miércoles, abril 8, 2026
Ideas
José Proaño

José Proaño

Antropólogo

Salcedo a Tena, una carretera entre la vida y el colapso

El proyecto vial Salcedo-Tena atravesaría el Parque Nacional Llanganates, una de las zonas más biodiversas y frágiles de Ecuador. Un informe técnico revela sus impactos irreversibles.

 

Una carretera polémica

El Gobierno ecuatoriano ha anunciado la planificación de una nueva vía que uniría la población de Salcedo con la ciudad de Tena, en la Amazonia del Ecuador, atravesando por el corazón del Parque Nacional Llanganates. Prometida como una obra de “desarrollo estratégico” para mejorar la conexión interprovincial, la carretera ha encendido alarmas en comunidades, organizaciones ambientalistas y expertos en ecología.

Un informe reciente elaborado por Fundación Pumamaqui y organizaciones aliadas presenta una evaluación técnica detallada: la carretera atravesaría ecosistemas clave, provocando fragmentación de hábitats, pérdida de biodiversidad, afectación a fuentes hídricas y un daño ecológico que podría ser irreversible.

Llanganates: un ecosistema vivo y en peligro

Ubicado entre las provincias de Cotopaxi, Tungurahua, Napo y Pastaza, el Parque Nacional Llanganates protege más de 219 mil hectáreas de páramos, bosques nublados y selvas altas. Es hogar de múltiples especies endémicas y en peligro de extinción—como el oso andino, el tapir de montaña, y una gran diversidad de anfibios y aves que solo existen en esta región.

Pero no se trata solo de especies: el parque es una fuente vital de agua. Allí nacen ríos que abastecen a miles de personas y sostienen humedales de importancia internacional, como el sitio RAMSAR “Manglares y Humedales del Oriente”.

¿A qué costo se construye el “progreso”?

El modelo de análisis del informe identifica dos zonas de impacto: un Área de Impacto Directa (AID) —la franja por donde pasaría físicamente la carretera— y una Área de Impacto Indirecta (AII), que incluye efectos en los ecosistemas aledaños, cambios de uso de suelo, aumento de presión humana y fragmentación ecológica.

Entre los impactos más graves se encuentran: Fragmentación de corredores biológicos esenciales. Contaminación y alteración de recursos hídricos. Disminución de la capacidad de almacenamiento de carbono del ecosistema. Riesgo de expansión de actividades ilegales como la tala, cacería y minería.

La carretera no solo abriría un paso en la geografía. También perfora un tejido de relaciones entre humanos, otros seres vivos, el agua y la montaña. “No es solo un problema ambiental, sino una crisis relacional”, señala uno de los investigadores. “Cuando partimos un ecosistema en dos, rompemos un metabolismo vivo que no puede ser ‘mitigado’ con reforestación o promesas de conservación.”

¿Y ahora qué?

El informe propone detener el avance del proyecto en su fase actual y abrir un proceso de evaluación ambiental profunda, con participación real de comunidades, científicos y actores territoriales. También recomienda explorar rutas alternativas que no atraviesen áreas protegidas, y fortalecer las capacidades locales de monitoreo ambiental y gobernanza comunitaria.

Mientras tanto, el debate sigue abierto: ¿es posible seguir hablando de “progreso” cuando se basa en la destrucción de la vida que sostiene la vida?

Un momento para elegir

El caso de Llanganates nos interpela más allá de los detalles técnicos. Nos enfrenta a una pregunta central: ¿qué tipo de país queremos ser? ¿Uno que abre caminos sobre los últimos relictos de biodiversidad, o uno que aprende a convivir con ellos, a respetarlos como aliados y no como obstáculos?

Quizá el verdadero desarrollo no sea el que acorta distancias, sino el que prolonga la vida.

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