Como están las cosas, si me piden ser garante de una tremenda deuda necesitaría mucha confianza en el titular. Querría certezas de que es realmente necesario y tendría la sensatez de anticipar en cómo responder si algo falla.
El próximo domingo nos preguntarán si queremos ser garantes en una aventura constitucional.
No, diré, porque no les confiaría ni un saco de alacranes. Muchas mentiras, demasiados truquitos, ofrece y no cumple, juega con ventaja y si va perdiendo se lleva la pelota.
No, diré, porque no hay honestidad en para qué quieren la deuda, dice que nos cuenta luego y eso significa que no será nada bueno.
No, porque cansa que nos tengan de urna en urna gastando plata que no tenemos.
No, diré, porque no puedo ser garante de un riesgo tan grande. Empeñar el país, los recursos, los derechos, el futuro; es demasiado: si sale mal, lo perdemos todo.
