En tiempos de sequía, desperdicio y muerte de los ríos, el agua ya es un privilegio. Pero no debiera serlo. El agua es un derecho y una oportunidad de desarrollo de la comunidad. Esta filosofía ha inspirado el trabajo de la organización española Ayuda en acción en Ecuador. Y en su andanza de 38 años, más de 226.000 personas de 17 provincias han podido cambiar su vida mediante programas en los cuales no han sido beneficiarios pasivos sino socios activos.
Carlos Hernández, geógrafo español y experto en cooperación internacional, vive ya dos décadas en los Andes ecuatorianos y desde 2019 es el Director Nacional de la organización que trabaja en la promoción de los derechos de niñas, niños, adolescentes y mujeres; el desarrollo de cadenas socioproductivas, la movilidad humana y la gestión social del agua.
En este punto, una de las iniciativas más recientes es tan ambiciosa como factible: dotar de agua limpia y segura a 10.000 personas de 21 comunidades de Morona Santiago, Carchi, Azuay y Cotopaxi. Se trata del Reto 10K y justamente en la primera semana de julio serán entregados los primeros sistemas potabilizadores en la provincia suramazónica. Será, literalmente, la primera vez que muchas familias prueben agua de calidad.
El Reto 10K es una apuesta social financiada en un 73 por ciento por la Iniciativa Sumar Juntos, patrocinada por Banco Pichincha, dentro de una cruzada nacional que contribuye con proyectos de dotación de agua potable en las zonas rurales más olvidadas del país. Desde Sumar Juntos se pensó precisamente en Ayuda en acción por su extensa labor en el tiempo y a lo largo y ancho del territorio.

Édgar Herembás, en la parroquia La Libertad, del cantón El Ángel, en Carchi, cuenta como Ayuda en acción apoyó a la comunidad en la potenciación de sus sistemas de potabilización.
Cuando el agua mata…
- 5 de cada 10 personas en zonas rurales no consumen agua limpia.
- 8 de cada 10 niños indígenas no acceden a agua segura.
- 1 de cada 2 niños, niñas y adolescentes no cuentan simultáneamente con agua, sistemas de saneamiento o implementos de higiene.
Las razones sobran. Hernández recuerda que el 36,7 por ciento de niñas y niños menores de cinco años consume agua contaminada. Y en la Amazonía la situación es de mayor vulnerabilidad: el 75 por ciento de hogares con niños menores de cinco años bebe agua no apta para el consumo humano.
De allí que Morona Santiago sea una de las provincias de atención inicial dentro del Reto 10K, pues el 70,2 por ciento de los hogares consume agua contaminada, lo cual incide en que el 25,3 por ciento de niños, entre dos y cinco años, sufran de desnutrición crónica infantil, según la reciente encuesta nacional sobre la materia (2023).

En Malqui, subtrópico de Cotopaxi, Carlos Hernández supervisa los nuevos sistemas de agua potable. Fotos: Cortesía Ayuda en acción
El ciclo virtuoso del agua
Para Carlos Hernández, la ampliación de la cobertura de agua de calidad es un paso clave. De hecho, en los últimos cinco años, 120 sistemas han sido construidos, lo cual ha permitido que 27.000 familias accedan con seguridad al líquido. Y esto potencia la calidad de vida. Flor Martínez, por ejemplo, ya no camina horas hasta el ojo de agua donde bebía su ganado, en los páramos de Puculcay, al oeste de Azuay, para llevar una caneca de agua a su hogar. O en el subtrópico de Cotopaxi, Inés Umaginga ya puede abrir el grifo de su casa, en la comunidad de Malqui, cuando en su niñez el agua llegaba mediante artesanales ductos de caña guadúa construidos por su padre.
Ampliar la cobertura no es la única misión. Ayuda en acción busca dejar herramientas para que las propias comunidades se apropien de la gestión de sus recursos hídricos. Así nace, por ejemplo, la Escuela Nacional del Agua, un programa de formación de dirigentes y usuarios de sistemas de agua potable. Uno de los insumos tecnológicos desarrollados para este proceso de educación comunitaria es el software Sapra, el cual dinamiza el registro de usuarios, permite un seguimiento de volúmenes consumidos y valores recaudados, y transparenta las tareas de facturación o cobro de multas.
De esta manera, 120 juntas han sido capacitadas en administración, mantenimiento técnico y campañas de sensibilización para evitar el desperdicio del líquido o el daño ambiental a fuentes primarias. En esa línea, 650 hectáreas han sido protegidas, tanto en páramos, bosques nativos o zonas de recarga hídrica.
Para Hernández, uno de los secretos para que iniciativas como estas se multipliquen y sostengan en el tiempo es la inclusión de más mujeres en la gestión del agua. Un dato es revelador: solo en el 30 por ciento de juntas hay una mujer tomando decisiones. Frente a ello, hay una experiencia colaborativa estimulante: Mujeres campesinas liderando. Se trata de un programa de adaptación al cambio climático y de tecnificación de la gestión del agua, en el cual participaron mujeres campesinas del Azuay, en sinergia con el GAD de Santa Isabel y la Universidad de Cuenca.
Y si bien el agua es hoy por hoy como un pívot de la gestión de Ayuda en acción, la tarea es integral e integradora, con la articulación de varios actores -públicos, privados y sociales- como una dínamo de desarrollo. Ejemplo: el proyecto que se concentra en las comunidades de San Andrés y Manglaralto, en Chimborazo y Santa Elena respectivamente, en el cual Ayuda en acción y Sumar Juntos vuelven a encontrarse, además de otras ocho organizaciones que vienen de la academia, la sociedad civil organizada y los gobiernos autónomos descentralizados. La Unión Europea y Sumar Juntos cofinanciarán esta iniciativa que apunta a la disminución de la desnutrición crónica infantil, mediante seis acciones principales: mejora de sistemas de agua potable, programas de salud y nutrición, educomunicación con las comunidades, procesos de soberanía alimentaria, acciones de incidencia pública y gestión del conocimiento.
El legado de Ayuda en acción, en suma, constituye una gran cadena de valor que une regiones y generaciones, y que multiplica derechos por oportunidades.
ENTREVISTA
«El acceso al agua es un ejercicio de derechos»

La situación de acceso al agua aún no es tan problemática, tomando en cuenta de que somos un país amazónico. Pero no se puede pretender garantizar el acceso al agua potable sin antes conservar las fuentes primarias. Nosotros lo hacemos junto con la comunidad en el ámbito de la protección del páramo o del monitoreo meteorológico en las zonas.

