sábado, abril 11, 2026
Ideas
Andrés Ortiz Lemos

Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

Conocimiento y tecnología como estrategia de control político

Es verdad que el internet puede representar una extraordinaria manera de perder el tiempo (si uno se dedica a ver fotos de gatos durante todo el día), pero también representa el quiebre de la elitización del conocimiento, si se usa con el afán de aprender. Este desborde de información de libre acceso no es un fenómeno nacido de regímenes colectivistas y autoritarios, sino que se ha podido generar en contextos sociales en los que existe un mínimo de libertad y respeto por la iniciativa individual.

Bruno Latour, uno de los más importantes filósofos de la ciencia, diferencia entre aquellas tecnologías diseñadas para acentuar la dependencia en un poder centralizado  (político o económica), de aquellas creadas para la emancipación de los individuos. A fin de ilustrar esta diferencia, tomemos el ejemplo de la red eléctrica. En una sociedad que pretenda focalizar la dependencia de sus ciudadanos en una autoridad disciplinaria, se requeriría de mega construcciones, plantas nucleares, represas gigantescas, u otros proyectos descomunales que harán que los ciudadanos dependan plenamente del proveedor del servicio (sea este público o privado). En este caso la tecnología entronizará a quien administre estos servicios. Por otro lado, un modelo tecnológico que facilite la iniciativa de proyectos individuales de producción eléctrica, como por ejemplo paneles solares domésticos, (o algo así), alivianaría la dependencia de los individuos o comunidades pequeñas en una autoridad centralizadora, y los emanciparía de ellos.

Desde la revolución industrial, la tecnología se ha enfocado hacia el primer escenario. Poco importa si quien detenta el conocimiento técnico sea un gobierno o una corporación privada, el resultado es el mismo: el control de las poblaciones. Los ejemplos están relacionados con las particularidades de la sociedad moderna. Así pues, un sistema de trasporte centralizado, como por ejemplo la red de trenes subterráneos, tendería a generar dependencia hacia los gobiernos que lo administran, mientras que, un sistema de transporte individual, basado en el uso del automóvil (como en la mayoría de ciudades de Estados Unidos ) se enfocaría a crear dependencia hacia las grandes corporaciones automotrices.

Sin embargo, toda actividad humana es compleja y tiende a desarrollar eventos inesperados, derivados de un proceso de autopoiesis (usando ideas de Morín, y Maturana). Así pues, con el desborde de las plataformas virtuales,  el conocimiento y la técnica se han descentralizado de manera alarmante, hasta el punto de estar disponibles automáticamente para cualquier persona que navegue un poco por la internet. ¿Quiere construir un panel solar?,¿un bote de fibra de vidrio?, ¿una casa de ferro-cemento?, ¿quiere desalinizar agua?, o aún mejor, ¿quiere construir un artefacto para extraer agua de la humedad del aire? busque cada una de estas preguntas en el youtube, y encontrará decenas de videos de amables desconocidos que le enseñarán paso por paso como lograrlo. Pruébelo ahora mismo si no me cree.

La red está tan saturada de información que usted podría tener acceso,  gratuito,  al mismo conocimiento que se imparte en cualquier universidad del mundo y en prácticamente cualquier materia. Hay cientos de miles de libros de bibliotecas virtuales (formales o informales, legales o subterráneas), miles de papers científicos subidos gratuitamente en diversas redes, y cientos de miles de amigos anónimos imparten sus conocimientos desde videos subidos en varias plataformas. Esto es una realidad, no es mi punto de vista.  El conocimiento crece vertiginosamente, pero al mismo tiempo es cada vez menos restrictivo.

Vivimos en una época que representa el paraíso para cualquier autodidacta. Nada de lo que se está enseñando en ninguna universidad del mundo (por lo menos a nivel de grado) es un secreto de índole esotérico, toda esa información está  en la red y usted podría ir ahora mismo por ella. Es verdad que el internet puede representar  una extraordinaria manera de perder el tiempo (si uno se dedica a ver fotos de gatos durante todo el día), pero también representa el quiebre de la elitización del conocimiento, si se usa con el afán de aprender. Este desborde de información de libre acceso  no es un fenómeno nacido de regímenes colectivistas y autoritarios, sino que se ha podido generar en contextos  sociales en los que existe un mínimo de libertad y respeto por la iniciativa individual.

Pero los subsistemas que han utilizado la tecnología para controlar poblaciones (ya sean estas públicas o privadas) han adoptado nuevas estrategias para mantener bajo su control a los colectivos humanos. Una de ellas tiene que ver con la noción de  capitalismo netárquico (de Michel Bauwens) el cual, si bien reconoce la existencia de espacios socializados de información, reclama que las grandes corporaciones que manejan las plataformas virtuales se siguen beneficiando de esta dialéctica. A pesar de esto, la magnitud de información que se puede encontrar en la red, desde una infinidad de fuentes, ha desbordado cualquier intento por represarla. Es por esto que los subsistemas que pretenden seguir disciplinando las poblaciones  han tenido que encontrar nuevos mecanismos para ejercer control en base al conocimiento. Por ejemplo:

1.  La elitización de las credenciales académicas. No importa si alguien es capaz de acceder a la información que le permita dominar una disciplina académica o técnica. Los subsistemas políticos o económicos tratarán de menoscabar este conocimiento si no va acompañado de un título universitario, especialmente si este no proviene de algún centro de acceso restringido. Estudiar una carrera universitaria tiene que ver cada vez menos con el acceso al conocimiento (el cual cada vez es más accesible) que con poseer un diploma elitista. Varios gobiernos latinoamericanos han caído en esta trampa, y en lugar de aprovechar la inmensa cantidad de información disponible, y buscar generar espacios para la difusión masiva de conocimientos en sus propios países, invirtiendo en sus  propias  universidades o colegios,  se han dedicado a subsidiar universidades norteamericanas y europeas con cientos de millones de dólares de dinero púbico. No es suficiente con leer varios libros, estos deben ser estudiados en  Europa o norteamérica para que de manera mágica adquieran una efectividad que no tendrían si usted hiciera lo mismo desde la biblioteca de su ciudad natal.

2.      Desacreditación del conocimiento que no ha sido adquirido en espacios excluyentes. No importa cuanto sepa usted, que habilidades tenga o cuantas destrezas haya desarrollado, estos conocimientos serán desprestigiados por las instituciones que pretenden usar la técnica acreditada  como una barrera restrictiva. Las instancias disciplinarias han negado el reconocimiento de  estudios realizados desde plataformas online, sin realizar una mínima evaluación de los conocimientos de los sujetos que han realizado los estudios. Es el régimen burocrático autoritario el que decidirá si su conocimiento es legítimo o ilegítimo, no basados en una evaluación responsable del mismo, sino desde la reputación de su centro de estudio. Mientras más excluyente es este, mejor.

3.     Burocratización del conocimiento. Una de las formas más perversas de control que tienen varios proyectos políticos disciplinarios consiste en la burocratización de los saberes. De este modo se pretende catalogar como ¨correcto¨ aquel tipo de conocimiento que se adapte a la doctrina política de algún gobierno de turno, los pensum y líneas de investigación han de adaptarse a los requerimientos ideológicos de el poder o están condenados a ser desacreditados. El proceso llamado ¨revolución cultural¨ en China fue un ejemplo clásico de este tipo de tendencias, en las que varios pensadores e intelectuales fueron perseguidos básicamente por no alienarse con la beatífica ideología descrita en el libro colorado de Mao. Por supuesto existen varias experiencias contemporáneas especialmente en el caso latinoamericano.

4. Creación de guetos tecnológicos excluyentes. Uno de los casos más pintorescos, de este tipo de espacios fue la  isla Huemul en la Patagonia argentina, donde un delirante mecánico alemán engatusó a Juan Domingo Perón prometiéndole que crearía energía ilimitada basada en la fusión nuclear. Desde luego se trató de una meticulosa estafa que le costó al estado el equivalente a varios cientos millones de dólares. Al tratarse de un gueto hiper-tecnológico, dirigido por un europeo, el proyecto Huemul se aisló de todo el sistema universitario argentino y no aceptó la posibilidad de ser evaluado por organismos de control o miembros de la comunidad académica local. Para cuando un grupo de valientes profesores argentinos lograron descubrir el fracaso de esta isla ridícula, ya se habían perdido descomunales recursos que hubieran podido ser aprovechados por el sistema universitario de ese país. Desde luego hay varios otros ejemplos contemporáneos, y más cercanos,  de este tipo de guetos hiper-tecnológicos. 

Identificar las estructuras opresivas que pretenden cosificar a las sociedades en nombre de un conocimiento ¨oficial¨  es una tarea indispensable. El control de poblaciones en base a la burocratización de la ciencia y la tecnología puede funcionar temporalmente, pero al final será insostenible, especialmente cuando existen varios recursos que pueden asegurar el acceso a la información de manera libre. El conocimiento abierto es emancipatorio, mientras que el ¨conocimiento oficial ¨ es opresivo y obtuso. 

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