En la entrevista de Milton Pérez a Andrea González quedó en claro el fondo político del debate presidencial del 1 de octubre, que ha sido soslayado en múltiples comentarios y análisis vertidos sobre su ejecución. Se ha enfatizado sobre el formato, el desempeño personal, la vestimenta, los acompañantes, los gestos. Estos han sido objeto de una percepción psicológica.
Las declaraciones del expresidente Correa a El País corroboran el significado político del debate. El asesinato de Fernando Villavicencio se habría fraguado, según Correa, por motivos electorales.
Quienes se oponen al correísmo -afirma- fueron los que asesinaron a Villavicencio para que su candidata, Luisa González, no ganara en la primera vuelta. ¿Nada, entonces tuvieron que ver el crimen organizado y las valientes y certeras denuncias que hizo Villavicencio y que provocaron la reacción de las mafias?
“Yo dejé al país como el segundo más seguro de América Latina” sostiene Correa. Desdeña que justamente ese discurso le hizo daño a Luisa González, tanto que tuvo que desmarcarse de su mentor para mejorar su imagen ante el electorado. El que Noboa haya pasado a la segunda vuelta se debe, a su criterio, al apoyo de los poderes fácticos. Éstos, entonces, serían los que dominan el escenario político electoral.
Entre el correísmo, bautizado por Correa como “categoría socio política” y los poderes fácticos, no existirían otros actores y dimensiones sociales: la clase media, los movimientos sociales, la diversidad poblacional. Este reduccionismo deja a tal categoría mal parada.
Pese a que los ciudadanos en su mayoría abominan de la polarización y la violencia política, Correa sigue creyendo que “el anticorreismo inoculado en estos años por el bombardeo de la prensa” explicaría el ascenso de Noboa.
Según Correa el progresismo es buscar la justicia socioeconómica y no las reivindicaciones identitarias de género, étnicas y ambientales. Ello a propósito de su oposición al aborto, compartida por su candidata.
Sostener -como lo hace el expresidente- que el país de ahora contrasta con el que él dejó es ignorar los cambios en el país, en la región y en el mundo. La presencia de la Covid 19, la expansión del crimen organizado y el endeudamiento dejado por su gobierno configuran un escenario distinto del que hubo en la década del 2007-2017. Muchas obras realizadas en ese período adolecieron de múltiples fallas y se prestaron para el cometimiento de actos de corrupción precisamente denunciados por Fernando Villavicencio.
El reto de salir del subdesarrollo no puede lograrse en año y medio, para ello se necesitan décadas, afirma Correa. Tampoco se avanzó en ese camino en la década en la que él ejerció la presidencia. Pese a la vigencia del correísmo en la administración pública y de la justicia, declara que si gana Luisa González acudiría a la convocatoria de una Asamblea Constituyente para “recuperar”, léase apoderarse de todos los niveles del poder estatal.
Sin duda, que esta agenda, aunque mimetizada, la enarboló la candidata del correísmo, frente a la cual Noboa propuso otro camino basado en la libertad económica y política. Dada la situación de las finanzas públicas no puede el Estado ser generador de empleo ni convertirse en el motor de la economía. La apertura económica es indispensable para salir de este bache. En lo político es fundamental dejar atrás la polarización y establecer acuerdos que garanticen la gobernabilidad democrática.
La suerte de una candidatura no es un tema electoral. La disputa televisiva no capta la capacidad de los postulantes para el ejercicio de gobierno. Los buenos o malos resultados de la gestión presidencial son los que finalmente cuentan e importan. Hablar no es lo mismo que tomar decisiones. Discurrir sobre temas es una cosa. Proponer soluciones a los problemas, es otra.
La segunda vuelta coloca a los candidatos ante una enorme responsabilidad. No se trata solo de ganar una elección sino de no defraudar a los electores en el ejercicio de gobierno y de enrumbar al país hacia objetivos viables
El debate presidencial, entonces, enfrentó una postura conservadora encarnada en Luisa González y otra de corte liberal sostenida por Daniel Noboa. Y esta es la disyuntiva de la que no podemos evadirnos los ecuatorianos.
