miércoles, abril 15, 2026
Ideas
Ana Minga

Ana Minga

Estratega en comunicación política y seguridad. Periodista de investigación especializada en zonas de conflicto y seguridad. Perfiladora en comportamiento criminal y escritora ecuatoriana.

Es necesario un Proyecto ANA

Es vital que la violencia de género tenga un tratamiento integral. Romper la dependencia económica con los perpetradores de esa violencia es un paso fundamental.

¿Por qué no regresas a la vida? –se pregunta un personaje de la novela El jugador, obra literaria de Fiódor Dostoievski. Una pregunta que nos hemos hecho a veces a solas, frente al espejo, o llorando en algún rincón. Esta vez, en esta columna, quiero confesar que viví violencia de género y lo digo porque fui una de las mujeres que criticó a otras, con frases como «si sigues en una relación tormentosa es porque te gusta vivir así». ¡Y no! A nadie le gusta vivir en violencia o escuchar frases que te cortan la sangre. Peor que te agredan hasta matarte.

Pero los seres humanos somos necios y hasta que no lo vivimos no tenemos opinión propia. En este despertar me encontré con este Proyecto ANA, una iniciativa de la Primera Dama del Ecuador, Lavinia Valbonesi, para combatir, en parte, la violencia de género.

Ella, en sus tiktoks se muestra extrovertida, pero cuando habla de este tema es seria y me dio la impresión de que tiene un carácter fuerte. Su imagen de Primera Dama la utiliza para esta causa: habla y consigue presupuesto de la empresa privada para ofrecer cursos y, al final, alguna plaza de trabajo a mujeres que han sufrido violencia de género. Aún no tiene un número de mujeres que ha logrado emplear en las empresas que apoyan el proyecto, ni de las beneficiarias de los cursos que se brindan. Tampoco hay un número de empresas exacto, porque cada semana se consigue algún nuevo patrocinador.

El nombre del proyecto se debe a una mujer guayaquileña que contó a la Primera Dama su dura realidad, ya que ella quería dejar a su violenta pareja, pero no podía pues sus hijos se quedaban sin sustento. Esta dependencia económica es otra forma de violencia.

No recibe ayuda del gobierno y los funcionarios de Presidencia: si bien la respetan, no están bajo sus órdenes, esto me consta. Es su iniciativa y según comenta tiene tres etapas: prevención, formación y empleabilidad. El nombre del proyecto se debe a una mujer guayaquileña que le contó su dura realidad, ya que ella quería dejar a su violenta pareja, pero no podía pues sus hijos se quedaban sin sustento. Esta dependencia económica es otra forma de violencia y por eso Valbonesi insiste tanto en formar a las mujeres inicialmente para que emprendan en algo o puedan trabajar en alguna parte.

En esta primera etapa de prevención, se exponen charlas en escuelas fiscales donde cuentan a los niños lo que es la violencia para que ellos reconozcan sus derechos. Valbonesi aspira a que el proyecto continúe incluso si no ocurre la reelección de su esposo. Actualmente, la iniciativa se desarrolla en Guayas, Pichincha, Azuay, Manabí y Orellana. En la etapa final, ella aspira crear un centro de acogida para niños que son víctimas de violencia intrafamiliar.

En la página de Instagram, denominada Proyecto ANA, pueden inscribirse las mujeres interesadas en los cursos presenciales y en línea. El objetivo es cortar la dependencia económica de las mujeres que sufren violencia de género con los perpetradores de dicha violencia.

Esta idea puede ser complementada con una eficaz y real ayuda por parte del Ministerio de la Mujer, institución que está encargada de brindar asesoría legal y psicológica en estos casos. Sin embargo, esto no ocurre. Al menos en Quito, el Ministerio no cuenta con abogados que den soporte legal a las denuncias que las mujeres valientes realizan y la asistencia psicológica es casi nula, ya que al momento existen 1.000 víctimas de violencia de género en la capital y solo cuentan con una psicóloga en la matriz. Y es vital que la violencia de género tenga un tratamiento integral.

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