El 2007 se inició con la noticia de que un autoritario con intenciones de perennizarse había sido electo. Rápidamente, la maquinaria de asalto al poder se puso en marcha: se eliminó a la oposición política a palos y por expulsión de sus curules —con los votos de un venal consejo electoral— luego se disolvió el Congreso, la capacidad legislativa fue, abusivamente, trasferida a una Asamblea Constituyente que dictó códigos, leyes, mandatos que volcaron el sistema a la visión progre del neoconstitucionalismo; se asaltó, literalmente, el Tribunal Constitucional; el Fiscal se puso a la orden y se desató una sucia campaña de propaganda para anular a cualquiera que ose levantar una voz disidente, aunque sea un joven dando un yucazo a su majestad.
En 2008, 82% de los electores entregaron el poder a aquel abusivo. Hasta que empezaron los atropellos contra los entre ingenuos e interesados, habían confiado en “el proyecto”. Los cadeneros del MPD, que sirvieron de fuerza de choque contra diputados y tribunos, fueron pisoteados. Armaron una puerca historia contra Mery Zamora. Y ahí estuvimos los contrarios a solidarizarnos. Porque eran víctimas de abusos.
Luego, ese poder abusivo enfiló contra el movimiento indígena. Insultos, despojo de su sede, arrastre a Salvador Quishpe, atropellos a Manuel Piq, agredieron miserablemente a Lourdes Tiban. Y ahí estuvimos los contrarios a solidarizarnos. Porque eran víctimas de abusos.
Fue la prensa independiente otro objetivo de atropello y silenciamiento. En la calle nos encontramos con muchos que hoy aplauden al abusivo de nueva generación, intentando defender la libertad de prensa y comunicación. Nos abrazábamos, nos dábamos palmadas de consuelo frente a las agresiones sabatinas. Ahí estuvimos para solidarizarnos.
Parecía que habíamos aprendido que una democracia no se sostiene mientras quien ejerce el poder desconoce los mínimos principios de conciencia y respeto a las normas y a las instituciones. Que los jueces no pueden ser mandaderos; que los fiscales no pueden ser pasasillas; que la justicia no está para perseguir o ensañarse para agrado de las rencillas; que el CNE no es una dependencia de trastienda; que la estructura del estado no es patrimonio privado de grupos económicos o políticos; que es imprescindible una prensa independiente; que es imperativo respetar a los ciudadanos y garantizar sus derechos; que es necesario tener funcionarios honrados y no ladrones con impunidad.
A la vuelta de pocos años, otro episodio de similar tenebrosidad agobia a la sociedad. Otro abusivo actúa de formas parecidas, pero con una significativa diferencia con el correismo. Correa actuaba de frente, sus oponentes sabíamos que hacía y que hacían bajo su responsabilidad. En contraste, Noboa opera con fontaneros. Personajes ocultos y rastreros que arman tinglados; que llaman en secreto, compran en secreto; amarran en secreto. Noboa se oculta tras sus gafas y así engañan a una porción de inocentes que aún creen que el noborreismo es un invento.
Aparte de la poca prensa independiente que no se ha vendido, literalmente, al poder; aparte de ciudadanos que asqueamos de cualquier abusivo hay una nueva víctima: el correísmo. Y han recibido una dosis de su misma tóxica medicina: pactaron con Noboa (así como MPD y PK en su comento plegó al correismo) y tan pronto bajaron sus brazos luego de aprobar la cuarta ley urgente enviada a la asamblea, Noboa armó un relato de escape y se asaltó por fuerza a la embajada mexicana para sacar a Glas, que lo han humillado y expuesto; tal como hicieron con Galo Lara, ¿recuerdan correistas? ¿Parece que Aquiles Álvarez es culpable? Parece. Pero ensañarse de esa forma es abominable, como lo es también impedir que participen electoralmente. Audacia sin límite “suspender” al movimiento del correismo, que es expresión política de un sector de electores; aunque nos resulte extraño, pero eso es democrático.
Muchos de aquellos con quienes compartimos calle, descontento y hostigamiento durante el correismo, están entre la hinchada de Noboa. Les parece correcto y necesario toda esta clase de abusos contra el correismo. Piensan que así desaparecerán. Apuestan a que la retaliación logrará ese fin.
Pero, y aquí la mayor prueba de coherencia, de consistencia, de sindiéresis. Hay que rechazar el abuso de poder; hay que gritar frente a la injusticia judicial, frente a la ignominia que sufren por el pisoteo de la ley, por la impudicia de ministros que sentencia en mano, se limpian con ella. Y, porque hay que ser coherente, hay que decir que no es legítimo, no es democrático, no es institucional, usar la fuerza del poder en forma abusiva y atropellar al oponente político. Y que es una vergüenza que festejen estos abusos quienes deben exigir que se guarden las formas, porque en las formas, en el procedimiento, está la garantía que todo ciudadano tiene —culpable o inocente— de recibir un trato justo. Es repudiable que sean parte de ese festejo periodistas, empresarios, dueños de medios; pues son élite; y en una sociedad la élite forja valores y genera ejemplos. Y los que se forjan en estos días dan vergüenza.
Los correístas, víctimas actuales de este déjà vu de la historia; ¿se dan cuenta de lo que hicieron contra la democracia y las instituciones cuando fueron gobierno? ¿Se dan cuenta de los pernicioso que es un presidente abusivo y displicente de la ley? Ojalá no entendieran. Ojalá que mostraran arrepentimiento, pues seguirán siendo opción de poder y tienen la obligación moral de ser una alternativa electoral que no pretenda reproducir abusos y atropellos.
