martes, septiembre 8, 2026

Ecuador: La realidad persiste ante el autoengaño de las élites

La realidad que viven los ecuatorianos en su día a día contrasta con la inundación de información y versiones sobre hechos, sobre todo en el marco del Conflicto Armado Interno, que reciben los ecuatorianos de fuentes públicas y privadas. Así, la brecha social se agranda.

Gustavo Isch

Por: Gustavo Isch

El repunte de imagen del presidente Daniel Noboa entre julio y agosto de 2026, dato publicado en redes sociales y amplificado esta semana, no equivale a una recuperación política plena: es una victoria táctica, concentrada y reversible en el terreno comunicacional de la seguridad, obtenida mediante golpes judiciales de alto valor simbólico —la deportación de José Serrano, las sentencias del caso Sinohydro, el fallo penal contra el alcalde de Guayaquil Aquiles Alvarez— y el control militar preventivo de la videovigilancia urbana.

Esa victoria coexiste, sin resolverla, con una crisis de representación estructural registrada por otra encuesta que se difundió la misma semana, según la cual, el 82,8% de desafiliación partidista y una indecisión de entre 63,9% y 69% sobre las seccionales del 29-N, muestran que el país avanza hacia un régimen de autoridad personalizada, en el que la gobernabilidad posterior a las elecciones dependerá de la capacidad del Ejecutivo para sostener, semana a semana, una narrativa de orden frente a un electorado volátil.

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I. El blindaje electoral luego del choque CNE-CIDH

El pronunciamiento de la CIDH del 31 de agosto y la respuesta del consejero José Cabrera el 2 de septiembre no son un intercambio simétrico entre dos autoridades de igual naturaleza, sino la versión de dos regímenes de legitimidad distintos que compiten por definir el sentido del proceso electoral. La CIDH opera con una lógica de estándares interamericanos: su exhortación a garantizar “participación política plural e igualitaria” es, técnicamente, una observación sobre las suspensiones partidistas, dirigida al Estado ecuatoriano como sujeto de derecho internacional. El CNE, en cambio, opera con una lógica de calendario: su desmarque técnico —“la observación es al Estado, no a la Función Electoral”— no responde al fondo del señalamiento, sino que lo neutraliza jurisdiccionalmente al trasladar la responsabilidad hacia otro poder. Es una maniobra de blindaje institucional, no una respuesta sustantiva.

El hecho de que la selección de 288.949 miembros de juntas receptoras se haya ejecutado en paralelo a esta disputa confirma un interés estratégico: que ningún cuestionamiento externo adquiera capacidad de alterar el cronograma de las elecciones adelantadas al 29-N. La Misión de Observación de la OEA cumple aquí una función de legitimación complementaria: al anunciar que vigilará el proceso “respetando las decisiones jurisdiccionales ya ejecutoriadas del TCE”, la OEA renuncia de antemano a cuestionar las suspensiones que precisamente motivaron la alerta de la CIDH; es evidente que en los hechos convalida las exclusiones ya consumadas.

Las campañas de desinformación identificadas por Ecuador Chequea (clonación de logotipos, resoluciones judiciales falsas sobre una supuesta suspensión de comicios) saturan el espacio informativo de ruido, de modo que cualquier cuestionamiento legítimo —incluida la propia alerta de la CIDH— quede indistinguible de la desinformación coordinada.

II. Claves para entender el repunte de la imagen del presidente

Los datos del CIEES, que corresponden a su encuesta realizada en agosto sobre la imagen del presidente Noboa arrojaron 32% de valoración positiva —subida de 11 puntos en comparación con el 21% obtenido en el mes de julio; y agrado personal del 36% hacia la figura del mandatario— frente al 24% del mismo mes anterior; y los de Cedatos, publicados casi simultáneamente, no son contradictorios sino complementarios en lo que revelan: miden —probablemente sin proponérselo— fenómenos de naturaleza distinta: CIEES capta una reacción emocional inmediata a una secuencia de golpes de autoridad; Cedatos capta la estructura profunda de la relación entre ciudadanía y sistema político, y en ese plano el diagnóstico es de fragmentación, no de adhesión. Que el 82,8% no se identifique con ningún partido y que la indecisión supere el 60% en alcaldías y el 69% en prefecturas indica que el “capital” ganado por Noboa en agosto es estrictamente personal e intransferible: no fortalece a su movimiento en el territorio ni genera coalición de gobernabilidad para el día después de las urnas.

Un régimen que gobierna por picos de aprobación coyuntural, y no por confianza acumulada, queda estructuralmente expuesto a que cualquier hecho negativo  erosione en pocos días lo ganado en semanas.

El dato más importante de la coyuntura, sin embargo, es el que el propio informe de Cedatos y la lectura del CIEES coinciden en subrayar: la disociación entre agrado (36%) y confianza (28%), con indignación (34%) y miedo (30%) como emociones dominantes. Esta brecha de siete a ocho puntos entre “me gusta lo que hace” y “confío en que resuelva” es la variable que mejor explica por qué el repunte no debe leerse como piso de una nueva mayoría, sino como techo de una reacción emocional ante hechos puntuales de mano dura judicial. Un régimen que gobierna por picos de aprobación coyuntural, y no por confianza acumulada, queda estructuralmente expuesto a que cualquier hecho negativo —un fallo judicial revertido, un repunte de inseguridad, un desabastecimiento puntual— erosione en pocos días lo ganado en semanas.

En resumen, el desmarque del CNE neutraliza jurisdiccionalmente el señalamiento sin resolver el fondo del pluralismo político; el repunte de Noboa es capital personal no transferible a su movimiento; la brecha agrado–confianza (36% vs. 28%) indica techo, no piso, de respaldo; la persistencia del miedo opera como costo económico invisible sobre comercio y pymes en Guayaquil; el aumento del subempleo probable explica la disociación entre menor desempleo y mayor precariedad percibida.

III. La economía real: comerciantes, pymes, agricultura y empleo informal

La contradicción que @LupaMediaEc documenta —caída oficial de homicidios, robos, extorsiones y secuestros frente a una percepción ciudadana de inseguridad que no cede, y un 79% que califica negativamente la situación del país, frente a un 70% que califica bien su situación personal— tiene un correlato económico directo sobre los sectores más expuestos a la volatilidad de la confianza.

La brecha entre percepción agregada y experiencia individual sugiere que el malestar se procesa como un fenómeno “de país”, no como una amenaza inminente sobre el consumo cotidiano; sin embargo, esa misma brecha es la que impide que la mejora en cifras oficiales de seguridad se traduzca en una reactivación del gasto y la inversión de corto plazo, porque son las expectativas -no solo los hechos delictivos- las que rigen las decisiones de comerciantes y pequeñas empresas.

Para el comercio formal e informal, en particular en Guayaquil —donde la inseguridad percibida llega al 70% pese a ser la ciudad con la caída más pronunciada en los cuatro delitos medidos—, la persistencia del miedo como emoción dominante opera como un impuesto invisible sobre la actividad: sostiene el gasto en seguridad privada, retrae la inversión en expansión y mantiene la exposición a economías de extorsión que las estadísticas agregadas no capturan en su totalidad, tal como reconoce el propio análisis de @LupaMediaEc al señalar que estos cuatro delitos no agotan la experiencia de inseguridad.

En Quito, en cambio, donde el descenso delictivo fue más moderado, la variable dominante para el comercio y las pymes es la economía: el ascenso de esta preocupación de 17% a 22% en un mes, y su mayor incidencia relativa en la capital (28% frente a 16% en Guayaquil), apunta a un desgaste centrado en ingresos y estabilidad laboral más que en seguridad física. El titular del fact checking Lupa Media —“menos desempleo, pero trabajo precario”— es la clave analítica para el empleo informal y la agricultura. Una caída en la tasa de desempleo abierto que no reduce la sensación de precariedad es compatible con un desplazamiento hacia la informalidad y el subempleo, fenómeno que golpea con particular fuerza a las pequeñas unidades comerciales, a los intermediarios agrícolas y a los trabajadores por cuenta propia, quienes no capturan mejoras estadísticas en forma de ingreso real ni de protección social.

El sector productivo opera bajo mejoras estadísticas reales, pero sin mejora perceptible en el costo de operar, condición que tiende a deprimir la inversión de reposición en pymes.

Asimismo, el 31 agosto, Diario La Hora difundió un dato crítico: “De acuerdo con el informe World Health Stadistics 2026 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las familias ecuatorianas están asumiendo los costos que el sistema sanitario no cubre”. Según la nota de La Hora, “El informe de la OMS revela que entre el 2.1% y el 3.4% de la población total de Ecuador (lo que equivale a un rango de entre 380.000 y 600.000 personas) ha sido directamente empujada a la pobreza como consecuencia de pagar consultas, exámenes, procedimientos o medicamentos no cubiertos por el sistema estatal”.

A esto se suma el estancamiento del Índice de Percepción de la Corrupción (33/100, puesto 116 de 182), que Transparencia Internacional describe como “estancamiento”. Para el sector productivo esto se traduce en persistencia de costos de informalidad regulatoria y de intermediación indebida que no se resuelven al mismo ritmo que mejoran los indicadores de criminalidad violenta. El resultado neto es un sector productivo que opera bajo mejoras estadísticas reales pero sin mejora perceptible en el costo de operar, condición que tiende a deprimir la inversión de reposición en pymes y a mantener la agricultura familiar y el comercio de subsistencia en un régimen de resiliencia defensiva antes que de expansión.

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IV. Cinco señales

Cinco variables concentran la mayor capacidad de alterar el curso de la coyuntura entre septiembre y noviembre.

Primera, la evolución del costo de la canasta básica y la disponibilidad de medicinas, factores que el propio dato de indignación (34%) señala como más determinantes que la seguridad para el humor social de mediano plazo.

Segunda, las resoluciones pendientes del TCE sobre habilitación o exclusión de candidaturas, que definirán si la alerta de la CIDH se diluye o se reactiva con nueva evidencia; el 9 de noviembre de 2026 se conocerá de manera definitiva el listado oficial de candidatos.

Tercera, la capacidad del sector informal y las pymes de sostener empleo ante eventuales desencuentros del control de videovigilancia y movilidad en zonas urbanas críticas, que puede afectar tanto al comercio callejero como a la logística de abastecimiento.

Cuarta, el comportamiento del bloque de indecisos seccionales (63,9% en alcaldías, 69% en prefecturas), cuya definición tardía -previsible en un electorado desafiliado- hará que las últimas dos semanas de campaña concentren un peso desproporcionado en el resultado.

Quinta, la capacidad de la estrategia de desinformación de poner la agenda de temas en redes, medios y terrritorio, a medida que se acerque la fecha electoral.

Como señales de cambio verificables, deben monitorearse: la publicación de nuevas encuestas nacionales en septiembre y octubre, su veracidad y su respaldo técnico. anuncios de política económica o subsidiaria dirigidos a contener el costo de la canasta básica; y variaciones mensuales en los indicadores oficiales de criminalidad en Guayaquil, ciudad que concentra simultáneamente la mayor mejora estadística y la mayor percepción negativa, por lo que cualquier repunte delictivo allí tendría un efecto reputacional desproporcionado.

V. Conclusiones

Primero, el repunte de Noboa es un activo político no capitalizable en estructura partidaria: opera como recurso presidencial personal y no reduce la fragmentación del sistema de partidos, por lo que cualquier lectura que proyecte este dato hacia una mayoría legislativa o territorial sobreestima su alcance real.

Segundo, la disputa CNE-CIDH se ha resuelto, en el corto plazo, a favor del Ejecutivo y del calendario electoral, pero mediante un mecanismo de neutralización jurisdiccional que no atiende el fondo del señalamiento sobre pluralismo político; esa deuda pendiente es el punto de mayor vulnerabilidad institucional de Ecuador ante el escrutinio internacional en el tramo final de la campaña.

Tercero, la brecha entre mejora estadística y percepción ciudadana -replicada en seguridad, empleo y corrupción- configura un entorno de bajo consumo de confianza que castiga de forma desproporcionada a comerciantes, pymes y trabajadores informales, cuyas decisiones de inversión y gasto dependen más de expectativas que de cifras oficiales; este es el canal principal por el que la inestabilidad política se transmite a la economía real en el corto plazo.

Cuarto, el bloque de indecisos seccionales, superior al 60% en ambas dignidades, concentra el verdadero poder de definición de la coyuntura poselectoral y debe ser tratado por tomadores de decisión, consultores y diplomáticos como la variable de mayor incertidumbre, por encima de las cifras de popularidad presidencial.

Gustavo Isch

Gustavo Isch

Consultor político, experto en comunicación electoral y de gobierno. Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar

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