No hay duda que en Quito vivimos cambios drásticos, sorpresivos y extremos. Los incendios forestales de este verano nos arrancaron el aire que respiramos. Ahora las fuertes lluvias, generan inundaciones y graves impactos. En el incendio de Guápulo respiramos harto humo, nuestros bronquios y pulmones quedaron ahumados. En las inundaciones, con dolor, constatamos la pérdida de casas, infraestructura y servicios.
Con esta sensación ahumada que atravesó nuestra vida, en estas últimas semanas, en los que Quito, se convirtió en un Patrimonio de la Humaredad, sentí una necesidad imperiosa de cambiar de aire, de respirar aire puro y sanar el alma.
La experiencia me dice que nada mejor que un baño de bosque para una cura emergente. Sin pensar dos veces, me fui para allá, al Chocó Andino. Luego de un par de horas de viaje, una vez más, la marea verde me acogió con un abrazo entrañable y su aire diáfano expandió mis bronquios, limpió mis pulmones, me aclaró la razón y me curó el corazón.
Extasiada contemplé la formación de los ríos aéreos, buceé en la niebla y me llené de humedad. Agradecí su presencia, su biodiversidad, su hermosura y esa fantástica explosión de vida que a cada paso se evidencia en el bosque nublado.

Anturios, orquídeas, musgos, lianas y líquenes ascienden por los troncos de los árboles, llenando cada centímetro de diversidad. Paredes llenas de helechos recogen la humedad del ambiente. En búsqueda de la luz crecen variadas especies y se elevan majestuosas hacia el cielo. Es un paisaje que me maravilla, me sobrecoge y me renueva la energía.
A pocos kilómetros de la capital, en el Distrito Metropolitano de Quito, está el Chocó Andino. Un bioma muy especial a nivel mundial, un punto caliente (hotspot) de biodiversidad, de una belleza sin igual, que cuenta con muchas reservas en las que se puede realizar caminatas, descubrir lugares mágicos, en los que es fácil maravillarse con cascadas, ríos limpios, ojos de agua y bellos senderos para hacerse un buen baño de bosque.

El baño de bosque o Shinrin Yoku, significa «absorber la atmósfera del bosque», es una terapia japonesa. Su teoría y práctica son muy sencillas, no tiene que ver con abrazar árboles o bailar alrededor del fuego, se trata solamente de transitar por los bosques para sentir bienestar, físico, mental y espiritual. Y es una práctica al alcance de todos.
Dado que vivo en la ciudad, para mí esta terapia es parte de mi vida, parte de mi cuidado personal, familiar y comunitario. Cada cierto tiempo tengo que darme un buen baño de bosque, recorrer sus senderos, absorber su atmósfera, permitir que la vida del bosque me atraviese y me re-energice. Ustedes se preguntarán si es así de fácil; pues sí, es así de fácil.
Bucear en la niebla
Llegamos en la tarde, una fina bruma cubría el paisaje y al poco rato una densa niebla no permitía identificar lo que vivía enfrente.
Ahumada como estaba y con el corazón roto, luego de los incendios, decidí bucear en la niebla, permitir que la humedad me hidrate y permee mi existencia.
En el silencio de la tarde me deje abrumar. ¿Qué significa abrumar? Debería significar adentrarse en la bruma. Pero no, cuando decimos que estamos abrumados hacemos referencia a una situación emocional de agobio, tedio, asombro o admiración. Cuando una persona está abrumada, entonces se encuentra tomada por un sentimiento poderoso de angustia, de sorpresa o de hastío. Sin duda, abrumada fue cómo llegué al bosque nublado, luego de experimentar los dramáticos incendios que sufrió la ciudad de Quito, el pasado 4 de septiembre y el 24, 25 y 26 de ese mismo mes.

Al estar frente a la bruma decidí vivir la sensación de estar abrumada, literalmente. Es decir, adentrarme en la bruma, bucear en ella. Bruma que al poco tiempo se hizo niebla. Al convertirse en niebla ¿Debería entonces decir que quería sentirme anieblada? Tenía nublada la razón y el corazón, pero necesitaba trasmutar la sensación, la traumática vivencia de los incendios forestales. Núblame, niebla, le pedí. Con los ojos bien abiertos me dejé llevar, observé los árboles gigantes escondiéndose tras ella, vi cómo de repente aparecían sus bellos contornos, las cordilleras que una tras otra mostraban una poderosa marea verde en el Chocó Andino.

Luego de abrumarme y nublarme, de sentir, vivir y transmutar sensaciones, emociones y vivencias, decidí averiguar en qué se diferencian la bruma de la niebla.
La bruma es ligera y casi transparente, se forma por la suspensión de partículas de agua en el aire, se produce en condiciones de humedad alta y temperaturas bajas, no limita la visibilidad tanto como la niebla. La niebla es más densa que la bruma y limita la visibilidad, también es una suspensión de partículas de agua en el aire. La principal diferencia entre bruma y niebla es su densidad y la cantidad de partículas en suspensión.
Abrumada y (a)nublada, luego de bucear en la niebla e imaginar ese bosque que ya no se veía, de pronto en mi cabeza empecé a escuchar las notas de la canción que Ile (Ileana Mercedes Cabra Joglar) interpreta maravillosamente https://youtu.be/cglgGAMD5-g :Dime algo bonito, y al bosque le pedí,
Dime algo bonito, quiero escuchar algo bonito,
dime algo bonito, quiero escuchar algo bonito.
Con claridad escuche que el bosque me dijo: respira profundo, respira tranquila, la lluvia ya va para Quito…
Ríos aéreos, bosques y naturaleza, en la Reserva de Biósfera
Desde el Chocó Andino esa bruma, esa niebla que abruma y nubla el paisaje de una manera fascinante, es una bendición pues crea nubes que nos traen la lluvia a Quito. El agua que se produce en el Chocó viaja por el cielo hacia acá, a través de ríos aéreos o ríos flotantes, como se los conoce.
Los árboles de los bosques del Chocó Andino liberan humedad a la atmósfera y crean estas corrientes de vapor de agua, estos ríos empujados por el viento llegan hasta la capital y son fundamentales para nuestra vida.
Quienes vivimos en Quito, a diario deberíamos agradecer por esta biorregión que es parte del Distrito Metropolitano de Quito y darle la importancia que merece. Los ríos limpios, hermosos bosques que conservan la biodiversidad y muchas fincas comprometidas con una producción agroforestal, respetuosa con los ciclos ecológicos, son una oportunidad para regresar a ver a la naturaleza, y tener claro que es ahí dónde están las respuestas a desastres, como los que acabamos de vivir en la ciudad. Primero, sequías e incendios y ahora de lluvias e inundaciones.
Es importante tener muy presente que el Chocó Andino fue reconocido por la UNESCO como Reserva de Biosfera (25 de julio del 2018), para impulsar la conservación de la diversidad biológica y cultural con el desarrollo económico y social, a través de la relación en armonía entre las personas y la naturaleza.

Un nuevo despertar
A la mañana siguiente el canto de las aves me despertó. Por dónde regresaba a ver estaba él. Un bosque tupido y frondoso que me invitaba a descubrirlo.
El sol apenas estaba saliendo y tangaras, matorraleros, colibríes y muchas aves más vinieron a saludarnos. No hay duda que observar aves a tempranas horas de la mañana alegra el espíritu.
Luego de un buen desayuno salimos a caminar y nos adentrarnos en el bosque. A cada paso su paisaje cambiante nos devela sus secretos, cada vez que nos detenemos a admirarlo descubrimos algo nuevo, sentimos un soplo vital, mágico, ojalá eterno e infinito. En el bosque nublado los árboles crecen a su gusto, no tienen un patrón, la biodiversidad es fantástica. Con gran admiración y respeto constatamos y apreciamos esta esencia de la vida, esta caótica belleza.
Nuevas sensaciones, percepciones, intuiciones se afinan, mientras avanzamos en nuestro recorrido. Llegamos a un mirador, al punto más alto de nuestra caminata y nos fundimos en una exclamación compartida y asombrada, que se escucha al unísono, el paisaje nos deja extasiadas. Desde ahí contemplamos esta marea verde que cubre la vertiente occidental de los Andes. Nos detenemos para llenar de bosque nuestra mirada, nuestra razón y el corazón.
Un orden caótico, de una belleza única, me trae la voz de Natalia Lafourcade y Esteman, empiezo a dar vueltas y a bailar, como ellos, mientras en mi cabeza suena su canción Caótica Belleza https://youtu.be/jZamukwjmNk y me recuerda que:
Hay cosas en la vida que no se pueden cambiar,
intentos de ordenar a la naturaleza,
pero yo prefiero estar en un lugar donde se da,
un ritmo natural, caótica belleza.
Respetar la voluntad popular
No cabe duda de que la conservación del Chocó Andino es prioritaria para la ciudad, el país y el mundo. Recordemos que el 20 de agosto del 2024, en la consulta popular, el 60% de la población del DMQ se pronunció a favor de proteger el agua y la biodiversidad de esta importante bioregión y por un Quito sin minería. ¡Nuestro voto destaca que no podemos permitir que se destruya una de las zonas más biodiversas del país!
Los resultados favorables de la consulta popular determinan que: en Nanegalito 10.000 hectáreas quedaron libres de la amenaza minera; 6.000 has. concesionadas a la ENAMI y ECUAMIN tienen operaciones suspendidas por irregularidades; para el 2027, más de 3.900 has. saldrán del catastro minero, al expirar sus contrato; ninguna concesión puede ser otorgada tras la consulta popular.
La ciudad se vive y siente descuidada, un poco fuera de sí, un poco caótica, luego de, tristemente, haber sentido que Quito parecía un Patrimonio de la Humaredad y que en estos días, súbitamente, caen fuertes lluvias, inundando barrios y ocasionando graves daños.
Frente a este panorama, es urgente buscar soluciones en el área urbana y regresar a ver a la naturaleza, es urgente hacer que nuestro voto se respete y que sigamos defendiendo el Chocó Andino.
Los baños de realidad que recibimos a diario, nos dejan cada vez más destempladas/os, desconcertadas/os, desubicada/os. Necesitamos urgente una buena dosis de ubicatex.
¿Qué esperas para contemplar la marea verde, bucear en la niebla, descubrir los ríos aéreos y darte un buen baño de bosque?

