miércoles, abril 29, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Venezuela: el rebulicio ideológico

A propósito del chavismo, no existe un populismo de izquierda. El populismo es autoritario y vertical y, por lo mismo, reñido con una noción de democracia íntegra y radical. Además, destruye de manera sistemática la autonomía de las sociedades, de los pueblos y de las comunidades, ese principio esencial en la construcción de un proyecto de cambio.

Analizar la coyuntura que vive Venezuela, así como el proceso de los últimos 25 años, resulta demasiado complicado. Hay tal cantidad de incoherencias de fondo que cualquier análisis puede terminar en una total confusión. Toca, entonces, aventurarse con un par de explicaciones que ayuden a entender los que está sucediendo en ese país.

Empecemos señalando, a propósito del chavismo, que no existe un populismo de izquierda. El populismo es fundamentalmente autoritario y vertical y, por lo mismo, reñido con una noción de democracia íntegra y radical. Además, destruye de manera sistemática la autonomía de las sociedades, de los pueblos y de las comunidades, ese principio esencial en la construcción de un proyecto de cambio. La mediación mesiánica de un caudillo es la figura más contradictoria con un proyecto de izquierda.

La categoría de populismo de izquierda fue una invención perversa de ciertos intelectuales de izquierda y de derecha. Los primeros, para congraciarse con los gobiernos mal llamados progresistas que estuvieron en boga en ciertas etapas históricas; los segundos, para desprestigiar a la izquierda.

Un segundo abordaje del tema puede hacerse desde el rebulicio ideológico en que ha terminado el proceso bolivariano. Podría afirmarse que lo que ocurre en Venezuela es la más clara expresión de la posmodernidad política en lo que va del siglo. Veamos.

El partido comunista venezolano condena tanto el fraude perpetrado por el gobierno como el atropello a la decisión soberana del pueblo expresada en las urnas. Rechaza los resultados proclamados por la autoridad electoral y exige transparentar el escrutinio. Por otro lado, el diario mexicano La Jornada, medio de comunicación adscrito al partido comunista de ese país, felicita el supuesto triunfo de Maduro como una conquista popular. Y, más confuso aún, el partido comunista chileno también respalda al régimen venezolano, a contramano de la posición oficial de la coalición de gobierno de la que forma parte y que condenó el fraude por boca del presidente Boric. ¿A cuál partido comunista creerle?

En el plano internacional la confusión es todavía mayor. ¿Qué tienen en común, en términos ideológicos, China, Rusia e Irán, los tres países geopolíticamente más representativos de los que se pronunciaron a favor del gobierno de Venezuela? Además de su disputa capitalista con los Estados Unidos y de una estrategia para incrementar los negocios y la influencia en América Latina, poco o nada comparten respecto de un proyecto estratégico común. El capitalismo mafioso ruso, el capitalismo comunista (así como lo leen) chino y la teocracia oscurantista iraní tienen profundas diferencias políticas e ideológicas. Es más, en algún momento, a futuro, podrían llegar a confrontaciones irreconciliables a propósito de las disputas hegemónicas en la región asiática.

Y para terminar de enredarla, resulta que Donald Trump, quien no ha escatimado en amenazas contra el gobierno venezolano, se presenta como un aliado confiable de Vladimir Putin. De locos.

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