viernes, septiembre 25, 2026
Ideas
Consuelo Albornoz Tinajero

Consuelo Albornoz Tinajero

Profesora universitaria, investigadora y periodista, con un doctorado por la Universidad Nacional del Cuyo, de Argentina.

¿Dirigencia de la Conaie persistirá en la violencia y en boicotear el diálogo?

Los altos conductores de la Conaie persisten en sus visiones ideológicas, sustentadas en principios reiterados por la izquierda más reaccionaria y conservadora, y de espaldas a los problemas reales de los campesinos y pequeños propietarios indígenas.

Las iniciativas en búsqueda del diálogo entre los indígenas y el gobierno nacional ejecutadas por algunas comunidades de Imbabura y por el alcalde de Ibarra contrastan con el empecinamiento por mantener la violencia, expresada por la alta cúpula de la Conaie y sus aliados de la revolución ciudadana y de grupos de izquierda. El 1 de octubre la Federación de los Pueblos Kichwa de la Sierra Norte del Ecuador anunció una tregua temporal en las movilizaciones y su apertura a dialogar con el gobierno. El afán fue rechazado por algunos de los firmantes iniciales y el diálogo no se concretó. ¿Acaso hay una división entre el pueblo indígena y las autoridades de la Conaie?

Son innumerables, por cierto los testimonios de ciudadanos campesinos de Imbabura que denuncian como son obligados a dejar sus labores y a asistir a las acciones de fuerza ordenadas por el dirigente Vargas. Que los amenaza, destruye sus productos y cobra dinero a modo de multas a quienes osan actuar con autonomía es lo que afirman.

Estas no son las únicas expresiones en favor de la paz. La Cámara de Comercio de Cotacachi, la Asociación Interprofesional de Maestros Artesanos Santa Ana de Cotacachi (Aimasac) y la Sociedad de Artesanos de Cotacachi plantearon el dialogo provincial. Su anhelo de volver a trabajar lo señaló el pueblo de Atuntaqui en días pasados. Un similar sentir expusieron los gremios productivos de Imbabura. En las últimas horas se unieron a este pedido varias universidades ecuatorianas, tanto públicas como privadas.

Pero nada parece razonable para la cúpula de la Conaie que no ha aprendido ni siquiera las lecciones de repudio social que mostraron habitantes del campo y de la ciudad respecto de los máximos cabecillas del estallido de 2019 y de la movilización de 2022. Las afectaciones a millones de ecuatorianos en la ruralidad y en las urbes; la destrucción de infraestructura, instalaciones y bienes estatales y de espacios públicos y privados en localidades ecuatorianas, especialmente en Quito, son los antecedentes del miedo que infundieron esos dirigentes. Sin embargo, no parecen haber aprendido de ello pues otro aparente anhelo de los dirigentes nacionales de la Conaie para este 2025 es repetir la destrucción. Con este espíritu atacaron un cuartel policial en Otavalo, dañaron la tubería de agua potable en el cantón Otavalo y arremetieron contra convoyes militares humanitarios que trasladaban alimentos, medicinas y combustibles de Quito hacia Imbabura, incluido el que estuvo liderado por el presidente Noboa y embajadores de países amigos y de representantes de organismos internacionales. No contentos con esta barbarie, algunos dirigentes están amenazando a los “idiotas” y a los “ricos” de las ciudades con impedir el ingreso de alimentos para “matarles de hambre”. ¿Es una lucha de clases? Claro, reiteran en sus intimidaciones pues no admiten, peor asumen, que han cometido actos de vandalismo, calificados de terrorismo por ciudadanos y organizaciones, y que la justicia deberá probar, por cierto.

Es doloroso, por supuesto, el fallecimiento de un comunero en Cotacachi, y repudiable la embestida de varios uniformados a quienes intentaban ayudar a este ecuatoriano. Pero también lo son las agresiones a militares y policías por parte de los manifestantes.

Qué diferencia con la simpatía y adhesión que históricamente consiguieron las movilizaciones de la Conaie hasta 2015. El levantamiento de ese año fue el último movimiento pacífico de la Conaie y la recepción en las ciudades ecuatorianas demostró el respeto y apoyo a sus acciones de resistencia –a las que tienen derecho por supuesto- pues no buscaron dañar a sus compatriotas.

¿Qué cambió entre ese año y 2019 cuando la movilización estuvo cargada de prácticas de violencia y de consignas vinculadas con el llamado comunismo indoamericano, inspiradas en el pensamiento de Juan Carlos Mariátegui y en el accionar terrorista del también peruano Abimael Guzmán?

Esa virulencia se tradujo en el repudio electoral a la candidatura presidencial del ex dirigente Iza, en las elecciones de 2024, quien alcanzó apenas un 5 por ciento, algo más de 500 mil electores, en la primera ronda electoral. Para la segunda vuelta, su electorado, incluido el indígena, se esfumó y no apoyó a la candidata del correismo que recomendaba, sino al actual mandatario. ¿Al indicado dirigente nada le dicen estos datos?

Al parecer no. Los altos conductores de la Conaie persisten en sus visiones ideológicas, sustentadas en principios reiterados por la izquierda más reaccionaria y conservadora, y de espaldas a los problemas reales de los campesinos y pequeños propietarios indígenas de las provincias de la serranía ecuatoriana, a quienes dicen defender y representar.

Su propio accionar los evidencia como perpetradores de violencia ante los ojos de diplomáticos que fueron testigos del irrespeto al derecho a la libre circulación en carreteras y de la desaprensión hacia los estragos que causan en toda la población.

¿Qué prevalecerá?, ¿el deseo de diálogo y de recuperar la tranquilidad como si no nos faltaran a los ecuatorianos sinsabores y problemas de diverso tipo? A ratos parece que los jefes de la Conaie están insuflados de la práctica del priostazgo, según la cual, el prioste elegido, al estar obligado a incurrir en fuertes gastos para financiar una determinada festividad, debe recurrir a sus ahorros, cuando no a endeudarse, con lo cual se iguala en la estrechez con sus compañeros más pobres. ¿Esto quiere la dirección de la Conaie para el Ecuador: igualarnos a todos en la pobreza?

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