
El Zaratustra andino
II
En Civilización y barbarie en Las Catilinarias de Juan Montalvo Juan Carlos Grijalva se refiere a un Montalvo desconfiado de un pueblo que no tenía como hábito de lectura:
“Cabe preguntarse ¿cuándo el Ecuador amará a sus escritores, ¿cuándo la simiente de “los hombres de la idea” fructificará en la conciencia del pueblo? responde Montalvo en sus Catilinarias:
“Cuando tengamos escuelas donde la religión y la moral, escamondadas de pillerías, entren con las primeras letras en el corazón de los niños: cuando los hombres de buenas intenciones y saber no sean el hito de la persecución: cuando el clero no se sirva de Dios ni de Jesucristo para sostener y perpetuar a los tiranos, y arruinar en la opinión de la mayoría inculta a los amigos de la libertad y el adelanto”.
Montalvo escribió Las Catilinarias como una especie de manifiesto personal y también político de su idea sobre el Ecuador y el mundo, no se sabe si conoció a Friedrich Nietzsche (1844-1900), pero el ensayista ambateño, al igual, que el filósofo alemán pensó también en un súper hombre (Aclaración: no el instalado por los nazis en la Segunda Guerra Mundial) o el hombre ejemplar, el líder, el caudillo que nunca muere que se transforma, en alemán se traduce: Übermensch que puede ser traducido al castellano como más allá del hombre, no “súper”, porque sus hazañas le sostienen en el tiempo, en esta obra el ensayista ambateño categoriza al líder o al “hombre de la idea”:
“podrá llegar a ser héroe y libertador, si le sigue un golpe de gente apasionada: en no hallando quien lo crea, quien le apoye, quien reciba la fuerza de su espíritu, ese hombre será la voz en el desierto”.
Montalvo parece más un personaje nietzshiano que un propio pensador o filósofo, un Zaratustra andino que cree que con ese manifiesto que construyó en el exilio, iba a ganar discípulos o la posteridad, pero se equivocó en la actualidad es un autor olvidado bajo la mala apreciación de que sólo es para estudiosos y es difícil por su erudición.
Zaratustra es un personaje ficcional, pero la referencia viene del profeta persa que existió en siglo VI a. C. Nietzsche construyó a este predicador que revolucionó la filosofía moderna y qué incluso pudo convertirse en mito. ¿Quién era este profeta? ¿qué buscaba? fue un hombre que salió de su cueva, que vendría a ser la ignorancia para desafiar a la moral, a la religión, a la razón y principalmente a la alegoría del bien y del mal, una alegoría joven de Jesucristo que aspira a un súper-hombre o que se transforme lejos del apego material e inmaterial y busque no la felicidad sino la diferencia, mata a dios y procura respuestas en la existencia, en la vida misma, va más allá, Übermensch.
En el ensayo de Alejandro Villamor Iglesias Nietzsche y así habló Zaratustra indica como el filósofo alemán explicó porque tuvo de referencia a ese profeta:
“Zaratustra fue el primero en advertir que la auténtica rueda que hace moverse a las cosas es la lucha entre el bien y el mal, la transposición de la moral a lo metafísico, como fuerza, causa, fin en sí, es obra suya (…). Zaratustra creó ese error, el más fatal de todos, la moral; en consecuencia, también él tiene que ser el primero en reconocerlo (…)”.
En el discurso De las tres transformaciones del libro Así hablaba Zaratustra, el profeta explica que el espíritu del hombre se convierte primero en camello, después del camello en león y luego del león en niño.
Primero empieza por el camello, porque Nietzsche coloca este animal como símbolo de carga, toda persona lleva una carga moral y una social desde que nace hasta que se muere, según él todo eso es lo que impone el sistema, después este camello en momento de desolación se transformará en León, quiere conquistar su libertad. Villamor Iglesias en su ensayo describe a este león de la siguiente manera:
“El león lucha contra el “tú debes” milenario del “gran dragón”, fuente de todos los valores. El “gran dragón” niega el “yo quiero”, lo quiere erradicar. El león se resiste a los valores que arremeten contra la fortaleza de su espíritu sin conseguir abrir una sola brecha en ella, pero es incapaz de afirmarse plenamente, pues no puede crear nuevos valores”.
Es por eso que ese felino ardiente de libertad se convierte en niño y sólo así es capaz de crear nuevos valores porque se manifiesta en un sempiterno inicio, en la inocencia y en el olvido, así lo describe este estudioso de Nietsczche:
“El espíritu “quiere ahora su voluntad” y la acepta, después de tanto tiempo. Como se dirá en capítulos posteriores, el niño, imagen del Übermensch, hace lo que quiere porque, lo más importante, sabe que quiere lo que quiere”.
Montalvo es muchas veces contradictorio en su pensamiento, quiere un Ecuador libre y soberano pero en bastantes pasajes descalifica al sometido, al pobre o al miembro de los pueblos ancestrales así como siempre lo hizo la aristocracia.
Explico este pasaje del libro más famoso del filósofo alemán, porque voy a comparar a Montalvo con Zaratustra, el ensayista ecuatoriano en Las Catilinarias se transforma constantemente en una especie de evangelizador y a veces lo hace de forma vehemente, otra veces con un discurso conciliador, y en otras como un erudito que parece que habla para sí mismo, a veces, parece un cura iracundo hablando contra las injusticias del mundo, otras veces un profesor mesurado y en ocasiones un joven intrépido con una gran capacidad lingüística que podría denostar al cualquier oponente o colocar de forma creativa adjetivos como: Ignacio de la Cuchilla, Ignacio Pilla- Pilla o Ignacio de los palotes.
Valdano en Léxico y símbolo en Juan Montalvo (Ensayo e interpretación lexicológica y semiológica de Las Catilinarias) explica que estos ensayos son la voz de un político o un predicador que busca atención:
“La comparación, la parábola, la imagen fueron sus recursos más socorridos. Demuestran en esto que él era un literato ante todo, no un pensador y menos un filósofo cuyo lenguaje es exclusivamente denotativo. Este rasgo del estilo le ayudó a Montalvo a conseguir mayor popularidad y más abundantes lectores. Es la vieja técnica de todo buen predicador”.
Y ese predicador podía tranquilamente recurrir al dogma católico para explicar ese concepto del “hombre idea”, Montalvo así como Zaratustra, en Las Catilinarias explica al pueblo lo qué significa el mundo real y el subjetivo, por ejemplo, cuando enseña que Jesucristo advirtió que Jerusalén se perdía por la falta de valores y cuando Bolívar liberó a todos esos pueblos fue porque estuvo acompañado con gente capaz y hábil, respecto a las insignias y premios del italiano Giussepe Garibaldi describe que se deben también a la fuerza que generaba en sus seguidores no sólo por su valor individual:
“Cuando hay uno en el Ecuador que se atreve a levantar ese pendón, los ecuatorianos no se meten en nada; ¡y no hay un hombre! ¿Qué hombre ha de haber entre tamemes que no le pueden sufrir? Abrid los ojos, ciegos, mirad y convenceros donde no hay pueblo, no puede haber un hombre”.
En el último cuestionamiento parece calificar a los ecuatorianos como “tamem” que quiere decir: “indio cargador que acompaña a los viajeros”, Montalvo es muchas veces contradictorio en su pensamiento, quiere un Ecuador libre y soberano pero en bastantes pasajes descalifica al sometido, al pobre o al miembro de los pueblos ancestrales así como siempre lo hizo la aristocracia, por ejemplo, de nuevo en esta sentencia se puede ver la indignación que tiene sobre el país y en esos momentos se cuestiona como Ignacio de Veintemilla pudo haber llegado al poder con su forma, proceder y sobre todo su poco conocimiento sobre el mundo, su ignorancia y alergia sobre los distintos saberes.
Para Valdano, Montalvo en estos ensayos siempre intenta reflejar como es el trato entre clases sociales, por ejemplo:
“Expresiones como «chagras imbéciles» o «chagras brutos» o «raza de indios» están cargadas de sentido despectivo e intención humillante. Montalvo los pone en boca de un explotador del pueblo: el cura hipócrita y vicioso. El escritor se hace eco de formas de trato que son bastante comunes en la sociedad ecuatoriana para dirigirse al campesino indígena”.
Mientras que para Grijalva en su ensayo Montalvo fue un refinado excesivo que creía que todo el mundo se iba a interesar por su pensamiento y opinión, quiere fundar una manera de concebir lo que es ser ecuatoriano, pero sabe que tiene que luchar con todo el mundo que se oponga y que desafíe su postura:
“Montalvo, hace de la suya, una identidad heroica, «patriota», responsable de la divulgación de las luces y valores morales cristianos, en síntesis: es la imagen del civilizador. En una famosa carta escrita a Gabriel García Moreno, escribe:
Mi causa es la moral, la sociedad humana, la civilización, y ellas estaban a riesgo de perderse en esta sangrienta y malhadada lucha. Los malos se habían alzado con el poder en este infeliz distrito, y la barbarie no sólo amenazaba, pero también obraba ya solamente la asociación civil”.
