La polarización política es el signo de nuestros tiempos, independientemente de la región del mundo de la que hablemos. Es el caso de la República de Corea —conocida como Corea del Sur— que el martes 3 de junio acaba de celebrar elecciones. Pasaron exactamente seis meses desde que el 3 de diciembre de 2024, alrededor de las 23h00, el depuesto presidente Yoon Suk-yeol declarara la ley marcial. Yoon se declaró dictador y lo justificó con la amenaza de Corea del Norte que, según él, intentaba invadir el territorio del sur, cuestión que nunca se pudo corroborar. Pocas horas después retiró el decreto, en vista de la masiva protesta popular pese a las altas horas en que esto sucedía, y a una accidentada votación de la Asamblea Nacional (los parlamentarios tuvieron que trepar paredes, romper ventanas, enfrentarse a las fuerzas armadas y la Policía para entrar al hemiciclo) que concluyó pasada la 01h00 del 4 de diciembre, declarando inválida la ley marcial.
Desde entonces en Corea del Sur se ha vivido una enorme inestabilidad política, con no pocos procedimientos institucionales para, finalmente, poder llamar a elecciones. Ello incluyó la posterior y definitiva destitución de Yoon, el 4 de abril, luego de que se atrincherara en la residencia presidencial que finalmente, semanas después, fue allanada por la fuerza policial. Antes, el exministro de Defensa, Kim Jong-hyun, intentó suicidarse en la cárcel, donde terminó bajo el cargo de insurrección. Yoon enfrenta ahora el delito de conspiración, que en Corea es castigado con cadena perpetua o pena capital.
Para Lee Jae-myung —el demócrata que acaba de ganar la presidencia— en cambio, este evento fue clave para catapultar su carrera hacia la Casa Azul. La noche del 3 de diciembre, fungiendo como asambleísta, tras el anuncio de ley marcial salió de su casa hacia la Asamblea Nacional transmitiendo en vivo. Al llegar, trepó la valla y se coló en el edificio, todo streaming, liderando a los asambleístas del Partido Demócrata que luego impulsaron la votación contra el decreto de Yoon. El resto es historia.
Este momento Lee Jae-myung cuenta con mayoría en la Asamblea, lo que le da comodidad para impulsar reformas. Pero su mayor reto será enfrentar la polarización que atraviesa la sociedad coreana.
Lee Jae-myung ganó la presidencia con un 49,2% de los votos, superando al candidato del conservador Partido del Poder Popular, Kim Moon-soo, que alcanzó un nada despreciable 41,5% de los votos. Todo esto, con una participación histórica del 79,4%, la más alta en 28 años. Este resultado demuestra una polarización que no es nueva; como tampoco era nuevo en estas lides el flamante presidente. Se había postulado a la presidencia por el Partido Demócrata en 2017 y en 2022. En esta última perdió con el hoy defenestrado Yoon por solo un 0,7%. Está claro que Yoon tuvo una victoria pírrica y un sombrío final.
Pero Lee tiene ya una larga carrera política. Fue alcalde de su ciudad, Seongnam, en 2010, reelecto en 2014. En 2018 renunció a la alcaldía para postularse a la gobernación de la provincia de Gyeonggi, la más populosa del país. Ganó y estuvo en el cargo hasta 2021, dejando el cargo para presentarse a la presidencia, como candidato oficialista. Al perder la presidencia, en junio de 2022 se candidatizó a la Asamblea Nacional, ganando la curul que ocupó hasta 2025.
Este momento Lee Jae-myung cuenta con mayoría en la Asamblea, lo que le da comodidad para impulsar reformas. Pero su mayor reto será enfrentar la polarización que atraviesa la sociedad coreana. Y no será fácil, pues él mismo es una figura profundamente polarizadora. Y es que, con una carrera política como la suya, no son pocos los escándalos y estigmas que lo acompañan.

Por sus ideas progresistas ha sido el Bernie Sanders coreano. Entre ellas estaban la de crear una renta básica nacional —para superar la pobreza y favorecer el consumo— y la de bajar la jornada laboral a cuatro días y medio por semana. Pese a que en regiones como Europa occidental estas son más bien propuestas comunes, ya asumidas por muchos países, en un país como Corea que, por su raigambre confucionista fundamenta la vida en el trabajo duro, ambas propuestas no solo son rupturistas sino descabelladas. Para un coreano recibir dinero sin trabajar es inconcebible, injusto e inmoral. Igualmente, trabajar menos horas o días por semana es indigno, pues un buen coreano es, fundamentalmente, por su país y por su familia, un buen trabajador…
Lee también ha sido comparado con Trump, por su activa presencia en redes sociales y porque sus seguidores son profundamente apasionados. Él mismo reconoció en una entrevista con The Wall Street Journal, en diciembre de 2024, “algunas personas me llaman el Trump de Corea… Y es que soy un realista, más que un partidista”.
Lee ha pronunciado declaraciones polémicas respecto a la política exterior de Corea, mismas que, considerando el escenario geopolítico actual, resultan desconcertantes.
Más allá de estas comparaciones, también polarizadamente extremas, desde hace tiempo el Partido Demócrata de Lee propone una reforma del sistema judicial que incluye aumentar de manera significativa el número de jueces de la Corte Suprema, de 14 a 30. Es decir, de realizarse, más del 50% de jueces serían seleccionados en el periodo de su mandato. Así mismo, propone una enmienda al Código Penal para suspender los juicios penales en curso contra un presidente electo durante su mandato. Ambas medidas resultan muy polémicas, tanto más que Lee tiene en curso varias causas judiciales. Ha sido salpicado con casos de corrupción inmobiliaria durante sus alcaldías y, más recientemente, fue acusado por mentir en uno de los juicios políticos para poder librarse y entrar a la campaña presidencial. Huelga decir que ambas reformas le caerían como anillo al dedo.
Pero no es todo. Lee ha pronunciado declaraciones polémicas respecto a la política exterior de Corea, mismas que, considerando el escenario geopolítico actual, resultan desconcertantes. Ha afirmado, por ejemplo, que “la cooperación con los EE.UU. y Japón es esencial, pero no debemos poner todos los huevos en una sola canasta”. ¿Será este un anuncio de una política más allegada con China? No es descabellado, tomando en cuenta que, pese a que Corea del Sur está desde el final de la Segunda Guerra Mundial alineada con EE.UU., China es su principal socio comercial, siendo clave en la industria y la comercialización de microchips. También ha aseverado, “por qué debe importarnos tanto si China y Taiwán entran en conflicto, si podemos decir ‘xie xie’ (gracias en español) a China y ‘xie xie’ a Taiwán y llevarnos bien con ambos”. Huelga decir que esto resulta una fuerte provocación y no solo para los coreanos, sino para los propios chinos, a quienes en sus otras declaraciones les hacía un guiño. Como fuere, dicho lo dicho queda claro que, si China invadiera Taiwán, Lee miraría hacia otro lado… Esta no es una buena noticia para la alianza tripartita con EE.UU. y Japón.

Pero estos son tiempos no solo de polarización sino de rupturas del orden multilateral. En efecto, el acercamiento de Corea con China no solo tiene que ver con una perspectiva pragmática de Lee, sino del efecto Trump. Su guerra arancelaria focalizada con China pero, en general, contra todos aquellos países que el presidente estadounidense considera competidores con la tecnología de EE.UU. ha hecho que, por primera vez, se dé un acercamiento entre las tres potencias económicas del este de Asia: China, Japón y Corea del Sur.
Es éste precisamente el mayor reto en la política exterior que enfrenta Lee Jae-myung en su mandato, el incierto escenario comercial global generado por la administración Trump. Es paradójico, tomando en cuenta que EE.UU. ha sido el histórico aliado de Corea del Sur, que, con su apoyo, salió de la extrema pobreza en que se encontraba después de casi medio siglo de colonización japonesa y de una cruenta guerra, la Guerra de Corea (1950-1953), donde millones de civiles perdieron la vida. Además de la industrialización, el comercio internacional ha sido la clave para el denominado Milagro del río Han, por lo cual, un escenario de incertidumbre y caos comercial global es para Corea una amenaza existencial.
El tiempo, las políticas y las decisiones del gobierno de Lee Jae-myung escribirán esta historia durante los próximos cinco años en el lado sur de la península con la “Zona Desmilitarizada”[1] más militarizada del mundo.
[1] El paralelo 38 que divide Corea del Norte y Corea del Sur, donde se encuentra la Zona Desmilitarizada de Corea, una franja de 4 kilómetros, dos hacia el norte y dos hacia el sur. Allí se encuentran los edificios donde se firmó el armisticio entre Corea del Norte y la ONU, que puso fin a la Guerra de Corea en 1953, conocido como el Armisticio de Panmunjom. En inglés es conocida como DMZ por sus siglas, de Demilitarized Zone).

