martes, abril 28, 2026
Ideas
Gustavo Isch

Gustavo Isch

Consultor político, experto en comunicación electoral y de gobierno. Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar

Un dolor que oprime el corazón

Si lo que ocurrió con los menores es determinado luego del proceso judicial de rigor, como desaparición forzada, no hay excusa ni leguleyada que pueda exculpar a los responsables del delito. No hay lugar para hablar de “errores procedimentales” ni de “infracciones” en el protocolo establecido para el arresto; es un delito cometido por servidores públicos en funciones.

IN MEMORIAM

La desaparición de 4 niños, en Guayaquil, apresados el 08 de diciembre por un contingente de la Fuerza Aérea Ecuatoriana, es uno de los episodios más graves ocurridos el año 2024, de confirmarse que es un caso de desaparición forzada, el retorno a la legitimación de la violencia de Estado, debe alertarnos a todos sobre lo que está por venir.

Desde el 08 de diciembre 4 menores de edad fueron aprehendidos por personas vestidas con uniformes militares; trasladados en un vehículo estatal a 60.7 km de distancia y golpeados e intimidados con armas de grueso calibre, como muestra un video. No se notificó a sus representantes ni se les permitió contactarse, violando todos los protocolos que garantizan los derechos humanos de una persona.

Llenos de contradicciones, los primeros mensajes de voceros oficiales bregaban torpemente para dar alguna respuesta creíble, una afirmación que pudiera generar una corriente narrativa para contener la crisis. Reaccionaron como ya es costumbre, tarde, mal y mojigatamente.

El alegato sobre la presunción de que los menores desaparecidos “estaban robando”, no surtió efecto, porque no hay denuncia ni alerta a las autoridades. Según sus captores a los ahora desaparecidos los “soltaron” en “perfecto estado”. Uno de los mensajes más perturbadores se encuentra en la declaración del presidente Daniel Noboa, durante una entrevista radial, el 23 de diciembre, en la cual afirmó que “… no es el momento de catalogarlo (sic) como una desaparición forzada hasta que haya análisis técnicos y la determinación de Fiscalía”; pero en la misma entrevista informó: “…. He sugerido a una comisión que se declare a los niños héroes nacionales”.

¿Debemos suponer que esa “sugerencia” del candidato-presidente realizada un día antes del macabro hallazgo fue solo un gazapo de su retórica preelectoral?  O: ¿El presidente sabía algo que aún no se hacía público sobre el destino de los menores desaparecidos?

El hallazgo de cadáveres incinerados el 24 de diciembre Acrecentó la angustia de los padres y familiares de los menores desaparecidos. En el país y casa adentro, el final de la Novena del Niño Jesús, los villancicos, la cena y el boato tradicional no lograban ocultar la creciente desazón sobre el mismo mal presentimiento.

El macabro descubrimiento fue realizado en un recinto conocido como Casa de Zinc, ubicado a 16 kilómetros de la Base Aérea de Taura, el recinto militar al que los 16 militares que hoy son investigados por desaparición forzada, habrían trasladado a los menores apresados.

Los padres de Josué e Ismael Arroyo, de Saúl Arboleda y Steven Medina, acudieron el 25 de diciembre al centro forense de Guayaquil para reconocer los cuerpos incinerados, maniatados, con señales de violencia y que estaban en avanzado estado de descomposición, en el río Taura, en la parroquia rural del cantón Naranjal.

Los equipos forenses explicaron que, debido al estado de los cuerpos, no se puede conocer sus identidades por pruebas de huellas dactilares; por lo que se realizó un análisis antropológico, cuyos resultados se podrán conocer entre el 27 y 30 de diciembre. Si aquellos no fueran definitivos, se deberá esperar los resultados de las pruebas de ADN; lo que tardaría hasta 40 días.

El silencio que precede a las infames narrativas

¿Cuánto tardaron la mayoría de medios de comunicación antes de publicar el tema dándole la importancia que merecía desde el principio? ¿Cuánto tiempo antes de entrevistar a sus familiares?  El presidente se tomó 14 días, antes de decir algo al respecto y a día seguido, nuevamente, cuando sugirió que una comisión declare a los desaparecidos héroes nacionales. Cuando se supo que los 4 menores desaparecidos fueron ilegalmente detenidos por miembros de la FAE (Fuerza Aérea del Ecuador), la fiscalía se activó y puso en conocimiento de la opinión pública sus acciones en el caso, ya en medio de una incontenible presión de las redes sociales.

Seguidamente al atronador silencio inicial, la infamia que revela la descomposición de la sociedad ecuatoriana empezó a mostrarse. El rumor de que una fuerza política estaba detrás de la desaparición de los menores, para beneficiarse electoralmente, fue tomando forma en la esfera digital gracias a la prostituida resonancia de personas afectas al régimen; troles, idiotas funcionales, y otros interesados en mantener el statu quo que refleja la podredumbre política que contamina el país.

Otro de los infames argumentos para “explicar” el hecho, subrayaba que los menores de entre 11 y 15 años fueron dejados “en perfecto estado”, en medio de la vía. Luego se ensayó atribuir el hecho a las pandillas criminales, pero el modus operandi de aquellas, se basa en exhibir, para escarmentar y meter miedo; no en esconder los cuerpos de torturados y asesinados por conflictos entre bandas.

Es evidente que hubo la intención de ocultar los cuerpos y de que no sean identificados.

El crimen debe ser castigado, aunque ello no regrese a las víctimas a su familia, ni dignifique la moral de una nación que debería estar cada vez más avergonzada de sus peores sombras.

La desaparición forzada de 4 menores revienta en la cara de más de 17 millones de ecuatorianos. Quizás oprima lo suficiente el corazón de los indiferentes. Los cuatro de Guayaquil” no son los primeros, y sin duda, no serán los últimos.

“¿Adónde van los desaparecidos?

Busca en el agua y en los matorrales
(¿Y por qué es que se desaparecen?)
Porque no todos somos iguales
(¿Y cuándo vuelve el desaparecido?)
Cada vez que los trae el pensamiento
(¿Cómo se le habla al desaparecido?)
Con la emoción apretando por dentro”.
Rubén Blades, “Desapariciones.

La desaparición forzada es un arresto, secuestro, detención, o cualquier otra forma de privación de la libertad no reconocida y realizada por agentes, servidoras o servidores públicos, o bien, por personas o grupos que actúen con la autorización, el apoyo, o la complicidad del Estado.

Si una persona es encontrada delinquiendo, se le debe llevar ante un juez, y facilitarle un defensor de oficio. No es legal trasladarla clandestinamente a un cuartel, en un vehículo sin placas, y luego vejarla antes de dejarla “en buen estado” tirada en una carretera. Un video mostró que los menores quedaron bajo custodia estatal de militares que los subieron a una camioneta, y esa es la última vez que se les vio.

Si lo que ocurrió con los menores es determinado luego del proceso judicial de rigor, como desaparición forzada, no hay excusa ni leguleyada que pueda exculpar a los responsables del delito. No hay lugar para hablar de “errores procedimentales” ni de “infracciones” en el protocolo establecido para el arresto”; es un delito cometido por servidores públicos en funciones.

La desaparición forzada de 4 niños, en Guayaquil, apresados el 08 de diciembre por un contingente de la Fuerza Aérea Ecuatoriana, es uno de los episodios más graves ocurridos el año 2024.

Hay que recordar que Ecuador es el país de la región, más inclinado a gobiernos de “mano dura” e incluso a una dictadura, lo que evidencia la desoladora decepción ciudadana acumulada durante décadas, sobre la calidad de sucesivos regímenes elegidos en la fragilidad de la democracia y de sus instituciones, así como sobre en la decadencia de un sistema político repleto -salvo excepciones- de personajes delirantes, ineptos o corruptos, dispersos en las distintas funciones del Estado o en enclaves nacionales, regionales o locales de la administración pública.

El retorno a la legitimación de la violencia de Estado, en una alerta muy seria sobre lo que está por venir.

La decisión de exponer a las FF. AA. en las calles para combatir a la delincuencia en medio del conflicto armado interno, implicaba el grave riesgo de que se cometan excesos como los que ahora lamentamos. Se advirtió oportunamente sobre las consecuencias de una decisión política que no midió las consecuencias, pero seguramente sí las encuestas, en busca de respaldo popular.

La jauría de coyotes digitales pondera que fue la inmensa mayoría de la gente, la que aprobó y aplaudió la intervención de los militares y el uso de la fuerza frente al crimen organizado. Para ellos, las bajas colaterales, no deben afectar la imagen ni el sacrificado trabajo de las Fuerzas Armadas para proteger a la sociedad.

Ecuador sufre un cambio de época, en el que uno de sus peores signos es la inacción social edulcorada por emoticones o biliosas opiniones de influenciadores que pretenden ser viralizadas –porque además se pueden monetizar– en redes sociales, sin reparo en su proterva intención de favorecer a intereses ocultos.

Bajo la hegemonía del espacio digital, la lucha ideológica y política que antes se escenificaba en foros reales, incluidas las calles, se ha desvanecido dando paso a la pauperización del debate y envileciendo el legítimo contraste de posiciones indispensables para fortalecer un proyecto de país. La desaparición forzada de “Los cuatro de Guayaquil” debe abrirse camino a través de esa burbuja, y convocar no solo a la lamentación ciudadana, sino a su rechazo movilizado para vigilar la transparencia del proceso judicial sobre el hecho, y la sanción a sus responsables.

En las postrimerías del año 2024, la fachada democrática de Ecuador es un simulacro político de la peor calaña; una soterrada guerra sucia enfilada sin frenos hacia el despotismo. Antes de que el país termine de saltar sobre las cenizas del monigote de año viejo que representa uno de los peores errores de su vida republicana, este país, despojado del respeto por sí mismo, habrá demostrado al entorno civilizado internacional que siempre se puede caer más bajo.

IN MEMORIAM

El 24 de diciembre, tras años de enfermedad, falleció Pedro Restrepo, referente de la lucha por los desaparecidos en Ecuador. Su vida la dedicó a buscar justicia para sus hijos, Santiago y Andrés Restrepo Arismendi, desaparecidos forzosamente en 1988, por el Estado ecuatoriano.

Que su ejemplo aliente en el Ecuador la lucha por la justicia y la paz.

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