sábado, abril 4, 2026

Hamás, Hezbolá, Israel e Irán: un polvorín en Medio Oriente

Una metáfora del ex primer ministro israelí, Naftali Bennett, sostiene que “Teherán, la capital de Irán, es la cabeza del pulpo, y Hezbolá —como Hamás en Gaza o los Hutíes en Yemen— son sus tentáculos”.

Por: Ugo Stornaiolo

Todos los días hay noticias preocupantes: Hezbolá e Israel combaten en el terreno en el sur del Líbano, tras el ataque con 100 misiles que el grupo islámico realizó contra buena parte del territorio israelí. La invasión israelí del Líbano acelera el desprestigio de Occidente ante el Sur Global. El objetivo, huir del Líbano por tierra, mar o aire, mientras Israel prohíbe la entrada del secretario de la ONU, Guterres, por no condenar de forma “inequívoca” el ataque. Oriente Próximo, cerca del abismo.

La muerte de Hassan Nasrallah, líder de Hezbolá en un ataque aéreo israelí, centra la atención en la existencia de grupos armados y milicias que operan en algunos países de la región, financiados y apoyados militarmente por Irán. Las probabilidades de una escalada bélica entre Israel y el Estado persa son claras. El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu ofrece liberar a Irán y la respuesta de este país amenaza con una ofensiva militar contra Israel.

Esto ha reactivado el interés sobre el denominado Eje de la resistencia, una red de milicias apoyada por Irán, que incluye a Hezbolá, al gobierno de Assad en Siria, los hutíes en Yemen y otros grupos armados en Siria e Irak, sin descartar todavía a Hamás en los territorios palestinos.

Irán promueve estas milicias por décadas para atacar a Israel, así como a otros países como Arabia Saudita, a los que ese país considera enemigos. Al Estado israelí ni siquiera lo reconoce como tal y desde entonces busca su extinción. El eje se mueve actualmente en la frontera del Líbano con Israel, buscando un efecto disuasorio ante recientes ataques israelíes contra las milicias de Hezbolá en ese país. La guerra por tierra extiende la amenaza.

La ejecución de Hassan Nasrallah, líder de Hezbolá, en un ataque aéreo israelí, centra la atención en la existencia de grupos armados y milicias que operan en algunos países de la región, financiados y apoyados militarmente por Irán.

El Hizbullah (Hezbolá) o Partido de Dios, es un grupo chiita libanés proiraní creado en 1982 y financiado por Irán. Tiene su sede en el sur del Líbano. Sus enemigos son los israelíes contra quienes se ha enfrentado en la llamada franja de seguridad y con ataques hacia el Estado hebreo desde territorio libanés.

Israel, como parte de sus políticas de seguridad nacional, ha realizado también ataques armados y cibernéticos contra este grupo islámico, como lo hizo contra Hamás (Movimiento de la Resistencia Islámica) que operaba en los territorios autonómicos palestinos y sigue siendo blanco de sangrientos ataques israelíes, en represalia al ataque del 7 de octubre de 2023, cuando el grupo islámico lanzó una incursión contra Israel, con 251 rehenes y 1.200 muertos.

Tanto Hamás como Hezbolá nacieron como una respuesta contra Israel en la década de los años 80. Hamás tiene sus orígenes en otra organización islamista surgida en Egipto en 1920: los Hermanos Musulmanes, que nacieron para difundir la moral islámica y las buenas obras y luego se convirtieron en un actor político.

Hamás es el más grande de los grupos islamistas palestinos y su nombre es un acrónimo árabe de Movimiento de Resistencia Islámica (Harakat al Muqawama al Islamiya). Fundado por Ahmed Yassin en 1987 como brazo político de los Hermanos Musulmanes en Gaza, durante la primera Intifada (levantamiento de los palestinos contra la ocupación israelí en Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este). En sus inicios era un grupo moderado, pero desde los 90 se radicalizó con la creación del brazo armado, la milicia de las Brigadas Al Qassam, en 1991, y lideradas por el comandante Mohamed Deif.

En el caso de Hezbolá, aunque no están claros los orígenes, sus precursores nacieron de la escisión del Movimiento Amal, luego de que Israel invadiera una parte del sur del Líbano en 1982, como respuesta a ataques de militantes palestinos contra Israel.

La estrategia israelí, a cargo del entonces ministro de Defensa, Ariel Sharon, buscaba castigar a la Organización de Liberación de Palestina (OLP) para frenar incursiones del grupo en su frontera. Grupos chiítas en el Líbano respondieron militarmente a la invasión israelí y se separaron del Movimiento Amal, que pasó a ser una de las milicias musulmanas chiitas más importantes en la Guerra Civil Libanesa (1975-1990). La escisión se llamó Amal Islámico, un movimiento militar chiíta que recibió apoyo militar y organizativo de la Guardia Revolucionaria de Irán, se unió con otros grupos y creó Hezbolá.

Ataques mutuos entre Israel y el Hezbolá en el Líbano, sumadas a los ataques del Estado hebreo a milicianos de Hamás en los territorios palestinos, hacen temer el estallido de una guerra a gran escala.

El periodista del New York Times, Bret Stephens, hace una radiografía de Hezbolá, explicando sus motivaciones. “En 2006, Hezbolá lanzó una incursión guerrillera en Israel que condujo a una guerra de 34 días que devastó el Líbano, traumatizó a Israel y concluyó con una resolución de la ONU que supuestamente desarmaría a la milicia terrorista y mantendría a sus fuerzas lejos de la frontera”, algo que no sucedió en la práctica.

Agrega Stephens que “una combinación de ilusiones internacionales y la obstinación de los patrocinadores de Hezbolá en Irán nos han llevado hasta donde estamos ahora: al borde de un conflicto que podría eclipsar la escala de los combates en la Franja de Gaza”.

Estos ataques mutuos entre Israel y las milicias de Hezbolá en el Líbano, sumadas a los ataques del Estado hebreo a milicianos de Hamás en los territorios palestinos, hacen temer el estallido de una guerra a gran escala, donde pueden actuar no solo Irán, sino también potencias como China, EE.UU. y Rusia “¿Se puede evitar una guerra en toda regla?”, se preguntaba Stephens.

Israelíes se refugian durante el ataque con misiles de Irán. Foto: Reuters

En 2006, la fuerza aérea israelí, con una importante tarea de inteligencia, desmanteló muchos cohetes de largo alcance de Hezbolá —escondidos en casas— en la segunda noche de la guerra. El ataque posiblemente ayudó a salvar decenas, si no cientos, de vidas israelíes.

Pero después, Israel tuvo poca idea de cómo seguir la guerra, más allá de una serie de bombardeos que generó presión diplomática para que la guerra termine, junto con una tardía incursión terrestre israelí duramente atacada por Hezbolá. Hezbolá no es el principal enemigo de Israel: es Irán. Una metáfora del ex primer ministro israelí, Naftali Bennett, sostiene que “Teherán, la capital de Irán, es la cabeza del pulpo, y Hezbolá —como Hamás en Gaza o los Hutíes en Yemen— son sus tentáculos”.

Si Israel va a la guerra con Hezbolá, podría agotarse en una lucha secundaria. Pero Israel no puede ignorar a Hezbolá, por su arsenal de misiles y cohetes que son una amenaza directa al territorio israelí. La única manera de que Israel pueda disuadir a las milicias es imponiendo costos directamente a los amos de Hezbolá. Teherán, no Beirut, es el verdadero centro de gravedad de esta disputa.

Si EE.UU. o Europa quieren crear una zona de amortiguamiento entre Israel y Hezbolá, deben desplegar tropas bajo una bandera de la OTAN o invitar a los estados árabes a enviar fuerzas.

Tampoco el enemigo es el pueblo libanés. Según encuestas del Barómetro Árabe, salvo en sus bastiones chiítas, Hezbolá es impopular entre muchos libaneses, porque el grupo secuestró su país, asesinó a sus líderes más queridos, convirtió gran parte del país en un objetivo y dedicó sus recursos a construir su infraestructura militar mientras la economía nacional se cayó.

Pero, para Israel, el Líbano no puede ser un aliado: esa fantasía murió con el asesinato, respaldado por Siria, de Bashir Gemayel, presidente electo del Líbano alineado con Israel, en 1982. Pero no puede repetir el error de 2006 de disuadir con demostraciones de fuerza bruta. Los ataques selectivos, con buscapersonas podrían ser más eficaces para romper el bloque macizo que parece ser Hezbolá.

La ONU no debería tener injerencia, aunque la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad, que terminó la guerra de 2006 y autorizó la presencia de una fuerza de mantenimiento de la paz para impedir que Hezbolá se despliegue en la frontera israelí, no alcanzó ningún resultado.

Si EE.UU. o Europa quieren crear una zona de amortiguamiento entre Israel y Hezbolá, deben desplegar tropas bajo una bandera de la OTAN o invitar a los estados árabes a enviar fuerzas. Si esto no pasa, el restablecimiento de la zona de seguridad controlada por Israel en el sur del Líbano entre 1985 y 2000 podría ser, pese a todos sus problemas, la alternativa menos mala.

EE.UU. no debe buscar soluciones diplomáticas sino ayudar a Israel a ganar. Hasta los ataques de Al Qaeda del 11 de septiembre de 2001, ningún grupo terrorista había asesinado a más estadounidenses que Hezbolá. El ataque israelí en Beirut, donde murió el comandante de Hezbolá, Ibrahim Akil, vengó los ataques de 1983 contra la embajada de EE.UU. y el cuartel de los marines, donde murieron 258 estadounidenses. Pero, luego Hezbolá asesinó y mató de hambre a muchos sirios ayudando a Bashar Assad en la sangrienta represión de su propio pueblo. Esos crímenes no se pueden olvidar ni perdonar.

Tampoco interesa a Occidente que un grupo terrorista vinculado al Kremlin mantenga el control efectivo de un Estado mediterráneo que aterroriza a los países vecinos. Más allá de los intereses de Israel en sus fronteras contra el Eje de Resistencia de Teherán, hay un interés estadounidense para frenar la expansión del Eje de la Resistencia, que incluye a Irán, pero también mirando lo que podrían hacer China, Rusia y Corea del Norte.

¿Qué es Hezbolá?

El conflicto entre Israel y Hezbolá es difícil de definir y predecir: ¿es o no una guerra? Hay algunos factores que hacen de Hezbolá “el enemigo más temible al que Israel se ha enfrentado jamás”, según Andreas Krieg: su amplio arsenal de misiles, la red de túneles y su cadena de mando flexible, con mucha resiliencia, que le permiten resistir, por tiempos prolongados, a los ataques israelíes.

Israel mató al comandante que fundó y dirigió la fuerza de élite Radwan del grupo, Ibrahim Aqil y desató el peor día de violencia en el Líbano en décadas. El jefe del Estado Mayor israelí, Herzi Halevi, dijo que la muerte de Aqil conmocionó a la organización y sostuvo que sus ataques también destruyeron miles de cohetes y proyectiles de Hezbolá.

El grupo nombró rápidamente reemplazos para Aqil y otras figuras que murieron en el ataque aéreo en los suburbios del sur de Beirut. El líder de Hezbolá, Sayyed Hassan Nasrallah, fallecido recientemente, decía el 1° de agosto que el grupo llena rápidamente los vacíos cuando muere un líder. El ataque a los dispositivos de comunicación dejó fuera de combate a 1500 combatientes por sus heridas: muchos quedaron ciegos o perdieron las manos.

Aunque fue un golpe importante, es solo una parte de la fuerza de Hezbolá, que según un informe presentado al Congreso de EE. UU., tiene alrededor de 50.000 combatientes. Nasrallah afirmaba que son unos 100.000 combatientes.

Desde octubre, cuando Hezbolá comenzó a disparar contra Israel en apoyo de su aliado Hamas en Gaza, redesplegó combatientes en zonas de primera línea en el sur, incluidos territorios de Siria y llevó a la zona cohetes, anticipando un conflicto prolongado, agregando que el grupo no busca una guerra total. El principal apoyo y proveedor de armas de Hezbolá es Irán y es parte de la facción más poderosa del “Eje de Resistencia” de Teherán, compuesto por milicianos en todo Medio Oriente. Muchas armas son modelos iraníes, rusos o chinos.

Un tanque israelí opera en la frontera con Líbano. Foto: Getty Images

“El enemigo más temible al que Israel se ha enfrentado jamás”

 Para Andreas Krieg, profesor de la Escuela de Estudios de Seguridad del King’s College de Londres, aunque las operaciones de Hezbolá fueron interrumpidas por los ataques israelíes, la estructura organizativa del grupo lo hace muy resistente. “Es el enemigo más temible al que Israel se ha enfrentado jamás en el campo de batalla, no en términos de números y tecnología, sino en términos de resiliencia”, sostiene.

Mientras tanto, los combates se intensifican. Israel mató a otro alto comandante de Hezbolá, Ibrahim Qubaisi. Pero esta milicia demostró que puede seguir con sus operaciones, disparando cientos de cohetes hacia Israel en ataques cada vez más profundos y repetidos.

Sin embargo, Hezbolá no menciona si ha lanzado alguno de sus cohetes más poderosos y precisos, como el Fateh-110, un misil balístico de fabricación iraní con alcance entre 250 y 300 kilómetros, con una ojiva de entre 450 y 500 kilogramos, según un artículo de 2018 del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington.

Los ataques con cohetes de Hezbolá ahora son posibles porque la cadena de mando funciona, aunque el grupo sufrió un breve período de desorganización tras la detonación de los bípers y radios.

La capacidad de comunicación de Hezbolá se respalda con una línea telefónica fija —fundamental para sus comunicaciones—. Muchos de sus combatientes llevaban modelos antiguos de bípers que no resultaron afectados por el ataque cibernético. La mayoría de los heridos por la explosión de los bípers fueron en Beirut, lejos del frente. Hezbolá intensificó el uso de bípers tras prohibir a sus combatientes usar celulares en zonas de batalla, en respuesta a los comandantes que murieron en ataques.

Israel sostiene que intensificó sus ataques para reducir las capacidades de Hezbolá y asegurar la zona para que decenas de miles de israelíes desplazados vuelvan a sus hogares.

Si la cadena de mando se rompe, los combatientes de primera línea son entrenados para operar en grupos pequeños e independientes que se ubican en unas pocas aldeas cerca de la frontera y pueden luchar y resistir por largos períodos contra las fuerzas israelíes, como en 2006, en la última guerra entre Hezbolá e Israel, cuando los combatientes resistieron por varias semanas.

Israel sostiene que intensificó sus ataques para reducir las capacidades de Hezbolá y asegurar la zona para que decenas de miles de israelíes desplazados vuelvan a sus hogares cerca de la frontera con el Líbano, de donde huyeron cuando el grupo islámico comenzó a disparar cohetes.

El gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu dice que prefiere alcanzar un acuerdo negociado que permitiría a Hezbolá retirarse de la zona fronteriza, pero va a seguir con los bombardeos si Hezbolá se niega y no descartó otras opciones militares. Estos combates generan temores de una guerra prolongada que podría involucrar a EE.UU., aliado cercano de Israel e Irán, especialmente, si Israel se atasca en una ofensiva terrestre en el sur del Líbano.

El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, advirtió de las consecuencias “irreversibles” de una guerra declarada en Medio Oriente. Un funcionario del Departamento de Estado estadounidense dijo que Washington no está de acuerdo con la estrategia de Israel y busca reducir las tensiones.

Algunas fuentes cercanas a las milicias islámicas sostienen que las armas de Hezbolá permanecen ocultas, lo que les posibilita lanzar cohetes desde zonas del sur del Líbano, atacadas por Israel previamente. Se cree que Hezbolá tiene un arsenal subterráneo y publica frecuentemente en redes sociales imágenes que muestran a sus combatientes conduciendo camiones con lanzacohetes por túneles. Se estima que el arsenal de Hezbolá incluye unos 150.000 cohetes, según un informe del Congreso estadounidense. Krieg asegura que los misiles balísticos de largo alcance más potentes de Hezbolá están bajo tierra.

 

Ugo Stornaiolo

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