Un pliego de chantajes imposibles de cumplir, elevados a la categoría de “acuerdos” bajo la falsa premisa de que los votos obtenidos en la primera vuelta electoral (5,25%) por el ex candidato presidencial y presidente prorrogado de la CONAIE, Leonidas Iza, pueden ser endosables en su totalidad al correísmo.
Pese a ello, Luisa González, candidata presidencial por la Revolución Ciudadana, aceptó y firmó ese documento con Guillermo Churuchumbi, coordinador del movimiento Pachakutik. Un papel de tres páginas que secuestra electoralmente a las bases de Pachakutik y de la CONAIE las cuales, una vez más, lucen fisuradas y molestas por la polémica decisión de sus dirigentes, al punto que, varios lideres históricos mostraron su rechazo a ese “acuerdo” por no representar a la organización indígena, sino a los intereses de Iza, Churuchumbi y sus grupos. Situación que le resta unanimidad y legitimidad a un acto que para algunos fue histórico, aunque carente simbolismo por la ausencia de su principal promotor, quien solo apareció en el acto de manera virtual, según rumores por miedo a ser ortigado. Con lo cual, este ambiente de profunda división podría traer como consecuencia el que, ese 5,25% de votos obtenidos por Leonidas Iza en la primera vuelta electoral del pasado 9 de febrero, se termine fragmentando y que parte de ese porcentaje se convierta en votos nulos o a favor del presidente/candidato, Daniel Noboa.
Pese a ello, ¿por qué firmar un “acuerdo” con la dirigencia prorrogada de la CONAIE y con su brazo político Pachakutik en estos últimos días de campaña electoral, si Luisa González ha demostrado ser lo suficientemente capaz para captar voluntades apelando a su propuesta y a los errores de su adversario? Porque en este ejercicio proselitista de espectacularizar la política con altos componentes teatrales para consumo de la opinión pública -tratando de equipararla casi al mismo nivel de un programa de farándula- la intención central del correísmo fue la de contrarrestar la foto del presidente/candidato, Daniel Noboa, con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y, a la vez, mostrar a Luisa González como una persona mucho más accesible, autónoma y menos beligerante que el ex presidente Correa con relación al movimiento indígena. En sí, una persona con la que se puede dialogar.
El correísmo es consciente que ese “acuerdo” con pachakutik, con sus veinticinco condiciones, son imposibles de cumplir, porque atentan contra su propio credo.
No obstante, la fantasía duró tan poco como se hicieran públicas las veinticinco condiciones del documento que firmaron González y Churuchumbi, las mismas que estuvieron plagadas de fanatismo, pero también carentes de cifras y sustento técnico que explique de dónde saldrán los recursos para alimentar el injustificado engrosamiento y la multiplicación de gastos del Estado en USD 14.000 millones que plantean Iza y sus amigos; o, peor aún, cuáles serán las alternativas de financiamiento para sustituir los ingresos que dejará de percibir el Ecuador si se llegara a concretar la no ejecución de nuevos proyectos petroleros, la restricción de la minería a gran escala -equiparada por Iza y su gente con la minería ilegal- o la reducción del IVA del 15% al 12%, con un impacto significativo de USD 1.300 millones anuales en los ingresos fiscales.
Frente a esto, ¿la Revolución Ciudadana y su candidata cumplirán con este “acuerdo” con Pachakutik y la CONAIE si llegan a ser gobierno? El correísmo es consciente que ese “acuerdo” con sus veinticinco condiciones son imposibles de cumplir, porque atentan contra su propio credo, defendido como razón de Estado en el gobierno del ex presidente Correa, el cual sostiene que: “para superar el extractivismo y alcanzar el desarrollo en el país es necesario incrementar el extractivismo”.
Del otro lado y ante a este hipotético escenario, no sería extraño que el presidente prorrogado de la CONAIE, Leonidas Iza, apele a la narrativa de la traición, tal como lo hicieron otros dirigentes indígenas con los gobiernos de Lucio Gutiérrez y del propio Rafael Correa.
* Magíster en Estudios Latinoamericanos, mención Política y Cultura. Licenciado en Comunicación Social. Analista político, experto electoral.
