Cuando observamos el mapa de Ecuador hay varios rasgos muy marcados con los que nos identificamos. Uno es la cordillera de los Andes que atraviesa el país, verticalmente, formando tres regiones claramente marcadas: Costa, Sierra y Amazonía. Otro rasgo que destaca es la línea imaginaria que lo cruza horizontalmente, la línea ecuatorial. Al observar los Andes y el territorio destacan los volcanes, muchos de ellos nevados, que nos ofrecen paisajes maravillosos, parte de nuestra identidad.
Con el paso del tiempo, ese paisaje ha cambiado. Es evidente el marcado y cada vez más acelerado retroceso de la nieve y del hielo. Cambio que no solo se refleja en los mapas si no que atraviesa nuestra retina, el cuerpo, la mente y el espíritu.
El sustantivo mapa, cuando es participativo, se convierte en verbo. Mapeamos no solo la geografía, sino también el territorio y el cuerpo como parte de él. Mapear mi cuerpo, mi territorio, desde el yo, desde el nosotras/os, implica considerar también las emociones, sensaciones y preocupaciones.
En Memorias del hielo, la obra de Rosa Jijón, que obtuvo el premio Mariano Aguilera, el mapeo comunitario nos mostró realidades. La artista centró su atención en el deshielo del Chimborazo y la pérdida de glaciares. Tejiendo voces, prácticas, emociones y percepciones, alrededor de la pérdida de este glaciar, su propuesta creativa consideró un importante intercambio de saberes y generación de conocimiento. Esto fue posible gracias a espacios de diálogo, en los que convergieron diversas realidades que antes no se habían encontrado y menos colaborado, como la glaciología, el tejido artesanal de alfombras y la memoria social de comunidades que habitan en las faldas del volcán.

Sentipensar comunitario
Ubicándonos en el mapa, nuestro recorrido tenía como destino final la comunidad Palacio Real. Allí tuvo lugar el taller con representantes de algunas comunidades indígenas y campesinas que viven en las faldas del Chimborazo.
Un grupo de personas adultas mapeó el Chimborazo hace 40 años, mientras que un grupo de jóvenes mapeaba cómo es el volcán actualmente. Mientras trazaban sus líneas, conversaban sobre qué significa el volcán para las comunidades.
«Para nosotras el Tayta Chimborazo es como nuestro papá, es un volcán inmenso, es sagrado», dijeron las mayores, mientras las jóvenes asentían con su lenguaje corporal.
«Antes la nieve era hasta bien abajo, aquí vivíamos con harto frío», dijo Marcela, mientras con un marcador azul vestía al volcán con un manto blanco de nieve y hielo.
Mientras en el mapa del grupo de jóvenes era notorio cómo la nieve había retrocedido, la roca era muy visible y estaba descubierta. La lectura de esta cartografía colectiva nos permitió evidenciar los cambios en el Chimborazo y su entorno. Durante el mapeo comunitario también compartieron mitos, ritos, leyendas, historias y canciones que conocían.
«Nos preocupa y nos da mucho miedo, que el Tayta Chimborazo esté así, casi sin nieve», dijo Jenny, del grupo de jóvenes.
«El agua que baja de sus deshielos está cargada de sedimentos, es lodosa, otras veces rojiza. no es buena para nuestros campos ni para los animales, peor para las personas».
«Si el Chimborazo no tiene la nieve y sin el hielo que estaba ahí para enfriarle, el volcán cualquier ratito puede reactivarse y puede erupcionar», dijo Gloria desde el otro grupo de las adultas.
«El agua que baja de sus deshielos está cargada de sedimentos, es lodosa, otras veces rojiza. No es buena para nuestros campos ni para los animales, peor para las personas», comentaron muy preocupadas.
Luego de este mapeo hicimos dos círculos, nos tapamos los ojos con un antifaz e, imaginando que éramos hieleras/os, subimos al Chimborazo y yo me uní a ellas. Hicimos este viaje, a través de una visualización, en la que honramos a Baltazar Ushca (1944 – 2024), el último Hielero del Chimborazo. Luego de hacer tres respiraciones profundas para estar en presencia plena, visualizamos la inmensidad del volcán (6.263msnm). Escuchamos risas nerviosas que denotaban cierto temor frente a lo que venía. No se preocupen, no se asusten, no tengan miedo, esta actividad es segura, respetuosa y no implica ningún riesgo para ustedes, les dije para tranquilizar sus ánimos.
Hoy, vamos a caminar al volcán, visualicemos el camino que tenemos que recorrer. Empezamos a caminar, a subir, subir y subir, al ratito sentimos el corazón agitado y las piernas pesadas. Algunas personas ya habían hecho este recorrido y sabían que era muy duro. A pesar de las dificultades, la meta era llegar hasta el hielo, hasta los glaciares. Estábamos cansadas, nos faltaba el aire, sin embargo, la energía del grupo nos animaba, nos daba fuerzas para seguir. Decididas a continuar con el trayecto caminamos más despacio. Luego de varias horas, finalmente, llegamos al glaciar. Estábamos muy emocionadas, sonreíamos, nos abrazábamos y compartíamos la alegría por llegar a la meta.


Todavía con el antifaz, siguiendo los lineamientos de la actividad, extendieron sus manos hacia adelante con las palmas hacia arriba, recibieron un trozo de hielo en sus manos para sentir, oler, escuchar, saborear y percibir como se desleía el hielo viento que decía que el volcán necesita ayuda, que estaba sufriendo porque se desleía y no podía hacer nada.
«Estoy deshielándome», nos dijo el Chimborazo.
Manifestaron que querían acogerlo, retenerlo y no podían, se seguía desliendo. Poco a poco se levantaron los antifaces, el viaje había concluido.
Luego de viajar hasta el glaciar y conectarse con el hielo imaginaron que eran el glaciar. Con dos bloques de hielo al centro creamos dos círculos, en los que compartieron sus propuestas y compromiso con la conservación del Tayta Chimborazo.
«Al imaginar que soy glaciar, pude sentir como estaba deshielándome y nada podía hacer», dijo Gaby con tristeza.
«Vamos a reforestar, cuidar los páramos y bosques».
«Debemos dejar de botar químicos a los cultivos».
«Es importante que disminuyamos el uso de plásticos».
«Tenemos que evitar las quemas del pajonal».
«Hay que pedir a las autoridades que respeten las áreas protegidas, las áreas comunitarias».
«Claro, no pueden seguir haciendo concesiones mineras en las zonas de conservación».
Al día siguiente el sol brillaba, sin embargo, una capa de nubes tapaba la cima del volcán. De pronto, sopló un viento fuerte, las nubes se disiparon y lo vimos. Era impresionante, casi no tenía nieve, el Chimborazo estaba casi desnudo.
Fuimos a las faldas del volcán para hacerle una ofrenda. Inés, nuestra guía comunitaria, pidió permiso al Tayta Chimborazo para que nos dejara pasar. En el arenal, Julián, el tayta que nos guió en la ceremonia, prendió el fuego, luego con su bastón de mando dibujó una chakana y la delineó con pétalos de rosa. Colocó las ofrendas y compartieron sus intenciones y deseos, compromisos y propuestas. Convocó a los cuatro elementos, agua, aire, fuego y tierra y dirigiéndonos a cada punto cardinal, pidió para que el Chimborazo recuperé su glaciar y para que se fortalezca el compromiso para revertir este deshielo.
Los efectos de la crisis climática se mostraron frente a nosotros, nos atravesaron, nos conmovieron, nos dejaron perplejas.


Deshielo acelerado
Para los pueblos indígenas, los glaciares tienen un profundo significado cultural y espiritual y se consideran espacios sagrados. Su pérdida implica la desaparición del patrimonio cultural y de prácticas espirituales reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Al igual que en el Chimborazo, en todo el mundo, los glaciares están disminuyendo rápidamente debido al cambio climático. Aproximadamente el 70 % del agua dulce mundial se almacena en glaciares y capas de hielo, por lo que es fundamental preservarlos para la sostenibilidad ambiental, la estabilidad económica y la salvaguardia de culturas y medios de vida.
El 2024 fue el año más caliente y se dieron varias alertas rojas sobre el clima y el retroceso de los glaciares. En el 2023 se reportó la mayor pérdida de hielo en los glaciares, en las cinco décadas de las que se tienen registros. El derretimiento del hielo y de los glaciares afecta la seguridad hídrica para millones de personas.
Es urgente crear conciencia sobre la función vital que desempeñan los glaciares, la nieve y el hielo en el sistema climático y el ciclo del agua, así como los impactos de gran alcance del deshielo acelerado de los glaciares. El 2025 fue declarado por la UNESCO y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) el Año Internacional de la Conservación de los Glaciares, para proteger el hielo, recurso vital que abastece de agua dulce a más de dos mil millones de personas.[1]
Estas antiguas formaciones de hielo no son solo agua congelada, son los guardianes de la historia climática de nuestro planeta, la fuente de vida de miles de millones de personas y lugares sagrados para muchas culturas. Su rápida desaparición es un crudo recordatorio de que debemos actuar ahora.
Audrey Azoulay
Directora General de la UNESCO
Memorias del hielo
De regreso a Quito, nos sumergimos en Memorias del hielo. La obra busca desencadenar correspondencias, eventos y no eventos que abren oportunidades o posibilidades diversas que se cristaliza en una alfombra de grandes dimensiones, tejida a mano, en Guano, que ofrece una multiplicidad de interpretaciones de prácticas, en las cuales diferentes mundos se encuentran, sin perder su propia especificidad y sin renunciar a su unicidad. La colaboración de varios actores e instituciones da cuenta de todas las alianzas que se tejieron para lograr esta obra colectiva, ampliando el territorio del arte contemporáneo, fortaleciéndolo y democratizándolo, como afirma Rosa.[2]
Entrar en la sala 2 del Centro de Arte Contemporáneo, CAC, nos confronta con la pieza central de la obra, la alfombra que representa –con un gráfico científico– el proceso del deshielo del glaciar del Chimborazo. Un archivo visual y documental es también parte de la obra y destaca el proceso creativo y participativo. Este encuentro, invita a hacer observación contemplativa, que sin duda, emociona, conmueve y preocupa.

Cuando el arte sale a la luz despierta una emoción y surge una forma de comunicar que nos deja sin palabras. La belleza que adquirió la alfombra, a través de la investigación, del trazo, el tejido, la forma, el color y el compartir, manifiesta claramente que: la salvación de lo bello, es la salvación de lo vinculante; a través de lo bello resplandece lo terrible, el desastre; la belleza no está en lo individual si no en lo comunitario; la belleza no es adorno, ni consumo, es una forma de existencia y de resistencia, como afirma Byung-Chul Han en La salvación de lo bello.
Conmueve y sorprende como el arte, dando un cambio de sentido a las cosas reales, con una metáfora, invita al espectador a ser partícipe de la instalación. Esta alfombra embellece y remueve nuestro sentir, nos hace tratar de entender y de buscar respuestas, frente a este preocupante retroceso de los glaciares [3] que nos presenta un Futuro Líquido.[4]
Anamaría Varea
26/05/2025
[1] La UNESCO y la OMM inauguran el Año Internacional de la Conservación de los Glaciares 2025 | UNESCO
[2] PROYECTO MEMORIAS DEL HIELO: PRESENTACION JIJON en Vimeo
[3] https://www.instagram.com/p/DJIFjXfO4S3/?igsh=dW1oejQ1cDY5em9w
[4] https://www.instagram.com/p/DJXaokdpiVW/?igsh=cWIyYjNzcHQ0cHZz
