sábado, abril 25, 2026
Ideas
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

De alcohol, estudiantes y profesores

Ante este problema, lo único eficaz es la educación y el ejemplo. Hay demasiados hogares alcoholizados y son innumerables los maestros con serios problemas de usos conflictivos de alcohol, algunos incluso de franco y viejo alcoholismo. El sistema calla y oculta.

Cuanto más difícil resulta ir a los orígenes de un mal, más importante se vuelve aquello que es condenado y calificado de malo. Esto es mucho más evidente cuando se vuelven malos tanto el objeto prohibido como aquel que lo posee o lo usa. Para entenderlo mejor, habría que ir a las originales mitologías en las que lo bueno y lo malo nada tiene que ver con el objeto en sí mismo sino con la decisión o voluntad del poder que decide, por si y ante si, lo que debe ser asumido por todos como bueno o malo.

En sí mismas, las cosas no son ni buenas ni malas, simplemente son: como una manzana o un alacrán, un león o un cordero. Al comienzo, todas las cosas fueron buenas. Pero el poder las clasificó en su afán de dominar, juzgar y castigar. 

El poder construyó los Abeles y los Caínes, las dulces manzanas y las fatídicas marihuanas. Los buenos y los malos ladrones. Los buenos y los malos crucificados. Para sostenerse, al poder le interesa que existan héroes y villanos

Todas las cosas son buenas en sí mismas: la rosa y la ortiga, la uva y el cannabis, el ruiseñor y el alacrán. Sin embargo, desde sus propios intereses, el poder bendijo a unas y condenó a otras.        

Hace unos años, el Vaticano hizo pública nueva lista de pecados. Los mismos que se hallan relacionados con los actos y las cosas de la contemporaneidad. Sin embargo, olvidó que el bien y el mal no pertenecen a las cosas. Nada es buen ni malo en sí mismo. Cada sujeto hace sus actos. Y la sociedad, para protegerse, crea valoraciones, unas rígidas y otras flotantes. A veces habla, a veces opta por silencios cómplices.

Tan solo resta un proceso educativo dirigido tanto al profesorado como al alumnado. Es esta la única forma decente, ética y eficiente de dar la cara a un problema que las autoridades suelen esconder bajo la alfombra

Toda valoración ética es extraordinariamente móvil e inestable. Porque nada es bueno ni malo en sí mismo. Lo circunstancial forma parte de todo quehacer humano.

Pertenece a la estética personal y social el cuidado de la salud. Las bebidas alcohólicas no son en sí mismas malas. Incluso algunas, como el vino, forman parte de ciertas liturgias religiosas, como la misa cristiana. 

Las cosas de nuestro mundo no son ni buenas ni malas. Su valor ético está dado por nosotros, dependiendo de las circunstancias. Para el cristianismo, el vino litúrgico se transforma en la representación de la sangre de Cristo. Pero un esposo alcohólico termina convirtiendo en infierno el antiguo bienestar doméstico.

Aunque parezca un sinsentido, es necesario que los adultos, en especial papás y mamás, enseñen a sus hijos el uso sano y adecuado de las bebidas alcohólicas. Para ello, ciertamente son necesarias las palabras oportunas y adecuadas. Con seguridad, lo que realmente servirá de lección sólida y eficaz será siempre el ejemplo. 

Aprender a beber con moderación constituye una de las grandes metas de las nuevas generaciones. En nuestro medio, miles de jóvenes, adolescentes e incluso niños de primaria se hallan ya seriamente involucrados en usos conflictivos de alcohol. 

La familia y el mismo sistema educativo lo saben. Pero no hacen nada. Callan por vergüenza y porque no saben qué hacer. Posiblemente la mayoría de mamá, de papás y también de maestros acuda a la violencia. Todavía se cree la letra con sangre entra.

Ante este problema, lo único eficaz es la educación y el ejemplo. Hay demasiados hogares alcoholizados y son innumerables los maestros con serios problemas de usos conflictivos de alcohol, algunos incluso de franco y viejo alcoholismo. El sistema calla y oculta

Ninguna violencia sirve para curar. Eso de sacar a la supuesta manzana podrida del cesto para que no se contamine el resto es sólo un subterfugio de los poderes inoperantes. Tan solo resta un proceso educativo dirigido tanto al profesorado como al alumnado. Es esta la única forma decente, ética y eficiente de dar la cara a un problema que las autoridades suelen esconder bajo la alfombra.

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