El gobierno de los millonarios, con Musk, a la cabeza, confirma lo que en el siglo XIX proclamó Marx. Hechos y circunstancias imprevistas, como la victoria de Trump, vuelven a poner en vigencia planteamientos que parecían ya obsoletos. “Por primera vez, afirma Nicolás Sartorius en El País, los dueños de inmensos monopolios digitales o no, han llegado directamente al poder político para defender sus intereses”.
Este hecho reactualiza la tesis de Marx quien sostuvo precisamente eso, que los gobiernos eran los consejos de administración de los intereses de la burguesía en su conjunto. Esta era la realidad para la época. No había el sufragio universal y las mujeres no. tenían derecho al voto. Liberales y conservadores representaban los intereses de las clases pudientes. Hacia fines del siglo XIX las cosas cambiaron. Surgieron los partidos de izquierda que llegaron al gobierno. Ya no se podía hablar entonces del monopolio del poder de la burguesía.
Los partidos políticos dejaron de representar solo intereses económicos. En las distintas clases aparecieron otras motivaciones. Su interacción dio paso al pluralismo político. Cobró vida la democracia que no existía el siglo XIX. Los partidos políticos se constituyeron en su bastión superando el régimen estamental. El Estado amplió su espectro con las instituciones que conforman las diferentes funciones del Estado También la sociedad vio nacer organizaciones sindicales y patronales. Ello hizo posible que se limitara la concentración del poder.
Los medios de producción, propios del capitalismo, siguieron siendo la base material del sistema. Sin embargo, su propiedad dejó de ser exclusiva de la burguesía. Esta realidad, sin embargo, está cambiando como consecuencia de la revolución digital que amenaza con socavar los cimientos de la democracia.
Nicolás Sartorius destaca algunos de sus más nefastos efectos. El acceso al poder de manera descarada de los dueños de inmensos monopolios han puesto al Estado bajo su control, en detrimento de partidos políticos, sindicatos, medios de comunicación.
En Estados Unidos, con el triunfo de Trump, Elon Musk se ha convertido en su principal soporte. Se estima que esta relación de Musk con Trump beneficiará sus actividades empresariales. Quedan en segundo plano, el Partido Republicano y el Congreso. El poder económico se impone sobre la política. Ésta prácticamente ha quedado anulada. También la opinión pública corre ese riesgo. A través de X, Google o TikTok estos monopolios pueden apropiarse de las conciencias y opiniones. Se estaría asistiendo , dice Sartorius, al paso de la propiedad de los medios de producción a la propiedad privada de las conciencias y opiniones. Esto, agrega, supone reducir el Estado a su mínima expresión.
En Estados Unidos, con el triunfo de Trump, Elon Musk se ha convertido en su principal soporte. Se estima que esta relación de Musk con Trump beneficiará sus actividades empresariales.
Pero toda esta andanada liberal capitalista no se queda en los límites nacionales de Estados Unidos. En Navidad, Trump descargó su furia contra Panamá, Canadá y Groenlandia. Quiere volver a poner el canal de Panamá bajo el control estadounidense. Convertir a Canadá en el estado norteamericano 51. Comprar Groenlandia.
Este giro en la política internacional estadounidense puede tener graves repercusiones geopolíticas. Una posible es el fortalecimiento de dictaduras como la de Maduro que supuestamente brega por la distribución de la riqueza., mientras que Trump como señala Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, en Capitalismo Progresista, Trump no cuenta con un plan para ayudar al país y a los más pobres; tiene uno para que los situados en la cúpula continúen saqueando a la mayoría y a los demás países del globo.
Así suele la extrema derecha hacerle el juego a su contrario.
