Llega la “temporada de terror” y, paradójicamente, los ecuatorianos que gustan de los disfraces, los trucos y las tretas (trick or treat, en inglés) propias de esa festividad anglosajona, no necesitarán disfraces para sentir el escalofrío. Este año, el Halloween llegó temprano, con un decorado de apagones de hasta 14 horas diarias, una puesta en escena que parecería la típica historia de horror, pero con un guion lleno de, llamémosle… “creatividad gubernamental”.
Las promesas de modernización y “progreso en tiempo récord”, parece haber tomado un atajo hacia la oscuridad. Lo que antes eran cortes de luz ocasionales ahora son insoportables horas sin energía eléctrica, haciendo que la vida diaria de los ciudadanos se asemeje cada vez más a una novela de terror mal escrita, y ni siquiera de las entretenidas.
Cuando todo esto pase, y al parecer no será pronto, las generaciones por venir nos pedirán cuentas —no planillas de luz subsidiadas en campaña electoral— para entender lo que pasó. Es nuestra obligación registrarlo para la posteridad y con el objetivo de que no vuelva a suceder. Para nutrir ese archivo que sin duda será enorme, deberemos organizar incontables narrativas noticiosas y de opinión enfocados en las causas de la crisis energética.
De entre tantos ¿cuál será el motivo que más likes e interacciones tiktokeras viralizará?
Aquí es donde la historia se enriquece. Primero, resulta que un grupo de “infiltrados” ha estado vaciando el agua de una central térmica. Sí, al parecer, la guerra de inteligencia ha evolucionado tanto, que los saboteadores ahora llevan cubetas y se encargan de que las centrales eléctricas se deshidraten (¿quién necesita hackers cuando tienes cubetas?). Si eso falla en convence tenemos a las zarigüeyas, que –sin saberlo– forman parte de una conspiración “posiblemente internacional” para sumergir al país en la oscuridad. Deben ser zarigüeyas criadas en el Grupo de Puebla y en el Foro de Sao Paulo; zarigüeyas entrenadas en sabotaje energético, para mordisquear cables con precisión quirúrgica y parar turbinas. ¡Viles zarigüeyas politizadas, subversivas!
Mark Twain decía que “nada necesita reforma más que los hábitos ajenos”. Debemos preservar la frágil y perezosa memoria del poderoso influjo del olvido. Algún día, responder si, efectivamente, lo que hoy está pasando es -fue- una pesadilla o una mala pasada; un truco o treta en vísperas de hallowen, de la colada morada, y el día del Escudo.
Si yo fuera un ciudadano también estaría cabreado con el presidente por los apagones. Alguien lo dijo.
¿De qué sirven más de 17 millones de simples “conchudos” ciudadanos, cabreados?, si la crisis de energía “se resolverá cuando llueva”.
¿Cómo lograremos que los niños de hoy, cuando crezcan, puedan imaginar un país en el siglo XXI cuya recuperación energética dependía de rezarle a los dioses del clima? ¿Usaremos como recurso pedagógico la todopoderosa inteligencia artificial, para simular un retrato presidencial, en el Salón Amarillo de Carondelet, investido con un paraguas?
Sería un tiktokazo. Ahí les dejo esa luminosa idea.
La confianza ciega en soluciones abstractas ha sido característica de gobiernos que, como una mala obra de teatro, solo piensan en el acto producido en la inmediatez.
Si la culpa fuese solamente de los caciques del “Viejo país”, los ungidos del “Nuevo Ecuador” tardaron casi un año para hacerle frente a la crisis con algo de eficiencia técnica y optimización financiera. Es una culpa compartida. Los efectos de lo que no se hizo a tiempo son demoledores. La economía sufre un paro general, con negocios forzados a cerrar sus puertas cuando la luz dice adiós. La industria, que una vez impulsó la promesa de “más empleos y mejores ingresos”, se paraliza y se retrasa; las clases virtuales y el teletrabajo son ya solo un recuerdo distante. Y la salud mental de una población agotada parece no tener prioridad alguna; el impacto económico es alarmante, al igual que el impacto social: la tensión es palpable en cada rincón.
De hecho, en el mundo de la política sarcástica, Groucho Marx, un genio de la observación crítica, podría haber encontrado aquí un caso de estudio. “Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros”, decía. Al parecer “lideran” este país algunas personas que han abrazado esa idea con fervor, pero entre zarigüeyas, sequías y saboteadores con cubetas, alguien debe reconocer que la falta de inversión en infraestructura es, en realidad, el verdadero villano.
Y aquí estamos, con Halloween en pleno, esperando que la naturaleza misma se convierta en ministra de Energía y nos regale unas gotas de lluvia para remediar lo que décadas de negligencia no hicieron. Quizá cuando lleguen las lluvias, uno se autoproclame como el líder que “superó la crisis energética”, en un acto de ilusión política que confundiría hasta a los más adeptos al realismo mágico. Pero aquí no hay magia: solo una realidad deprimente, y una población que paga los platos rotos de promesas vacías.
No es verdad que “el estiaje sea el problema” y no la falta de inversión, previsión, o mantenimiento de las infraestructuras; así que, mientras el agua falta y la luz no llega, puede esperarse un anuncio en redes informando la creación de un Consejo de Control de Zarigüeyas, el mismo que ya tiene un pre proyecto preaprobado -como el anunciado en el debate presidencial del 2023- para precontratar una solución presupuestada y decretar que ojalá que llueva café, para mantenernos despiertos cuando se corte la luz eléctrica y dormidos, cuando amanezca.
Y si al final del relato, nuestros hijos nos preguntan qué pasó con los miles de millones de dólares que se dijo estaban presupuestados e invertidos desde hace década y media antes de los apagones, les deberemos contestar que muy pocos habrán sabido lo que ocurrió, mientras en Ecuador se feriaban los sectores estratégicos del país.
La crisis energética que sufre el país es la más evidente, pero no es la única y está conectada con la política falsaria y corrupta.
De cara a las elecciones del 2025, es imperativo contar con un gobierno y una legislatura que precautelen la calidad de la inversión extranjera -independientemente de su origen- en los sectores estratégicos del país; legislen y gobiernen con visión nacional para ser competitivos al insertarnos en el orden regional y global; deben ser competentes y honorables para impulsar junto con sus mandantes, un compromiso para salvaguardar la vida afectada por la crisis económica, social y de seguridad, salir de la recesión con políticas de estado que impulsen a la industria, a la agricultura, al sector agropecuario, a los emprendedores, y que paguen la deuda que mantiene en la pobreza a millones de personas.
El Estado tiene el derecho de administrar, regular, controlar y gestionar la energía en todas sus formas, los recursos naturales no renovables, el transporte, la refinación de hidrocarburos, la biodiversidad y patrimonio genético, el espectro radioeléctrico, el agua, y las telecomunicaciones.
El baile de disfraces y el halloween político ya no tienen cabida en un país en quiebra sistémica. Salvo que, nuevamente, en el próximo proceso electoral, el truco o treta que aún palpita en la vieja política y en sus herederos, vuelva a engañar a los electores quienes, a cambio de su voto, solo recibirán un puñado de golosinas, o con suerte y como un tributo a la tradición y la soberanía, una mini guagua de pan.
