Una tienda de carne, recién inaugurada en la ciudad de Loja pone una valla publicitaria de su producto. Hasta ahí, usted seguramente dirá que no hay nada de novedoso en mi relato. Pues déjeme contarle que sí lo hay. Resulta que esa valla, al parecer colocada en vías principales de dicha ciudad, expone la foto de una mujer sujetando un trozo de carne, al parecer recién macheteado, con sus manos ensangrentadas, también tiene sangre en su cuello, pecho y hombro. La mujer intenta mostrarse atractiva, conforme estándares de belleza estereotipados: piel blanca, dientes perfectos, ojos claros, cejas delineadas (una de ellas arqueada hacia arriba), cabello negro, sonrisa algo burlona; y el mensaje: “tenemos el mismo sabor”. ¡Qué creatividad! Resulta que para esta tienda de carne, las mujeres sabemos a carne muerta.
Varias cuentas en redes sociales, sobre todo de mujeres feministas, se activaron y alzaron su voz de crítica a la valla. El fondo del rechazo: el machismo. Ahora, usted dirá, que dónde está el machismo en la imagen. Leí algunos tuits afirmando que, finalmente, la tienda logró su cometido de que se hable de ella, y otros mencionando que a lo mucho ven a un “creativo” sin creatividad o con algún problema psicológico.
Usted sentencia desde la comodidad de su posición que no hay machismo en esa publicidad. Bueno, aquí es cuando saco mi plastilina y empiezo a hacer figuritas para explicar. Vivimos en una sociedad donde seis de cada 10 mujeres reportan haber vivido violencia psicológica y/o física por parte de su pareja. Una sociedad donde hasta junio de este año se han registrado alrededor de 80 casos de femicidios, todos ellos perpetuados por actuales o ex parejas de la víctima y de las formas más atroces inimaginables. Usted dirá, “¿pero qué relación hay entre esos datos y la imagen?”; ¡¿no la ve?! ¿No?, bueno, sigamos con la plastilina.
Resulta, mi buen lector (también asumo que lectora), que el machismo en un sistema de creencias que pone a la feminidad por debajo de la masculinidad (feminidad y masculinidad culturales) y, en ese sentido, se genera una relación de poder asimétrica donde la masculinidad somete a la feminidad en todo sentido: económico, social y cultural. Bajo este sistema, la mujer es vista y considerada como un objeto y, como tal, el hombre la ve como algo para poseer, usar, abusar y desechar a su antojo. Pero, tome en cuenta que, esto no es racionalizado ni decodificado por quien ejerce el rol masculino, sino que está tan naturalizado que lo realiza como una práctica normal.
Así, vivimos en una sociedad donde muchos hombres ven a su pareja como suya y marcan cómo debe vivir, lo que debe vestir, lo que debe decir; dónde debe o no debe trabajar y si debe o no debe trabajar; a dónde y con quien puede y no puede salir; cuántos hijos debe tener, etc. Si la mujer sale de sus reglas, viene el maltrato psicológico y los golpes y, si esto continua, la muerte. ¿Aún sigue sin ver la relación? Saco mi tercer trozo de plastilina. Esta publicidad es una muestra gráfica de cómo una sociedad machista ve y trata a las mujeres: un trozo de carne (objeto), al que se puede aliñar a su antojo para degustarlo y después desecharlo. ¿Sigue sin ver la relación? Bueno, lector, usted tiene tan solo un dedo de frente. ¡Buen provecho!
Totalmente aberrante, repulsivo, falto de todo criterio comunicacional y machista; y no, las mujeres no tenemos ese sabor. ¡Vaya que lo sé! pic.twitter.com/W4gQ5Rfnhu
— Pamela Troya (@pametroya) 12 de septiembre de 2017
