¿Alguien en sus cabales pudo haber imaginado que la segunda vuelta se daría entre el binomio Lasso-Arauz y el voto nulo? Pues, tal como van las cosas, por las reacciones que ha provocado la convocatoria a anular el voto, y por el respaldo que genera esta postura en sectores de la sociedad diferentes al movimiento indígena, la próxima contienda electoral será única e inédita en nuestra historia política.
Tampoco podíamos imaginar que la disputa se centraría no en derrotar al adversario, sino en impedir que tenga un desempeño aceptable. Porque todos sabemos que no es real que el voto nulo pueda superar la votación de los dos finalistas oficialmente sacramentados por el Consejo Nacional Electoral; pero sospechamos que puede alcanzar un porcentaje inusual. Tan solo esta posibilidad tiene puesto de cabeza al sistema político en su conjunto.
Si no fuera porque las consecuencias pueden ser catastróficas para el país, se podría tomar esta situación hasta con sorna. Ver a los a los voceros, corifeos y representantes de los principales grupos de poder del país aterrorizados frente a un ejercicio democrático elemental provoca risa, tanta risa como los argumentos para desacreditar, ridiculizar, estigmatizar, desnaturalizar, tergiversar y difamar una postura coherente, fundamentada y absolutamente lícita.
Y los adherentes de las dos candidaturas finalistas tampoco se quedan atrás. De lado y lado utilizan exactamente el mismo argumento: el voto nulo le favorece al rival. En síntesis, la pelea de ambos es contra el voto nulo. Por eso resulta por demás ingenuo, a estas alturas del partido, sostener que no existió un acuerdo tácito entre esas dos candidaturas para excluir de la segunda vuelta al candidato de Pachakutik.
Ver a los a los voceros, corifeos y representantes de los principales grupos de poder del país aterrorizados frente a un ejercicio democrático elemental provoca risa, tanta risa como los argumentos para desacreditar, ridiculizar, estigmatizar, desnaturalizar, tergiversar y difamar una postura coherente, fundamentada y absolutamente lícita.
El gran problema es que este candidato se les terminó metiendo por la chimenea, no como convidado de piedra sino como comensal incómodo. Quiéranlo o no, Yaku Pérez está disputando la segunda vuelta electoral, a tal extremo que analistas y encuestadoras están concentrados en detectar cuál será el porcentaje final del voto nulo. Hay sondeos que anticipan una duplicación de ese porcentaje histórico y hasta una eventual superación de esta cifra.
De todas formas, la idea de una alternativa política que ponga en pindingas al vetusto sistema político ecuatoriano ha conseguido un triunfo simbólico inmejorable. Que el voto nulo obtenga un porcentaje elevado es importante; pero que esté presente como contendor del binomio de hecho Lasso-Arauz es fundamental. En la práctica, esta condición anticipa una nueva dimensión de la lucha política en el futuro. Todo dependerá de la capacidad de los movimientos sociales –no solo del movimiento indígena– de sacarle provecho a esta ventaja.
Mientras tanto, Lasso y Arauz seguirán empeñados en una dinámica añeja y desgastada. Su confrontación personal tiene muy poco que ofrecerle al país. Conforman un binomio que, frente al voto nulo, no genera el más mínimo entusiasmo.
