jueves, abril 30, 2026

Ataques de Israel e Irán: nuevo capítulo de la crisis de Medio Oriente

Por: Ugo Stornaiolo

La crisis bélica entre Israel e Irán ha alcanzado niveles alarmantes en los últimos días, con ataques y represalias que ha dejado cientos de víctimas y causan preocupación a escala internacional. Este conflicto, que algunos consideran un potencial detonante de una guerra a escala mundial, tiene raíces profundas en la historia de la región y en las tensiones geopolíticas entre ambos países.

El ejército de Israel ha realizado una serie de ataques contra instalaciones nucleares y otros objetivos militares en Irán en el marco de la llamada Operación León Naciente. En una declaración televisada tras el inicio de los ataques, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, dijo que el objetivo era «contrarrestar la amenaza iraní a la propia supervivencia de Israel» y advirtió que la ofensiva se extendería el tiempo que sea necesario.

Ataques de Israel e Irán: nuevo capítulo de la crisis de Medio Oriente
Llamas en una instalación de almacenamiento de petróleo después de que aparentemente fuera blanco de un ataque israelí, en Teherán, Irán, la madrugada del domingo 15 de junio
de 2025. Foto: AP Vahid Salemi

«Hoy, Irán está más cerca que nunca de obtener un arma nuclear. Las armas de destrucción masiva en manos del régimen iraní representan una amenaza existencial para el Estado de Israel y una amenaza significativa para el resto del mundo», dijo. La respuesta iraní no se hizo esperar, con decenas de misiles balísticos lanzados hacia Israel, en lo que describió como el inicio de su «respuesta aplastante» a los ataques israelíes. Algunos de los misiles iraníes han golpeado objetivos civiles en Israel (incluso en hospitales y zonas residenciales) doblegando el sofisticado sistema de defensa de la “cúpula de hierro”.

Sin una salida clara, esta guerra “podría durar semanas. Ninguno de los dos países tiene la intención de detenerse, y no hay ninguna vía obvia hacia la victoria absoluta de cualquiera de las partes. Mucho dependerá del presidente Trump”, advierte Patrick Kingsley en su columna en The New York Times.

Las escaramuzas entre los dos países tienen antecedentes históricos. La doctrina de los ayatolas que gobiernan Irán bajo un régimen teocrático, tras la caída del Shá Mohammed Reza Pahlevi en 1979, ha sido desde que estaba vivo el ayatola Rujola Khomeini, “desaparecer a Israel del mapa”. Irán es catalogado como uno de los países que más incumple los tratados internacionales y entre ellos, el de No Proliferación Nuclear (TNP), aunque sus autoridades insisten que su energía nuclear es usada para fines pacíficos.

La doctrina de los ayatolas que gobiernan Irán —bajo un régimen teocrático tras la caída del Shá Mohammed Reza Pahlevi en 1979— ha sido desde que estaba vivo el ayatola Rujola Khomeini, “desaparecer a Israel del mapa”.

El año pasado hubo breves enfrentamientos entre Israel e Irán que terminaron rápidamente, sin dejar de lado las amenazas de parte y parte. El motivo, entonces, fue que Irán financiaba a los grupos integristas palestinos de Hamás y Hizbullah. Pero esta vez, ambos países ratifican que el enfrentamiento durará el tiempo que haga falta, sin olvidarse de los intereses que algunas de las potencias mantienen en este diferendo.

Por un lado, EE.UU., que no deja de apoyar a Israel, especialmente desde la llegada al poder de Donald Trump, quien sostiene a su amigo, el primer ministro Benjamín Netanyahu. Por el otro lado, los intereses chinos y rusos apoyando al régimen teocrático mientras se pueda. Esto no detiene el miedo en las calles y refugios de las principales ciudades de los dos países, cuyos habitantes tienen que abandonar su vida habitual para salvar sus vidas. Por otro lado, “los perros de la guerra”, los traficantes de armas siguen haciendo grandes negocios y colocando sus misiles en ambas partes del conflicto.

Los objetivos de esta guerra

Para Israel es crucial destruir el programa de enriquecimiento nuclear iraní, por eso los sucesivos ataques con drones han sido contra esas instalaciones. Los iraníes, en cambio no muestran tener ninguna intención de poner fin a sus propósitos. Lo que muchos analistas temen es que se produzca una escalada en otras naciones con armamentos nucleares listos para ser lanzados contra los países enemigos.

“Estamos a semanas, más que a días, de que esto termine”, declaró al New York Times Daniel B. Shapiro, quien hasta enero supervisaba los asuntos de Medio Oriente en el Pentágono. “Israel seguirá hasta que, de un modo u otro, Irán ya no tenga capacidad de enriquecimiento”, añadió Shapiro, hoy parte del Atlantic Council, un grupo de investigación con sede en Washington.

El aparentemente fácil ataque israelí al principal centro de enriquecimiento nuclear de Irán en Natanz, centro del país, no fue tan efectivo porque no se hizo con bombas “antibúnker” (de fabricación estadounidense), las únicas que sirven para destruir un centro subterráneo más pequeño, ubicado en las profundidades de una montaña cerca de Fordow, norte de Irán. Los funcionarios israelíes esperaban que sus ataques contra otros objetivos hagan suficiente daño como para motivar a Irán a finalizar las operaciones en Fordow de manera voluntaria.

Sin embargo, el más reciente ataque, que fue atribuido a las fuerzas militares estadounidenses, logró el objetivo con ese tipo de bombas, afectando la posición iraní para negociaciones posteriores. Cuando Israel comenzó su ataque contra Irán, el presidente Donald Trump mantuvo su distancia. Pero pronto puso en marcha una amplia misión de bombardeo. Como sostiene The New York Times: “Trump había pasado los primeros meses de su gobierno advirtiendo al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, contra un ataque a Irán. Pero en la mañana del viernes 13 de junio, horas después de los primeros ataques israelíes, Trump había cambiado de tono”.

En las calles de Teherán, muchos habitantes sostienen que “al gobierno no le importan nuestras vidas”. Hay dolor por las bajas civiles pero poca compasión por los comandantes.

Pero, lejos de dejar de lado sus planes, el país persa hace llamados a su población para defenderse y hace denuncias ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Por el momento, el espacio aéreo iraní sigue recibiendo ataques israelíes. Y aunque Israel espera provocar su colapso, el gobierno iraní mantiene el control y conserva reservas de misiles balísticos. Lo que sí parece complicado es que se caiga el régimen de los ayatolas y se restablezca una democracia estilo occidental, como proclama el hijo del Shá, Reza Pahlevi. Lo cierto, de acuerdo con analistas es que, luego de este enfrentamiento, se ha debilitado su posición, pero las Guardias Revolucionarias aún mantienen el control de la población.

Ataques de Israel e Irán: nuevo capítulo de la crisis de Medio Oriente
Bombarderos B-2 estuvieron involucrados en los ataques estadounidenses. Foto referencial. Archivo Wikipedia

Las miradas ahora se posan en el presidente estadounidense Donald Trump. A diferencia de Israel, EE. UU. tiene las municiones y aviones necesarios para destruir Fordow. Analistas como Shapiro señalan que Trump consideró esta posibilidad al comprobar que Irán ha acelerado sus esfuerzos para construir una bomba nuclear en vez de llegar a un acuerdo. De esta manera puede ser más fácil para Trump intervenir sin graves consecuencias para la seguridad, dado que los ataques de Israel ya han afectado las capacidades defensivas de Irán.

Otros analistas sostienen que que Trump ha tratado de impedir la confrontación directa con Irán, a menos que el ejército iraní desplace sus ataques de Israel hacia intereses y personal estadounidenses en Medio Oriente, reduciendo el margen de maniobra de Trump. Irán evita dar ese pretexto para que EE. UU. se involucre y también evita atacar a algunos de sus aliados en la región (Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos). Para Trump, los avances militares de Israel sobre Irán posibilitarían presionar al régimen de los ayatolas para que desista de su programa nuclear, algo que Trump tiene en su agenda hace varios meses.

Esas conversaciones se estancaron cuando Irán se negó a dar marcha atrás pero ahora, sometido por los ataques de Israel, podría hacer concesiones. Algunos analistas afirman que Trump podría presionar a Israel para que detenga sus ataques, siempre y cuando considere que Irán es más flexible.

Aunque parece improbable, dicen los expertos, un giro así tendría antecedentes históricos. Los dirigentes iraníes llegaron a un arreglo igual de inesperado al final de la guerra Irán-Irak en los años 80, tras rechazar muchas ofertas para acabar la conflagración. El ayatolá Khomeini acabó aceptando un acuerdo cuando los costos de la guerra se volvieron altos. Eso esperan Israel y EE. UU. Pero también puede suceder que, para que esto pase, transcurran algunos años, como ocurrió en la guerra antes citada.

Mientras tanto, en las calles de Teherán, muchos habitantes sostienen que “al gobierno no le importan nuestras vidas”. Hay dolor por las bajas civiles pero poca compasión por los comandantes. Estos acontecimientos son el último episodio de una vieja enemistad.

¿Enemigos por siempre?

Las tensiones entre Israel e Irán han sido constantes por décadas, con episodios de enfrentamiento indirecto a través de grupos aliados. Irán ha apoyado a organizaciones como Hezbolá y Hamas, mientras que Israel ha llevado a cabo operaciones militares contra objetivos iraníes en Siria y otros lugares. La rivalidad se ha intensificado debido a las preocupaciones de Israel sobre el programa nuclear iraní, objeto de sanciones y negociaciones internacionales.

Israel e Irán llevan años de una rivalidad sangrienta cuya intensidad fluctúa de acuerdo con el momento geopolítico. Esta es una de las fuentes de inestabilidad en Medio Oriente. Para Teherán, Israel es el “pequeño Satán”, aliado en Medio Oriente de EE. UU., al que llaman el “gran Satán”. Israel acusa a Irán de financiar grupos “terroristas” y perpetrar ataques contra sus intereses motivado por el antisemitismo de los ayatolás.

La rivalidad entre estos “archienemigos” ha dejado muchos muertos, como resultado de acciones encubiertas que ninguno de los gobiernos admite. La tensión entre ambos, sin embargo, llegó a niveles inusitados a partir de los ataques de la milicia palestina de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023 cuando murieron 1.200 personas y fue el punto de partida de la actual guerra en Gaza.

Ataques de Israel e Irán: nuevo capítulo de la crisis de Medio Oriente
Una mujer en un memorial para los asesinados y secuestrados en el ataque del 7 de octubre del 2023 perpetrado por el grupo palestino Hamás contra Israel. Foto tomada cerca del kibbutz Reim, en el sur de Israel, el 13 de mayo del 2024. Foto: AP / Leo Correa

Desde entonces, Israel ha estado combatiendo a los aliados de Irán en Medio Oriente -Hamás en Gaza, Hezbolá en el Líbano y los hutíes en Yemen-. El cambio más significativo es que ahora, por primera vez, Israel e Irán se han lanzado mutuamente ataques directos. Sin embargo, a lo largo de la historia, estos dos países no siempre estuvieron enfrentados.

Incluso, las relaciones entre Israel e Irán fueron bastante cordiales hasta que en 1979 la Revolución Islámica de los ayatolás llegó al poder en Teherán. Aunque Irán se opuso al plan para la partición de Palestina que desembocó en la creación del Estado de Israel en 1948, fue el segundo país islámico en reconocerlo, solo después de Egipto.

Teherán tejió una red llamada “eje de la resistencia”, con el Líbano, Gaza, Irak, Yemen y Siria. Pero esta ha sufrido derrotas en el último año y medio tras la caída del gobierno de Bashar al Asad en Siria.

Irán entonces era una monarquía donde reinaban los shás de la dinastía Pahleví y este país era uno de los aliados de EE. UU. en Medio Oriente. El fundador de Israel y su primer jefe de gobierno, David Ben-Gurion, buscó y consiguió la amistad iraní para neutralizar el rechazo al nuevo estado judío de sus vecinos árabes.

Fue en 1979 cuando la Revolución de Ruhollah Khomeini derrocó al shá e impuso una república islámica teocrática que se presentó como “defensora de los oprimidos” y basó su modo de ser en el rechazo al “imperialismo” de EE.UU. y de su aliado Israel.

El nuevo régimen de los ayatolás rompió relaciones con Israel, no reconoció los pasaportes de sus ciudadanos y se apoderó de la embajada israelí en Teherán para cedérsela a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), encabezada por Yasser Arafat, que entonces luchaba por un Estado palestino contra el gobierno israelí.

Khomeini empezó a reivindicar la causa palestina como propia y las grandes manifestaciones pro-palestinas con apoyo oficial eran habituales en Teherán. La hostilidad israelí hacia Irán inició luego, en los ´90, porque la verdadera amenaza para el estado judío provenía del Iraq de Saddam Hussein.

El gobierno israelí fue uno de los mediadores en el llamado caso Irán-Contras,  programa encubierto por el que EE. UU. desvió armamento hacia Irán para que lo use en la guerra contra el vecino Iraq entre 1980 y 1988. Poco después Israel empezó a ver en Irán a una de sus amenazas.

Irán también tiene como uno de sus principales oponentes a Arabia Saudita, la otra gran potencia regional. Irán es un país persa y chiita en un mundo islámico de mayoría sunita y árabe. Muchas organizaciones y grupos integristas de la región se alinearon con Teherán, como la libanesa Hizbullah o la palestina Hamás, catalogadas como “terroristas” por EE. UU. y la UE.

Teherán tejió una red llamada “eje de la resistencia”, entre el Líbano, Gaza, Irak, Yemen y Siria. Pero esa red ha sufrido derrotas en el último año y medio tras la caída del gobierno de Bashar al Asad en Siria y el debilitamiento de Hamás y Hezbolá en las guerras de Gaza y Líbano. Israel no ha dudado en atacar muchos de los países donde tienen su base los grupos integristas -el Líbano y la franja de Gaza-, pero la diferencia ahora es que los ataques fueron directamente al país persa, acusado de financiar a esos grupos.

El conflicto entre Irán e Israel ha sido descrito como una “guerra en la sombra” porque ambos países se atacaron mutuamente sin que, en muchos casos, ninguno de los dos gobiernos admitiera su participación.

Hasta abril de 2024, tanto Irán como Israel habían evitado elevar sus hostilidades y los combates a gran escala, pero esto cambió con el lanzamiento de decenas de drones y misiles de Teherán contra Israel.

En 1992, la Yihad Islámica, afín a Irán, voló la embajada israelí en Buenos Aires, con 29 muertos y dos años después se atribuyó a autoría iraní el atentado contra la Mutual Israelí AMIA en la misma ciudad. Poco antes, había sido asesinado el líder de Hezbolá, Abbas al-Musawi, en un atentado también atribuido a la inteligencia de Israel. Para Israel es una obsesión detener el programa nuclear iraní y evitar que los ayatolás tengan armas atómicas.

En Israel no creen que los programas de Irán sean para fines civiles/pacíficos y se acepta ampliamente que fue la inteligencia israelí la que, en colaboración con EE.UU., desarrolló el virus informático Stuxnet, que causó daños en las instalaciones nucleares iraníes en la década de los 2000.

La guerra civil desatada en Siria desde 2011 supuso otro motivo de enfrentamiento. Fuentes de inteligencia occidental sostienen que Irán envió dinero, armas e instructores para apoyar a las fuerzas del presidente Assad contra insurgentes que querían derrocarlo. Israel sostuvo que la vecina Siria era una ruta por las que los iraníes enviaban armamento y equipos a Hezbolá en el Líbano. Según el portal de inteligencia estadounidense Stratfor, tanto Israel como Irán llevaron a cabo acciones en Siria para disuadir al otro de lanzar un ataque a gran escala.

Hasta abril de 2024, tanto Irán como Israel habían evitado elevar sus hostilidades y los combates a gran escala, pero esto cambió con el lanzamiento en ese mes de decenas de drones y misiles por parte de Teherán contra Israel.

Era la respuesta al ataque israelí contra su sede diplomática en Damasco, que dejó 13 muertos, entre ellos algunos altos mandos iraníes (el general de la Guardia Revolucionaria Mohammad Reza Zahedi y su adjunto, Hadi Haji-Hajriahimi). El ministerio de exteriores iraní prometió “un castigo al agresor” y su embajador en Siria, Hossein Akbari, anunció que la respuesta sería “decisiva”. Esta se produjo el 13 de abril e Israel respondió con otro ataque en suelo iraní el 19 de abril.

Tras el lanzamiento de misiles por parte de Irán el 1 de octubre de 2024 sobre Israel y el ataque de Israel semanas después, la tensión volvió a ser máxima. Sin embargo, la ofensiva israelí iniciada desde el pasado 13 de junio eleva esta rivalidad a niveles nunca vistos con resultados impredecibles.

“Si Israel consigue dañar el proyecto nuclear iraní lo suficiente como para obligar a detener, al menos temporalmente, sus operaciones de enriquecimiento, eso supondría sin duda una importante victoria militar para Israel, lo que justificaría la operación”, sostiene Paul Krugman. Pero, añade, “si Israel fracasa en este empeño -y por fracaso me refiero a que el régimen iraní resulte herido, pero siga siendo capaz de reconstituir su capacidad para fabricar un arma nuclear e intentar controlar las capitales árabes- podría significar una guerra de desgaste entre los dos ejércitos más poderosos de la región”.

Ugo Stornaiolo

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