Dos aviones militares volaban rumbo a Colombia desde EE.UU. cuando el presidente colombiano Gustavo Petro anunció que los rechazaba. Trasladaban personas deportadas. “No puedo hacer que los migrantes queden en un país que no los quiere”, escribió Petro en X, “pero si ese país los devuelve debe ser con dignidad y respeto” hacia ellos “y con nuestro país”. Esto desató un intercambio de publicaciones con el presidente Donald Trump con amenazas mutuas de aranceles. Doce horas después, el asunto era superado.
A propósito de las deportaciones que ha anunciado y empieza a ejecutar el nuevo presidente estadounidense, ¿quiénes son los más de 11 millones de migrantes que Trump pretende deportar? Menos del 4% de los indocumentados tienen antecedentes criminales y casi ocho de cada diez llevan más de cinco años en Estados Unidos. Hay temor en las llamadas “ciudades santuario”. Los migrantes, que antes llenaban las calles de Nueva York y otras localidades de las fronteras ahora se esconden, se refugian, han dejado de asistir a sus trabajos y no van a restaurantes.
Lo cierto es que las nuevas políticas del recién estrenado gobierno de Donald Trump están haciendo difícil la vida de muchos que viajaron a EE.UU. en busca del “sueño americano”, una utopía que inició en el siglo XIX con la llegada de miles de migrantes atraídos por las oportunidades que brindaba esa tierra recién independizada a fines del siglo XVIII.

Los datos, sin embargo, desmienten algunas de las frases de Trump, cuando calificaba a la mayoría de migrantes como delincuentes o terroristas. Uno de cada cuatro extranjeros en Estados Unidos es un migrante indocumentado. Once millones de personas residen irregularmente por todo el país y el 77% lo hace desde hace unos cinco años o más, según datos del censo de 2022.
Hasta la década de los 80 el 80% se concentraba en seis estados (California, Texas, Florida, Nueva York, Nueva Jersey, Illinois). Hoy se distribuyen en otros, pero un buen porcentaje, el 56%, sigue llegando a esos estados, donde la prevalencia de ciudadanos que se comunican en español y grupos de migrantes de esos orígenes (mexicanos, cubanos, dominicanos, centroamericanos, ecuatorianos, colombianos y venezolanos) hacen más atractiva la permanencia.
Unos seis millones de personas tienen permiso temporal de residencia y unos 2,6 millones esperan que se resuelva su solicitud de asilo político (especialmente latinoamericanos).
Es complicado censar a todos los indocumentados, pero el Gobierno puede contabilizar a los que pagan impuestos y lo puede hacer al margen del estatus migratorio. Organizaciones independientes sostienen que hay alrededor de 14 millones de migrantes irregulares en el país. Incluso, actualmente, se habla de tecnologías que podrían localizar a los migrantes y cuál es su situación.
Unos seis millones de personas tienen permiso temporal de residencia y unos 2,6 millones esperan que se resuelva su solicitud de asilo político (especialmente latinoamericanos) y 300.000 fueron acogidos provisionalmente como refugiados (especialmente ucranianos y afganos). 540.000 son beneficiarios de DACA, uno de los programas más exitosos de Barack Obama para regularizar a jóvenes que llegaron en minoría de edad, según datos de Diario El País de España.
40% de los indocumentados llegan desde México. Pero, en los últimos 10 años la tendencia a emigrar desde ese país bajó, en contraste con la llegada de venezolanos (cuatro veces más que hace 10 años) o colombianos, que se han duplicado. Estos dos últimos son los principales países de origen de los indocumentados que más han crecido en la última década.

Unidos el 4 de enero de 2025. Foto: Brandon Bell / Getty Images
Como señalan los datos actualizados hasta el 2022, hay 4’810.000 mexicanos (una disminución del 28%); 750 mil guatemaltecos (incremento 34%), salvadoreños 710 mil (3%), 560 mil hondureños (56%), 350 mil filipinos (13%), 320 mil venezolanos (un aumento de 433%), los colombianos son 240 mil (un crecimiento del 85%), brasileños 230 mil (ha aumentado un 77%), 220 mil indios (un decremento del 15%).
Donald Trump anunció que se hará la deportación de la mayor cantidad de indocumentados posible. Los primeros serán los que tengan antecedentes penales. Unos 425.431 inmigrantes entran en la clasificación de delincuentes en el sistema judicial estadounidense, pero en la mayor parte se trata de infracciones leves (en 2024 el 22% de acusaciones fueron por tránsito). Los migrantes irregulares no pueden obtener un permiso de conducir en la mayoría de los Estados de la Unión Americana por no tener papeles.
El delito de inmigración es el segundo con el 18%, que incluye la entrada al país ilegalmente, el regreso tras ser deportados o mentir al ingresar en el país. Algunos tipos de robos suman el 7% de los delitos cometidos por los migrantes irregulares y los crímenes relacionados con drogas, el 6%.
Según datos del Servicio de Inmigración y Fronteras las deportaciones tienen años siendo masivas. Fueron expulsadas 271.484 personas solo en 2024, en la Administración de Biden, más que en cualquier año del mandato anterior de Trump. Las deportaciones en los gobiernos de Biden y Obama se realizaron especialmente en la frontera sur. La mayoría eran devoluciones rápidas tras detectar cruces ilegales. Las cifras más altas se registraron en el mandato de Obama, que deportó a más de 400 mil personas en 2012: el 80% entre Estados Unidos y México.
La gran diferencia con Trump es que el republicano no se centra solo en los recién llegados, sino que amenaza con realizar redadas en hogares, refugios y lugares de trabajo en las grandes ciudades alejadas de la frontera, donde los migrantes viven (“ciudades santuario”). Solo en 2024 se alcanzó un máximo de deportaciones, contando desde 2014.
Las detenciones amenazan con violar la condición de “ciudades santuario” de Nueva York, Chicago y Los Ángeles, que no han colaborado con el ICE y son menos restrictivas con los indocumentados. El equipo de Trump firmó una orden para permitir que ICE pueda operar en ellas.
Trump anunció el fin de la aplicación CBP One, que facilitaba solicitar asilo y era una alternativa para cruzar hacia EE.UU. Fue implementada por Biden para mantener a los migrantes del lado mexicano de la frontera.
En estas localidades los migrantes obtienen una identificación estatal, con la que acceden a servicios bancarios, de salud y educativos e incluso en algunos pueden obtener licencia de conducir (solo 18 de los 50 estados otorgan licencias a los indocumentados).
Actualmente los migrantes tienen pocas opciones de regularizar su situación. Uno de los trámites más solicitados es que los hijos nacidos en EE.UU. de migrantes sin documentos pidan, al cumplir 21 años, legalizar el estado de sus padres. Sin embargo, Trump busca abolir este derecho reconocido en la Constitución. 4,4 millones de niños en Estados Unidos tienen al menos un padre indocumentado, según el Pew Research.
Trump anunció el fin de la aplicación CBP One, que facilitaba solicitar asilo y era una alternativa para cruzar la frontera a EE.UU. Fue implementada por Biden para mantener a los migrantes del lado mexicano de la frontera mientras esperaban su cita con las autoridades migratorias y permitió agilizar el rechazo de las solicitudes. Pero, con el anuncio de Trump, fueron canceladas las citas de 30.000 migrantes, según The New York Times.
En 2023 se registraron 456.750 solicitudes de asilo al momento de entrar en el país, casi la mitad hechas por cubanos y venezolanos. En el primer mandato de Trump, entre 2017 y 2021, pese a su discurso, se aprobaron más solicitudes de asilo que en los gobiernos de los demócratas Obama y Biden.
El sistema de asilo quedó suspendido durante la pandemia de COVID por la medida conocida como Título 42, que permitía devolver inmediatamente a los migrantes que cruzaran ilegalmente la frontera sin darles la opción de solicitar asilo político. Las medidas restrictivas las implementó Trump en su primer mandato, pero la mayoría de los tres millones de personas afectadas por esta normativa fueron devueltas en la Administración de Biden. CBP One comenzó a implementarse en 2023, cuando terminó el Título 42.
La secretaria de Seguridad Nacional de Trump, Kristi Noem, se ha sumado a los operativos y redadas de inmigrantes en Nueva York, porque la intención de dirigir las fuerzas de seguridad es para mandar un mensaje de mano dura
¿El fin del sueño americano?
Cuando Donald Trump prometió poner a EE.UU. en primer lugar en su discurso inaugural, recurrió a un eslogan que tiene una larga historia. “Sí, de hecho, el sueño americano ha muerto”, dijo Trump cuando anunció su candidatura a la presidencia. Al ganar las elecciones, Trump cambió radicalmente lo que muchos creían saber sobre EE.UU. En su discurso de aceptación, volvió a declarar muerto el sueño americano, pero prometió revivirlo. La pregunta es ¿cómo?
Sin embargo, Trump también prometió poner a EE.UU. en primer lugar, una promesa que renovó -dos veces- en su discurso inaugural. Fue una frase inquietante; algunos artículos de opinión explicaban que se remonta a los esfuerzos por mantener al país fuera de la Segunda Guerra Mundial, hasta que ocurrió el ataque de Pearl Harbour en diciembre del 41.
Aunque los EE.UU. ha sido un país de migrantes, a partir de la independencia en 1776, es muy difícil entender las dinámicas actuales de la gran potencia sin entender las relaciones que ha tenido con las diferentes oleadas de extranjeros que se han afincado en ese país desde inicios del siglo XIX. Sin embargo, las cosas parece que van a ser muy diferentes a partir de ahora.