‘Don Cesitar’, como le decíamos los periodistas jóvenes, le contó en noviembre 2004 a la autora de esta nota que, una noche de bohemia, se juntaron dos grandes artistas: Luis Alberto Valencia, “El Potolo”, y Gonzalo Benítez, con dos periodistas: César Larrea y Luis Banderas.
César Larrea era jefe de redacción del quiteñísimo vespertino Ultimas Noticias. “En esa noche de 40 y de bohemia, ‘El Potolo’ nos contó impresionado cómo festejaban el 9 de Octubre en Guayaquil. Además de la sesión solemne, hacían actos artísticos y sugirió que Ultimas Noticias insinuara el homenaje a Quito a través del Albazo Quiteño que se hacía por los años 30-40, cuando a las 6 de la mañana, en fechas especiales, las bandas del Ejército y de la Policía salían a tocar música nacional en las plazas de Quito. Recogimos la idea y el 21 de noviembre de 1959 publicamos en primera página una nota titulada: “Música quiteña para el 6 de Diciembre. Invitamos a los barrios para el ‘Albazo Quiteño”.
«Después notamos que el ‘albazo’ era parte de una tradición militar y el 26 de noviembre cambiamos el título: “Debemos revivir el 6 de Diciembre la encantadora Serenata Quiteña”.
«La serenata era una tradición de los bohemios, enamorados. Para esta primera ‘Serenata Quiteña’ pedimos que cantantes, dúos, tríos, salgan a las calles y balcones a cantarle a Quito, pero la mayor parte se presentó en el periódico para la foto.
“En el 60 insinuamos que los artistas vayan a dar serenata en los asilos de niños, de ancianos, hospitales, cárceles, etc.; que al conjunto musical que llegue a una casa se le brinde el típico canelazo que se acostumbraba luego de una serenata (cuando el novio era del agrado de la familia). Salieron más conjuntos a diversos lugares. Fue el año de la consolidación de la fiesta”.
¡Viva Quito!, con trago
César Larrea continuó con su remembranza: “En el 61, con el dúo Benítez Valencia resolvimos dar la partida de la Serenata Quiteña en el atrio de La Catedral. La gente se reunió masivamente y surgió el mágico grito ¡Viva Quito! El flamante presidente de la república, Carlos Julio Arosemena, bajó a ver la fiesta, no se integró, pero parece que alguien le brindó un canelazo. Fue la apoteosis de la fiesta”.
“En 1962 el diario abrió una inscripción a las chicas que habiendo nacido un 6 de diciembre, quisieran recibir una serenata del dúo Benítez Valencia. Se inscribieron 18 chicas y la serenata duró de 9 de la noche a 7 de la mañana”.
“A partir de 1963 se agregaron otros programas artísticos, culturales, y el desfile de las carrozas del rocío”.
“En 1964 hubo un fabricante de licores que salió con camionetas a repartir trago en toda la ciudad. Ahí se desfiguró la fiesta. El espíritu cívico de amor a la ciudad se perdió”.
Desfiles, reinas y “40”
Según la cronología de César Larrea, “en el 65 el Municipio formó el Comité de Fiestas y organizó el Desfile de la Confraternidad”.
“En el 66 se eligió por primera vez a una Reina de Quito. Fue Elena Cárdenas. En 1967 se dio el primer Amazonazo. Fue un baile con orquestas instaladas en toda la Avenida Amazonas. En años posteriores se sumó, en el sur, el ‘Chavezazo’, en la Avenida Rodrigo de Chávez.
“En 1969 hubo el primer ‘Mundial de 40’. Los primeros campeones fueron los periodistas quiteños Alfonso Laso Bermeo y Gilberto Mantilla”.
César Larrea plasmó esta cronología en su libro (compartido con Raúl Endara) Memorias de las fiestas de Quito 1959-1989 que constituye, además, un delicioso anecdotario. Por ejemplo, las “Cartas a San Pedro”, del periodista Jorge Ribadeneira, para que la noche del 5 no llueva; los “chistosos” que en plena serenata se llevaron un bandolín y una guitarra de una estudiantina privándole de la “Serenata”. Devolvieron los instrumentos, no así el abrigo recién comprado que “El Potolo” encargó a otro “chistoso” hasta cantar. Una de las serenatas llevaron a la Comunidad del Buen Pastor donde “salió una madrecita y dijo: manda la madre superiora estito. Eran 50 sucres para los artistas”. Otra serenata original fue la “Serenata Aérea” que dio la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) en 1964 a toda la ciudad. “Voló un avión con artistas que cantaban con poderosos altavoces y esparcía hojas volantes con las letras de las canciones”.
Estos recuerdos nos deja Cesitar Larrea, el periodista que inventó las fiestas de Quito. ¡Paz en su tumba!
