domingo, junio 21, 2026
Ideas
Alexis Oviedo

Alexis Oviedo

PhD en Educación por la Universidad Católica de Lovaina, Maestro en Estudios Culturales y Desarrollo, Graduado en Economía. Ex gerente del Proyecto de Pensamiento Político de la SNGP. Docente universitario.

La copa no se mancha

Un Mundial inédito, con 48 selecciones, con expresiones descaradas de favoritismo a los grandes, con una FIFA haciendo política de sumisión total al poder gansteril que amenaza al mundo, y a la vez prohibiendo expresiones políticas. Un Mundial donde Ecuador vuelve decepcionar.

Han pasado 11 días desde el inicio del Mundial 2026 y se ven cosas que lo hacen diferente a los anteriores. No solo porque hay 48 equipos en lugar de 32, ni porque los partidos se jugarán en tres países sede, en lugar de uno o máximo dos, como fue en el mundial de Japón, del 2002, a donde Ecuador fue por vez primera.  Son tres países sedes, pero la mayoría de los partidos se juegan en uno solo, Estados Unidos.

Es un Mundial que nace con el tufillo desagradable de las inequidades. Rusia invadió Ucrania y se ganó de inmediato la descalificación de la competencia deportiva. Israel, sin embargo, siguió en las eliminatorias a pesar de que su gobierno asesinó a decenas de miles de palestinos, entre ellos, 566 futbolistas, el equivalente a 25 equipos completos de fútbol.

Aun con esto, la FIFA recalca que en el evento deportivo no cabe la política. Como si política solo fuese ondear banderas palestinas y no prohibir la entrada al mejor árbitro africano a Estados Unidos, o colocar miembros de la Policía antiinmigración alrededor de los estadios como perros de caza buscando su presa. En la arena del Mundial se venga Estados Unidos de su derrota  en la guerra con Irán, la retaliación se ejerce contra los jugadores de esta selección impidiéndoles pernoctar en el territorio de ese país. Pueden llegar y jugar, pero de inmediato deben irse a México, para luego retornar vía área a su siguiente partido.

Una fiesta “apolítica” donde el actual rey del balón, Leonel Messi, emula al rey Pelé, en su obsecuencia con el poder y reverente entrega la copa  al guerrerista y pedófilo más grande que han escogido los Estados Unidos para gobernarlo. ¡La copa tampoco se mancha!, le diría Maradona desde el cielo de los futbolistas.

Este es el Mundial donde la FIFA quiere exprimirlo todo para sacar utilidades y en ese afán hasta se inventa una pausa de hidratación de tres minutos en cada uno de los tiempos. ¿Se diseñó pensando en la salud de los jugadores?, por su puesto que no, estos han importado poco, solo se piensa en sus condiciones en la media en que dan millones en los pases interclubes al ser vendidos como gladiadores de la modernidad. La pausa es para vender publicidad. Tres minutos que deslucen y enfrían el encuentro futbolero, pero que hacen ganar harto dinero en venta de publicidad y enriquece a las corporaciones que compran el espacio propagandístico.

Se ven inequidades en los encuentros; algo que no es nuevo, pues la historia de los mundiales ha estado plagada de favoritismo hacia los equipos grandes y arbitrajes sesgados cuando un equipo chico va imponiéndose. En el partido Argentina-Argelia, Messi entra con una plancha horrible contra un jugador argelino, el árbitro hace la vista gorda y no lo sanciona. La plancha es falta cuando no la hace Messi y menos si es contra un jugador desconocido. Sí se sanciona la falta contra un jugador de una selección alemana o francesa.

También se dan errores de arbitraje que ocultan simpatías. En el partido Ecuador contra Costa de Marfil, por “una leve lesión” el árbitro inglés se excusó de pitar ese partido y pitó un francés, que se olvidó de sacar una segunda tarjeta amarilla al francés marfileño Guelá Doué, cuando cometió otra falta contra Moisés Caicedo. Guiño del ojo de la ex metrópoli a la ex colonia.  Mientras mirábamos este partido en la pantalla, apareció el presidente Noboa sentado en un sitio preferente. Nada cuestionable si pedía vacaciones y con el dinero, que le sobra, se iba al estadio. Pero se inventó un viaje oficial y con eso los ecuatorianos pagamos su estancia. Encima más, dos minutos después de que aparece llega el gol de Costa de Marfil…

Fue una derrota que nos puso tristes y que nos tiene con los nervios de punta, aunque los pesimistas digan que pronto tendremos a la selección en casa y los optimistas aseguren que sí empatamos con Alemania. Mientras otros sueñan con que lleguemos entre los mejores terceros, la dinámica interna del país sigue su rumbo en segundo plano y en este se ubica la crónica roja que no ha bajado su intensidad, o la investigación del asesinato de Mónica Silva que avanza con lentitud. El impensado y frustrado empate con Curazao echa abajo todos estos planes. Solo la esperanza de ganar a Alemania, pero es algo lejano.

La fiesta mundialista domina como nuevo opio de pueblo y los ecuatorianos, con la esperanza no intacta, seguimos lavando la camiseta amarilla. Pero no pocos, mientras lo hacemos, pensamos en la revocatoria presidencial.

 

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