lunes, abril 27, 2026

Colegio América Latina: aprender a educar todos los días

Hace 36 años, de la mano de Pablo Roggiero y otros, el colegio América Latina nació como una utopía para una enseñanza liberadora y creativa en Quito. Patricia Miranda, rectora del colegio y Paula Roggiero, la hija de Pablo, hablan con Álex Ron sobre si ahora es posible seguir ese camino y los desafíos para la educación en estos tiempos.

Álex Ron

Por: Álex Ron

Hace 40 años Pablo Roggiero, ya graduado de médico, tenía un sueño: recorrer en una Kombi por toda América, deteniéndose en diferentes pueblos para curar a la gente a través de la homeopatía. Su idea era llegar a zonas rurales donde atendería a personas de toda condición social, no importaba si la gente le pagaba o si reconocía su trabajo con gallinas, huevos, frutas y legumbres. Eran tiempos donde las utopías todavía respiraban como una forma de entender la vida. Los jóvenes creían que, si no cambiaban el mundo, entonces ¿para qué vivir?

La utopía de Pablo tuvo que ser abandonada cuando fue padre de familia. No por ello dejó de creer en las utopías. Ya no la realizaría viajando en la kombi por el mundo. En 1989, junto a otros jóvenes profesionales, crearon una escuela donde sus hijas e hijos tuvieran la libertad de preguntar, imaginar, disentir. Levantar una escuela atípica, donde los niños tengan la oportunidad de generar un pensamiento crítico y revolucionario. La educación tradicional, domesticadora y homogenizante, ya estaba en crisis porque la formación memorística y poco reflexiva estaba provocado serias distorsiones cognitivas, y daños emocionales en millones de personas.

Así surgió el colegio América Latina, al principio en una casa sencilla ubicada en la calle Selva Alegre y después de cuatro años en una casa en medio de un pequeño bosque en la calle los Rosales, al norte de Quito. El experimento educativo fue avanzando con buen viento porque iban apareciendo nuevos profesores con esta visión holística e iconoclasta, además se incorporaban nuevas familias cuyos padres buscaban niños y jóvenes creativos, cuestionadores y amantes de la libertad. La escuelita del bosque se amplió a colegio y sus fundadores, de una u otra forma, sintieron que su utopía educativa se materializaba con maestros que actuaban como catalizadores de conocimiento de chicos a los que no se los frustraba con una educación disciplinaria, sino que se les alimentaba su curiosidad por aprender.

El experimento educativo avanzó con buen viento, porque iban apareciendo nuevos profesores con esta visión holística e iconoclasta, además de nuevas familias que  buscaban niños y jóvenes creativos, cuestionadores y amantes de la libertad.

En medio de arupos, robles, encinos y llamingos, tuve el gusto de conversar en el nuevo campus del colegio América Latina, en Nayón, con Patricia Miranda, rectora del colegio y con Paula Roggiero, la hija de Pablo, uno de los gestores de este proyecto educativo que ha mantenido una visión experimental y creativa de cómo enseñar.

Una parte de las aulas del colegio.
Alex: La escuela surge como un proyecto de educación comunitaria, una especie de trueque cognitivo. ¿Cómo eran y cómo son ahora los educadores en el América Latina?

Patricia Miranda: Soy profesora de Matemáticas, me gradué de Matemática pura en la Politécnica Nacional, y empecé dando clases a chicos del América Latina con problemas en esta asignatura. Y para mí, lo que comenzó como una “chaucha” se convirtió en algo apasionante porque pude transmitir las emociones que me provocan las matemáticas, porque, para mí, son lo más apasionante y humano que existe, incluso están vinculadas al arte y a la Filosofía. Me encantó la iniciativa de estos padres que querían educar a sus hijos desde otra visión, pensando la educación como un proceso de vida que te enseña a que tú vivas mejor siendo una fuente de conocimiento para los chicos. Y bueno, desde mi conocimiento matemático no solo igualé a los chicos en Matemáticas, sino que también logré que muchos disfruten de esta ciencia tan estigmatizada.

Paula Roggiero: Habría que preguntarse ¿quiénes son los que mejor pueden enseñar? Obviamente una persona apasionada por lo que hace y que pueda transmitir emociones a los chicos para que se interesen por esas asignaturas. Por ejemplo, mi padre daba clases de Biología, para él lo prioritario no era que retengan nombres, sino que entiendan el funcionamiento del cuerpo humano. Tratamos de elegir profes que mantengan esa filosofía educativa, no es tan fácil porque salen nuevas generaciones de educadores con una visión más tradicional, y nos toca irlos moldeando para que puedan enseñar desde nuestra perspectiva.

Alex: El por qué es la pregunta iniciática, es el eje del conocimiento y la ciencia. ¿Cómo crear un colegio que estimule el cuestionamiento y el pensamiento crítico?

Paula: Creo que en el colegio buscamos herramientas que provoquen interés en los chicos por el estudio y la investigación. Formulación de proyectos activos, experimentos en el aula y fuera de ella, salidas de campo, trabajar en el huerto, mingas, en fin, tratamos de no quedarnos en un guion de enseñanza predecible.

Alex: ¿Cuánto de la utopía de tu padre y sus amigos se conserva?

Paula: Bueno, nuestros padres eran parte de una generación con ideas revolucionarias, en todo sentido. Creo que el proyecto del América Latina conserva la filosofía y esencia de sus fundadores porque tratamos de enseñar a través de la experiencia, no de la imposición. Sin embargo, el mundo va cambiando y han surgido necesidades que las asumimos para lograr que los chicos continúen sus estudios en la universidad y estén preparados para ese reto. Yo creo que la mitad de nuestros graduados están en otros países abriéndose campo en diversas universidades. Nosotros creamos mentes inquietas, sembramos la curiosidad y el deseo para que los chicos se abran al mundo. Y de ahí han surgido chicos que han realizado maestrías y doctorados en otras universidades, porque han combinado espíritu aventurero e investigativo.

El objetivo no son los títulos, son los chicos. Hay que convertirlos en buenos seres humanos, y esa es una lucha permanente, una reflexión de todos los días para que trabajen en equipo y se conviertan en personas empáticas.

Patricia: Creo que todavía es posible defender las utopías. Los chicos deben aprender a rebelarse con lo que no está bien, deben tener una rebeldía crítica y tomar acciones legítimas, desde sus diferentes espacios. Nacieron para ser libres y cuestionadores.

Alex: Hoy, las formas de evaluar la educación se basan en indicadores internacionales como PISA, SERCE, TERCE ¿qué tan buenas son estas formas de evaluar el desarrollo cognitivo de los estudiantes?

Patricia: Nuestro colegio tiene bachillerato ecuatoriano y español y tenemos convenios con Cambridge y universidades extranjeras como la Politécnica de Valencia, pero ése no es nuestro objetivo principal. El objetivo no son los títulos, son los chicos, hay que convertirlos en buenos seres humanos, y esa es una lucha permanente, una reflexión de todos los días para que trabajen en equipo y se conviertan en personas empáticas porque vivimos en una sociedad demasiado egoísta. Es una lucha diaria para despojarnos de nuestras taras basadas en el conductismo, en el acondicionamiento, en el equilibrio, cuando el aprendizaje viene del desequilibrio, del error.

Las dos educadoras entrevistadas, en uno de los patios del colegio. Fotos: Cortesía del Colegio América Latina

Paula: La mayoría de las pruebas que se utilizan para evaluar a los colegios son memorísticas y de contenido. No parten de la reflexión y el cuestionamiento, son mucho más objetivas y pragmáticas. Para el cole son guías, pero no son lo fundamental porque están pensadas para homogenizar mentes y volverlas productivas, en definitiva, el sistema apunta a tener buenos empleados. Ésa no es nuestra prioridad, ponemos énfasis en el proceso de aprendizaje, en la parte emocional de los chicos y en crear mentes inquietas. Creo que la escuela tradicional no se adapta a los cambios tecnológicos y no toma en cuenta comprensión lectora, capacidad argumentativa y sobre todo cómo utilizar a la inteligencia artificial como herramienta educativa.

Alex: ¿Qué tanto está aportando la inteligencia artificial, IA, a los procesos cognitivos, es un apoyo o termina siendo un distractor o simplificador de contenidos?

Paula: La IA puede ser maravillosa, pero alimentada de un pensamiento crítico del estudiante para que la sepa escrutar. Si el estudiante la utiliza como herramienta para obtener información es válida, pero en sí ninguna IA crea conocimiento porque el conocimiento surge de la reflexión y la creatividad. La idea es que los estudiantes realicen sus propios descubrimientos sobre respuestas de la IA, ninguna IA puede superar a un buen maestro porque el maestro puede conmover y crear necesidades de descubrimiento e investigación sobre múltiples temas.

Alex: Totalmente de acuerdo, por ejemplo, a mis estudiantes de la universidad les digo que comparen poemas originales y poemas creados por CHATGPT 4. Por ejemplo, El barco ebrio de Arthur Rimbaud, y sí la inteligencia artificial realiza poemas bien estructurados y que podrían conmovernos. Pero, si leemos entre líneas, la experiencia vital de los poetas es única y hasta allí no llega, ni llegará, ninguna de estas herramientas algorítmicas.

Al convertirse la educación en una competencia de certificaciones y franquicias se pierde de vista la formación de niños y jóvenes, porque los guaguas nacen con la capacidad de aprender, nacen con curiosidad, capacidad de asombro y de asumir retos.

Sin alejarme mucho del tema, ¿qué estrategia están manejando para la problemática de las redes sociales, que incluso pueden ocasionar adicciones comportamentales?

Paula: Primero hay que crear empatía, reconocimiento del otro. Es fácil realizar cyber-bullying, pero si conoces al otro y lo reconoces terminarás usando la red social para conectarte con el otro y no para destruirlo. Primero conectar con la gente en carne y hueso, físicamente, mirándose, escuchándose, jugando a las escondidas. A nosotros nos preocupa que dentro de la sociedad la violencia se convierta en espectáculo, los videos de chicos golpeándose despiadadamente y grabando las peleas sin intervenir, terminan siendo alarmantes.

Alex: Estamos en una época de mercantilización de la educación, se la vende como un producto, incluso se vende el paradigma de la libertad como otro producto. Existe una competencia de marketing entre colegios para captar clientes, no padres de familia, ¿cómo romper este juego maquiavélico?

Patricia: Al convertirse la educación en una competencia de certificaciones y franquicias se pierde de vista la formación de niños y jóvenes, porque los guaguas nacen con la capacidad de aprender, nacen con curiosidad, capacidad de asombro y de asumir retos. Y lastimosamente, es en la escuela donde pueden perder todo ese potencial para aprender divirtiéndose y planteándose retos. Nosotros somos simples catalizadores de esa energía y curiosidad por aprender. Sin esta visión humanística los estudiantes podrán obtener títulos y certificaciones, pero dudo mucho que puedan alcanzar una formación integral que les permita causar impacto en la sociedad.

Paula: Estamos tratando de romper ese esquema de mercantilización de lo educativo porque nosotros no vendemos papas, nosotros tenemos un modelo educativo cuestionador y diferenciador. Los otros colegios funcionan con paradigmas como el campus, las certificaciones, las “aulas inteligentes”. La gente está comprando marcas y eslóganes. Lo que realmente nos diferencia es el cómo llegamos a alcanzar pensamiento crítico y humanista.

Suena una campana de cobre, los chicos salen en estampida al recreo. Los veo repletos de energía lúdica y explosiva. Henry Miller decía que el arte nos hacía recuperar la inocencia. Definitivamente, enseñar es un arte, el más complejo y desafiante.

 

 

 

 

 

Álex Ron

Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

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