Uno de los memes que circulan por ahí dice: “la hormiga, por odiar a la cucaracha, votó por el insecticida. Acabaron todos muertos, incluso el grillo que votó nulo.”
Es tiempo de auto críticas. De no olvidar y aprender del pasado, incluso del pasado inmediato.
Me resulta incomprensible que hechos tan graves, como la muerte de los cuatro niños de las Malvinas en diciembre de 2024, la negligencia gubernamental para prevenir hechos que generaron apagones de abril a diciembre de 2024, el récord de 781 muertes violentas en enero de 2025, la masacre de 22 personas en la Nueva Prosperina en marzo de 2025, el derrame petrolero en marzo de 2025, el ser el segundo país, junto a las personas venezolanas, con gente que migra por el Darién en el 2024, el irrespeto flagrante a la Constitución al impedir que la vicepresidenta asuma el poder, el no pedir licencia para hacer campaña, el repartir fondos públicos en actos populistas en campaña a diestra y siniestra, el irrespeto a la voluntad popular del Yasuní y el Chocó Andino, no le hayan cobrado factura al gobierno. Un año de gestión gubernamental fatal, sin resultados tangibles.
Uno creería que con un año de gestión así, fácil tener una alternativa viable. Pero no. A pesar de estos graves hechos, Noboa ganó la elección.
Creo que dos factores jugaron en contra. El uno es que el gobierno practicó un populismo agresivo. No solo fueron ofertas de campaña sino bonos, kits, camisetas, cartones, cantantes internacionales (a pesar, otra vez, de que está prohibido por las reglas electorales). Para mucha gente será lo único que recibirá del Estado en mucho tiempo y quizá así se explica esta especie de compra de votos que es el populismo político.
Igual de preocupante es que, ante este escenario, la izquierda no haya podido ofrecer una alternativa política creíble y viable para el país.
De lado del correismo escuchamos una propuesta de campaña que se basó en la lógica de un supuesto éxito pasado. Y a esto se sumó una campaña mediática que nos recordó que detrás de ese pasado hubo muertos, violaciones a los derechos humanos, corrupción, irrespeto al estado de derecho, desinstitucionalización, odio, venganza, intereses particulares, división del movimiento social. No bastó el acuerdo con otros sectores de la izquierda, que le puso algo de sal al programa de gobierno. No bastaron los saludos de Mujica, Roger Waters, Residente y las fotos de Luisa con Sheinbaum o Lula.
El correismo y la izquierda requieren una profunda y sincera autocrítica. La izquierda no puede ni debe depender de los caprichos de una persona, por más carismática o inteligente que se crea. Ningún mesianismo es democrático ni salvador. Acaba siendo siempre un autoritarismo ciego y abusador. En otras palabras, espero que Correa tenga la humildad y el valor de reconocer que su tiempo y su tipo de liderazgo no conviene al país, a la izquierda ni a la democracia.
Tampoco la izquierda puede estar desperdigada en mil reivindicaciones identitarias, sin un proyecto que cuestione las bases de la injusticia social y ecológica. El patriarcado, las múltiples formas de discriminación y exclusión social son parte del problema. Ningún dolor humano y natural puede ser indiferente a una propuesta política de transformación, pero creer que la situación de cada grupo humano discriminado es especial y único puede generar dogmatismos, fracturas y aislamiento.
Finalmente, creo que el principal problema que atraviesa el Ecuador, al igual que todas las personas que habitamos el planeta, es el colapso climático. Acá encuentro yo una de las principales diferencias con la derecha. La derecha se basa en la lógica del individualismo liberal, la competencia, la acumulación, el bienestar particular, el estado mínimo, el protagonismo corporativo y el extractivismo voraz. La industria agro-química, la adicción a combustibles fósiles y a la minería son las principales formas de enriquecimiento. Justo lo que nos ha llevado a esta crisis ecológica.
La izquierda tiene que abrazar el respeto a la naturaleza, que es la base de nuestra sobrevivencia, la promoción de la soberanía alimentaria, la agricultura ecológica, el respeto a los territorios y a los derechos de los pueblos indígenas, el sumak kawsay que es una alternativa al discurso falaz de desarrollo y progreo, la garantía de los derechos de la naturaleza, la recomposición del tejido social comunitario, la conciencia de que dependemos de los ecosistemas donde vivimos. Todo esto nos aleja de la derecho y por acá van los lineamientos que nos permitirán superar las múltiples crisis que vivimos.
Una izquierda no ecológica creo que será una propuesta política caduca y poco viable.
Otra diferencia, ahora que el gobierno anuncia una constituyente conformada por “notables”. La izquierda siempre ha tenido como sustento la idea de construir la propuesta política desde abajo. No desde iluminados. Y ese trabajo de base, en comunidades, en barrios, que crean en la gente como un actor social, es imperativo. Al final, la democracia es por definición el poder del pueblo.
Muchos retos y muchas resistencias nos esperan.
