domingo, abril 26, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Sin debates y sin vice, Noboa está más cómodo

Los candidatos asisten al set de televisión con un guion previamente establecido en función del procesamiento posterior. Poco importa el desempeño en el debate ni la profundidad de los argumentos.

Las instituciones desaparecen por la intervención de diversos factores. Porque se vuelven obsoletas, como la caligrafía; o injustas, como la penalización de la homosexualidad; o aberrantes, como la prisión por deudas; o crueles, como la pena de muerte; o carentes de fuerza simbólica, como el limbo y el purgatorio.

Los cambios culturales y la evolución de las sociedades son determinantes en este proceso. El relativismo con el que la posmodernidad impugna absolutamente todo pone en la picota inclusive a aquellas instituciones que creíamos escritas en piedra. ¿Alguien imaginó hace 50 años que el Ecuador terminaría aprobando el matrimonio igualitario?

La fuerza de los hechos suele ser despiadada con las normas, valores y costumbres. Inclusive en la política, ese campo que todavía depende de las leyes escritas, la informalidad termina imponiéndose. Es lo que está ocurriendo a propósito de dos instituciones: los debates públicos y la vicepresidencia de la república.

En el primer caso, los expertos en marketing electoral confirman que la incidencia de los debates presidenciales en los resultados finales se define en las redes sociales del posdebate. Es la capacidad de los equipos de comunicación para condensar imágenes y mensajes en cápsulas, tiktok y memes lo que podría inclinar la balanza. Los candidatos asisten al set de televisión con un guion previamente establecido en función del procesamiento posterior. Poco importa el desempeño en el debate ni la profundidad de los argumentos. Las intervenciones deben tener un grado de banalidad suficiente como para asegurar microproductos comunicacionales asimilables por la masa de electores, pero sin caer en excesos que atenten contra la inteligencia. También hay un porcentaje –aunque menor–de electores que reflexionan y analizan.

La fórmula ya funcionó en las dos últimas elecciones. Xavier Hervas obtuvo un sorprendente 16% en la primera vuelta de 2021 a punta de tiktok; Guillermo Lasso viró la tendencia en segunda vuelta calzándose un par de zapatos rojos; Daniel Noboa consiguió un ascenso meteórico echando mano de referencias totalmente insubstanciales. La clave, en los tres ejemplos, fue alejarse lo máximo posible de la complejidad.

En el caso de la vicepresidencia de la república, ya en la Constitución de 2008 se le dio el golpe de gracia. Definir sus funciones dependiendo del capricho o la buena voluntad del primer mandatario equivale a tener título de nobleza y no tener un cobre donde caerse muerto. En el gobierno de Lenin Moreno tuvimos cuatro vicepresidentes y vicepresidentas sin que se alterara un pelo la lógica del poder. Alfredo Borrero fue un hálito que pasó desapercibido. Y Daniel Noboa ha denigrado la institución vicepresidencial sin que a la mayoría de la gente le importe un rábano.

Es más, el presidente Noboa acaba de enviarle al país un mensaje inequívoco respecto de la idea que tiene de la vicepresidencia. La inasistencia de María José Pinto al debate, dispuesta desde las alturas, tiene poco que ver con una estrategia para prevenir cualquier contingencia o desgaste debidos a una mala presentación. Más bien transmite una sólida convicción a propósito de la intrascendencia e inutilidad del cargo.

 

Enero 15, 2025

 

 

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