domingo, junio 21, 2026
Ideas
Patricio Moncayo

Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

A la búsqueda de un estadista 

El juego de la gobernabilidad excede a los gobiernos. Se ha extendido al Estado que ha perdido su rol de poner orden en su propia casa. No parece posible que esto se solucione en el corto plazo.

El Ecuador no va en la dirección de encontrar un estadista. Noboa optó por la candidatura.  En el pasado algunos pasos se dieron con el regreso de la democracia. La ley de partidos apuntaba a terminar con el caudillismo. Sin embargo, los partidos no desterraron el caudillismo en sus propias filas. Poca importancia dieron a la capacitación y a la confección de planes y programas de gobierno viables. Siguió imperando la improvisación, el empecinamiento normativo que fija metas imposibles de alcanzar y la incapacidad para llegar a acuerdos. Más pudieron las rivalidades personales. La toma del poder se privilegió por encima de los objetivos programáticos, sujetos a los cálculos oportunistas de muchos de sus afiliados. Confundieron política y gobierno. Dejaron de lado la planificación.  

Los problemas de nuestros países requieren de una planificación no tecnocrática sino estratégica. La teoría se ha rezagado de la práctica. Hay un conflicto entre democracia y gobierno. En democracia, la política es una actividad libre a la que accede cualquiera. La capacidad política no es igual a la capacidad de gobierno. Esta es terreno de pocos. Resolver problemas puede afectar la adhesión de los votantes, lo que lleva a los políticos a abstenerse de jugarse por esta vía. Su obsesión termina siendo la de no ser derrocados por ejercer un gobierno electo irresponsablemente. 

Desde luego, no hablo de la vieja planificación departamentalizada, que da mayor peso a las partes que al todo, sino de una planificación viva, situacional, que mire el futuro pero que no ignore el presente. Una planificación no normativa ni burocrática sino una herramienta de actores políticos que quieren cambiar la realidad pero que no saben cómo hacerlo.

La planificación no es solo ciencia sino arte. Allí se produce el encuentro entre gobierno y política, dentro del marco democrático. Sin esta planificación, la democracia se ve disminuida a la condición de un juego de escaso valor, que anula el potencial decisional de una ciudadanía que no siente a la democracia como su hábitat político natural, por estar relegada de evaluar el desempeño de los gobiernos elegidos. 

El juego de la gobernabilidad excede a los gobiernos. Se ha extendido al Estado que ha perdido su rol de poner orden en su propia casa. No parece posible que esto se solucione en el corto plazo. Las reglas del juego político que se establecieron en la Constitución de Montecristi han descalabrado el orden institucional. El asedio de la corrupción y la narcopolítica convierten a la democracia en un instrumento sujeto a presiones que no vienen solamente de los ciudadanos.  

Es fundamental cambiar las reglas del juego político, aunque estas se mantienen precisamente por las prácticas de una política que privilegia el corto plazo y las luchas por los micro poderes. Se requiere, consecuentemente, un cambio en la dirección de la política. Sin embargo, con partidos políticos huérfanos de líderes bien formados no parece posible optar por la renovación de las formas de hacer política. 

El Ecuador de hoy requiere de una alfabetización política. Los ciudadanos están apartados de la política. Les aburren las pugnas entre los presidentes y los asambleístas. El diario Expreso cita algunos criterios de los electores que mayoritariamente van a decidir por todos. “No sé cuántos candidatos participan”; “solo votaré para tener el papelito”; “por convicción siempre voto nulo”; “yo reviso más que nada mi TikTok”. Con estas motivaciones muchos ciudadanos van a las urnas y no eligen, siguen la corriente. Por eso es que en las elecciones pasadas, figuras como Otto Sonnenholzner quedaron fuera de la segunda vuelta. Su preparación y su experiencia pesaron poco.    

La técnica —no la tecnocracia— y la política deben ir de la mano. Hay tantos accidentes de tránsito por la incapacidad e irresponsabilidad de muchos choferes profesionales o amateurs. Ello también ocurre en el campo de la política. Mientras la política carezca de valores y de conocimientos sobre el gobierno y la planificación recursos de los territorios como los ríos, mares, parques, infraestructura vial, fuentes de energía, corren grandes riesgos de sufrir destrozos inconmensurables. La última crisis energética así lo demuestra, pues es un mal de muchos gobiernos por décadas.  

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