“Cuanto más injusta o secreta sea una organización, más fácil será introducir miedo y paranoia en sus líderes o en sus camarillas a través de filtraciones”
Julian Assange
Retomar la comunicación sin filtros buscando transparentar la verdad se ha convertido en un acto subversivo y épico. El ejemplo más paradigmático de periodismo sin ambages, en el siglo XXI, ha sido Julian Assange, el hacker australiano que visualizó millones de cables reservados del gobierno de Estados Unidos. El fundador de Wikileaks reveló al mundo la crueldad extrema de las cruzadas “democráticas” de la potencia más belicista en el planeta.
Assange, con una visión prometeica y revolucionaria del periodismo, rompió el cerco mediático de las grandes cadenas de noticias (CNN, FOX, NBC) para entregar información reservada, que escondía Estados Unidos, a Le Monde, El País, The Guardian, The New York Times. Robó información al gobierno del país más poderoso del mundo para mostrarle a toda la gente la verdad, sin ningún filtro. El costo fue muy alto porque se convirtió en el enemigo número uno de Estados Unidos por pensar y vivir el periodismo desde el antipoder total.
Julian, quien estuvo siete años asilado en nuestra embajada en Londres, talvez la decisión geopolítica más importante de Rafael Correa, mantuvo como uno de sus paradigmas claves la transparencia en política. Esta transparencia se basa en la relación Estado-ciudadanos. “Así que el Estado no es propietario de nada. No tiene derecho ni a la propiedad, ni al control de ningún recurso, eso pertenece a la gente. Asimismo todo documento, todo registro que controle el Estado debe ser un documento público.”
Assange, junto a su pequeño equipo de hackers de la comunicación, abrió el camino para que se den nuevas filtraciones de actos de corrupción que vulneraban la vida de la gente. Después del hacker australiano, apareció Edward Snowden develando el tenebroso programa de vigilancia global de la seguridad nacional de Estados Unidos. Y surgieron nuevos periodistas totalmente entregados a su oficio, mostrando Panamá papers y Pandora papers. Para el caso ecuatoriano, estas últimas investigaciones nos permitieron conocer a los políticos ecuatorianos que poseían sociedades offshore, algo que ningún medio local fue capaz de investigar.
Edward Snowden, develó el Programa de Vigilancia Global, montado por la CIA. En definitiva, la central de inteligencia gringa, con el pretexto de luchar contra el terrorismo ha utilizado la información que la gente deposita en redes sociales para chantajearla y destruirla. Un juego siniestro para limitar la libertad de la gente, de hecho la mejor manera de entender este simulacro de privacidad es tener en cuenta que internet es un leviatán que está por encima de los derechos humanos.
Stella Assange, la compañera de Julian, ha dicho que su pareja develó información incómoda para Estados Unidos y que por decir la verdad nunca debió estar preso. Para salir libre, Julian Assange, se declaró culpable de espionaje por obtener información de manera ilegal. ¿Sigue siendo ilegal, en el país más libre del mundo, mostrar la verdad?
¿Por qué Zuckerberg, el dueño de Facebook, el que vendió a la CIA información sobre la vida privada de millones de personas, es multimillonario y no un perseguido político? ¿Por qué Assange ha sido perseguido durante 12 años y ha tenido que sacrificar su libertad y su salud por hacer su oficio de comunicador? ¿Vivimos en un mundo libre o siempre tendremos que soportar a una camarilla de cobardes que nos gobiernan escondiendo información para acumular poder?
En 2012 el periodista español Jordi Évole entrevistó al fundador de Wikileaks en la embajada de Ecuador en Londres. Al preguntarle: “¿ha valido la pena todo el trabajo hecho, todo lo develado, para luego terminar aquí recluido en una embajada?”. Assange respondió: “Absolutamente. Yo me hice esa pregunta: bien, ¿quizás te has pasado esta vez Julian? ¿Ya lo has calculado todo bien? Y me sentí feliz. El trabajo que hago satisface tanto mis principios que mantengo mis convicciones de que ha valido la pena.”
El mundo tiene una deuda muy grande con Assange, su trabajo periodístico nos ha mostrado la grieta infinita que existe entre transparencia y poder. Mostrar la verdad sin ningún tipo de interés corporativo, es la base del periodismo. Sin esta práctica la democracia es una farsa. El padre de Assange, antes de que Julian filtrará toda la información reservada que poseía, estuvo a punto de decirle que no lo haga porque era demasiado peligroso para su vida, pero lo vio tan decidido que prefirió guardar silencio. A menudo romper el guión del sistema tiene su precio. La libertad sigue siendo, como lo diría Albert Camus, “ese nombre terrible escrito en el carro de las tempestades”.
