viernes, abril 17, 2026
Ideas
Patricio Moncayo

Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

El Ecuador avanza

Ser presidente-candidato tuvo sus pros y sus contras. Al parecer pesaron más los aciertos que los desaciertos. Ello también contribuyó a su victoria. Terminada la campaña deja de ser candidato y asume a plenitud su función presidencial. El Ecuador debe caminar hacia adelante.

Los resultados electorales de la segunda vuelta que dieron una holgada victoria a Daniel Noboa tienen, como es obvio, distintas lecturas. Una de ellas es que expresa la conformación de un centro político en el que confluyen distintas corrientes del pensamiento “más allá de la izquierda y la derecha”.  En la última contienda hubo dos posiciones respecto de la democracia. La de los moderados y la del extremismo.

“El moderado es por naturaleza democrático; un extremista de izquierda y uno de derecha tienen en común el antidemocratismo”- dice Norberto Bobbio. Los dos binomios finalistas expresaron esta díada. Noboa encarnó la moderación; Luisa González el extremismo.  De ahí que lo que estuvo en juego en la elección fue la vigencia de la democracia.

La invocación a la violencia de González con la creación de “los gestores de la paz” y el reconocimiento a Maduro como presidente de Venezuela dieron cuenta de un proyecto de golpe de estado por la vía electoral. Sumar a la violencia criminal una violencia ciudadana desde el estado implicaba una ruptura de la democracia basada en el estado de derecho.  Ya Correa entre el 2007 y el 2017 puso en práctica esta conspiración antidemocrática.  Hoy pretendía valerse de ella para regresar al poder amparado en la impunidad, burlando las sentencias de los jueces. Sin embargo, ésta es su tercera derrota.

No fue, entonces, el rechazo al correismo lo que le dio el triunfo a Noboa sino el repudio a la conspiración antidemocrática del correismo.  La no aceptación de los resultados por parte de la candidata correísta, con el apoyo de Maduro, es otra prueba de su proyecto golpista. Sin embargo, las autoridades locales del correismo no avalaron la tesis del fraude electoral denunciada por la candidata González no se sabe si por no malquistarse con el gobierno en perjuicio de su gestión o por discrepancias con la línea política de su líder. Resulta extraño que a nivel regional los gobiernos de Colombia y México hagan causa común con el proyecto frustrado de Correa, con la Venezuela de Maduro, y que Lula del Brasil y Orsi del Uruguay demoraran en reconocer la victoria de Noboa. El impacto regional de estos resultados presidenciales en Ecuador se traduce en un debilitamiento del proyecto de esta internacional seudo izquierdista  que pretende conspirar contra la  democracia.

El Ecuador no se dejó embaucar y ahora se apresta a pensar con responsabilidad lo que se viene. Es momento de hacer propuestas viables de gobierno desde una perspectiva de centro izquierda y de centro derecha, cuyo común denominador es su fidelidad al método democrático.

Ser presidente-candidato tuvo sus pros y sus contras. Al parecer pesaron más los aciertos que los desaciertos. Ello también contribuyó a su victoria. Terminada la campaña deja de ser candidato y asume a plenitud su función presidencial.  Los problemas que tiene que enfrentar son complejos y requieren de gran sabiduría política. Hay muchas y diversas expectativas sobre la gestión del presidente Noboa. Ellas nuevamente responden a distintas orientaciones ideológicas.

El debate entre neoliberalismo y el papel rector del Estado en la economía no ha cesado. Los que votamos por Noboa seguramente estamos involucrados en ese debate. El presidente debe balancear estas dos posiciones antes de tomar decisiones críticas. Balancear ajuste con crecimiento.  El tema del empleo es crucial y ello implica no abandonar la obra pública. En el tema de la seguridad hace falta complementar el uso de la fuerza para reprimir la delincuencia organizada con una política social que brinde oportunidades sobre todo a los niños y adolescentes que carecen de ellas y que les vuelven presas fáciles de las mafias. El estado debe proveer de servicios básicos a los lugares habitados por la gente más necesitada.

Uno de los problemas que en este campo cobra gran importancia es el tema del hambre. Políticas como la implementada por Guillermo Lasso para reducir la desnutrición crónica infantil hace parte de esta acción para mitigarla. Pero es necesario ampliarla de manera de que la lucha contra el hambre se convierta en una política de estado. Ello implica tener estadísticas sobre la población más afectada por el hambre y diseñar políticas que puedan ser implementadas en las distintas regiones según sus particularidades.  Ello también incidirá en la lucha para combatir el crimen y la violencia, además, por cierto, de las acciones llevadas a cabo por la fuerza pública.

También respecto del problema del hambre hay distintas lecturas que deben ser sopesadas. Hay una rica literatura al respecto que debe ser conocida y estudiada por la academia, los partidos políticos, las organizaciones  sociales. Construir un gran acuerdo nacional para emprender en una campaña de lucha contra el hambre puede ser un paso trascendental para dar a la igualdad tanta importancia como la que tiene la libertad. El liderazgo que en este terreno puede ejercer el presidente Noboa le daría al Ecuador una meta mesurable y marcaría otro horizonte en la dirección de la política pública, y demostraría que en democracia es posible logar resultados de beneficio social que los regímenes autoritarios de América Latina han sido incapaces de conseguir, pese a llamarse de izquierda.

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