sábado, abril 11, 2026
Ideas
Arturo Moscoso Moreno

Arturo Moscoso Moreno

Abogado y politólogo

“No sabes es nada, Virgilio Hernández”

El que sí está claro de las motivaciones de la reforma que se viene es su mentalizador, el Presidente, que ha reconocido sin ambages que él no cree en las herencias (me imagino que salvo que el mayor heredero sea su gobierno), y que su intención es sencillamente, acabar con las empresas familiares.

Eso le dice Ygritte, la amante de Jon Snow en la saga de Juego de Tronos, al asambleísta Virgilio Hernández en un magnífico meme publicado por Eduardo Varas en su cuenta de Twitter (@EduardoVarasC), parodiando la famosa frase que ese personaje le dice a su amado: “No sabes nada, Jon Snow.”

La radical diferencia es que Jon Snow, a lo largo de su estancia en el helado “Muro”, aprende y mucho, mientras que el asambleísta Hernández, en su dilatado peregrinaje por la política, en el que pasó de aliado de Lucio Gutiérrez a asambleísta de Alianza PAIS, parece haber aprendido muy poco, lo que se manifiesta en las desafortunadas declaraciones que ha venido realizando a distintos medios en los últimos días a propósito del nuevo zarpazo que pretende dar el actual gobierno a los recursos de los ecuatorianos a través del aumento de las tasas y la base imponible del impuesto a la herencia.

Tal vez la cereza del pastel entre tanta declaración confusa y conceptualmente pobre fue la afirmación de que “cuando se provoca la herencia, tienen derechos no solo los herederos legítimos sino la sociedad”, que le hiciera a El Comercio en días pasados, sustentada en el supuesto hecho de que un proceso de acumulación de capital no sólo demanda el esfuerzo individual de quien lo genera, sino que es “un proceso social”.

¿Qué quiso decir con eso? Difícil saberlo, porque siempre que se le pregunta, no logra explicar cuál es el “proceso social” que justificaría el despojo a los deudos de parte de una herencia que para su existencia ya tuvo que haber pagado impuestos al Estado.

Así, insistir en lo que ha dicho Hernández se vuelve una pérdida de tiempo porque en realidad parece que “no sabe es nada”. La que sí debería saberlo es la economista Amoroso, a la que, como Directora del SRI, le correspondería estar muy enterada del sustento ideológico-económico de esta arbitraria medida que vendría a constituirse en la décimo primera o décimo segunda (he perdido la cuenta), reforma tributaria en los 8 años de gobierno de Correa (luego no se explican por qué la inversión extranjera viene en picada).

La intención del gobierno, según Amoroso, es lograr la redistribución de la riqueza, y entonces nombra a Piketty, el nuevo fetiche económico de la izquierda mundial (menos de la de su natal Francia, en donde, por su vinculación política con el Partido Socialista, es visto con escepticismo), autor del libro superventas “El Capital en el Siglo XXI”.

El tema central del libro de Piketty es que la desigualdad de la riqueza está regresando a niveles no vistos desde antes de la Primera Guerra Mundial y que pronto podría ir a una velocidad tal que continuaría ampliando la brecha sin necesidad de intervención alguna, en una especie de piloto automático. La gente rica podría acumular más capital en forma de acciones, bienes raíces y otros activos, y podría continuar ganando altos retornos sobre ellos, y luego tendrían más capital para invertir. A medida que más y más dinero se concentre entre los ricos, cada vez menos estaría disponible para los trabajadores, haciendo que la brecha salarial aumente.

Ante este escenario propone algunas medidas encaminadas a moderar esa diferencia, como el aumento de la presión fiscal para las rentas altas e impuestos a la riqueza, entre los cuales, claro podría estar el impuesto a la herencia.

Lo que parece desconocer Amoroso es que la teoría de Piketty tiene algunos errores, y los principales fueron puestos en evidencia por Matthew Rognlie, un estudiante de Doctorado del  M.I.T. de 26 años que encontró, primero, que la afirmación sobre la acumulación de capital tiene poco sustento empírico porque se limita únicamente al sector de la vivienda y no a toda la economía.  En segundo lugar, Rognlie evidencia que los cálculos de Piketty sobreestiman la rentabilidad futura que podrían obtener los más ricos reinvirtiendo su capital. Finalmente, demuestra que los ingresos provenientes de las rentas del capital se han mantenido estables desde 1970, a excepción de los precios de los inmuebles, y que en lo demás no se observa ningún aumento significativo de la desigualdad. Así, Rognlie concluye los ingresos de los más ricos «irán decreciendo con el paso del tiempo, salvo en un mundo en el que los robots substituyan por completo el capital humano, algo muy difícil».

Así, el entredicho en que se han puesto las teorías de Piketty, no sólo por parte de Rognlie, sino de varios economistas y estudiosos serios, demuestran una vez más que un trabajo académico debe tener un sustento empírico y no un sustento ideológico, por más que suene bonito. Eso parece desconocerlo Amoroso.

El que sí está claro de las motivaciones de la reforma que se viene es su mentalizador, el Presidente, que ha reconocido sin ambages que él no cree en las herencias (me imagino que salvo que el mayor heredero sea su gobierno), y que su intención es sencillamente, acabar con las empresas familiares: «El 80 % de las empresas tienen estructura familiar, ellos quieren mantener eso, nosotros queremos acabar con eso».

Así de simple, hay que castigar el éxito, porque en eso consiste la revolución ciudadana. Que luego esas empresas se vayan al garete, generando desempleo y restringiendo la inversión es lo de menos. Si eso le hubieran dicho desde el principio a Virgilio Hernández, por lo menos se habría ahorrado el papelón.

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