Correa”, no va más esa muletilla que ha servido para elegir a los peores gobernantes de nuestra historia reciente. Correa, dejó de gobernar hace 8 años, y con todos los problemas de corrupción y autoritarismo, tuvo resultados en indicadores sociales y económicos mucho mejores que los de los tres últimos gobiernos de derechas. Además, es fundamental resaltar que, aunque el caudillo abusó del poder no llegó a niveles fascistoides como los de Noboa. En todo caso, el NO en la consulta tampoco es un triunfo del correísmo, pero sí es una derrota del anticorreísmo que entregó cheques en blanco a políticos cuya única “virtud” era odiar al polémico gobernante populista.

El futuro se muestra complejo porque Noboa continúa con su visión de gamonal, no acepta que perdió y no veo que intente un giro de timón que era lo lógico. Viajó a Miami, recicló ministros y sigue con su plan económico neoliberal, se viene una disminución en el presupuesto de las universidades públicas por más de 120 millones de dólares. Además, no hay la intención de realizar una alianza estratégica de inteligencia militar con Colombia, Perú, Brasil y México (lo primero que tendría que hacer es restablecer relaciones diplomáticas con el gobierno de Claudia Sheinbaum), para enfrentar al narcotráfico. Tener un presidente disfrazado de GI Joe seguirá provocando más muertes violentas y alejándonos de todo proyecto democrático de país. La ciudadanía le dijo a Noboa que su voto no está en venta y que el clientelismo vulgar no va más.

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