domingo, febrero 1, 2026

Un S.O.S. para nuestras áreas naturales protegidas

Las últimas semanas las Areas Naturales Protegidas han estado muy presentes en la mesa de debate, debido a que el presidente Daniel Noboa, el 14 de junio de 2025, envío a la Asamblea Nacional, como proyecto económico urgente la Ley orgánica para el fortalecimiento de áreas protegidas.

Por: Anamaría Varea

Frente a la acelerada destrucción del entorno natural y una humanidad que va degradando la naturaleza, la conservación de las áreas naturales protegidas es fundamental, pues son el sustento de la biosfera, la expresión viva y saludable del planeta.

Estas áreas son vitales para el planeta por los servicios ambientales que ofrecen; protegen el agua que tomamos, el aire que respiramos, el suelo en el que crecen los alimentos que nos nutren y resguardan parte del patrimonio cultural y natural. Muchas áreas protegidas han sido declaradas tales en territorios de pueblos indígenas, sin ser estos consultados. Es importante considerar que sin las áreas naturales protegidas, probablemente el desequilibrio ambiental sería mayor y la vida en el planeta podría ser insostenible.


Este desequilibrio ambiental afecta a la naturaleza y obviamente, al ser humano.  Si nos detenemos un momento a pensar en la vida actual, caemos en cuenta que en la cotidianidad vivimos atendiendo muchas cosas al mismo tiempo (multitasking) sumidos en el individualismo, con una inteligencia social que se va apagando, frente a tanta interconexión cibernética a través de los diferentes dispositivos electrónicos: teléfonos, tabletas, computadoras. Al respecto, Byung Chul Han habla de una sociedad que ha perdido la capacidad de habitar el tiempo sin ansiedad, vivimos exhaustos, en la era donde todo debe ser rápido, eficiente y rentable porque se busca una productividad constante. Es urgente recuperar los espacios y el tiempo para el ser, no solo para el hacer. Han habla al respecto en La sociedad del cansancio, El aroma del tiempo y Tiempo de la transparencia.

Áreas protegidas
Foto: Ana María Varea

La sociedad muestra síntomas de Ecopatía, una desconexión cultural y mental con la naturaleza y con los recursos vitales para nuestra sobrevivencia: el agua, el aire, el alimento e inclusive ha perdido la capacidad de percibir e impresionarse frente a la belleza y beneficio que nos brindan los paisajes naturales. Desconexión que trae dolencias físicas y mentales al individuo y a la sociedad.

Reconciliarnos con la naturaleza pasa por descubrir los ecosistemas nativos, lo que es posible en las áreas naturales protegidas. Explorarlas y conocerlas es una oportunidad para conectarnos con sus ciclos, ritmos y dinámicas.

Es tiempo de reconciliarnos con nosotros mismos, con la vida, con la naturaleza. Es tiempo de resistir a la hiperaceleración, de permitirnos contemplar y disfrutar de un ambiente íntegro, sano, biodiverso y libre de contaminación, a fin de replantearnos nuestra relación con la naturaleza.  Somos naturaleza, estamos dentro de su flujo de materia y energía y es fundamental para nuestra vida.

Reconciliarnos con la naturaleza pasa por descubrir los ecosistemas nativos, lo que es posible en las áreas naturales protegidas. Explorar y conocer estas áreas es una oportunidad para conectarnos con sus ciclos, ritmos y dinámicas, que nos transmiten equilibrio y armonía, factores que desaceleran la carrera mental en la que vivimos y nos brindan bienestar.

Compartir en la naturaleza trae un cambio perceptivo inmediato y ofrece beneficios físicos y psicológicos. El campo perceptivo de los colores aumenta; la variedad de verdes, azules, ya sea en los bosques o el mar, ofrecen un descanso mental y psicológico.  Los niveles de oxígeno mejoran en el cuerpo y las vibraciones físicas energéticas en contacto con el entorno, las piedras, ríos, arroyos, reconstituyen la psiquis.

Está comprobado que caminar y contactarse con la naturaleza influye en nuestro equilibrio interior, calma la mente, la despeja y enfoca. Estar en y con la naturaleza nos permite vincularnos con algo que va más allá de nuestro yo, de nuestra propia humanidad, nos conecta con algo más trascendente.

Las áreas naturales protegidas son también importantes para la investigación científica, que es fundamental para expandir el conocimiento sobre los ecosistemas y los impactos humanos en los mismos. La investigación científica proporciona evidencias que respaldan la toma de decisiones en la conservación ambiental.

Estas áreas son también un antídoto frente al colapso climático, absorben carbono de forma natural y ayudan a mitigar sus efectos.

Es urgente proteger estas áreas naturales de manera permanente y mantenerlas intactas para estas y las futuras generaciones.

Áreas protegidas
Foto: Ana María Varea

Visita un área natural protegida

Descubrir los encantos que tienen las Islas Galápagos, aventurarse por los páramos del Cotopaxi o explorar la selva del Yasuní, son sin duda experiencias únicas y transformadoras.  Estas áreas naturales están protegidas y son parques nacionales.

En esta misma categoría, se encuentran otras áreas terrestres o marinas de singular belleza natural, con varios ecosistemas en estado natural y con poca presencia humana como: Machalilla, Podocarpus y Cajas, que también cuentan con ecosistemas con una amplia diversidad de especies, recursos genéticos silvestres y recursos histórico-culturales. Conocer estos territorios y disfrutar de ellos es una experiencia muy especial.

En el país, son muchas las oportunidades para aprender de una gran maestra, la naturaleza. Sangay, Cotacachi–Cayapas, Antisana, Sumaco, Llanganates y Yacuri, son también parques nacionales. En Ecuador hay 14 Parque Nacionales y un total de 76 áreas protegidas, en otras categorías.

Áreas protegidas
Foto: Ana María Varea

¿Cuántos parques nacionales o áreas naturales protegidas has tenido la oportunidad de visitar?

Las áreas naturales protegidas son espacios geográficos, claramente definidos, reconocidos y gestionados legalmente para garantizar la conservación de la naturaleza, sus servicios ecosistémicos y sus valores culturales asociados.  Es prioritario proteger las maravillas de nuestro país y del planeta para estas y las futuras generaciones.

El Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Ecuador (SNAP) tiene 26’208.785,38 has, que corresponden 19.42% del territorio nacional.  Las áreas naturales protegidas están en varias categorías; Parques Nacionales, Reservas Biológicas, Reservas Ecológicas, Reservas de Producción de Flora y Fauna, Refugio de Vida Silvestre, Reserva marina y Area Nacional de Recreación.

El Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Ecuador (SNAP), que es parte del Ministerio de Ambiente, debe garantizar la conservación de la biodiversidad y el mantenimiento de sus funciones ecológicas.  El Estado es responsable de su administración y gestión, es quien asigna los recursos económicos necesarios para su sostenibilidad financiera y debe fomentar la participación de las comunidades, pueblos y nacionalidades que han habitado ancestralmente en algunas de estas áreas.

Áreas protegidas
Foto: Ana María Varea

Un poco de historia

El primer interés de conservación surge en 1934, con las primeras normas legales para la protección del Archipiélago de Galápagos. Hace 66 años (4 de julio de 1959), Galápagos se convirtió en el primer parque nacional del país, por ser un lugar que alberga una biodiversidad extraordinaria y un alto endemismo.  Este esfuerzo pionero de conservación fue un ejemplo para declarar otras áreas protegidas en el Ecuador continental, que conservan una gran riqueza natural. En 1959 se declaró el Parque Nacional Galápagos. En 1966, se creó la Reserva Geobotánica Pululahua y en 1968, la Reserva Ecológica Cotacachi-Cayapas.

En 1976 se inicia el manejo institucional de las áreas protegidas, de acuerdo con la Estrategia preliminar para la conservación de áreas silvestres sobresalientes del Ecuador, que desde un enfoque forestal avanza hacia el de protección y conservación de la biodiversidad. En 1981 se promulgó la Ley forestal y de conservación de áreas naturales y vida silvestre, vigente hasta la fecha. En 1989 se propuso la incorporación del SNAP en los procesos de planificación y ordenamiento territorial y la participación comunitaria en el manejo y gestión de las áreas de conservación.

En 1991 se creó el Instituto ecuatoriano forestal y de áreas naturales y de vida silvestre (INEFAN), adscrito al Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG). Años más tarde, la Comisión Asesora Ambiental (CAAM), adscrita a la Presidencia de la República, estableció los lineamientos para la creación del Ministerio del Ambiente de Ecuador (MAE) en 1996.

En 1992, en Río de Janeiro, se llevó a cabo la Cumbre de la Tierra y se suscribió el Convenio de Diversidad Biológica, de la cual Ecuador es signatario.

En 1998 la Constitución institucionalizó al SNAP y declaró que “el Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas” debe garantizar la conservación de la biodiversidad y el mantenimiento de los servicios ecológicos y estableció el derecho soberano del Estado ecuatoriano sobre la diversidad biológica, las reservas naturales, las áreas protegidas y los parques nacionales.

En 1992, en Río de Janeiro, se llevó a cabo la Cumbre de la Tierra y se suscribió el Convenio de Diversidad Biológica, de la cual Ecuador es signatario y frente a este compromiso debe informar periódicamente cómo cumple y avanza en relación con la conservación de la biodiversidad. En el marco de este convenio, las áreas naturales protegidas son un indicador muy importante de la conservación de la biodiversidad, así como los llamados Territorios de vida, en los que pueblos y nacionalidades indígenas son los custodios de la biodiversidad.

El artículo 405 de la Constitución del 2008 establece que el SNAP tiene como objetivo asegurar la conservación de la biodiversidad y el mantenimiento de las funciones ecológicas. Este sistema está compuesto por subsistemas estatal, autónomo descentralizado, comunitario y privado, siendo el Estado responsable de su dirección y regulación.​

Áreas protegidas
Foto: Ana María Varea

S.O.S. para las Áreas Naturales Protegidas

Las áreas naturales protegidas no han sido prioridad en las agendas políticas de los gobiernos de turno.  Un presupuesto desnutrido ha dificultado responder a las múltiples necesidades en estos vastos territorios; gran parte de los fondos destinados a su conservación han provenido de fondos internacionales.

Si bien se afirma que el 20% del territorio está destinado a la conservación de la biodiversidad, es importante tener en cuenta que estos territorios están amenazados por el extractivismo petrolero, minero, maderero y camaronero. Estas amenazas conllevan la apertura de vías de acceso, el uso inadecuado de sus recursos, el tráfico de especies, pesca ilegal y contaminación. A este panorama poco alentador se suman actividades ilícitas que conllevan inseguridad y violencia.

Las últimas semanas las Areas Naturales Protegidas han estado muy presentes en la mesa de debate, debido a que el presidente Daniel Noboa, el 14 de junio de 2025, envío a la Asamblea Nacional, como proyecto económico urgente la Ley orgánica para el fortalecimiento de áreas protegidas. El proyecto está enmarcado en el conflicto armado interno que decretó Noboa a inicios de 2024 y reconoce que las áreas protegidas se han vuelto espacios vulnerables. El proyecto fue admitido por el Consejo de Administración Legislativa el 17 de junio de 2025. Al ser calificado como urgente, desde esa fecha, la Comisión de Desarrollo Económico ha tenido 30 días para discutirlo y aprobarlo.

Organizaciones de la sociedad civil, ambientalistas y ecologistas, así como organizaciones de pueblos y nacionalidades indígenas se han pronunciado, exponiendo sus preocupaciones, que se han dado a conocer en diferentes medios de comunicación así como en las redes sociales. Algunos puntos sobre los que se hace un llamado de atención en esta ley hacen referencia a la necesidad de: incluir mecanismos para la participación de la sociedad civil y comunidades locales; contar con normas claras de transparencia para el control social sobre el fideicomiso; establecer medidas que brinden las garantías para la protección de defensores/as ambientales y de derechos humanos.

Algunos aspectos que se han resaltado en cuanto a los vacíos que presenta el proyecto de ley son:

Desconocimiento de los pueblos ancestrales, sobre los que se han impuesto unilateral e inconsultamente áreas protegidas. Al menos 10 pueblos indígenas, afroecuatorianos o montubios estarían amenazados por esta propuesta de ley.

Consulta previa, la propuesta de ley debe reconocer la presencia de pueblos indígenas en las áreas protegidas y su derecho a la consulta previa.

Militarización de los territorios indígenas, el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) determina la no militarización de los territorios indígenas. Las comunidades tienen derecho a decidir respecto a los límites de las actividades militares que se realicen en sus territorios.

Participación del sector privado, la privatización de las áreas naturales protegidas es una preocupación mayor que viene desde el sector indígena, de los guardaparques y de las organizaciones

Frente al proyecto de Ley de Áreas Protegidas, la moría de organizaciones ecologistas han manifestado su oposición. VER EL DOCUMENTO EN PDF

ambientalistas y ecologistas. El Ministerio del Ambiente es la entidad responsable del SNAP y el modelo de gestión debe garantizar su autoridad, así como los derechos de las comunidades locales. La creación del Servicio Nacional de Areas Protegidas, autónoma, adscrita al MAE permitiría un mejor manejo y captación de los recursos. Al respecto la Coordinadora Ecuatoriana para la Defensa de los Derechos de la Naturaleza y el Medio Ambiente (CEDENMA) enfatizó que en Ecuador la naturaleza es un sujeto de derechos y que las áreas protegidas “no son activos que se optimizan, son patrimonios que se conservan”.

¡Las áreas naturales protegidas son nuestras!

 

Anamaría Varea

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