viernes, marzo 27, 2026

La Revolución Ciudadana niega a José Serrano y escupe al cielo

En redes sociales, la Revolución Ciudadana toma distancia de su exhombre fuerte y lo relaciona con Lenín Moreno. ¿Una cura en sano o ‘traición con traición se paga’?

Redacción Plan V

Por: Redacción Plan V

La suerte del grupo político Revolución Ciudadana es como la de un sumergible que acumula caliches, en medio de un mar de juicios, acusaciones, dimes, diretes y grilletes. Y su manejo de lo que los expertos llaman comunicación de crisis es cada vez más errático, al punto de rayar en lo tragicómico.

El más reciente capítulo de este ocaso es la negación en redes sociales del exhombre fuerte del correísmo: José Serrano Salgado. Ni Pedro (no Delgado) se atrevió a tanto en los relatos bíblicos. La Revolución Ciudadana sí.

Este tipo de negaciones son, sin embargo, un ejercicio desesperado de escupir para arriba. ¿Cómo se niega a quien encarnaba un pequeño compendio de lo que el correísmo entendía por ley y orden? ¿Cómo el correísmo puede dar un puntapié mediático, incluso con trucaje de inteligencia artificial, a quien veía como su presidenciable en 2021, después del turno de Lenín Moreno (porque lo de Glas y Odebrecht desde entonces era como tapar el sol con un dedo)?

¿Cómo una organización política, con las artes del correísmo, puede serruchar el piso a alguien que era visto como el Fouché del régimen? ¿Tal organización no se da cuenta de que esta traición sería como la explosión de un tatuco y cada esquirla les regresaría como filuda revelación de todo lo que el exmultiministro de Rafael Correa vio, supo y calló sobre la forma de acumular poder por parte de la Revolución Ciudadana?

Cada vez que algún exministro o excamarada correísta cae bajo el peso de la justicia, se echa mano de la “vieja confiable” de señalar que tal sujeto caído en desgracia nunca fue militante, nunca fue afiliado, a lo sumo un infiltrado… Con el caso de Serrano, ese chicle recontramasticado ya no tiene sabor…

Serrano y Correa, desde que coincidieron en el gobierno de Alfredo Palacio, son como un espejo puesto frente a otro espejo. Serrano fue subsecretario de Minas, secretario de Transparencia, ministro de Justicia, ministro del Interior, presidente de la Asamblea… El propio Correa lo veía como sucesor de su «legado», en la talla de Presidente de la República.

Cada vez que algún exministro o excamarada correísta cae bajo el peso de la justicia, se echa mano de la “vieja confiable”, al señalar que tal sujeto caído en desgracia nunca fue militante, nunca fue afiliado, a lo sumo un infiltrado… Con el caso de Serrano, ese chicle recontramasticado ya no tiene sabor…

Pero ahora que las luces de la propaganda se apagan y se encienden más bien los reflectores de varios casos, como el de los fondos del Isspol o el asesinato del candidato presidencial Fenando Villavicencio, la cada vez más pequeña cúpula política del correísmo se apura de decir que Serrano era un alfil de Lenín Moreno. Para ellos, aún supura la herida de la supuesta traición de Serrano al cerrar filas legislativas en favor de Moreno.

¿Hacia quién va dirigido este mensaje? ¿Hacia una cada vez más diezmada militancia, para cohesionar los fragmentos con apelaciones a la lealtad y los principios que, de tan gastadas, ya lucen hasta cursis? ¿Un mensaje de transparencia cuando medio gabinete del correísmo o se ha fugado o ha enfrentado a la justicia, muchos de ellos con cárcel o con procesos en camino, como el del propio Moreno, exvicepresidente durante del correísmo, y presidente entre 2017 y 2021?

Con preocupaciones más judiciales que de evolución política, el correísmo hace de la anticipación una puesta riesgosa para invalidar futuros posibles. Meses atrás, por ejemplo, “algún comedido” empezó a filtrar textos de testimonios anticipados sobre la supuesta participación de figuras del correísmo en el complot para asesinar a Fernando Villavicencio. ¿Una apuesta extrajurídica para invalidar procesalmente lo que se vino después, en las audiencias para identificar a los autores intelectuales de aquel magnicidio?

Negar a José Serrano Salgado antes de que cante el gallo, ¿es para el correísmo una suerte de cura en sano de lo que el exmultiministro, exhombre fuerte, exencarnación del imperio de la ley, pudiera decir sobre la realpolitik de esta organización? Serrano Salgado, debido a sus funciones o, más bien, extralimitándose de ellas, quedó salpicado por hechos complejos como la persecución a Galo Lara, Mery Zamora, Francisco Sampedro, los 10 de Luluncoto, los de Saraguro, los de Cotopaxi. O por el ocultamiento de verdad y la negación de justicia por parte del Estado a Alexandra Córdova, madre de David Romo, joven desaparecido en 2013, cuando Serrano era el ideólogo de una nueva Policía.

En todo caso, es claro que Serrano no es Glas y que el correísmo debe estar comprando valeriana, porque su excamarada bien pudiera conocer detalles tan nimios como, por ejemplo, qué cenó el expresidente Correa la noche del miércoles 24 de mayo de 2017, cuando mocoso y agripado dejó 10 años de poder. No se diga ahora, que uno de sus abogados ha dicho que el exhombre fuerte del correísmo colabora con la Justicia de EE.UU. desde 2019.

Redacción Plan V

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